14 de agosto de 2005


INTERNACIONAL
EE.UU. necesita de Arabia Saudita

La crisis del petróleo ha llevado a que Estados Unidos reconozca que necesita, hoy más que nunca, estrechar su relación con Arabia Saudita. Este país es uno de los mayores productores de crudo en el mundo.

Jan Mouawad/ The New Yok Times
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Acercamiento. El heredero de la corona saudí, Abdulá, visitó el rancho del presidente Jorge Bush en abril de 2004.

El Presidente George W. Bush pudiera no haber estado en Riad la semana antepasada, pero ciertamente envió a una delegación de alto nivel para que rindiera sus respetos hacia el nuevo líder de Arabia Saudita, el Rey Abdulá.

La concurrencia estadounidense, encabezada por el vicepresidente Dick Cheney, el ex presidente George Bush padre, y el ex secretario de Estado Colin L. Powell, fue la más reciente indicación de que las relaciones entre ambos países ya superaron el congelamiento desde las presiones del 11 de septiembre. Sin embargo, fue también un reconocimiento de un hecho simple: le guste o no, Estados Unidos es más dependiente que siempre de Arabia Saudita.

“Los sauditas están en una gran posición hoy día”, destacó Jean-Francois Seznec, catedrático de la Universidad de Columbia. “No podemos ser enemigos, necesitamos su petróleo”.

De hecho, las alternativas a Arabia Saudita son menos actualmente de lo que al parecer era el caso apenas tres años atrás. Las predicciones de un auge en el petróleo iraquí han demostrado que son erróneas; Irán, el segundo productor más grande de petróleo dentro de la OPEP, está trabado en un rumbo de colisión con Occidente; Venezuela sigue un camino errático y el compromiso de Rusia con reformas de mercado e inversiones extranjeras cada vez da más la impresión de no ser confiable.

Otras potencias —principalmente de Asia— buscan mayor acceso a sus recursos y han estado cortejando con frecuencia a los sauditas. “Ellos pueden manipular a Estados Unidos en contra de otros compradores, como China”, notó Seznec.

Funcionarios estadounidenses, furiosos por causa del manejo que Arabia Saudita les dio a las investigaciones posteriores al 11 de septiembre, reconocen esta nueva realidad.

Las relaciones más cálidas entre Arabia Saudita y Estados Unidos estuvieron de manifiesto en abril pasado, cuando el Príncipe de la Corona Abdulá —quien sucedió a su medio hermano, Fahd, el lunes pasado como rey— visitó el rancho de Bush en Crawford, Texas.

El viernes 5 de agosto representó algo similar a una reunión para los estadounidenses que encabezaron la guerra del Golfo Pérsico en 1991. La delegación estadounidense se reunió con el Rey Abdulá en la granja que tiene el monarca cerca de Riad.

“Como el mayor productor del mundo y como el mayor consumidor del mundo, nuestros dos países tienen una relación especial”, dijo Samuel Bodman, el secretario de Energía, previamente, luego de haberse reunido en Washington con su contraparte saudita, Alí al-Naimi. “Somos, cuando menos en ciertos aspectos, socios”.

Incluso el argumentado tema de los elevados precios del petróleo ha sido barrido discretamente bajo el tapete. A lo largo de los últimos dos años, los precios del crudo han crecido en más del doble.

El presente gobierno de Estados Unidos ya reconoció que Arabia Saudita ha estado haciendo todo lo que puede para incrementar la producción. “Los sauditas no están sintiendo ninguna presión a raíz de los elevados precios”, aseguró Thomas Lippman, académico en el Instituto de Oriente Medio en Washington. “La gente les está ofreciendo dinero por algo que ellos van a producir de cualquier forma”.

Eso constituye todo un cambio respecto de lo visto hace cuatro años. Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, la posición de los árabes como el proveedor preferido se vio amenazada. Quince de los 19 atacantes que secuestraron aeronaves eran nacionales sauditas, y el hombre que inspiró los atentados, Osama bin Laden, nació en Arabia Saudita; además, fondos de esa nación habían financiado escuelas del talibán en Afganistán. Incluso, dependencias de los servicios de inteligencia saudita tardaron en compartir información con los estadounidenses.

Después llegó la guerra en Iraq. Entre los beneficios adicionales de haber removido a Saddam Hussein del poder, según se pensaba en Estados Unidos, estaría una acelerada recuperación de la producción de petróleo de dicho país.
Pronósticos optimistas decían que la producción iraquí aumentaría hasta seis millones de barriles al día en un plazo de cinco años, y alimentaron más la teoría que las tropas estadounidenses habían ido a Iraq para reventar a la OPEP, debilitar a la dinastía saudita y reducir la influencia del reino basada en el petróleo.

Esa predicción resultó errónea. La producción de Iraq está luchando por generar dos millones de barriles diarios, debido a que oleoductos e infraestructura son atacados por parte de la insurgencia. Las exportaciones van a la zaga respecto de los niveles previos a la guerra y hoy día muy pocos esperan que una restauración del sector petrolífero de Iraq acabe con la influencia de Arabia Saudita.

La producción de Irán ocupa un distante segundo lugar, pero ese país, que acaba de elegir a un presidente conservador, está enemistado con la comunidad internacional a causa de su decisión enfocada al desarrollo de un programa nuclear de uso civil. Eso deja a Libia, país en el centro de atención de diplomáticos estadounidenses y ejecutivos del petróleo durante el 2004, pero sus reservas equivalen a menos de una sexta parte de las que tiene Arabia Saudita.

“Todos los países que pensamos que podrían diversificar nuestra producción respecto de Arabia Saudita no han estado a la altura de nuestras expectativas”, destacó Amy Myers Jaffe, directora adjunta del programa de energía en la Universidad Rice, en Houston. “Definitivamente, somos más dependientes de los sauditas”.

Socio estratégico


Arabia Saudita ha demostrado una y otra vez que es indispensable para la estabilidad de los mercados del petróleo.
“Estamos en un periodo de recuperación lenta”, dijo Rachel Bronson, especialista en Oriente Medio por el Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York. “El presente gobierno está dispuesto a reconocer en público que está trabajando con los sauditas en el combate al terrorismo. Sin embargo, yo no creo que la situación vuelva a ser la misma alguna vez. Nunca se tendrá la comodidad de la íntima relación que existió en los ‘80”.

Arabia Saudita produce actualmente cerca de nueve millones de barriles al día, o el 11 por ciento de la producción mundial, de una capacidad total de 10.5 millones de barriles diarios de petróleo al día.

La gran mayoría de sus exportaciones, aproximadamente el 60 por ciento, termina en Asia. Unos 1.5 millones de barriles diarios llegan a Estados Unidos, aproximadamente el 15 por ciento de las importaciones estadounidenses, aunque ejecutivos petroleros de Arabia Saudita se esfuerzan, políticamente, por mantenerse entre los tres proveedores principales de la nación, junto con Canadá y México.

Arabia Saudita produce 9 millones de barriles de petróleo diarios; de esos, 1.5 son enviados hacia los Estados Unidos.

Bronson anticipa que surja una relación más dura con el Rey Abdulá si se compara con el mandato del Rey Fahd.
“Estados Unidos seguirá dependiendo considerablemente del petróleo de Oriente Medio, pero lo mismo ocurrirá con otros países”, destacó. “Eso significa que ellos pueden socavar los intereses estadounidenses en la región de una forma que no podían anteriormente”.

Mai Yamani, socio investigador por el Instituto Real para Asuntos Internacionales, en Londres, dijo que la relación entre estadounidenses y sauditas aún se fundamenta en el mismo quid pro quo. “El respaldo estadounidense hacia la Casa de Saud está condicionado al flujo del petróleo”, aseguró.

En meses recientes, funcionarios sauditas han empezado a discutir abiertamente sus nuevos planes de inversión, lo cual marca el primer impulso considerable enfocado a incrementar la capacidad en el reino desde 1981. Este esfuerzo le pide a la Saudi ARAMCO, la empresa paraestatal del petróleo, que incremente su capacidad de producción hasta 12.5 millones de barriles al día para 2009, que perfore en nuevas obras de exploración y yacimientos que no han sido productivos, aunado a lo que ARAMCO denomina un plan para bombear hasta 15 millones de barriles al día.

“Los sauditas realmente están pisando el acelerador en términos de inversiones”, notó Daniel Yergin, el presidente de Cambridge Energy Research Associates, prominente empresa consultora de la industria del petróleo. “Nadie más tiene la capacidad de sumar dos millones de barriles en un periodo tan corto”.

De cualquier forma, eso podría estar lejos de ser suficiente para cubrir la creciente demanda. Según estimados del gobierno estadounidense, el mundo necesitará que Arabia Saudita produzca unos 18 millones de barriles al día para 2020, así como 22.5 millones para 2025.

Funcionarios sauditas y analistas occidentales, consideran que son pronósticos nada realistas.

Aún persisten muchos interrogantes en torno a Arabia Saudita, extendiendo las dudas con respecto a la habilidad del país para cubrir la creciente demanda en el mundo. Entre ellos están el verdadero alcance de sus enormes reservas petroleras, la tasa a la que sus yacimientos se están agotando, y la producción en Ghawar, el mayor yacimiento petrolífero del mundo.

Matthew Simmons, banquero de inversiones con sede en Houston, ha popularizado en fechas recientes la noción —albergada por una diminuta minoría— de que Arabia Saudita está falsificando la tasa a la cual se están vaciando sus yacimientos y arguye, en discursos y en un libro, que el país ya llegó a la cúspide de su producción. Si bien pocos analistas del petróleo coinciden con Simmons, algunos siguen mostrando escepticismo hacia la capacidad de Arabia para incrementar su producción según lo planeado.

Los sauditas dicen que, en cualquier caso, las verdaderas dimensiones de sus reservas están siendo subestimadas. Naimi, el ministro del Petróleo, declaró en diciembre pasado que las reservas del país podrían ser apuntaladas por otros 200 millones de barriles, “sea mediante nuevos descubrimientos o un aumento en la producción de los yacimientos”.

Jaffe, de la Universidad Rice, concluyó: “Dado el papel de Arabia Saudita, es muy importante que ellos actúen con mucha transparencia. Pero, para mala fortuna, eso sigue siendo un punto de discusión”.


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