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INTERNACIONAL
EE.UU. necesita de Arabia Saudita
La crisis del petróleo ha llevado a que Estados Unidos reconozca
que necesita, hoy más que nunca, estrechar su relación
con Arabia Saudita. Este país es uno de los mayores productores
de crudo en el mundo.
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Acercamiento.
El heredero de la corona saudí, Abdulá, visitó
el rancho del presidente Jorge Bush en abril de 2004.
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El Presidente George W. Bush pudiera no haber estado
en Riad la semana antepasada, pero ciertamente envió a una delegación
de alto nivel para que rindiera sus respetos hacia el nuevo líder
de Arabia Saudita, el Rey Abdulá.
La concurrencia estadounidense, encabezada por el vicepresidente Dick
Cheney, el ex presidente George Bush padre, y el ex secretario de Estado
Colin L. Powell, fue la más reciente indicación de que
las relaciones entre ambos países ya superaron el congelamiento
desde las presiones del 11 de septiembre. Sin embargo, fue también
un reconocimiento de un hecho simple: le guste o no, Estados Unidos
es más dependiente que siempre de Arabia Saudita.
Los sauditas están en una gran posición hoy día,
destacó Jean-Francois Seznec, catedrático de la Universidad
de Columbia. No podemos ser enemigos, necesitamos su petróleo.
De hecho, las alternativas a Arabia Saudita son menos actualmente de
lo que al parecer era el caso apenas tres años atrás.
Las predicciones de un auge en el petróleo iraquí han
demostrado que son erróneas; Irán, el segundo productor
más grande de petróleo dentro de la OPEP, está
trabado en un rumbo de colisión con Occidente; Venezuela sigue
un camino errático y el compromiso de Rusia con reformas de mercado
e inversiones extranjeras cada vez da más la impresión
de no ser confiable.
Otras potencias principalmente de Asia buscan mayor acceso
a sus recursos y han estado cortejando con frecuencia a los sauditas.
Ellos pueden manipular a Estados Unidos en contra de otros compradores,
como China, notó Seznec.
Funcionarios estadounidenses, furiosos por causa del manejo que Arabia
Saudita les dio a las investigaciones posteriores al 11 de septiembre,
reconocen esta nueva realidad.
Las relaciones más cálidas entre Arabia Saudita y Estados
Unidos estuvieron de manifiesto en abril pasado, cuando el Príncipe
de la Corona Abdulá quien sucedió a su medio hermano,
Fahd, el lunes pasado como rey visitó el rancho de Bush
en Crawford, Texas.
El viernes 5 de agosto representó algo similar a una reunión
para los estadounidenses que encabezaron la guerra del Golfo Pérsico
en 1991. La delegación estadounidense se reunió con el
Rey Abdulá en la granja que tiene el monarca cerca de Riad.
Como el mayor productor del mundo y como el mayor consumidor del
mundo, nuestros dos países tienen una relación especial,
dijo Samuel Bodman, el secretario de Energía, previamente, luego
de haberse reunido en Washington con su contraparte saudita, Alí
al-Naimi. Somos, cuando menos en ciertos aspectos, socios.
Incluso el argumentado tema de los elevados precios del petróleo
ha sido barrido discretamente bajo el tapete. A lo largo de los últimos
dos años, los precios del crudo han crecido en más del
doble.
El presente gobierno de Estados Unidos ya reconoció que Arabia
Saudita ha estado haciendo todo lo que puede para incrementar la producción.
Los sauditas no están sintiendo ninguna presión
a raíz de los elevados precios, aseguró Thomas Lippman,
académico en el Instituto de Oriente Medio en Washington. La
gente les está ofreciendo dinero por algo que ellos van a producir
de cualquier forma.
Eso constituye todo un cambio respecto de lo visto hace cuatro años.
Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, la posición de
los árabes como el proveedor preferido se vio amenazada. Quince
de los 19 atacantes que secuestraron aeronaves eran nacionales sauditas,
y el hombre que inspiró los atentados, Osama bin Laden, nació
en Arabia Saudita; además, fondos de esa nación habían
financiado escuelas del talibán en Afganistán. Incluso,
dependencias de los servicios de inteligencia saudita tardaron en compartir
información con los estadounidenses.
Después llegó la guerra en Iraq. Entre los beneficios
adicionales de haber removido a Saddam Hussein del poder, según
se pensaba en Estados Unidos, estaría una acelerada recuperación
de la producción de petróleo de dicho país.
Pronósticos optimistas decían que la producción
iraquí aumentaría hasta seis millones de barriles al día
en un plazo de cinco años, y alimentaron más la teoría
que las tropas estadounidenses habían ido a Iraq para reventar
a la OPEP, debilitar a la dinastía saudita y reducir la influencia
del reino basada en el petróleo.
Esa predicción resultó errónea. La producción
de Iraq está luchando por generar dos millones de barriles diarios,
debido a que oleoductos e infraestructura son atacados por parte de
la insurgencia. Las exportaciones van a la zaga respecto de los niveles
previos a la guerra y hoy día muy pocos esperan que una restauración
del sector petrolífero de Iraq acabe con la influencia de Arabia
Saudita.
La producción de Irán ocupa un distante segundo lugar,
pero ese país, que acaba de elegir a un presidente conservador,
está enemistado con la comunidad internacional a causa de su
decisión enfocada al desarrollo de un programa nuclear de uso
civil. Eso deja a Libia, país en el centro de atención
de diplomáticos estadounidenses y ejecutivos del petróleo
durante el 2004, pero sus reservas equivalen a menos de una sexta parte
de las que tiene Arabia Saudita.
Todos los países que pensamos que podrían diversificar
nuestra producción respecto de Arabia Saudita no han estado a
la altura de nuestras expectativas, destacó Amy Myers Jaffe,
directora adjunta del programa de energía en la Universidad Rice,
en Houston. Definitivamente, somos más dependientes de
los sauditas.
Socio estratégico
Arabia Saudita ha demostrado una y otra vez que es indispensable para
la estabilidad de los mercados del petróleo.
Estamos en un periodo de recuperación lenta, dijo
Rachel Bronson, especialista en Oriente Medio por el Consejo de Relaciones
Exteriores en Nueva York. El presente gobierno está dispuesto
a reconocer en público que está trabajando con los sauditas
en el combate al terrorismo. Sin embargo, yo no creo que la situación
vuelva a ser la misma alguna vez. Nunca se tendrá la comodidad
de la íntima relación que existió en los 80.
Arabia Saudita produce actualmente cerca de nueve millones de barriles
al día, o el 11 por ciento de la producción mundial, de
una capacidad total de 10.5 millones de barriles diarios de petróleo
al día.
La gran mayoría de sus exportaciones, aproximadamente el 60 por
ciento, termina en Asia. Unos 1.5 millones de barriles diarios llegan
a Estados Unidos, aproximadamente el 15 por ciento de las importaciones
estadounidenses, aunque ejecutivos petroleros de Arabia Saudita se esfuerzan,
políticamente, por mantenerse entre los tres proveedores principales
de la nación, junto con Canadá y México.
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Arabia
Saudita produce 9 millones de barriles de petróleo
diarios; de esos, 1.5 son enviados hacia los Estados Unidos.
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Bronson anticipa que surja una relación más
dura con el Rey Abdulá si se compara con el mandato del Rey Fahd.
Estados Unidos seguirá dependiendo considerablemente del
petróleo de Oriente Medio, pero lo mismo ocurrirá con
otros países, destacó. Eso significa que ellos
pueden socavar los intereses estadounidenses en la región de
una forma que no podían anteriormente.
Mai Yamani, socio investigador por el Instituto Real para Asuntos Internacionales,
en Londres, dijo que la relación entre estadounidenses y sauditas
aún se fundamenta en el mismo quid pro quo. El respaldo
estadounidense hacia la Casa de Saud está condicionado al flujo
del petróleo, aseguró.
En meses recientes, funcionarios sauditas han empezado a discutir abiertamente
sus nuevos planes de inversión, lo cual marca el primer impulso
considerable enfocado a incrementar la capacidad en el reino desde 1981.
Este esfuerzo le pide a la Saudi ARAMCO, la empresa paraestatal del
petróleo, que incremente su capacidad de producción hasta
12.5 millones de barriles al día para 2009, que perfore en nuevas
obras de exploración y yacimientos que no han sido productivos,
aunado a lo que ARAMCO denomina un plan para bombear hasta 15 millones
de barriles al día.
Los sauditas realmente están pisando el acelerador en términos
de inversiones, notó Daniel Yergin, el presidente de Cambridge
Energy Research Associates, prominente empresa consultora de la industria
del petróleo. Nadie más tiene la capacidad de sumar
dos millones de barriles en un periodo tan corto.
De cualquier forma, eso podría estar lejos de ser suficiente
para cubrir la creciente demanda. Según estimados del gobierno
estadounidense, el mundo necesitará que Arabia Saudita produzca
unos 18 millones de barriles al día para 2020, así como
22.5 millones para 2025.
Funcionarios sauditas y analistas occidentales, consideran que son pronósticos
nada realistas.
Aún persisten muchos interrogantes en torno a Arabia Saudita,
extendiendo las dudas con respecto a la habilidad del país para
cubrir la creciente demanda en el mundo. Entre ellos están el
verdadero alcance de sus enormes reservas petroleras, la tasa a la que
sus yacimientos se están agotando, y la producción en
Ghawar, el mayor yacimiento petrolífero del mundo.
Matthew Simmons, banquero de inversiones con sede en Houston, ha popularizado
en fechas recientes la noción albergada por una diminuta
minoría de que Arabia Saudita está falsificando
la tasa a la cual se están vaciando sus yacimientos y arguye,
en discursos y en un libro, que el país ya llegó a la
cúspide de su producción. Si bien pocos analistas del
petróleo coinciden con Simmons, algunos siguen mostrando escepticismo
hacia la capacidad de Arabia para incrementar su producción según
lo planeado.
Los sauditas dicen que, en cualquier caso, las verdaderas dimensiones
de sus reservas están siendo subestimadas. Naimi, el ministro
del Petróleo, declaró en diciembre pasado que las reservas
del país podrían ser apuntaladas por otros 200 millones
de barriles, sea mediante nuevos descubrimientos o un aumento
en la producción de los yacimientos.
Jaffe, de la Universidad Rice, concluyó: Dado el papel
de Arabia Saudita, es muy importante que ellos actúen con mucha
transparencia. Pero, para mala fortuna, eso sigue siendo un punto de
discusión.
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