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TEMA
DE PORTADA
Cosecha con mano extranjera
Sin cifras exactas
Las
autoridades de Migración no saben decir cuántos nicaragüenses
y hondureños pasarán las fronteras para trabajar en la
agricultura entre los meses de noviembre de 2005 y febrero de 2006.
Aunque, se espera que cientos de ellos entren al país de manera
ilegal como turistas, no como trabajadores debido a los
costos que tendrán los permisos
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Espera. No hay
una fecha establecida para comenzar a extender los permisos temporales.
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Actualmente, mil 500 extranjeros trabajan con permiso
temporal en El Salvador. Se exceptúa a los jornaleros, porque
será hasta este año cuando, por primera vez, se les extenderá
la documentación respectiva.
El director general de Migración, Jorge Santiváñez,
asegura que estos centroamericanos serán dotados de un carnet
para laborar legalmente mientras duren las cortas.
Mientras eso sucede, Migración carece de cifras para determinar
cuántos vendrán a trabajar en esta temporada de cosechas.
Los únicos números que se presentan son los ingresos,
de enero a septiembre de 2005, en calidad de turistas, de 116,963 nicaragüenses
y 152,686 hondureños.
Sin embargo, la entidad desconoce qué porcentaje de esta cantidad
viene directamente a trabajar.
Para Ricardo Esmahan, presidente de la Cámara de Agricultura
y Agroindustrial (Camagro), cuantificar este número de trabajadores
agrícolas foráneos es imposible. Asegura que estos cruzan
la frontera de manera ilegal y se dirigen directamente a las fincas
donde saben que hay trabajo.
El ministro de Trabajo, Roberto Espinal, asegura que el permiso temporal
otorgado por la Ley de Migración dura seis meses.
Muchos centroamericanos que ingresan como turistas, al vencerse el trimestre
de su permiso fingen la salida definitiva, pero retornan a los pocos
días en la misma condición.
Santiváñez explicó que la legislación salvadoreña
autoriza para que en las épocas de cosecha se permita la entrada
a braceros o trabajadores de la región sin más requisito
que un permiso temporal extendido por la respectiva delegación
migratoria.
Según él, de autorizarse el ingreso para los braceros,
se darían las condiciones de seguridad para que trabajen.
Sin embargo, el permiso de trabajo tendría un costo que aún
no se define. Esto podría causar que muchos prefieran estar de
manera ilegal.
Para contrarrestar una posible oleada de trabajadores indocumentados,
el titular de Migración asegura que serán fortalecidos
los controles en las fronteras y al interior del país, sobre
todo en las zonas en las que se requiera de mano de obra.
El ministerio de Trabajo también se unirá a la tarea de
constatar que los jornaleros trabajen con sus respectivos permisos temporales.
Nicaragua, afectada
El requerimiento de miles de trabajadores agrícolas
extranjeros en El Salvador podría generarle problemas a los caficultores
nicaragüenses.
Un artículo publicado en La Prensa, de Nicaragua, señala
que en ese país los representantes del gremio han lanzado un
llamado a los campesinos para no abandonar sus propias cosechas.
El déficit de cortadores en ese país se calcula en 100
mil.
Como este año, los caficultores nicaragüenses esperan una
maduración uniforme del grano y requerirán más
mano de obra, la que será escasa por la emigración de
obreros hacia zonas donde obtienen mejor paga.
Pero los nicaragüenses no serían los únicos afectados:
el posible desplazamiento de su mano de obra hacia El Salvador podría
afectar también las fincas cafetaleras costarricenses, que anualmente
reciben trabajadores inmigrantes para la cosecha.
Esto podría provocar pérdidas en las exportaciones.
En Costa Rica se necesitan, por temporada, unas 200 mil personas; el
60 por ciento de ellas son inmigrantes (en su mayoría nicaragüenses).
Este año, el aumento de la producción y el adelanto de
la maduración del grano por fenómenos climáticos,
demanda más fuerza laboral.
En toda Centroamérica, la maduración del café se
ha acelerado debido a la gran cantidad de lluvias, por lo que la necesidad
de braceros es uniforme en todo el Istmo. Será el país
que mejor paga ofrezca el que menos se vea afectado por la falta de
cortadores, nacionales o extranjeros.
TEMA
DE PORTADA
Cosecha
con mano extranjera
Un trabajo de familia
Para
muchas personas del occidente del país, las cortas representan
un respiro en la apretada economía que les aqueja durante todo
el año. En las labores de cosecha participa todo el grupo familiar,
así ganan más dinero
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Sacrificio. Los hijos de los
jornaleros deben permanecer junto a ellos durante la faena,
a veces sin haber probado alimento.
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Mélida
Vanegas es la mayor de cinco hermanos. Con 12 años de edad, aventaja
por cinco a su hermano Alexander, a quien cariñosamente llaman
Chande.
Entre juegos y risas, los hermanos Vanegas ayudan a sus padres a limpiar
el café ya cortado. Meticulosamente, sus pequeños dedos
seleccionan los granos verdes que se han mezclado con los rojos.
Cuando la faena les resulta aburrida, los niños se lanzan las
semillas que han desechado.
Desde que inició la corta, Mélida y Alexander abandonaron
la escuela. Hoy no fuimos por venirnos a la corta, dice
la niña.
Detrás de las faldas de su madre, Margarita Vanegas, aparece
otro pequeño que anda por los dos años, según
su progenitora.
Desnudo, careto, barrigón y descalzo se esconde ante los extraños
que merodean la finca.
Es Ángel, el menor de los Vanegas. Sus pequeñas manos
sostienen un recipiente plástico donde lleva arroz aguado.
Al fondo de la finca se deja ver un miembro más de la familia.
Con avanzada edad, el patriarca Vanegas, Sebastián, agiliza la
corta para no perder el grano que ya ha madurado.
Por $0.80 la arroba, trabajan arduamente, para ganar un poco más
de $7 en el día.
Los Vanegas son una de las pocas familias que aún ven en las
fincas cafetaleras una fuente adicional de ingresos. Pese a los beneficios
a la economía que esta actividad genera, en este año las
cortas no han sido tan atractivas como en años anteriores.
Según Ricardo Esmahan, presidente de la Cámara de Agricultura
y Agroindustrial (Camagro), en las regiones donde se cosecha hay una
activación de la economía en varios sectores. Todos
los rubros generan ganancias, no sólo para los productores sino
para la economía en general, aseguró Esmahan.
Está comprobado que en la época de cortas es cuando
más sandalias se venden, se incrementan las ventas en los agroservicios,
en las ferreterías. También sube la venta de pollos y
de granos básicos, agregó, y lamentó el hecho
que las ganancias de estas cortas se vayan a un país ajeno al
nuestro.
Venimos de tacuba
Entre los grupos de salvadoreños que trabajan en los cafetales
al oriente del país, se encuentran personajes que, pese a su
reconocible acento, niegan ser originarios de otro país de la
región.Venimos de Tacuba, responden ante la interrogante
de su lugar de origen.
Según algunos mandadores de la zona, la mayoría de trabajadores
se registra como provenientes de Ahuachapán porque no tienen
carácter migratorio legal.
En las faldas del Ilamatepec, en uno de los tantos cafetales, los braceros
callan ante la presencia de periodistas. Sólo uno se atreve a
cuestionar la visita: ¿Y qué si hay extranjeros
trabajando aquí?, pregunta un jornalero con desconfianza;
el resto apenas mira de lado, esperando la réplica.
Otros prefieren alejarse y esconderse entre los cafetales con el pretexto
de seguir en la faena, pese a estar en su tiempo de descanso.
Las fincas ubicadas más lejos de la carretera, y que ofrecen
alimentación y hospedaje, son las más visitadas por hombres
provenientes de Tacuba .
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