13 de noviembre de 2005


TEMA DE PORTADA
Cosecha con mano extranjera

Sin cifras exactas

Las autoridades de Migración no saben decir cuántos nicaragüenses y hondureños pasarán las fronteras para trabajar en la agricultura entre los meses de noviembre de 2005 y febrero de 2006. Aunque, se espera que cientos de ellos entren al país de manera ilegal —como turistas, no como trabajadores— debido a los costos que tendrán los permisos

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Espera. No hay una fecha establecida para comenzar a extender los permisos temporales.

Actualmente, mil 500 extranjeros trabajan con permiso temporal en El Salvador. Se exceptúa a los jornaleros, porque será hasta este año cuando, por primera vez, se les extenderá la documentación respectiva.

El director general de Migración, Jorge Santiváñez, asegura que estos centroamericanos serán dotados de un carnet para laborar legalmente mientras duren las cortas.

Mientras eso sucede, Migración carece de cifras para determinar cuántos vendrán a trabajar en esta temporada de cosechas.

Los únicos números que se presentan son los ingresos, de enero a septiembre de 2005, en calidad de turistas, de 116,963 nicaragüenses y 152,686 hondureños.
Sin embargo, la entidad desconoce qué porcentaje de esta cantidad viene directamente a trabajar.

Para Ricardo Esmahan, presidente de la Cámara de Agricultura y Agroindustrial (Camagro), cuantificar este número de trabajadores agrícolas foráneos es imposible. Asegura que estos cruzan la frontera de manera ilegal y se dirigen directamente a las fincas donde saben que hay trabajo.

El ministro de Trabajo, Roberto Espinal, asegura que el permiso temporal otorgado por la Ley de Migración dura seis meses.

Muchos centroamericanos que ingresan como turistas, al vencerse el trimestre de su permiso fingen la salida definitiva, pero retornan a los pocos días en la misma condición.

Santiváñez explicó que la legislación salvadoreña autoriza para que en las épocas de cosecha se permita la entrada a braceros o trabajadores de la región sin más requisito que un permiso temporal extendido por la respectiva delegación migratoria.

Según él, de autorizarse el ingreso para los braceros, se darían las condiciones de seguridad para que trabajen.
Sin embargo, el permiso de trabajo tendría un costo que aún no se define. Esto podría causar que muchos prefieran estar de manera ilegal.

Para contrarrestar una posible oleada de trabajadores indocumentados, el titular de Migración asegura que serán fortalecidos los controles en las fronteras y al interior del país, sobre todo en las zonas en las que se requiera de mano de obra.

El ministerio de Trabajo también se unirá a la tarea de constatar que los jornaleros trabajen con sus respectivos permisos temporales.

Nicaragua, afectada

El requerimiento de miles de trabajadores agrícolas extranjeros en El Salvador podría generarle problemas a los caficultores nicaragüenses.

Un artículo publicado en La Prensa, de Nicaragua, señala que en ese país los representantes del gremio han lanzado un llamado a los campesinos para no abandonar sus propias cosechas.
El déficit de cortadores en ese país se calcula en 100 mil.

Como este año, los caficultores nicaragüenses esperan una maduración uniforme del grano y requerirán más mano de obra, la que será escasa por la emigración de obreros hacia zonas donde obtienen mejor paga.

Pero los nicaragüenses no serían los únicos afectados: el posible desplazamiento de su mano de obra hacia El Salvador podría afectar también las fincas cafetaleras costarricenses, que anualmente reciben trabajadores inmigrantes para la cosecha.

Esto podría provocar pérdidas en las exportaciones.
En Costa Rica se necesitan, por temporada, unas 200 mil personas; el 60 por ciento de ellas son inmigrantes (en su mayoría nicaragüenses). Este año, el aumento de la producción y el adelanto de la maduración del grano por fenómenos climáticos, demanda más fuerza laboral.

En toda Centroamérica, la maduración del café se ha acelerado debido a la gran cantidad de lluvias, por lo que la necesidad de braceros es uniforme en todo el Istmo. Será el país que mejor paga ofrezca el que menos se vea afectado por la falta de cortadores, nacionales o extranjeros.


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Cosecha con mano extranjera

Un trabajo de familia

Para muchas personas del occidente del país, las cortas representan un respiro en la apretada economía que les aqueja durante todo el año. En las labores de cosecha participa todo el grupo familiar, así ganan más dinero

Sacrificio. Los hijos de los jornaleros deben permanecer junto a ellos durante la faena, a veces sin haber probado alimento.

Mélida Vanegas es la mayor de cinco hermanos. Con 12 años de edad, aventaja por cinco a su hermano Alexander, a quien cariñosamente llaman “Chande”.

Entre juegos y risas, los hermanos Vanegas ayudan a sus padres a limpiar el café ya cortado. Meticulosamente, sus pequeños dedos seleccionan los granos verdes que se han mezclado con los rojos.

Cuando la faena les resulta aburrida, los niños se lanzan las semillas que han desechado.

Desde que inició la corta, Mélida y Alexander abandonaron la escuela. “Hoy no fuimos por venirnos a la corta”, dice la niña.

Detrás de las faldas de su madre, Margarita Vanegas, aparece otro pequeño que “anda por los dos años”, según su progenitora.

Desnudo, careto, barrigón y descalzo se esconde ante los extraños que merodean la finca.

Es Ángel, el menor de los Vanegas. Sus pequeñas manos sostienen un recipiente plástico donde lleva arroz “aguado”.
Al fondo de la finca se deja ver un miembro más de la familia. Con avanzada edad, el patriarca Vanegas, Sebastián, agiliza la corta para no perder el grano que ya ha madurado.

Por $0.80 la arroba, trabajan arduamente, para ganar un poco más de $7 en el día.
Los Vanegas son una de las pocas familias que aún ven en las fincas cafetaleras una fuente adicional de ingresos. Pese a los beneficios a la economía que esta actividad genera, en este año las cortas no han sido tan atractivas como en años anteriores.

Según Ricardo Esmahan, presidente de la Cámara de Agricultura y Agroindustrial (Camagro), en las regiones donde se cosecha hay una activación de la economía en varios sectores. “Todos los rubros generan ganancias, no sólo para los productores sino para la economía en general”, aseguró Esmahan.

“Está comprobado que en la época de cortas es cuando más sandalias se venden, se incrementan las ventas en los agroservicios, en las ferreterías. También sube la venta de pollos y de granos básicos”, agregó, y lamentó el hecho que las ganancias de estas cortas se vayan a un país ajeno al nuestro.

“Venimos de tacuba”


Entre los grupos de salvadoreños que trabajan en los cafetales al oriente del país, se encuentran personajes que, pese a su reconocible acento, niegan ser originarios de otro país de la región.“Venimos de Tacuba”, responden ante la interrogante de su lugar de origen.

Según algunos mandadores de la zona, la mayoría de trabajadores se registra como provenientes de Ahuachapán porque no tienen carácter migratorio legal.

En las faldas del Ilamatepec, en uno de los tantos cafetales, los braceros callan ante la presencia de periodistas. Sólo uno se atreve a cuestionar la visita: “¿Y qué si hay extranjeros trabajando aquí?”, pregunta un jornalero con desconfianza; el resto apenas mira de lado, esperando la réplica.

Otros prefieren alejarse y esconderse entre los cafetales con el pretexto de seguir en la faena, pese a estar en su tiempo de descanso.

Las fincas ubicadas más lejos de la carretera, y que ofrecen alimentación y hospedaje, son las más visitadas por hombres “provenientes de Tacuba” .


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