13 de noviembre de 2005


TEMA DE PORTADA
Cosecha con mano extranjera

Un efecto de las remesas

La escasez de mano de obra para las cosechas se debe, principalmente, a que miles de familias reciben remesas y no necesitan trabajar. Muchos jóvenes de las zonas rurales no están interesados en participar de las labores agrícolas

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Desmotivación. Estos habitantes de Chirilagua, San Miguel, se distraen con una partida de damas. En esa localidad, muchos viven de las remesas. Foto EDH

L as remesas que envían los salvadoreños residentes en los Estados Unidos, la creciente migración de connacionales y fenómenos naturales como Mitch son algunas de las causas que han influido en el descenso de la mano de obra nacional destinada a labores agrícolas. Así lo señaló José Emilio Suadi, viceministro de Agricultura.

Roberto Espinal, ministro de Trabajo, coincide con tal postura. Según él, la captación de remesas ha incidido de forma negativa en los agricultores: “La mano de obra está aquí, lo que pasa es que no quiere incorporarse a la fuerza laboral”.

Ricardo Esmahan, presidente de la Cámara de Agricultura y Agroindustrial (Camagro), también lamenta el acomodamiento en que han caído los campesinos con la constante recepción de remesas.

“La primera generación de migrantes era la que estaba acostumbrada a trabajar, los jóvenes de ahora están acostumbrados sólo a recibir el dinero, no saben lo que es el trabajo”, manifestó.

Las nuevas generaciones ya no quieren trabajar en el campo porque les resulta una tarea muy dura, además de la poca remuneración que obtienen. El estancamiento en el salario agrícola, desde hace más de siete años, ha mermado el interés de los campesinos en estas labores.
Los jornaleros ya no vislumbran en las faenas agrícolas una actividad que les genere ingresos; esto obliga a muchos de ellos a buscar otras formas de sustento.

La migración del campo hacia la ciudad en busca de mejores retribuciones —que pueden obtener en la maquila, industria y comercio informal— es otra de las motivaciones para abandonar las tareas agrícolas.
Y muchos más optan por viajar hacia Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.

Para Esmahan, estas migraciones son parte de un paradoja. “Así como los salvadoreños llegan a Estados Unidos a realizar los trabajos que los estadounidenses ya no quieren hacer, los nicaragüenses vienen a El Salvador a trabajar en las labores que los salvadoreños ya no realizan”, apuntó.

Por lo general, los connacionales llegan al país del norte a realizar labores agrícolas, las mismas que han dejado de hacer en su tierra de origen, pero con mejor salario.

Otro aspecto —de acuerdo con los entrevistados— que podría haber repercutido en la fuga de mano de obra es la presencia de fenómenos climáticos como el huracán Mitch. Luego de las constantes lluvias, los cultivos quedaron seriamente dañados, y algunos fueron destruidos por la saturación de agua. Esto provocó el desempleo de cientos de campesinos, quienes tuvieron que buscar otros derroteros.

Este año, la erupción del Ilamatepec, en Santa Ana, dañó cafetales y propició más deserciones, sobre todo de los colonos de las fincas afectadas.

Ahora, los nacionales que llegan a trabajar en los cultivos son los que viven en condiciones paupérrimas, que no aspiran a emigrar a Estados Unidos por la falta de recursos y a quienes la necesidad los obliga a bregar aún en labores con baja remuneración.


TEMA DE PORTADA
Cosecha con mano extranjera

Migrantes buscan dólares

Atraídos por la moneda estadounidense, nicaragüenses y hondureños migran hacia El Salvador para trabajar durante la temporada de cosecha de café, algodón y caña de azúcar. Con base en la legislación salvadoreña, los jornaleros centroamericanos tienen los mismos derechos que los nacionales.

La mayoría de los nicaragüenses y hondureños que vienen a trabajar en las cortas, ingresan en calidad de turistas. Foto EDH

Las motivaciones de los hondureños y nicaragüenses por abandonar sus países e ingresar a El Salvador, están ligadas al poco valor adquisitivo de su moneda y los bajos salarios que reciben en sus tierras. Aparte, tienen la ventaja de estar amparados por las leyes salvadoreñas. De ahí la migración constante.

Los mejores salarios hacen que trabajadores de países vecinos vean esta nación como una tierra de oportunidades.
En El Salvador, los cortadores de café devengan $0.80 de dólar por cada arroba (25 libras) entregada. En Nicaragua, por cada lata (35 libras), un trabajador recibe alrededor de $0.35 centavos. Por cortar esas mismas 35 libras, en El Salvador le pagan $1.12, más del triple de dinero.

Igual tendencia se registra entre los cortadores de caña, que en nuestro territorio perciben desde $1.50 hasta $2.00 por tonelada (media tarea), mientras que en Nicaragua sólo reciben el equivalente a $1.50, por cortar cuatro toneladas.

En la producción de algodón, los jornaleros reciben desde $2.74 (avalado por el Consejo del Salario Mínimo), hasta un promedio de $3.00 por cada quintal rama. Armando Alabí, director de Economía Agropecuaria, del Ministerio de Agricultura, asegura que esta cantidad supera el salario agrícola tanto de nicaragüenses como de hondureños.

A esto se suma una serie de beneficios que se ofrecen para captar la mano de obra extranjera. En algunos lugares, además de mejores salarios, les brindan alimentación, transporte y hasta asistencia médica.

Aparte de la oferta de empleos, la circulación del dólar ha impulsado a estos centroamericanos a fijar su mirada en El Salvador, una nación a pocos kilómetros de distancia donde tienen entrada libre. La tasa de cambios fluctuante en sus países les permite tener mayor capacidad adquisitiva.

Además, los emigrantes del Istmo están protegidos legalmente: el artículo 10 del Código de Trabajo les concede los mismos derechos que tienen los salvadoreños. “Los centroamericanos de origen se consideran como salvadoreños; no obstante, deben tramitar su respectivo permiso para laborar”, señala Roberto Espinal, ministro de Trabajo.

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Espinal menciona lo del permiso laboral porque los emigrantes llegan —en su mayoría— en calidad de turistas. Algunos, cuando termina la temporada regresan a sus lugares: otros prefieren quedarse aquí.

Otro soporte legal está en la Convención Internacional sobre la Protección de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familias, ratificada por El Salvador.

La presencia de estos beneficios podría ocasionar que la migración de mano de obra hacia El Salvador se vuelva un fenómeno creciente.
Frente a esto, las autoridades de Nicaragua tienen planes de aumentar los salarios para los cortadores de café.

EL SALVADOR
$ 0.80
Sueldo de los cortadores por arroba de café
NICARAGUA
$0.35
Lo que perciben por 35 libras
recolectadas
EL SALVADOR
$1.70
Sueldo promedio por tonelada de caña cortada.
nicaragua
$1.50
Lo que les pagan por cuatro toneladas de caña

 

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