13 de noviembre de 2005


TEMA DE PORTADA
Cosecha con mano extranjera
Importación Mano de obra

Los agroindustriales salvadoreños esperan que las cortas se realicen a tiempo. Tienen incertidumbre debido a la falta de jornaleros nacionales. El temor a tener pérdidas en las cosechas los impulsa a buscar braceros fuera de las fronteras

Geraldine Varela / Yensy Ortiz
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Tareas. Las jornadas de los braceros se alargan debido a las pocas manos que bregan en estas faenas y a la cantidad de trabajo que hay . Foto EDH /Mauricio Cáceres

La jornada empieza al alba. Una tortilla grande, una porción de frijoles y un huevo duro —y hasta una pieza de pollo, cuando se tiene suerte— son el desayuno, almuerzo y cena que proveen a los jornaleros en la finca Buenos Aires, en Santa Ana, mientras dura la corta de café.

El medio centenar de cortadores que ahora trabaja en ese lugar no es suficiente para la creciente demanda que la pronta cosecha del grano ha generado.

Así lo afirman representantes del gremio de productores, quienes temen verse afectados si no encuentran suficientes braceros para la corta que ya ha iniciado.

Ante esta demanda, los agroindustriales se han visto obligados a buscar trabajadores temporales en Nicaragua y Honduras.

“Esta situación sucede desde el año pasado sucede, pero este año se ha agravado”, manifestó Ricardo Esmahan, Presidente de la Cámara de Agricultura y Agroindustrial (Camagro).

Según Esmahan, por tradición, los jornaleros extranjeros vienen por su iniciativa, pero este año la demanda de mano de obra centroamericana ha sido anunciada por parte de los agricultores.

Al occidente del país ya han llegado algunos campesinos nacionales, colonos de la zona que aún subsisten de las cortas del café. Individuos, grupos y hasta familias completas se divisan entre los cafetos cuyo grano ya colorea en rojo.

Pero las manos no alcanzan. La corta debe hacerse pronto, este año más que nunca, debido a que el grano maduró más rápido de lo normal por causa de las constantes y copiosas lluvias que azotaron al país en este invierno.

Es paradójico. Pero la misma lluvia que adelanta la cosecha del café retrasa la del algodón. Ahora, ese rubro debe esperar a que la planta tenga la menor humedad posible para poder cortar las bellotas.

Sin embargo, esta vez tanto las cosechas del algodón como del café han coincidido y esto ha generado una competición para conseguir mano de obra.
¿Y cuál es el problema si en El Salvador hay suficientes personas para afrontar estos trabajos? El problema es que muchos connacionales ya no quieren trabajar.

Los salvadoreños, ausentes

De acuerdo con algunos representantes de los gremios de productores, la raíz de este fenómeno de ociosidad tiene varios orígenes.

Uno de los que más pesa es la dependencia, cada vez mayor, de las remesas y las diferencias salariales del sector agropecuario con otros rubros como la maquila y servicios, que a su vez se extienden por más de una temporada y ofrecen garantías extras como Seguro Social y AFP. Esta última genera migración del campo a las ciudades.

No obstante, Mario Salaverría, ministro de Agricultura y Ganadería, consideró que El Salvador cuenta con mano de obra ociosa en la zona rural, la cual perfectamente podría incorporarse a estas labores.

Carlos Rodríguez, director de Previsión Social del Ministerio de Trabajo, secunda la posición del ministro: “La mano de obra está aquí, lo que pasa es que no quieren incorporarse a la fuerza laboral agropecuaria”.

Esta ausencia de empleados, asegura el funcionario de Trabajo, faculta por ley a importar mano de obra. “En épocas de cosecha la ley nos franquea el espacio para poder permitir la mano de obra que viene del extranjero”, agregó.

Salaverría y Esmahan consideran que el “efecto remesas” está incidiendo negativamente en algunas poblaciones donde es difícil encontrar trabajadores.

El ministro critica esta haraganería porque muchos de los empleos se generan en zonas que por años estuvieron deprimidas. “Ahora que hay una demanda de trabajo, hay oportunidades; es bueno que nos apoyen para recolectar las tres cosechas”, dijo.

Según autoridades de Trabajo este año se requerirán 120 mil empleados para cosechar café, caña de azúcar y algodón. Si bien no hay cifras exactas de cuántos extranjeros será necesario traer, un estimado de Agricultura calcula que serán casi 20 mil.

Menos afectados

Pese a la poca disposición de brazos, los sectores algodonero y azucarero ven con optimismo esta temporada.
Según representantes de la Corporación Algodonera (Copal) el año pasado, después de más de una década de no cultivar algodón, tuvieron problemas con la cosecha debido a que ya escaseaban los cortadores.

“La falta de jornaleros y, por lo tanto, el retraso de la corta del algodón, provocó una pérdida en la calidad de la fibra, y, en general, menores ingresos para el productor”, manifestó Mario López Ayala, directivo de Copal.

Según Ayala, esta dificultad los llevó a adquirir maquinaria para prevenir posibles daños en los cultivos.
“Privilegiamos la mano de obra porque la fibra resulta de mejor calidad, si llegan jornales a querer trabajar a los campos les vamos a dar trabajo, pero de lo contrario usaremos la maquinaria disponible”, manifestó Ayala.

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Un representante del gremio algodonero que no quiso identificarse, asegura que la mano de obra nicaragüense abunda en los campos de algodón. “La ventaja del algodón ante otros cultivos es que es fácil de cosechar, por eso vienen familias enteras a trabajar”, dijo.

Sin embargo reconoció la condición de inmigrantes bajo la que llegan estas personas, quienes se arriesgan por venir a traer el preciado dólar, que representa grandes beneficios en sus países de origen.

Las cosechas dan de comer
Hace 20 años, la agricultura representaba la mayor fuente de ingresos para la mayoría de las familias en el área rural.
Las cortas de algodón, café y caña de azúcar generarían unos 120 mil empleos temporales entre noviembre de 2005 y marzo de 2006. En décadas anteriores, miles de familias
esperaban estas temporadas.
La caña también puede recolectarse usando máquinas, por lo que pueden minimizarse las pérdidas. Sin
embargo, estos recursos tienen
una limitante: sólo pueden ser
usados en terrenos planos.





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