13 de noviembre de 2005


ANáLISIS
Ofensiva del 89
Sin vencedores ... ni vencidos

¿Aportó algo este hecho doloroso a la democratización del país? Cuatro de sus protagonistas, dos ex miembros del alto mando militar y dos ex comandantes del FMLN conversan frente a Vértice y coinciden en señalar que la ofensiva impulsó la búsqueda y la consecución de la paz

Lilian Martínez/Florencia Couto
vertice@elsalvador.com


Anhelo de paz. En noviembre de 1989, la población civil manifestó su deseo de paz y rechazó la vía armada. Foto Archivo

El primero en llegar es un militar retirado con el grado de general. Viste un traje azul marino y lleva una carpeta donde luego escribirá sus ideas antes de hablar.

Cinco minutos después entra al salón un político socialdemócrata, sin partido, que al ver al militar reclama en son de broma: “A mí nadie me dijo que había que venir elegante, voy a ir a pedir una corbata prestada”.

A los pocos minutos entra al salón otro militar de baja, también general, que saluda su ex compañero de armas y al político. Finalmente, se une a ellos otro político de izquierda, que aunque no es diputado, trabaja en la Asamblea Legislativa.

El miércoles pasado, 16 años después de que el FMLN iniciara lo que denominó “Ofensiva final hasta el tope”, cuatro hombres que entonces eran enemigos se ven las caras, intercambian saludos y comparten un café. Tanto los militares como sus interlocutores vivieron la guerra de principio a fin, sólo que en bandos diferentes.

En el encuentro abundan las anécdotas. Una de ellas hace referencia a la columna guerrillera que fue sorprendida por soldados en el cantón El Carmen, al norponiente de San Salvador.

El mando de aquellos guerrilleros fue herido y los subalternos se preocuparon más por atenderlo que por llevar a cabo la misión que se les había asignado: tomar el Hotel Sheraton el 11 de noviembre. Lo que pasó después lo conocen todos los salvadoreños mayores de edad.

Ahora, junto al analista político Oscar Picardo Joao y a dos periodistas de Vértice, los ex comandantes del FMLN Facundo Guardado y Francisco Jovel, están frente al ministro y vice ministro de Defensa de aquel entonces: los generales René Emilio Ponce y Juan Orlando Zepeda.

Recordar versus olvidar

Este cuarteto tuvo un papel protagónico durante la ofensiva guerrillera de 1989, unos impulsándola, otros contrarrestándola.

Ahora, sin armas que disparar, aceptaron la invitación de Vértice para conversar sobre la incidencia de esa ofensiva en la consecución de la paz y en la consolidación de la democracia en el país. Pero además para intentar establecer si el recuerdo anual de dicho acontecimiento es un abono importante al futuro del país o una práctica que más bien valdría abandonar.

De cerca. Sólo un tema causó tensión entre los ex comandantes efemelenistas y el ex ministro y el vice ministro de Defensa: el asesinato de los jesuitas.

El ex comandante Francisco Jovel sostiene que recordar es una buena práctica para el ser humano. Sin embargo, “recordar lo traumático, lo difícil, los momentos más complicados de nuestra vida nos reporta lecciones importantes”, señaló.

Tanto los generales Ponce y Zepeda, como los ex comandantes efemelenistas Jovel y Guardado, coincidieron en que el país necesita recordar no solamente la ofensiva del 89, sino toda la guerra de una forma crítica y tomando en cuenta la visión de ambos bandos.

Según todos, recordar estos hechos de forma simplista y fanática, como algunos lo hacen hasta ahora, es un error.

Guardado expresó su preocupación porque aún existe quien se pone una mochila al hombro, se pinta la cara y va a Guazapa a celebrar el aniversario de la ofensiva sin haber participado en esta.

A la queja de Guardado se suma la del analista Óscar Picardo, quien señala que hay jóvenes, tanto en el FMLN como en ARENA, que cantan los himnos de sus partidos con fervor pero sin saber lo que significan. Según Picardo, esto evidencia la necesidad de que se escriba una historia “seria” de la guerra, que cuente con información de ambos bandos sin que estos necesariamente coincidan, pues hasta el momento se escribe sobre el tema con demasiada ligereza.

Al respecto, Ponce expresó su preocupación porque en los libros de texto del sistema educativo se ha tomado más en cuenta la versión de la izquierda sobre el conflicto.

Se debe recordar, pero con matices. Según Picardo, lo importante es saber qué recordar y qué celebrar, pero también la forma en que se maneja el recuerdo y la celebración. Según el analista, a veces esto sucede de manera irresponsable y se utiliza para fines políticos, partidistas y electorales.

Respeto entre enemigos

Durante una incursión en Morazán, el ejército encontró un documento en el que el FMLN dejaba por sentado que el objetivo de la ofensiva del 89 era llegar al poder por la vía armada. Se trataba de un plan “sin retirada”. Pero las cosas no salieron como el FMLN lo planeó.

1989, año violento
Antes de hablar sobre la
influencia de la ofensiva
final, los invitados recordaron que durante 1989 hubo numerosos atentado en los que murieron intelectuales como Antonio Rodríguez Porth y Francisco Peccorini.

Si no cumplió con su objetivo original, ¿sirvió para algo la Ofensiva? ¿Es un hecho trascendental en la historial de El Salvador? ¿Tuvo y tendrá influencia en la consolidación de la democracia en el país?
El general Zepeda la ve como el último esfuerzo, a nivel mundial, de un grupo marxista alzado en armas por llegar al poder.

Mientras, Ponce cree que la Ofensiva marca un hito en la historia de gestas heroicas de la Fuerza Armada. El militar considera que “no hubo ni vencedores ni vencidos”.

Según el Ministro de Defensa de aquella época, la ofensiva agotó la alternativa de la toma del poder por la vía violenta y convenció al FMLN de que había que buscar la lucha democrática a través de un proceso político, formando un partido.

Pero Guardado cree que la Ofensiva no sólo hizo cambiar al FMLN. “Nos obligó a todos —Ejército, Gobierno, FMLN y Estados Unidos—a poner los pies sobre la tierra”, afirma el ex comandante.

Otra consecuencia de dicha acción militar que Guardado identifica es que, al finalizarla, se establecieron unas reglas de respeto, al menos entre los líderes de ambos bandos.

Esto, según el ex comandante, era necesario para que se realizara una negociación responsable. Guardado cree que en la Ofensiva se gestó “un diseño de país para todos, que nunca había existido”.

Pero ese trabajo no resultó fácil. Así lo creen tanto Jovel como Ponce. Mientras el primero sostiene que el proceso de respeto mutuo durante la negociación y la implementación de los Acuerdos de Paz tuvo momentos críticos, el general Ponce recuerda como una tarea titánica el trabajo de convencer a los cuadros militares de la necesidad de una solución negociada. Aún después de la Ofensiva, en la Fuerza Armada se creía en la posibilidad de un triunfo militar.

Cambio radical
Tras la ofensiva de 1989, el alto mando de la Fuerza Armada empezó a concientizar a sus miembros sobre la necesidad de una solución negociada.

El general Zepeda recuerda que tuvieron que tragarse “acuerdos traumáticos” y que, sin embargo, los cumplieron. En palabras del militar: “Lograr que 5 mil oficiales y 70 mil efectivos entendieran que estábamos en la búsqueda de la paz no fue fácil”.

Visión


Mientras el ejército repelía el ataque de la guerrilla, Zepeda se preguntaba a qué hora se levantarían los militares “infiltrados” por el FMLN. Ponce y él sabían que la infiltración del FMLN en la Fuerza Armada había avanzado. Sin embargo, no hubo insubordinación.

El analista Óscar Picardo no duda de que la guerra y la Ofensiva dejaron una huella imborrable en la vida de estos militares y en la de los ex comandantes efemelenistas.

Pero ¿cómo se recordará este hecho dentro de 50 años?
Guardado sostiene que la verdadera historia de la guerra y de la ofensiva final se contará y escribirá cuando sus protagonistas, los que aún viven, hayan muerto

Esto porque, mientras vivan, habrá detalles y nombres —de ambos bandos— que no se podrán revelar. Hacerlo pondría en riesgo la existencia de quienes estuvieron involucrados.

En esto todos coinciden, tanto como en la idea de que actualmente no hay grupos armados que aspiren al poder debido a que el doloroso recuerdo de la guerra aún existe.

Pero si un día estas memorias son olvidadas, si los que sostienen ideas diferentes no se preocupan por conocer la versión del oponente, si la democracia no se consolida y da pie a populismos, podríamos repetir la historia.

Como país nos conviene tomar medidas al respecto. Picardo cree que hechos históricos como la guerra y los Acuerdos de Paz son como una segunda Independencia. Si no los comprendemos en su totalidad, tampoco comprenderemos el presente y el futuro.

Cinco visiones
“No hubo ni vencedores ni vencidos. Estamos aquí buscando disminuir ese nivel de confrontación ”
Gral. René Emilio Ponce
“La Ofensiva sirvió para cambiar un plan maximalista por un plan realista indispensable para la negociación”
Francisco Jovel
“ Los que estuvimos enfrentados a muerte fuimos capaces de configurar un diseño de país para todos”
Facundo Guardado
“El futuro se construye con base en la historia. Hay que recordar, pero en un sentido crítico, filosófico”
Gral. Juan Orlando Zepeda
“Existe la necesidad de escribir una historia seria, objetiva, para comprender lo que realmente sucedió ”
Dr. Óscar Picardo Joao

 

René Emilio Ponce:
“El pueblo ha elegido la democracia”

El ex ministro de Defensa cree que recordar la ofensiva cada año no contribuye a la paz ni a la democracia. En su opinión, este hecho debe recordarse en el contexto del conflicto armado, no como una fiesta, sino como un intento fallido del FMLN por llegar al poder.
 
¿La ofensiva del 89 es un hecho importante o intrascendente?
Esa ofensiva tenía como objetivo primordial la toma del poder por la vía armada.
Se trató de un esfuerzo a nivel nacional, que empleó todos los medios y recursos logísticos del FMLN, para realizar un ataque que comprendía un plan sin retirada.

Ellos decían que se iban a defender en barracas elaboradas en los centros populosos de la periferia de San Salvador y que no iban a salir hasta que llegaran a la toma del poder, y por eso hubo llamadas para buscar una insurrección de carácter popular. Se trata de un hecho histórico que está dentro del contexto del conflicto armado que se vivió en el país.

¿Podría suceder un hecho similar en el futuro?
Imposible. La firma de los Acuerdos de Paz tenía como finalidad ir logrando una concertación, generando la consolidación misma de la paz, generando el entendimiento mediante el diálogo para resolver problemas, y que nunca más se diera un conflicto de ésta naturaleza en el país.

Sin embargo, situaciones circunstanciales, coyunturales, pueden obligar a algunos descontentos con el sistema a levantarse o a hacer guerras de carácter civil.

Gracias a Dios ese no es nuestro caso, porque el pueblo salvadoreño se ha decidido por la democracia, por llevar a cabo un proceso democrático que vaya dándole a todos los sectores su responsabilidad, y eso es lo que va a ayudar, el que cada sector tome sus responsabilidades, sus funciones, y que existan oportunidades en todo lo que se refiere a la riqueza en el país, en el aspecto social, en el aspecto económico, en el aspecto político.

Desde ese punto de vista, creo que se va a ir debilitando cualquier idea de tener que sufrir una nueva acción de esa naturaleza.
Además, en el contexto internacional ya no habría ninguna potencia externa que apoye logísticamente ninguna guerra como esa.

 

Juan Orlando Zepeda:
“Fue un quiebre en la historia de nuestro país”

Graduado de la Escuela Militar de México, Juan Orlando Zepeda ocupó varios cargos claves durante los 12 años de guerra. Para él, la Ofensiva es un hecho histórico importante porque puso fin a la aspiración del FMLN de llegar al poder por la vía armada.
 
¿Qué importancia hay que darle a la ofensiva guerrillera de 1989?
Mire, es importante, porque fue el último esfuerzo a nivel mundial de toda esa estrategia de lucha por llegar a cambiar las estructuras, la forma de vida, la forma de los gobiernos, la forma de administrar la cosa pública.

Según ellos (el FMLN) había que cambiar de acuerdo a las teorías de Marx, Lenin y todos esos teóricos.La forma de cambiar todo ese tipo de estructuras era la revolución armada. Y (la Ofensiva) fue el último esfuerzo.

Sí fue importante porque el FMLN se dio cuenta de que no podía derrotar a la Fuerza Armada, que no podía imponerse al pueblo un nuevo sistema de gobierno, una nueva forma de vida, por la fuerza.

Entonces, lo mejor que pasó es que se agotó esa instancia armada, se agotó en esa ofensiva. Como quien dice, quemaron sus últimos cartuchos. Se trataba de una ofensiva sin retorno, por eso la llamaron “¡Hasta el tope!”.

Para mí fue un quiebre en la historia de nuestro país, y sobre todo en ese drama difícil y en esa época dura que vivimos de la guerra.

¿Podría volver a suceder algo así en el país?
Lo veo bastante difícil. Sin embargo, el fenómeno guerra sí se puede dar, pero con otras modalidades.

Si nosotros no analizamos la historia con un sentido crítico y un sentido bien científico y analítico, probablemente vamos a tener que repetir en unos años, o décadas, un fenómeno igual o peor.

Las guerras civiles han existido desde que el hombre se organizó en comunas, en sociedades, son un fenómeno que es inherente a las sociedades. Cuando se desborda la ambición de poder, surge el fenómeno guerra. Este fenómeno ha surgido en la historia de los pueblos, en casi todos.

La guerra, como fenómeno, estará presente siempre que la autoridad ya no pueda controlar las aspiraciones desbordadas de la sociedad.

 

Facundo Guardado:
“Falta convicción democrática”

Este ex comandante duda que en esta generación se inicie una nueva guerra. Sin embargo, Guardado teme que la descomposición social y el deterioro del Estado puedan causar más daño de un conflicto bélico.
 
¿Qué importancia tiene la Ofensiva?
Fue un quiebre, varió la ruta del conflicto y puso fin a la guerra. Después de la Ofensiva, para ambos bandos y para el contexto internacional quedó claro que la guerra estaba agotada. Solución militar no había en ningún lado, esa es la importancia. La guerra civil en su esencia concluye también con la Ofensiva.
 
¿Fue positivo que el FMLN pudiera ser un partido político?
Por supuesto. Toda las reformas constitucionales que se propusieron (terminar la guerra, desmovilizarse) iban en la dirección de generar las condiciones y los espacios adecuados para poder competir en el escenario político.
¿Es importante la democracia?
Sí.
 
¿Por qué?
Son más importantes las convicciones democráticas. Si hay convicciones democráticas habrá siempre maneras de superar estados de conflictividad, o de transformar la conflictividad, o de encauzarla.
El conflicto es sustancial a la naturaleza de las necesidades y de las personas. Pero si hay convicciones democráticas, la ventaja es que hay actores que buscan encauzarla, superarla y transformarla. Creo que en El Salvador estamos escasos de convicciones democráticas.
 
¿Eso podría generar un nuevo conflicto?
Lo que pasa es que no podemos tener como parámetro el conflicto de la guerra. Porque una guerra como la que vivimos no vamos a tenerla de nuevo. No vamos a verla en estas generaciones. Ni tú ni yo. En esta generación no va a haber otra guerra civil, pero puede haber otras formas de deterioro de descomposición social, el deterioro social del Estado y puede ser más dañino que la guerra civil.
 
De su experiencia, ¿qué consejos daría a las generaciones futuras?
Ninguno. Consejo, en el sentido de qué deben hacer, ninguno. Ellos que decidan.
Lo que sí es importante es heredarles unos espacios de deliberación de debate, de ver nuevas formas de buscar, lo que decía anteriormente, de superar la conflictividad. Ahora, si quieren hacer otra guerra... Por lo menos, en lo que quiero sentirme con la tranquilidad es que no les habríamos heredado lo que las antiguas generaciones nos heredaron a nosotros.


Francisco Jovel:
“Falta trabajo para que no se repita”


La importancia de la Ofensiva de 1989 radica, según este político de izquierda, en que demostró la correlación de fuerzas entre el ejército y la guerrilla y los hizo buscar acuerdos.
 
¿Qué importancia hay que darle a la Ofensiva de 1989?
Creo que sintetizó en un mes lo que hubiera sido la guerra durante por lo menos 10 años más.
 
¿10 años más?
Ahí se sintetizó. Se concentró incluso la fuerza que pusieron ambas partes enfrentadas militar y políticamente para defenderse y agredirse simultáneamente. Y por eso es que, después de la Ofensiva, el esfuerzo mayor de ambas partes fue el de preservar la correlación de fuerzas evidenciada durante ese hecho. Justamente para que la negociación pudiera reflejar esa correlación de fuerza, y no otra. Se intentó cambiar la correlación de fuerzas por unos y otros

Pero la vida demostró que ambas fuerzas tenían capacidad de conservar la correlación. Entonces, sí, me parece que es muy importante porque sin haberse evidenciado ese nivel de la correlación de fuerzas —que no podía cambiar ni uno ni otro—, no hubiesen existido los Acuerdos de Paz.

Pero en el mundo el 89 marcó el fin de la Guerra Fría ¿Por qué se iba a extender 10 años más en El Salvador?
Quiero ser enfático que en El Salvador, en mi concepto, la guerrilla salvadoreña no era una extensión de la Guerra Fría. Incluso puedo decirlo con más franqueza. Cuatro de las cinco organizaciones no compartían las valoraciones que habían dado origen a la Guerra Fría.

El partido comunista estaba más metido en la cuestión de la Guerra Fría que las otras organizaciones que integrábamos el FMLN. El movimiento guerrillero se había abierto brecha en El Salvador en contra de lo que era la línea general que uno de los dos bandos de la Guerra Fría propiciaba.
 
¿Cree que puede volver a suceder algo similar nuevamente?
Espero que no. Pero eso tampoco es definitivo. Creo que quienes experimentaron los acontecimientos de 1932 en El Salvador hubieran deseado que eso no se volviera a repetir. Pero hubo la guerra de los años 80. Creo que hay que trabajar porque no se vuelva a repetir.

Espontáneamente se corre el riesgo de que los pueblos puedan repetir experiencias dolorosas. En nuestros países falta mucho por conseguir. Lamentablemente, ya van 13 años de los Acuerdos de Paz y todavía está lejos que haya una voluntad política manifiesta de crear políticas de Estado, que compartan izquierdas y derechas.

 


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