13 de marzo 2005


Con novedad en EL FRENTE

Al auscultar al FMLN, los latidos políticos indican que las diferencias ideológicas y de método todavía minan su salud

Lilian Martínez
vertice@elsalvador.com

   
Foto EDH/Mauricio Castro

“A muchos les rodaron las lágrimas”, recuerda un diputado efemelenista.

La frustración era el sentimiento común en la fracción roja la noche del 19 de enero de 2005.

Tres “compañeros” habían levantado la mano a favor de los bonos que financiarían el presupuesto general de la nación 2005, cuando lo acordado era no votar a favor.

La impotencia para cambiar lo sucedido y la imposibilidad de explicarse la acción de quienes luego serían calificados como “los Judas” —y expulsados del partido días más tarde—, hizo que los impulsores del Movimiento por el cambio abrieran filas y se apresuraran a hablar de “unidad partidaria” ante los medios de comunicación.

Sin embargo, si se le toman los signos vitales al Frente en este momento, la taquicardia en su interior aún es evidente para propios y extraños.

“El tiempo de debate interno ya pasó y se retomará después de las elecciones”, asegura uno de los legisladores que apoyó a Óscar Ortiz en su campaña para convertirse en Coordinador General del FMLN.

Por su parte, el diputado y director departamental en La Libertad, Calixto Mejía, afirma que al interior del Frente hay un proceso de discusión y debate que, espera él, lleven a un resultado positivo.

La posibilidad de reformar los estatutos en la próxima convención nacional —programada para el 3 de abril—, es el centro de la discusión interna, al igual que la búsqueda de candidatos de consenso.

En opinión del veterano Mauricio González —“Roque” durante la guerra—, dentro del FMLN se habla de elegir candidatos de consenso y de que las bases decidan si se reforman o no los estatutos, pero la negociación y el debate sobre ambos aspectos se está realizando únicamente entre los dirigentes sin tomar en cuenta a los 90 mil militantes efemelenistas.

   
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En esas condiciones, González califica el actual proceso como un “reparto del poder” y no como la práctica democrática que, según los estatutos, debería ser.

El veterano asegura que la militancia no ha sido informada sobre las reformas que se planean aprobar el primer domingo de Pascua. “Por lo menos los veteranos no hemos sido informados”, asegura.

Las quejas de éste parecen tener fundamento, bajo la óptica del politólogo Napoleón Campos. Él cree que dentro del FMLN hay un déficit de participación de los veteranos, quienes, en su opinión, merecen un espacio más relevante en las grandes decisiones del partido.

Pero los veteranos no son los únicos desinformados hasta el momento sobre las posibles reformas a los estatutos. Tanto el edil de Nejapa, René Canjura, como el de Santa Ana, Orlando Mena, dicen encontrarse en igual situación.

El alcalde santaneco, identificado abiertamente con el Movimiento por el cambio, asegura que el partido no le ha hecho llegar un documento donde, en forma oficial, se detalle qué modificaciones se plantea hacer en los estatutos.

Mena cree que ahora los miembros del partido deberían dedicarse a consensuar planillas y a preparar las elecciones internas. Él dejaría el trabajo de las reformas para después de los comicios de 2006.

“Hemos venido enfrentando algunos desgastes internos y no sería prudente que por una reforma estatutaria entráramos en debate”, aconseja Mena.

Mientras tanto, Canjura cree que “cuando se cree que algo está mal, no debe callarse”. El edil de Nejapa dijo no estar al tanto de los últimos hechos al interior del partido por haber estado fuera del país las tres últimas semanas, pero no dudó en afirmar que si las reformas a los estatutos significan un retroceso en la democracia al interior del FMLN, él se opone a ello.

Se dé o no la discusión sobre los anunciados cambios, el director de la Maestría en Ciencias Políticas de la UCA, Álvaro Artiga, cree que la relación entre los líderes del FMLN ya está minada y que si estas diferencias aún no se reflejan en las bases es, tal vez, porque los militantes están en compás de espera.

A kilómetros atrás del Sur
Napoleón Campos, politólogo.
Los triunfos de las izquierdas “inteligentes” en Sudamérica y un posible nuevo fracaso del FSLN en Nicaragua, en 2006, darán un nuevo espaldarazo a los reformistas, según opina este politólogo.

Campos afirma que “la estocada (final) se la darán a sí mismos los conservadores llevando nuevamente a Handal como candidato en 2009, aunque Ortega pierda su cuarta elección”.

Sin embargo, de la caída de los conservadores a la extinción del FMLN como partido, Campos ve un gran trecho.

El experto agrega que el FMLN ya ganó las elecciones de 2003. Por lo que un partido así, por los intereses que representa y por el respaldo ciudadano que ha conseguido en las urnas, no está condenado sin remedio a la extinción.

A lo que está llamado el Frente, según Campos, es a hacer los cambios necesarios para ser una opción de alternancia en el Ejecutivo.

Esto deberá suceder en un marco de confianza tanto para los electores como para la comunidad internacional, comenta.

Campos cree que el FMLN no puede seguir siendo una fuerza de oposición a perpetuidad, porque, según él, no es una agrupación mediática, politiquera ni ganguera, como otras.

De acuerdo a Artiga, las discrepancias en los niveles más altos del partido no se originan en que unos y otros se identifiquen con distintas corrientes, sino en una estructura partidaria que no permite que las diferencias se resuelvan sin generar tensiones, como las que hubo previo a la elección del coordinador general, en noviembre pasado.

Por su parte, el diputado Gerson Martínez, quien dice no identificarse con ningún grupo al interior del FMLN, hace una propuesta para resolver cualquier pugna. Según él, el partido en el que milita debe elegir candidatos tomando en cuenta la opinión de las bases, la capacidad y la calidad de éstos por encima de cualquier criterio de grupo, sea cual sea.

Esto, en su opinión, garantizará que el partido postule a sus mejores hombres y mujeres.

“Ha llegado el momento de la unidad. Demando que demos pasos de unidad firme, porque eso es lo que demanda del Frente la sociedad”, comentó.

Entrañas escarlata

Gerson Martínez se declara optimista respecto a la unidad del FMLN, pues desde su origen el Frente la persigue.
Mientras, los analistas consultados ven esa aspiración a la unidad como un logro difícil de alcanzar para el partido.

Napoleón Campos identifica dos estructuras, yuxtapuestas y en colisión, dentro de dicho partido: “Una es abierta, relativamente transparente y participativa, que fundamentalmente funciona a nivel local (Movimiento por el cambio); la otra es cada vez más cerrada, vertical, de confrontación, que se impone en las grandes decisiones nacionales (handalistas)”.

En opinión del analista, ambas estructuras son la herencia de las diferentes etapas por las que ha pasado el Frente desde que se fundó, en 1980, como una agrupación político militar, integrada por cinco facciones que pretendían asumir el poder por la vía armada.

Tomando como referencia las elecciones internas realizadas en julio de 2003 y noviembre de 2004, Campos afirma que el Movimiento por el cambio es apoyado por aproximadamente el 45% de la militancia que ejerce el voto a nivel interno. Además, en cuanto a militantes, este movimiento controla más de 100 municipios.

Campos cree que el poder absoluto no está en manos de los conservadores, y que su hegemonía será transitoria, para ser relevada después de las elecciones de 2009. En sus palabras, los procedimientos electorales dominados por los conservadores “nulifican, por lo pronto, en la alta esfera, la expresión plena del poder local y de base de los reformistas”.

Además de los grupos mencionados, el politólogo reconoce la existencia de otros más pequeños denominados “terceristas”, “espectadores” e individuos que, por separado, reconocen la marca FMLN como una institución.

   
Después de ser expulsados, los ex diputados efemelenistas solicitaron a la directiva de la Asamblea un lugar donde poder instalarse en el edificio legislativo. Foto EDH /Archivo

Con “lupa” en mano, Campos cree que esos sectores están más cerca de los reformistas, aunque no tomen posición, ni suden la camiseta de éstos. “Me parece indiscreto dar nombres y apellidos, pero me consta en las pláticas que tuve con elementos institucionales a lo largo de 2004”, confiesa Campos.

Álvaro Artiga también toma en cuenta la historia del Frente en su análisis. Él ve en el FMLN una disputa por el control de los recursos (financieros, jurídicos, informativos) que se originó en el momento que éste se transformó de organización guerrillera en partido político.

Por otro lado, Artiga manifiesta que el fenómeno de las divisiones en los partidos no es un problema exclusivo del Frente, ni del país.

A este politólogo le llama la atención que a pesar de las divisiones, el caudal de votos obtenidos por los rojos durante su primera década como partido político, en lugar de disminuir haya ido en aumento, aunque no le han sido suficientes para superar a ARENA en sucesivas elecciones presidenciales.

El catedrático de ciencias políticas en la UCA, Joaquín Aguilar, tiene quizá un punto de vista más duro.
“El FMLN como tal dejó de tener razón de existir el 16 de enero del 92”, afirma.

La medicina
Joao Picardo, cree que el FMLN debe evaluarse.
Cuando Héctor Silva ganó su primer período como alcalde de San Salvador, todo parecía ir viento en popa para las aspiraciones presidenciales del FMLN.

Pero la oportunidad de demostrar capacidad de gobernar no fue capitalizada debidamente, en opinión de Joao Picardo.

Este intelectual cree que en los subsiguientes gobiernos municipales efemelenistas ha imperado la ideología, ha importado más que la capacidad de gobernar, lo que tendrá un costo muy alto en las elecciones de 2006. “Tal vez no se dé un castigo, pero sí se reflejará que el FMLN manejó mal sus disensos ideológicos”, dice.

Para no salir tan mal parado en dicha contienda electoral, Picardo recomienda al FMLN hacer una oposición inteligente, mejorar su aparato de comunicación, renovar su liderazgo y basarlo en “un principio de primacía humana”.

Además, el analista cree que al partido rojo le falta hacer una valoración objetiva del trabajo realizado en los gobiernos locales, donde, en muchos casos, no se aprovechó la oportunidad de generar confianza entre los ciudadanos que no militan en el partido.

Aguilar recuerda que la alianza que dio vida al Frente tenía como objetivo acceder al poder por la vía armada.
Al firmar los Acuerdos de Paz, el FMLN se transforma en partido político y se plantea como objetivo consolidar la democracia.

El profesor universitario plantea que las recurrentes pugnas en el interior de dicha institución política son el resultado de la existencia de dos tipos de gente: unos que ven al FMLN como el sujeto histórico que debe llegar al poder para sentar las bases de un sistema socialista, y otros que quieren aspirar al poder para establecer pactos que propicien el surgimiento de otro sujeto histórico que aún no está definido.

Aguilar define al primer grupo como una “izquierda no estratégica” (handalistas) y al segundo lo determina como una “izquierda estratégica”.

Problemas de personalidad

Al inicio de su campaña proselitista para convertirse en alcalde de San Salvador, Carlos Rivas Zamora aseguró ser católico.

Sin embargo, hace ocho días, se declaró “comunista”, algo incompatible con la religión, según los conceptos de “El Capital”, el libro de Marx que para algunos comunistas sirve de biblia.

Para el analista Joao Picardo, la inestabilidad política de Rivas Zamora es sólo un ejemplo de cómo el FMLN necesita urgentemente definir qué es.

“A veces son demócratas, a veces comunistas, y si son comunistas ¿para qué participan en elecciones”, se cuestiona Picardo.

Él cree necesario que el Frente defina si es una izquierda como la del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), como la del venezolano Hugo Chávez, como la de Luiz Ignacio Lula da Silva o como la que recientemente llevó a la presidencia a Tabaré Vásquez, en Uruguay.

La pregunta “¿Qué es el Frente?” también se la plantea el veterano Mauricio González.

   
10 de noviembre de 2004. Ortiz reconoce públicamente que Medardo González le ha ganado en la contienda por coordinación del partido.

“Roque” recuerda que, en sus estatutos, el FMLN se define como un partido democrático, revolucionario y socialista.

En su opinión, en la práctica partidaria, la militancia ha ido perdiendo el poder de decisión desde hace un buen tiempo.

Según González, al reformar los estatutos se le quitará el carácter democrático al FMLN, se anulará el carácter socialista y dejará de ser revolucionario.

“La pregunta que nos va a quedar entonces será: ¿Qué somos?”, concluye el veterano.

Pero, aunque la relación entre los líderes del partido esté debilitada y las diferencias persistan, Artiga recuerda otro incentivo para la existencia del FMLN como tal: mientras ARENA exista, el FMLN tendrá grandes posibilidades de seguir con vida, pues ambos nacieron como contrapeso del otro. ¿Será un buen augurio?

Problema de estructuras
El PC no controla el Frente
Álvaro Artiga, politólogo y catedrático de la UCA.
La existencia de grupos o movimientos al interior del Frente no es un problema para este partido, en opinión del director de la Maestría en Ciencias Políticas de la UCA, Álvaro Artiga.

Lo que sí es un quebradero de cabeza, según él, son las estructuras del partido y las aspiraciones de algunos de sus miembros.

“Quienes acceden a puestos de poder no los abandonan (los cargos)”, critica Artiga, y estos personajes son los que no permiten que nuevos cuadros refresquen el rostro del partido y generen confianza.

Recomienda al partido de izquierda crear estructuras a las cuales enviar a la dirigencia que será relevada. “¿Qué va a hacer Schafik si no trabaja en política?”, pregunta a modo de ejemplo.

El catedrático recuerda que las divisiones han sido un problema histórico de la izquierda en Latinoamérica, con la diferencia que en el Sur del continente los partidos identificados con el socialismo se han planteado una estrategia exitosa para acceder al poder.

El FMLN ha carecido de esa estrategia. Sin embargo, Artiga reconoce que podría existir la posibilidad que dicho instituto político no esté realmente interesado en llegar al poder Ejecutivo. “Puede ser que haya una estrategia de no ganar”, especula.
Joaquín Aguilar, analista.
La presencia de Schafik Handal y sus aliados en varias instancias de poder dentro del FMLN hace pensar a muchos que el Partido Comunista (PC) es el que realmente lleva las riendas de este instituto.

Sin embargo, el catedrático de la UCA Joaquín Aguilar no cree que esto sea cierto. “El grupo que perteneció al PC es pequeño”, dice.

Lo que sucede en el interior del FMLN -según Aguilar- es que un grupo tiene una visión estratégica y cree que el Frente “todavía tiene gasolina” para llegar al poder, mientras otro grupo tiene una visión más utópica.

Aguilar recuerda que en los resultados de las elecciones para elegir al candidato presidencial del FMLN para 2004, la diferencia entre Óscar Ortiz y Handal fue únicamente de unos mil votos.

No obstante, los reformistas se han replegado porque le apuestan a la bandera efemelenista y por las malas experiencias que anteriores “impulsores de cambios” han tenido.

El profesor cree que entre conservadores y reformistas hay gente que se repliega porque ha hecho de la política su modo de vida, mientras que otros se echan para atrás según la coyuntura. “Schafik apoyó a Guardado, y cuando éste perdió las presidenciales, Handal se replegó”, recuerda Aguilar.

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