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Testosterona
de
alquiler
Muchos
de ellos son jóvenes ex universitarios, víctimas del rechazo
familiar debido a su identidad homosexual; son marginados sociales y,
en algunos casos, han sufrido abusos en su infancia. Sobreviven, en las
calles de San Salvador, ejerciendo el oficio más antiguo del mundo.
Uno de estos trabajadores sexuales masculinos narró
a Vértice su historia, cargada de adicción a las drogas,
sexo a granel, sida, violencia, meditación y esperanza.
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| Foto EDH / Omar Carbonero |
He tenido cientos de relaciones y miles de experiencias,
de todo tipo. Así comienza a narrar su historia Tom,
un joven atlético que por muchos años practicó
la prostitución y el trabajo sexual en varios puntos de la capital.
La vida en la calle es dura dice, yo las conozco todas:
he dormido en todos los parques y conozco a todos los drogadictos y
a todos los trabajadores de la noche.
Tengo una historia triste que ya logré superar. Te voy a contar
desde la raíz para que entendás.
Todo se originó en la guerra, cuando perdimos a un familiar
muy importante.
Mi papá se fue al combate en el 81 y nosotros (varios hermanos)
comenzamos a rodar de casa en casa, de padrastros en madrastras, tíos
y primos, pero sin experimentar nunca el afecto familiar.
A pesar de tener casa, comida y colegio no teníamos cariño
ni dinero y trabajábamos prácticamente como sirvientes.
A los 15 años conocí el ambiente gay porque alguien
muy cercano a mí tenía una relación con un joven.
Me gustó el trato y el respeto y vi la oportunidad para tener
una mejor vida. Me salí de la casa de mis tíos y empecé
a tener inclinación por ese tipo de personas.
Recuerdo que se acercaban los Acuerdos de Paz, tenía 18
años y no me consideraba preparado para la sociedad por mi condición
de huérfano y maltratado.
Me establecí en el ambiente, pero cometí el error de abusar
de las drogas y del alcohol, lo que me obligó a internarme en
un centro de rehabilitación donde permanecí dos años.
Ahí recibí el tratamiento completo, aprendí muchas
cosas y hasta trabajé. Pero al poco tiempo de salir tuve una
recaída. Y como no tenía dinero ni casa, me fui por el
lado fácil.
Un día encontré un anuncio en el periódico:
Se solicitan caballeros. Así que llamé y quedé
en hacer la prueba que consistía en llenar una serie de requisitos
(no mayor de 25 años, tener pene grande, medir 1.75 de estatura),
y tener sexo con el entrevistador. Me hablaron de las tarifas, en un
rato podías ganar de $30 a $50 y, como mínimo, $10. Se
veía bien.
A los tres días me llamaron y me dijeron que me tenían
tres personas de ambiente los tres estaban casados.
Luego empecé a atender a domicilio, solicitudes de jovencitos
de 16 años que querían experimentar. Entonces empecé
a invertir en mí, mejoré la alimentación, hice
ejercicios y tomé vitaminas para tener condición, porque
a veces atendía hasta a cuatro clientes en un día.
Mirá, en el ambiente de la prostitución masculina
hay mucha estafa. Por eso trabajé como Stripper en
despedidas de soltera, ahí podía ganar hasta $40 por bailar
dos o tres canciones. Para esa época, el ambiente gay y la prostitución
abrieron mi mente porque conocí a mucha gente, a gente que nunca
me imaginé. Pero mi ética no me permite revelar más...
Trabajé en casas de citas y por teléfono, la demanda era
mucha, dice.
UN MERCADO ESCONDIDO
Si bien al analizar la prostitución y el trabajo sexual aparecen
causas como el rechazo familiar y la falta de políticas sociales,
la discriminación causada por la desinformación y la homofobia
no han podido erradicar la demanda creciente, que cuenta, entre su clientela,
a gente de todos los estratos sociales, edades y profesiones.
Porque esta actividad, en El Salvador, camina a pasos rápidos.
Los clientes son mujeres, parejas y homosexuales.
Pero ¿qué lleva a un joven en edad universitaria a trabajar
en las calles como prostituto? ¿La falta de oportunidades, el
costo de la vida? ¿La perversión?
William Hernández, director de la Asociación Salvadoreña
de Derechos Humanos Entre Amigos, asegura que, en este caso,
las minorías o poblaciones vulnerables no cuentan con acceso
a la educación, oportunidades laborales y justicia.
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Y encuentran en este trabajo una manera de sobrevivir.
Pero también cree que si hay alguien a quien pasarle la factura
es a los padres de familia.
Ellos son los que los discriminan (a los muchachos) por ser amanerados,
en lugar de entender que existe la diversidad y que no es ningún
tipo de perversión, enfermedad física o mental o producto
de un trastorno sicológico, agrega.
Hay responsables para que estén en las calles y son el
Estado, la familia, las alcaldías que quieren ocultar una realidad
existente al poner limitaciones por apariencia, indica.
El fenómeno, lejos de estancarse ha ido en aumento, a tal grado
que, por lo menos en cuatro zonas del área metropolitana, hay
hombres que se dedican a esta actividad.
Ante la demanda, muchos jóvenes operan desde las 8:00 de la noche
en espera de clientes que llegan en sus carros. Los costos en la calle
van desde 10 dólares hasta 25. Hay casos en los que clientes
generosos llegan a pagar hasta 300 dólares por unas horas.
J es un trabajador sexual que tiene menos de 25 años,
se prostituye en la zona del Cine Darío. Su historia se origina
por la falta de oportunidades económicas. Mi familia se
quedó sin dinero, cuenta, mientras se arregla una manga
de la camisa.
Pero J dejó los estudios para poder buscar el dinero
y ayudar en su casa. Me vine a la calle porque de pronto no tenía
nada. No encontraba trabajo. Por suerte conocía gente gay que
trabajaba en esto y así comencé.
Aquí viene toda clase de gente, en todas clases de carros. Hombres,
mujeres y parejas, y se gana bien cuando se trabaja por cuenta propia,
concluye.
Tom al igual que J, pone más atención
a la ética a la hora de narrar sus experiencias:
Es cierto, viene toda clase de personas. Yo he visto tanto y he
conocido a tanta gente que eso me ha ayudado a ver de otra forma al
mundo. Si pudiera contarte nombres, cargos, te sorprenderías.
Hasta la fecha tengo una duda de un cliente que tuve, creo que era un
pastor. En otra ocasión tuve una cita con un sacerdote muy conocido,
pero me llamó para cancelarlo.
He tenido relaciones con mujeres, con parejas, con políticos
y diputados, con ejecutivos y extranjeros. Se gana bien, pero estás
expuesto a un mundo de peligro, abuso de drogas, violencia. Yo no he
tenido una mala experiencia al respecto, pero sé de otros que
han sido agredidos, comenta.
Parte del rechazo se debe a situaciones de odio y fobia hacia las personas
que tienen una orientación sexual diferente a la heterosexual.
El hecho de que alguien sea ignorante en el tema no justifica
la violencia, dice Joaquín Cáceres, coordinador
de educación de Entre Amigos. Los derechos
humanos o se respetan o se irrespetan, no hay términos medios,
aclara, mientras busca entre sus notas casos de abuso y violencia de
parte de la policía o los agentes metropolitanos. Actúan
en nombre de la ley y, añade, abusando de la misma.
¡NO DEBERíAS EXISTIR!
A pesar de existir una Ordenanza Contravencional que rige al municipio
de San Salvador, en su capítulo IV, referente a la Moralidad
Pública, establece las sanciones para quien ofreciere o
solicitare servicios sexuales, (art. 36); éstas consisten
en multas que van desde los 300 colones ($34) hasta los mil ($115).
De igual forma, reprende los actos sexuales en lugares públicos
(art.38) con multas que oscilan entre los 500 colones ($60) y mil ($115).
Los agentes metropolitanos son los encargados de levantar las esquelas
de emplazamiento, que son los procedimientos donde es notificada la
falta que han cometido.
Los trabajadores sexuales tienen ocho días para pagar o solicitar
audiencia. Pero mientras las investigaciones se realizan, las redadas
policiales llegan cargadas de abuso de autoridad, golpes, insultos y
violencia sicológica.
Jóvenes como J se quejan del acoso que a veces sufren
de parte de la Policía. A veces vienen y nos intimidan.
Nos tratan como criminales, a veces nos roban el dinero.
En una ocasión nos pusieron espaldas a la pared y nos tomaron
fotos. No creo que tengan ese derecho a tratarnos así,
comenta.
El mismo Estado se ha encargado de mantener oculta la violación
de los derechos humanos y la discriminación por no tener una
política de respuesta, argumenta el director de Entre
Amigos, quien señala que se han dado muchos casos donde
la Policía y luego el CAM, golpean a los trabajadores sexuales,
sobre todo a los travestidos.
No es la aplicabilidad de la ley sino la creencia y los valores
de la persona que son antepuestos al instrumento jurídico,
dice Cáceres. Los agentes que practican algún tipo
de religión son los más radicales agrega.
No creo que la sociedad salvadoreña sea homofóbica.
Hay un espacio de tolerancia fácil de vivir. Creo que son los
líderes, los funcionarios, los que aplican la ley, incluyendo
a la Iglesia Católica, los responsables. Ya que de una forma
egoísta quieren hacer validar sus ideas o creencias, concluye
Hernández.
El caso de Tom es diferente: ha dejado las calles y las
drogas. Trabaja en una distribuidora de granos básicos y tiene
muchos proyectos en marcha.
Hay algo que quisiera hacer y es trabajar en un proyecto de albergues
para atender a niños de la calle. Quiero hacer algo por aquellos
que en los momentos más críticos me sacaron de apuros
con agua y comida. Me gustaría ayudarlos para sentirme bien conmigo
mismo.
He visto muchos predios de la alcaldía y casas abandonadas
que pueden ser usados en estos proyectos. Pueden ser autosostenibles,
sólo necesitamos un pequeño empujón.
También quiero escribir mi historia, tomar fotos, estudiar. Uno
de mis sueños es ser músico ya que estudié en el
Cenar y toco guitarra.
Creo que se puede hacer algo a través de mi vivencia. Creo que
juntos, Estado, policía, alcaldía y la población
tolerante podemos erradicar esto, y no está en el cielo, fijate,
no está en el cielo..., concluye Tom, momentos
antes de caminar hacia su taller de carpintería, un proyecto
que acaba de iniciar.
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