13 de marzo 2005


Testosterona de alquiler

Muchos de ellos son jóvenes ex universitarios, víctimas del rechazo familiar debido a su identidad homosexual; son marginados sociales y, en algunos casos, han sufrido abusos en su infancia. Sobreviven, en las calles de San Salvador, ejerciendo el oficio más antiguo del mundo. Uno de estos “trabajadores sexuales masculinos” narró a Vértice su historia, cargada de adicción a las drogas, sexo a granel, sida, violencia, meditación y esperanza.

Juan Carlos Rivas
Vertice@elsalvador.com
   
Foto EDH / Omar Carbonero

“He tenido cientos de relaciones y miles de experiencias, de todo tipo”. Así comienza a narrar su historia “Tom”, un joven atlético que por muchos años practicó la prostitución y el trabajo sexual en varios puntos de la capital.

“La vida en la calle es dura —dice—, yo las conozco todas: he dormido en todos los parques y conozco a todos los drogadictos y a todos los trabajadores de la noche.

Tengo una historia triste que ya logré superar. Te voy a contar desde la raíz para que entendás.

“Todo se originó en la guerra, cuando perdimos a un familiar muy importante.

Mi papá se fue al combate en el 81 y nosotros (varios hermanos) comenzamos a rodar de casa en casa, de padrastros en madrastras, tíos y primos, pero sin experimentar nunca el afecto familiar.

A pesar de tener casa, comida y colegio no teníamos cariño ni dinero y trabajábamos prácticamente como sirvientes.

“A los 15 años conocí el ambiente gay porque alguien muy cercano a mí tenía una relación con un joven.

Me gustó el trato y el respeto y vi la oportunidad para tener una mejor vida. Me salí de la casa de mis tíos y empecé a tener inclinación por ese tipo de personas.

“Recuerdo que se acercaban los Acuerdos de Paz, tenía 18 años y no me consideraba preparado para la sociedad por mi condición de huérfano y maltratado.

Me establecí en el ambiente, pero cometí el error de abusar de las drogas y del alcohol, lo que me obligó a internarme en un centro de rehabilitación donde permanecí dos años. Ahí recibí el tratamiento completo, aprendí muchas cosas y hasta trabajé. Pero al poco tiempo de salir tuve una recaída. Y como no tenía dinero ni casa, me fui por el lado fácil.

“Un día encontré un anuncio en el periódico: ‘Se solicitan caballeros’. Así que llamé y quedé en hacer la prueba que consistía en llenar una serie de requisitos (no mayor de 25 años, tener pene grande, medir 1.75 de estatura), y tener sexo con el entrevistador. Me hablaron de las tarifas, en un rato podías ganar de $30 a $50 y, como mínimo, $10. Se veía bien.

“A los tres días me llamaron y me dijeron que me tenían tres personas ‘de ambiente’ —los tres estaban casados—. Luego empecé a atender a domicilio, solicitudes de jovencitos de 16 años que querían experimentar. Entonces empecé a invertir en mí, mejoré la alimentación, hice ejercicios y tomé vitaminas para tener condición, porque a veces atendía hasta a cuatro clientes en un día.

“Mirá, en el ambiente de la prostitución masculina hay mucha estafa. Por eso trabajé como ‘Stripper’ en despedidas de soltera, ahí podía ganar hasta $40 por bailar dos o tres canciones. Para esa época, el ambiente gay y la prostitución abrieron mi mente porque conocí a mucha gente, a gente que nunca me imaginé. Pero mi ética no me permite revelar más... Trabajé en casas de citas y por teléfono, la demanda era mucha”, dice.

UN MERCADO ESCONDIDO

Si bien al analizar la prostitución y el trabajo sexual aparecen causas como el rechazo familiar y la falta de políticas sociales, la discriminación causada por la desinformación y la homofobia no han podido erradicar la demanda creciente, que cuenta, entre su clientela, a gente de todos los estratos sociales, edades y profesiones.

Porque esta actividad, en El Salvador, camina a pasos rápidos. Los clientes son mujeres, parejas y homosexuales.
Pero ¿qué lleva a un joven en edad universitaria a trabajar en las calles como prostituto? ¿La falta de oportunidades, el costo de la vida? ¿La perversión?

William Hernández, director de la Asociación Salvadoreña de Derechos Humanos “Entre Amigos”, asegura que, en este caso, las minorías o poblaciones vulnerables no cuentan con acceso a la educación, oportunidades laborales y justicia.

   

Y encuentran en este trabajo una manera de sobrevivir. Pero también cree que si hay alguien a quien pasarle la factura es a los padres de familia.

“Ellos son los que los discriminan (a los muchachos) por ser amanerados, en lugar de entender que existe la diversidad y que no es ningún tipo de perversión, enfermedad física o mental o producto de un trastorno sicológico”, agrega.
“Hay responsables para que estén en las calles y son el Estado, la familia, las alcaldías que quieren ocultar una realidad existente al poner limitaciones por apariencia”, indica.

El fenómeno, lejos de estancarse ha ido en aumento, a tal grado que, por lo menos en cuatro zonas del área metropolitana, hay hombres que se dedican a esta actividad.

Ante la demanda, muchos jóvenes operan desde las 8:00 de la noche en espera de clientes que llegan en sus carros. Los costos en la calle van desde 10 dólares hasta 25. Hay casos en los que clientes generosos llegan a pagar hasta 300 dólares por unas horas.

“J” es un trabajador sexual que tiene menos de 25 años, se prostituye en la zona del Cine Darío. Su historia se origina por la falta de oportunidades económicas. “Mi familia se quedó sin dinero”, cuenta, mientras se arregla una manga de la camisa.

Pero “J” dejó los estudios para poder buscar el dinero y ayudar en su casa. “Me vine a la calle porque de pronto no tenía nada. No encontraba trabajo. Por suerte conocía gente gay que trabajaba en esto y así comencé.

Aquí viene toda clase de gente, en todas clases de carros. Hombres, mujeres y parejas, y se gana bien cuando se trabaja por cuenta propia”, concluye.

“Tom” al igual que “J”, pone más atención a la “ética” a la hora de narrar sus experiencias: “Es cierto, viene toda clase de personas. Yo he visto tanto y he conocido a tanta gente que eso me ha ayudado a ver de otra forma al mundo. Si pudiera contarte nombres, cargos, te sorprenderías.

Hasta la fecha tengo una duda de un cliente que tuve, creo que era un pastor. En otra ocasión tuve una cita con un sacerdote muy conocido, pero me llamó para cancelarlo.

He tenido relaciones con mujeres, con parejas, con políticos y diputados, con ejecutivos y extranjeros. Se gana bien, pero estás expuesto a un mundo de peligro, abuso de drogas, violencia. Yo no he tenido una mala experiencia al respecto, pero sé de otros que han sido agredidos”, comenta.

Parte del rechazo se debe a situaciones de odio y fobia hacia las personas que tienen una orientación sexual diferente a la heterosexual. “El hecho de que alguien sea ignorante en el tema no justifica la violencia”, dice Joaquín Cáceres, coordinador de educación de “Entre Amigos”. “Los derechos humanos o se respetan o se irrespetan, no hay términos medios”, aclara, mientras busca entre sus notas casos de abuso y violencia de parte de la policía o los agentes metropolitanos. Actúan en nombre de la ley y, añade, abusando de la misma.

¡NO DEBERíAS EXISTIR!

A pesar de existir una Ordenanza Contravencional que rige al municipio de San Salvador, en su capítulo IV, referente a la Moralidad Pública, establece las sanciones para quien “ofreciere o solicitare servicios sexuales”, (art. 36); éstas consisten en multas que van desde los 300 colones ($34) hasta los mil ($115).

De igual forma, reprende los actos sexuales en lugares públicos (art.38) con multas que oscilan entre los 500 colones ($60) y mil ($115).

Los agentes metropolitanos son los encargados de levantar las esquelas de emplazamiento, que son los procedimientos donde es notificada la falta que han cometido.

Los trabajadores sexuales tienen ocho días para pagar o solicitar audiencia. Pero mientras las investigaciones se realizan, las redadas policiales llegan cargadas de abuso de autoridad, golpes, insultos y violencia sicológica.

Jóvenes como “J” se quejan del acoso que a veces sufren de parte de la Policía. “A veces vienen y nos intimidan. Nos tratan como criminales, a veces nos roban el dinero.

En una ocasión nos pusieron espaldas a la pared y nos tomaron fotos. No creo que tengan ese derecho a tratarnos así”, comenta.

“El mismo Estado se ha encargado de mantener oculta la violación de los derechos humanos y la discriminación por no tener una política de respuesta”, argumenta el director de “Entre Amigos”, quien señala que se han dado muchos casos donde la Policía y luego el CAM, golpean a los trabajadores sexuales, sobre todo a los travestidos.

“No es la aplicabilidad de la ley sino la creencia y los valores de la persona que son antepuestos al instrumento jurídico”, dice Cáceres. “Los agentes que practican algún tipo de religión son los más radicales” agrega.

“No creo que la sociedad salvadoreña sea homofóbica. Hay un espacio de tolerancia fácil de vivir. Creo que son los líderes, los funcionarios, los que aplican la ley, incluyendo a la Iglesia Católica, los responsables. Ya que de una forma egoísta quieren hacer validar sus ideas o creencias”, concluye Hernández.

El caso de “Tom” es diferente: ha dejado las calles y las drogas. Trabaja en una distribuidora de granos básicos y tiene muchos proyectos en marcha.

“Hay algo que quisiera hacer y es trabajar en un proyecto de albergues para atender a niños de la calle. Quiero hacer algo por aquellos que en los momentos más críticos me sacaron de apuros con agua y comida. Me gustaría ayudarlos para sentirme bien conmigo mismo.

“He visto muchos predios de la alcaldía y casas abandonadas que pueden ser usados en estos proyectos. Pueden ser autosostenibles, sólo necesitamos un pequeño empujón.

También quiero escribir mi historia, tomar fotos, estudiar. Uno de mis sueños es ser músico ya que estudié en el Cenar y toco guitarra.

Creo que se puede hacer algo a través de mi vivencia. Creo que juntos, Estado, policía, alcaldía y la población tolerante podemos erradicar esto, y no está en el cielo, fijate, no está en el cielo...”, concluye “Tom”, momentos antes de caminar hacia su taller de carpintería, un proyecto que acaba de iniciar.


Copyright 2005 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.