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Vendedores
informales
La mina por descubrir
Los trabajadores por cuenta propia y pequeñas
empresas que no están integradas en el marco institucional impiden
el desarrollo del país, aunque ellos mueven millones de dólares.
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| Vista panorámica.
Javier Cortés y Pedro Julio Hernández, coordinadores
nacionales de vendedores (CNV), observan el gran movimiento que
se registra en el Centro de San Salvador. Foto
EDH / Mauricio Castro |
El debate acerca de las ventas informales
está tergiversado. Así los sostienen diferentes analistas,
quienes consideran que hay que dejar a un lado la problemática
de la estética y del ordenamiento de los negocios que tienen
sitiadas las principales ciudades del país.
La preocupación debe centrarse en que el empleo informal representa
una parte considerable del mercado laboral salvadoreño.
El 49.8% de la población vive gracias a un negocio en la calle,
de acuerdo a la última Encuesta de hogares de propósitos
múltiples 2004, realizada por la DIGESTYC.
Dependen de ellos mismos, por lo que no tienen acceso a la seguridad
social ni a otras prestaciones.
Aunque muchos de ellos no existen en términos de fiscalización,
este sector mueve millones de dólares en ventas y son una fuente
poco explorada por el sistema financiero local.
El doctor Claudio De Rosa, de Abansa (Asociación Bancaria de
El Salvador), estima que para que ese gran ejército de vendedores
informales abandone el limbo es necesario fomentar el acceso al crédito
y apoyar las cooperativas.
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| Hábito.
El Dr. Claudio De Rosa, de Abansa (Asociación Bancaria
de El Salvador), compra regularmente en el Mercado de San Miguelito.
Foto EDH / Mauricio Castro |
“Hay una nueva corriente de pensamiento
muy fuerte, que dice que la banca es un factor determinante para el
crecimiento del país, donde se facilita la inclusión y
el progreso social de los sectores con menos ingresos”, confirma.
Por ello, cree necesario impulsar el apoyo
a ese sector y así comenzar a formalizarse.
Para el ingeniero Jorge Angulo, presidente del Comité de comercio
de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, estas personas
no pueden ser abandonadas y el reto es que estén dentro de la
legalidad. “Hay que despolitizar el tema”, enfatiza Angulo,
porque es un problema nacional.
Cuenta que en la Cámara de comercio hay preocupación por
el desarrollo de estas personas y piensan que la solución no
radica en sacarlos de los lugares que frecuentan.
Ambientación
Las consecuencias de las ventas informales son preocupantes. Promueven
la evasión fiscal, la competencia desleal, la venta de artículos
piratas y la inestabilidad pública.
De esta forma, se perpetúa la pobreza y el bajo crecimiento económico
del país por la falta ingresos a través de los impuestos.
“Los comerciantes formales ayudamos a ser país. Gracias
a los impuestos que pagamos se hacen escuelas y hospitales”, compara
Angulo.
Pero no hay que olvidar algo. El empleo informal brinda trabajo a una
fuerza laboral que de otra forma estaría desocupada. Ofrece la
posibilidad de que miles de familias sobrevivan y contribuyan a la economía
nacional.
Eso lo saben muy bien Pedro Julio Hernández y Javier Cortés,
de la Coordinadora Nacionales de Vendedores (CNV), quienes explican
que no podían quedarse sin fuentes de ingresos, por lo que crearon
sus propias oportunidades laborales.
Y a partir de ese enfoque vienen las justificaciones, como las que hace
Corté: “Que alguien se dedique a vender películas
no debe considerarse un delito. Es una oportunidad de trabajar”.
Ambos sostienen que hay que encontrar alternativas reales y sostenibles
para el sector que representan. Para Pedro Julio la razón es
sencilla: “la comida de nuestros hijos no es negociable”.
Sin embargo, ambos reconocen que hay que estabilizar su sector. Impulsan
reformas al Código de Comercio y al de Trabajo, en el que se
establezcan derechos y obligaciones. Por el momento, ambas normativas
no los contemplan.
De Rosa estima que es difícil el ingreso al sector formal de
la economía cuando se comenzó en el informal.
Aclara que pueden comenzar generando un ingreso y luego sentir el incentivo
para moverse hacia la formalización. “La informalidad es
adversa a la situación social del individuo”, asegura.
Comenta que los altos costos financieros de la usura los retrasa, porque
no pueden acceder a la tasa de interés competitiva.
Mientras que Angulo considera que hay una falsa creencia respecto del
trabajo informal. “No ven las ventajas que les da la permanencia
en el tiempo. También les facilitará el crédito
de una manera más sencilla que la actual”.
Al respecto, los representantes de los vendedores estiman que falta
una política nacional para superarse. Hernández sostiene
que generar créditos es importante pero no es lo único.
“Deberíamos estar hablando de tecnificar a la gente (a
través de Insaforp), o de una bolsa de empleo (a través
del Ministerio de Trabajo) directamente para el sector”, asiente.
Lo existente
En nuestro país hay varias ofertas bancarias dirigidas al sector
informal. Una de ellas es la del Banco ProCredit, que se caracteriza
por un acceso fácil y garantías flexibles. El Banco Agrícola
ofrece un crédito sin fiador.
En tanto, el Banco salvadoreño otorga créditos personales
para diferentes destinos, al igual que Banco Cuscatlán, entre
otros.
También hay instituciones no bancarias jurídicamente,
como las Cajas de Créditos, el Banco de los Trabajadores, Banco
de la Mujer y el Banco de Soyapango, entre otros, que son para micro-empresarios.
En esos lugares, la mayoría de experiencias son satisfactorias.
Los panaderos, costureras o comerciantes son responsables y pagan a
tiempo sus deudas, por lo que los niveles de mora son muy bajos. Así
lo confirman las estadísticas.
Pese a lo existente, “en El Salvador hay un problema de garantías”,
formula De Rosa al hablar de los requisitos. Sostiene que el Estado,
en forma subsidiaria, debería dar las garantías para este
sector.
En un sentido semejante, Angulo dice que el Estado tiene la responsabilidad
de ayudar dentro de sus posibilidades, porque no es justo para los comerciantes
formales que pagan sus impuestos.
Es por eso que Mauricio Campos, del Comité financiero de la cámara
de comercio, propone la formación de algo similar a la Sociedad
de Garantías Recíprocas.
¿Por qué es importante esto? Claudio De Rosa detalla que
de esta manera crece la economía porque habrá más
recaudación impositiva.
El beneficio para los trabajadores informales está en que podrán
aspirar a una jubilación y a un mejor acceso al crédito,
con el consiguiente progreso personal y familiar.
Sólo si se camina en esa dirección, concluyen, todos saldrán
favorecidos.
“Los más pobres son
buena paga”
El presidente del Banco Interamericano
de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, dijo esta semana que el crecimiento
económico contribuye a bajar la pobreza, pero es insuficiente.
“La apertura del sistema financiero a las grandes mayorías
puede ser una de las mejores políticas para combatir la pobreza”,
aseguró el ejecutivo, según una publicación del
periódico colombiano Portafolio.
Uno de los beneficios de esa apertura bancaria sería terminar
con el pago de intereses exorbitantes a los prestamistas.
Moreno sostiene que el acceso al sistema financiero le brindaría
a millones de familias opciones y herramientas para empezar a acumular
un patrimonio personal.
Para lograr esto, estima que sería útil alentar la creación
de agencias calificadoras de riesgo, que recopilen la información
que necesitan las instituciones financieras para evaluar la capacidad
de crédito.
Así, los riesgos de pérdida para los bancos son menores.
Aunque la experiencia del BID y de las financieras locales coinciden
en el mismo punto: por lo general, “los clientes más pobres
son buenos en pagar”.
- Los coordinadores de vendedores saben que hay que
estabilizar ese sector. Quieren un marco jurídico que los
regule.
- Varios especialistas opinan que el Gobierno tiene
que definir la política financiera y ser garante de los créditos
a informales.
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