12 de diciembre de 2005


Vendedores informales
La mina por descubrir

Los trabajadores por cuenta propia y pequeñas empresas que no están integradas en el marco institucional impiden el desarrollo del país, aunque ellos mueven millones de dólares.

Florencia Couto
vertice@elsalvador.com
Vista panorámica. Javier Cortés y Pedro Julio Hernández, coordinadores nacionales de vendedores (CNV), observan el gran movimiento que se registra en el Centro de San Salvador. Foto EDH / Mauricio Castro

El debate acerca de las ventas informales está tergiversado. Así los sostienen diferentes analistas, quienes consideran que hay que dejar a un lado la problemática de la estética y del ordenamiento de los negocios que tienen sitiadas las principales ciudades del país.

La preocupación debe centrarse en que el empleo informal representa una parte considerable del mercado laboral salvadoreño.

El 49.8% de la población vive gracias a un negocio en la calle, de acuerdo a la última Encuesta de hogares de propósitos múltiples 2004, realizada por la DIGESTYC.

Dependen de ellos mismos, por lo que no tienen acceso a la seguridad social ni a otras prestaciones.

Aunque muchos de ellos no existen en términos de fiscalización, este sector mueve millones de dólares en ventas y son una fuente poco explorada por el sistema financiero local.

El doctor Claudio De Rosa, de Abansa (Asociación Bancaria de El Salvador), estima que para que ese gran ejército de vendedores informales abandone el limbo es necesario fomentar el acceso al crédito y apoyar las cooperativas.

Hábito. El Dr. Claudio De Rosa, de Abansa (Asociación Bancaria de El Salvador), compra regularmente en el Mercado de San Miguelito. Foto EDH / Mauricio Castro

“Hay una nueva corriente de pensamiento muy fuerte, que dice que la banca es un factor determinante para el crecimiento del país, donde se facilita la inclusión y el progreso social de los sectores con menos ingresos”, confirma.

Por ello, cree necesario impulsar el apoyo a ese sector y así comenzar a formalizarse.

Para el ingeniero Jorge Angulo, presidente del Comité de comercio de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, estas personas no pueden ser abandonadas y el reto es que estén dentro de la legalidad. “Hay que despolitizar el tema”, enfatiza Angulo, porque es un problema nacional.

Cuenta que en la Cámara de comercio hay preocupación por el desarrollo de estas personas y piensan que la solución no radica en sacarlos de los lugares que frecuentan.

Ambientación

Las consecuencias de las ventas informales son preocupantes. Promueven la evasión fiscal, la competencia desleal, la venta de artículos piratas y la inestabilidad pública.

De esta forma, se perpetúa la pobreza y el bajo crecimiento económico del país por la falta ingresos a través de los impuestos. “Los comerciantes formales ayudamos a ser país. Gracias a los impuestos que pagamos se hacen escuelas y hospitales”, compara Angulo.

Pero no hay que olvidar algo. El empleo informal brinda trabajo a una fuerza laboral que de otra forma estaría desocupada. Ofrece la posibilidad de que miles de familias sobrevivan y contribuyan a la economía nacional.

Eso lo saben muy bien Pedro Julio Hernández y Javier Cortés, de la Coordinadora Nacionales de Vendedores (CNV), quienes explican que no podían quedarse sin fuentes de ingresos, por lo que crearon sus propias oportunidades laborales.

Y a partir de ese enfoque vienen las justificaciones, como las que hace Corté: “Que alguien se dedique a vender películas no debe considerarse un delito. Es una oportunidad de trabajar”.

Ambos sostienen que hay que encontrar alternativas reales y sostenibles para el sector que representan. Para Pedro Julio la razón es sencilla: “la comida de nuestros hijos no es negociable”.

Sin embargo, ambos reconocen que hay que estabilizar su sector. Impulsan reformas al Código de Comercio y al de Trabajo, en el que se establezcan derechos y obligaciones. Por el momento, ambas normativas no los contemplan.

De Rosa estima que es difícil el ingreso al sector formal de la economía cuando se comenzó en el informal.

Aclara que pueden comenzar generando un ingreso y luego sentir el incentivo para moverse hacia la formalización. “La informalidad es adversa a la situación social del individuo”, asegura.

Comenta que los altos costos financieros de la usura los retrasa, porque no pueden acceder a la tasa de interés competitiva.

Mientras que Angulo considera que hay una falsa creencia respecto del trabajo informal. “No ven las ventajas que les da la permanencia en el tiempo. También les facilitará el crédito de una manera más sencilla que la actual”.

Al respecto, los representantes de los vendedores estiman que falta una política nacional para superarse. Hernández sostiene que generar créditos es importante pero no es lo único.

“Deberíamos estar hablando de tecnificar a la gente (a través de Insaforp), o de una bolsa de empleo (a través del Ministerio de Trabajo) directamente para el sector”, asiente.

Lo existente


En nuestro país hay varias ofertas bancarias dirigidas al sector informal. Una de ellas es la del Banco ProCredit, que se caracteriza por un acceso fácil y garantías flexibles. El Banco Agrícola ofrece un crédito sin fiador.

En tanto, el Banco salvadoreño otorga créditos personales para diferentes destinos, al igual que Banco Cuscatlán, entre otros.

También hay instituciones no bancarias jurídicamente, como las Cajas de Créditos, el Banco de los Trabajadores, Banco de la Mujer y el Banco de Soyapango, entre otros, que son para micro-empresarios.

En esos lugares, la mayoría de experiencias son satisfactorias. Los panaderos, costureras o comerciantes son responsables y pagan a tiempo sus deudas, por lo que los niveles de mora son muy bajos. Así lo confirman las estadísticas.

Pese a lo existente, “en El Salvador hay un problema de garantías”, formula De Rosa al hablar de los requisitos. Sostiene que el Estado, en forma subsidiaria, debería dar las garantías para este sector.

En un sentido semejante, Angulo dice que el Estado tiene la responsabilidad de ayudar dentro de sus posibilidades, porque no es justo para los comerciantes formales que pagan sus impuestos.

Es por eso que Mauricio Campos, del Comité financiero de la cámara de comercio, propone la formación de algo similar a la Sociedad de Garantías Recíprocas.

¿Por qué es importante esto? Claudio De Rosa detalla que de esta manera crece la economía porque habrá más recaudación impositiva.

El beneficio para los trabajadores informales está en que podrán aspirar a una jubilación y a un mejor acceso al crédito, con el consiguiente progreso personal y familiar.

Sólo si se camina en esa dirección, concluyen, todos saldrán favorecidos.

“Los más pobres son buena paga”

El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, dijo esta semana que el crecimiento económico contribuye a bajar la pobreza, pero es insuficiente.

“La apertura del sistema financiero a las grandes mayorías puede ser una de las mejores políticas para combatir la pobreza”, aseguró el ejecutivo, según una publicación del periódico colombiano Portafolio.

Uno de los beneficios de esa apertura bancaria sería terminar con el pago de intereses exorbitantes a los prestamistas.

Moreno sostiene que el acceso al sistema financiero le brindaría a millones de familias opciones y herramientas para empezar a acumular un patrimonio personal.

Para lograr esto, estima que sería útil alentar la creación de agencias calificadoras de riesgo, que recopilen la información que necesitan las instituciones financieras para evaluar la capacidad de crédito.

Así, los riesgos de pérdida para los bancos son menores. Aunque la experiencia del BID y de las financieras locales coinciden en el mismo punto: por lo general, “los clientes más pobres son buenos en pagar”.


  • Los coordinadores de vendedores saben que hay que estabilizar ese sector. Quieren un marco jurídico que los regule.
  • Varios especialistas opinan que el Gobierno tiene que definir la política financiera y ser garante de los créditos a informales.

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