12 de diciembre de 2005


Una cárcel atípica con una cuota de libertad

Los trabajadores por cuenta propia y pequeñas empresas que no están integradas en el marco institucional impiden el desarrollo del país, aunque ellos mueven millones de dólares.

The New York Times
Por Clifford Krauss
vertice@elsalvador.com
Avanzados. La prohibición de realizar grabados en la piel es común en los reclusorios de todo el mundo. En Canadá, prefieren darles las cosas. Foto EDH / The New York Times

Esta es una prisión federal de seguridad media, y a sus reos se les permite conservar las llaves de sus celdas.

Muchos tienen sus propias cocinas, y se mueven libremente del gimnasio al taller donde producen gabinetes.

Los adictos a las drogas pueden limpiar sus agujas con cloro, y los preservativos están fácilmente disponibles.

Ahora la institución ha abierto un salón de tatuajes, y Mark Hewitt, interno de 37 años en la cárcel por meterse a robar en fábricas, no podía estar más feliz.

“Uno es excluido de la sociedad, de manera que la forma de adaptarse a estar aquí es hacerse un tatuaje, mezclarse y ser uno del grupo, para estar más seguro”, dijo Hewitt, quien durante años había estado perforando clandestinamente los biceps de los prisioneros con agujas de coser, cuerdas de guitarra y tinta de fabricación casera en ocasiones hecha de poliestireno quemado.

A prueba . Mark Hewitt recibió capacitación para implementar el programa piloto en el presidio canadiense. Tracy Rivet disfruta la sesión. Foto EDH / The New York Times

Aunque dice que siempre ha sido cuidadoso, esas prácticas han contribuido a una epidemia de hepatitis C e VIH en las prisiones en Canadá y en todo el mundo. Ahora Hewitt ha sido adiestrado por el gobierno para llevar su forma de arte de los rincones oscuros de la cárcel a una habitación estéril que casi parece una clínica dental.

El salón de Hewitt es parte de un proyecto piloto por parte de los Servicios Correccionales de Canadá que empezó en agosto y ahora incluye a cinco prisiones federales en todo Canadá. Un sexto proyecto se está introduciendo en una cárcel de mujeres. Más de 120 presos ya han tomado parte, pagando unos 5 dólares por una sesión de dos horas.

Funcionarios en Canadá y Estados Unidos dicen que creen que el proyecto piloto es el primero de su tipo en el mundo, otro paso en una tendencia de técnicas de reducción de riesgos que se extiende en un grado u otro en prisiones de muchos países. El programa piloto, que se espera continúe hasta al menos 2007, podría costar al gobierno unos 100,000 dólares por prisión.

Nuevo método

A prueba . Mark Hewitt recibió capacitación para implementar el programa piloto en el presidio canadiense. Tracy Rivet disfruta la sesión. Foto EDH / The New York Times

La elaboración de tatuajes ha estado tradicionalmente prohibida en las cárceles porque los tatuajes a menudo son usados para identificar a los reos con pandillas y grupos violentos.

Pero los presos se las han ingeniado para eludir las prohibiciones; 45 por ciento de los reos canadienses adquieren un tatuaje mientras están en prisión, según estadísticas gubernamentales.

Esa tasa se ha mantenido constante en la última década pese al extendido conocimiento de que las enfermedades se propagan a través de agujas y tinta reutilizadas en los tatuajes.

“Uno no quiere que sus prisiones actúen como un foco de infección para la población en general”, dijo Joanne Barton, funcionaria de salud que trabaja en el programa. “La prevalencia del VIH es entre siete y 10 veces más alta en las penitenciarias federales que en la población canadiense en general, y para la hepatitis C la prevalencia es 30 veces más alta”comentó.

Barton insistió en que los tatuajes conectados con grupos violentos y pandillas estaban prohibidos, junto con los tatuajes en el rostro, el cuello y los genitales.

Aunque reconoció que la elaboración ilícita de tatuajes continuaría, dijo que al menos ahora las prisiones en el proyecto piloto estaban distribuyendo información sobre técnicas más seguras.

Amenaza real

Orgulloso. Ricks Evans muestra que el collage en su cuerpo no es de grupos de pandilleros. Foto EDH / The New York Times

Pero la Unión de Agentes Correccionales Canadienses se opone firmemente al plan piloto por considerarlo un peligro potencial para sus miembros.

“Este programa está condenado al fracaso”, dijo Sylvian Martel, la presidenta nacional del sindicato. “Las agujas serán usadas contra los agentes”.

Martel también dijo que “ya tenemos evidencia” de que los reos están robando agujas, tinta y otra parafernalia de los salones de tatuajes para usarlas en la elaboración de tatuajes ilícitos.

Supervisores carcelarios dicen que no tienen conocimiento de eso, y añadieron que existe un cuidadoso inventario antes y después de las sesiones de tatuaje.

Ya sea legal o no, la elaboración de tatuajes no va a desaparecer de las prisiones. Los tatuajes sirven para muchas funciones, aparte de la identificación de pandillas.

Los reos típicamente hacen en sus cuerpos un collage de su vida, completo con imágenes o representaciones de seres queridos y eventos importantes como funerales a los que no pudieron asistir.

Para comprender la importancia de los tatuajes aquí, uno sólo tiene que echar un vistazo al cuerpo de Tracy Rivet.

En su brazo derecho tiene un tatuaje que muestra un cráneo con cabello que le sale de la boca. En el pecho hay una cruz cristiana que conmemora a su difunto padre.

Y en su brazo izquierdo hay un mago y un cráneo que cubre otro tatuaje con el nombre de su ex esposa. Ahora está tatuándose toda la espalda con un águila gigantesca, símbolo de libertad.

Como muchos convictos con tatuajes, Rivet tiene hepatitis C, una enfermedad infecciosa crónica debilitante que cuesta al gobierno canadiense más de 20,000 dólares anuales por la atención de cada reo.

“Siempre hago saber a médicos, enfermeras y mujeres que tengo la enfermedad”, dijo Rivet, quien cumple una sentencia de cinco años por asesinato en primer grado, después de matar a dos personas mientras conducía ebrio. “Pero sólo 50 por ciento de los reos son cuidadosos”, añadió, refiriéndose a como comparten agujas para tatuajes y reutilizan tinta de fabricación casera.

El experimento canadiense está siendo observado de cerca por otros sistemas carcelarios que buscan formas de controlar las infecciones.

Quizá funcione mejor en prisiones como Bath, donde los reos dicen que las pandillas no tienen una presencia importante.

Otras cárceles canadienses donde se están probando programas de tatuajes, en las provincias de Quebec y Prairie, tienen problemas de pandillas mayores.

El departamento de correccionales en la provincia española de Cataluña ha revisado los lineamientos usados en el programa canadiense conforme se prepara para abrir su propio programa piloto. Un departamento de correccionales en Australia también ha considerado iniciar un programa piloto, y la idea eventualmente pudiera emigrar al sur de la frontera hacia Estados Unidos.

“Si hubiera una forma de demostrar que los beneficios superan los riesgos”, dijo Joey Weedon, director de asuntos gubernamentales de la Asociación Correccional Americana, “seguramente es un modelo que los administradores de correccionales en Estados Unidos analizarían y posiblemente intentarían copiar”.


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