12 de junio de 2005


Reportaje: Moda vrs. Precio
Buscando la ropa ideal

Muchos salvadoreños consumen buena parte de sus ingresos en la compra de ropa y accesorios. Pero no sólo buscan estar a la moda, sino también ahorrar. Por eso recorren almacenes de departamentos, tiendas de descuento y hasta el centro capitalino en busca de ofertas vida

Lilian Martínez / VERTICE / Foto EDH Jorge Reyes
vertice@elsalvador.com


Moda a bajo precio. Las tiendas outlet se han convertido en la opción del que quiere vestir “marcas”. Foto EDH / Jorge Reyes

No es un fin de semana cualquiera. Este sábado, uno de los salones más grandes de un hotel capitalino está convertido en una gigantesca sala de ventas. Unas 30 personas con dos, tres o más pantalones de lona hacen fila frente a las cajas.

Mientras tanto, otras 100, en su mayoría mujeres, revuelven las montañas de jeans de todos los colores, tamaños y estilos en busca de uno que les guste y que les talle. “Este me gusta y creo que me queda”, dice una joven a otra. “¡Ah, pero es de los que valen $25!”, se lamenta la segunda.

El diálogo no es exclusivo de hoteles. En un recorrido por almacenes de departamentos, tiendas de descuento y la 4ª Calle Poniente Vértice escuchó diálogos similares.

El interés de los salvadoreños por renovar sus guardarropas es una de las necesidades que genera mayores ingresos a los comerciantes y en la que más invierten los salvadoreños de distintas clases socioeconómicas. Según Sandra González, encargada de la tienda Outlet de Levi’s, en la Avenida Roosevelt, durante un “sábado de feria”, dicho local factura unas 400 unidades de ropa, sobre todo jeans.

González afirma que a la tienda llega “de todo”, gente de clase alta y clase media que quiere ahorrar al comprar ropa de marca. La encargada cree que, para las personas que visitan ese Outlet, la marca garantiza la calidad del producto. Así es como al constatar los precios los clientes siempre preguntan “¿Son originales?”. Ella siempre responde que sí.

Pero no todos buscan ropa en los Outlet. Juan Antonio Corletto, comerciante de la Tiendona, hurga la ropa de segunda mano que se ofrece sobre la 4ª Calle Poniente, en el centro de San Salvador. Corletto busca prendas que le gusten y le queden, pero también que pueda revender entre algunos de sus colegas ganando unos 25 centavos. “Lo del pasaje”, asegura. Este hombre, de 35 años, cree que a los salvadoreños nos gusta andar bien vestidos y, a la vez, gastar poco.

Por eso, desde hace más de un año, visita dos o tres veces por semana, las ventas de ropa de la 4ª Calle Poniente y otros puntos del Centro Histórico. En cada visita, Corletto compra entre 25 y 30 piezas de ropa. Unas 10 son para él, su esposa y sus dos hijos, el resto es para la reventa.

No muy lejos de donde Corletto hurga ropa de segunda, Ibis de Villatoro elige camisas nuevas con etiquetas en las que se leen marcas como Lacoste, Polo, Náutica y Tommy. Al preguntarle porqué busca ropa en las ventas callejeras, De Villatoro asegura que las prendas que ahí se venden son las mismas que se puede adquirir en los centros comerciales: “Es igualito, la misma hechura y más barata”, afirma. Aunque reconoce que no ha indagado la procedencia de la mercancía.

Los clientes buscan marcas como Lacoste y Polo en plena vía pública. Foto EDH / Jorge Reyes

Pero, ¿por qué los salvadoreños buscan vestir ropa con etiquetas de marcas reconocidas aunque a veces éstas no estén al alcance de su bolsillo?

La psiquiatra Claudina Padilla Campos cree que el ciudadano es dado a verse mejor de lo que corresponde a su condición socioeconómica, lo que incluso se refleja en el lenguaje un tanto rebuscado que a veces utiliza y que abona a presentar una imagen de “chivito”.

Glenda Velásquez, propietaria del Bazar Velásquez en la 4ª Calle Poniente, cree que los salvadoreños vivimos en una sociedad de consumo, pues sus clientes -mayoristas y minoristas-, buscan mucha ropa de marca. Y en ese lugar no faltan las camisas Wilson y Arrow, los pantalones Levi’s, ni la ropa interior Lovable.

Sin embargo, Velásquez también da fe del fenómeno de la ropa “Made in China”. Explica que antes el concepto de bazar era un lugar que vendía solamente ropa original hecha en El Salvador. Ahora, según ella, los establecimientos deben tener también producto importado para poder competir entre sí y con las ventas callejeras. Éstas, para la Cámara de Comercio, representan una competencia desleal pues no pagan impuestos y obstaculizan las vitrinas de los locales comerciales. Además, congestionan las calles e impiden el paso de personas y automóviles, lo que disminuye el acceso a clientes con mayor poder de adquisitivo, según la gremial.

Moda globalizada


Aunque muchas personas como Ibis y Antonio abarroten las ventas de ropa callejeras, los salvadoreños siguen comprando ropa en centros comerciales y almacenes.

Los precios son aún más bajos sobre la 5ª Av. Sur, entre la C. Rubén Darío y la 4ª C. Poniente. Foto EDH / Jorge Reyes

El departamento de Mercadeo de Almacenes Simán aseguró que la demanda de ropa ha experimentado un crecimiento en dicho lugar. Antes, afirman, Simán era demasiado tradicional en cuestión de ropa. Ahora dicen estar enfocados en una estrategia más acorde a las pautas de la moda.

Es así como la ropa del departamento de damas es adquirida en Nueva York, Panamá y Miami, pero también en Chile y México, según la gerente de dicho departamento, Karina Portillo.

En Simán han intentado identificar lo que sus clientes buscan en los departamentos de ropa. Las mujeres jóvenes no adquieren marcas, dicen, pero sí hechuras que estén a la moda. Si eso significa andar una blusa floreada, todas querrán andar así. Las mujeres de entre 25 a 35 años son más conservadoras y buscan calidad y marca. Pero también quieren vestirse como las jóvenes de 18 a 24 años. Por su parte, los hombres de 25 a 35 años buscan marcas sin que el precio les preocupe. Mientras que los menores de 18 años siguen lo que dicte la moda.

EL PRECIO DE VESTIRSE BIEN

ADOLESCENTES
$20

Lo que ellas buscan pagar por una blusa casual

Edades
25 a 35

Las mujeres en este rango buscan calidad y marca
En la calle
$2 a $9

Puede costar una blusa dependiendo de su origen.
IMPORTACIÓN
500 mil

Ddólares en ropa y accesorios ingresaron al país
en 2004 desde EE.UU.

¿Cómo atraer clientes a los departamentos de ropa con tanta competencia en boutiques y calles? El departamento de Mercadeo utiliza como gancho el hecho de que en un almacén por departamentos además de ropa se pueden adquirir zapatos y accesorios, acordes al vestuario, en un mismo lugar.

Joaquín Gutiérrez, gerente general de Zara en El Salvador, cree que en nuestro país hay un gran interés por “el bien vestir”.

Según Gutiérrez, el gusto por la ropa ha evolucionado en los últimos 10 años. El gerente de Zara cree que el cliente busca un valor en la ropa: una combinación de precio, calidad y moda. Aunque la franquicia para la que trabaja no tiene planes de abrir otra tienda en el país, él cree que la demanda local de ropa es importante y esto queda en evidencia por el número de ventas que hay tanto en comerciales como en las calles.

La psiquiatra afirma que el interés de los salvadoreños por vestirse bien va de la mano con aspectos positivos como el hábito de la limpieza personal y la posesión de una autoestima saludable. Pero también advierte que hay una línea muy fina entre querer verse bien y obsesionarse con la moda.

La compra compulsiva de ropa puede generar trastornos maníacos. Mientras que las personas que sufren de ansiedad tratan de controlar su problema comprando, otros pueden adquirir deudas que no puedan saldar o gastarse el dinero de la comida con tal de andar bien vestidos. En la escala de necesidades del psicólogo Maslow, techo, comida y vestuario son las primeras que el ser humano busca satisfacer. La moda dista de la simple necesidad de vestuario.

Padilla no sataniza el buen gusto en el vestir. Sin embargo, advierte que un ropero lleno de piezas similares -muchos pantalones negros con mínimas diferencias-puede pertenecer a un comprador compulsivo. Mientras que un guardarropa reducido puede representar una limitante que genere inseguridad y baja autoestima.

En busca del equilibrio, Padilla indica: “El hábito no hace al monje, pero lo hace parecer”. Quienes visitan tiendas outlet, boutiques, bazares y ventas callejeras parecen conocer este dicho.


Copyright 2005 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.