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Reportaje:
Moda vrs. Precio
Buscando la ropa ideal
Muchos
salvadoreños consumen buena parte de sus ingresos en la compra
de ropa y accesorios. Pero no sólo buscan estar a la moda, sino
también ahorrar. Por eso recorren almacenes de departamentos,
tiendas de descuento y hasta el centro capitalino en busca de ofertas
vida
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Moda a bajo
precio. Las tiendas outlet se han convertido en la opción
del que quiere vestir marcas. Foto EDH / Jorge Reyes
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No es un fin de semana cualquiera. Este sábado,
uno de los salones más grandes de un hotel capitalino está
convertido en una gigantesca sala de ventas. Unas 30 personas con dos,
tres o más pantalones de lona hacen fila frente a las cajas.
Mientras tanto, otras 100, en su mayoría mujeres, revuelven las
montañas de jeans de todos los colores, tamaños y estilos
en busca de uno que les guste y que les talle. Este me gusta y
creo que me queda, dice una joven a otra. ¡Ah, pero
es de los que valen $25!, se lamenta la segunda.
El diálogo no es exclusivo de hoteles. En un recorrido por almacenes
de departamentos, tiendas de descuento y la 4ª Calle Poniente Vértice
escuchó diálogos similares.
El interés de los salvadoreños por renovar sus guardarropas
es una de las necesidades que genera mayores ingresos a los comerciantes
y en la que más invierten los salvadoreños de distintas
clases socioeconómicas. Según Sandra González,
encargada de la tienda Outlet de Levis, en la Avenida Roosevelt,
durante un sábado de feria, dicho local factura unas
400 unidades de ropa, sobre todo jeans.
González afirma que a la tienda llega de todo, gente
de clase alta y clase media que quiere ahorrar al comprar ropa de marca.
La encargada cree que, para las personas que visitan ese Outlet, la
marca garantiza la calidad del producto. Así es como al constatar
los precios los clientes siempre preguntan ¿Son originales?.
Ella siempre responde que sí.
Pero no todos buscan ropa en los Outlet. Juan Antonio Corletto, comerciante
de la Tiendona, hurga la ropa de segunda mano que se ofrece sobre la
4ª Calle Poniente, en el centro de San Salvador. Corletto busca prendas
que le gusten y le queden, pero también que pueda revender entre
algunos de sus colegas ganando unos 25 centavos. Lo del pasaje,
asegura. Este hombre, de 35 años, cree que a los salvadoreños
nos gusta andar bien vestidos y, a la vez, gastar poco.
Por eso, desde hace más de un año, visita dos o tres veces
por semana, las ventas de ropa de la 4ª Calle Poniente y otros puntos
del Centro Histórico. En cada visita, Corletto compra entre 25
y 30 piezas de ropa. Unas 10 son para él, su esposa y sus dos
hijos, el resto es para la reventa.
No muy lejos de donde Corletto hurga ropa de segunda, Ibis de Villatoro
elige camisas nuevas con etiquetas en las que se leen marcas como Lacoste,
Polo, Náutica y Tommy. Al preguntarle porqué busca ropa
en las ventas callejeras, De Villatoro asegura que las prendas que ahí
se venden son las mismas que se puede adquirir en los centros comerciales:
Es igualito, la misma hechura y más barata, afirma.
Aunque reconoce que no ha indagado la procedencia de la mercancía.
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Los clientes
buscan marcas como Lacoste y Polo en plena vía pública.
Foto EDH / Jorge Reyes
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Pero, ¿por qué los salvadoreños
buscan vestir ropa con etiquetas de marcas reconocidas aunque a veces
éstas no estén al alcance de su bolsillo?
La psiquiatra Claudina Padilla Campos cree que el ciudadano es dado
a verse mejor de lo que corresponde a su condición socioeconómica,
lo que incluso se refleja en el lenguaje un tanto rebuscado que a veces
utiliza y que abona a presentar una imagen de chivito.
Glenda Velásquez, propietaria del Bazar Velásquez en la
4ª Calle Poniente, cree que los salvadoreños vivimos en una sociedad
de consumo, pues sus clientes -mayoristas y minoristas-, buscan mucha
ropa de marca. Y en ese lugar no faltan las camisas Wilson y Arrow,
los pantalones Levis, ni la ropa interior Lovable.
Sin embargo, Velásquez también da fe del fenómeno
de la ropa Made in China. Explica que antes el concepto
de bazar era un lugar que vendía solamente ropa original hecha
en El Salvador. Ahora, según ella, los establecimientos deben
tener también producto importado para poder competir entre sí
y con las ventas callejeras. Éstas, para la Cámara de
Comercio, representan una competencia desleal pues no pagan impuestos
y obstaculizan las vitrinas de los locales comerciales. Además,
congestionan las calles e impiden el paso de personas y automóviles,
lo que disminuye el acceso a clientes con mayor poder de adquisitivo,
según la gremial.
Moda globalizada
Aunque muchas personas como Ibis y Antonio abarroten las ventas de ropa
callejeras, los salvadoreños siguen comprando ropa en centros
comerciales y almacenes.
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Los precios son
aún más bajos sobre la 5ª Av. Sur, entre la C. Rubén
Darío y la 4ª C. Poniente. Foto EDH / Jorge Reyes
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El departamento de Mercadeo de Almacenes Simán
aseguró que la demanda de ropa ha experimentado un crecimiento
en dicho lugar. Antes, afirman, Simán era demasiado tradicional
en cuestión de ropa. Ahora dicen estar enfocados en una estrategia
más acorde a las pautas de la moda.
Es así como la ropa del departamento de damas es adquirida en
Nueva York, Panamá y Miami, pero también en Chile y México,
según la gerente de dicho departamento, Karina Portillo.
En Simán han intentado identificar lo que sus clientes buscan
en los departamentos de ropa. Las mujeres jóvenes no adquieren
marcas, dicen, pero sí hechuras que estén a la moda. Si
eso significa andar una blusa floreada, todas querrán andar así.
Las mujeres de entre 25 a 35 años son más conservadoras
y buscan calidad y marca. Pero también quieren vestirse como
las jóvenes de 18 a 24 años. Por su parte, los hombres
de 25 a 35 años buscan marcas sin que el precio les preocupe.
Mientras que los menores de 18 años siguen lo que dicte la moda.
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EL PRECIO DE
VESTIRSE BIEN
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ADOLESCENTES
$20
Lo que ellas buscan pagar por una blusa casual
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Edades
25 a 35
Las mujeres en este rango buscan calidad y marca
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En la calle
$2 a $9
Puede costar una blusa dependiendo de su origen.
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IMPORTACIÓN
500 mil
Ddólares en ropa y accesorios ingresaron al país
en 2004 desde EE.UU.
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¿Cómo atraer clientes a los departamentos
de ropa con tanta competencia en boutiques y calles? El departamento
de Mercadeo utiliza como gancho el hecho de que en un almacén
por departamentos además de ropa se pueden adquirir zapatos y
accesorios, acordes al vestuario, en un mismo lugar.
Joaquín Gutiérrez, gerente general de Zara en El Salvador,
cree que en nuestro país hay un gran interés por el
bien vestir.
Según Gutiérrez, el gusto por la ropa
ha evolucionado en los últimos 10 años. El gerente de
Zara cree que el cliente busca un valor en la ropa: una combinación
de precio, calidad y moda. Aunque la franquicia para la que trabaja
no tiene planes de abrir otra tienda en el país, él cree
que la demanda local de ropa es importante y esto queda en evidencia
por el número de ventas que hay tanto en comerciales como en
las calles.
La psiquiatra afirma que el interés de los salvadoreños
por vestirse bien va de la mano con aspectos positivos como el hábito
de la limpieza personal y la posesión de una autoestima saludable.
Pero también advierte que hay una línea muy fina entre
querer verse bien y obsesionarse con la moda.
La compra compulsiva de ropa puede generar trastornos maníacos.
Mientras que las personas que sufren de ansiedad tratan de controlar
su problema comprando, otros pueden adquirir deudas que no puedan saldar
o gastarse el dinero de la comida con tal de andar bien vestidos. En
la escala de necesidades del psicólogo Maslow, techo, comida
y vestuario son las primeras que el ser humano busca satisfacer. La
moda dista de la simple necesidad de vestuario.
Padilla no sataniza el buen gusto en el vestir. Sin
embargo, advierte que un ropero lleno de piezas similares -muchos pantalones
negros con mínimas diferencias-puede pertenecer a un comprador
compulsivo. Mientras que un guardarropa reducido puede representar una
limitante que genere inseguridad y baja autoestima.
En busca del equilibrio, Padilla indica: El hábito no hace
al monje, pero lo hace parecer. Quienes visitan tiendas outlet,
boutiques, bazares y ventas callejeras parecen conocer este dicho.
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