12 de junio de 2005



LA OPINIÓN
La bofetada de Cristina

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com


Madre soltera, estudiante, de escasos recursos, pero con un enorme espíritu de sacrificio y visión triunfadora.

Ése quizá sería un perfil escueto, pero sustancioso de una joven marchista salvadoreña, cuyo trabajo ha generado, en poco tiempo, entusiasmo y esperanzas, pues ha hecho figurar nuestro ínfimo territorio en el podio de los ganadores de justas internacionales. Hablo de Cristina Esmeralda López.

A sus 19 años y tras cuatro de entrenamiento, ha logrado hacerse de un palmarés impresionante: tres medallas doradas, dos a nivel de competiciones panamericanas celebradas en Mar del Plata en 2001 y Lima en mayo pasado; y la más recientemente ganada en la decimonovena edición del Gran Premio de los Cantones de La Coruña, donde cronometró 1:30:08 y aventajó a dos marchistas ubicadas en los primeros lugares del ranking mundial de esa disciplina. Toda una sorpresa. Estimulante.

Es plausible la hazaña de esta espigada mujer, pero lo es mucho más cuando sus glorias tienen una base de escasez y sacrificio. “Yo estoy muy contenta de haber ganado y le prometo que seguiré ganando por mi país, señor Presidente. Pero también quiero decirle que hemos ganado sin el apoyo de nadie y ahora necesitamos que nos ayuden... La ayuda no es sólo para mí, sino también para mi entrenador y para mis compañeros”, fueron las palabras de Cristina cuando fue recibida en Casa Presidencial.

Y más que plausible resulta alarmante, porque esas palabras desnudan el casi abandono en que está desde hace mucho el deporte salvadoreño, exceptuando el fútbol, que parece una inacabable fuente de dinero que se despilfarra cada vez que se acercan las eliminatorias mundialistas, y que rinde pobres -por no decir vergonzosos- frutos.

Cuando Cristina dice: “Hemos ganado sin el apoyo de nadie”, nos dio por la cara a todos, especialmente a aquellos funcionarios que han hecho de la responsabilidad que se les ha dado de impulsar el deporte su fuente de privilegios y beneficios (entiéndase despilfarros, viajes, regalías y demás) sin que nadie les demande nada.

Mientras tanto, deportistas urgidos de apoyo, como Cristina, llegan fielmente a sus entrenamientos, acaso sin comer lo suficiente o lo adecuado, con la misma vestimenta y los mismos zapatos, pero con enorme convicción. Sus palabras no deben ser tomadas a la ligera. Significan una bofetada que nos debe despertar del letargo o de la indiferencia, y hacer del deporte una inversión justa y equitativa, pero con visión.


Copyright 2005 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.