10 de julio de 2005


Internacional:
Atentados son un golpe a la confianza

Las sociedades abiertas dependen de la confianza. Cuando llegan atentados al estilo de Al-Qaeda el hecho se convierte en un problema de la civilización. La población musulmana podría ser vista con recelos

lThomas L. Friedman/The New York Times
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Musulmanes británicos oran, el viernes, frente a una mezquita de Londres, después de los atentados que sacudieron a la capital de Gran Bretaña. Foto EDH / AP - Reuters

Los atentados con bomba del pasado jueves en el centro de Londres son profundamente perturbadores. En parte, eso se debe a que los bombazos en nuestra madre patria (Estados Unidos, de donde es el autor) y aliado más cercano, Inglaterra, son casi como un atentando con bomba en nuestro propio país. En parte, eso se debe a que un ataque pudiera haber involucrado a un atacante suicida, llevando esta terrible arma yihadí al corazón de una importante capital de Occidente.

Eso sería sumamente perturbador debido a que las sociedades abiertas dependen de la confianza; de confiar en que la persona sentada a tu lado en el autobús o el tren subterráneo no está portando dinamita.

Los atentados también son profundamente perturbadores porque cuando atacantes yihadíes llevan su locura al corazón de nuestras sociedades abiertas, nuestras sociedades nunca más vuelven a ser tan abiertas. De hecho, todos perdimos un poco de libertad el jueves.

Pero, quizás, el aspecto de mayor importancia de los bombazos de Londres sea el siguiente: cuando ocurren atentados con bombas al estilo yihadí en Riad, ese es un problema musulmán-musulmán. Se trata de un problema policial para Arabia Saudita. Pero, cuando bombazos al estilo de la red Al-Qaeda llegan al Subterráneo de Londres, eso se convierte en un problema de la civilización. Cada musulmán que vive en una sociedad occidental repentinamente se vuelve sospechoso, se convierte en una potencial bomba ambulante. Y cuando eso ocurre, significa que países occidentales van a sentirse tentados a aplicar medidas incluso más severas sobre sus propias poblaciones de musulmanes.

Eso, de igual forma, resulta muy perturbador. A mayor número de sociedad occidentales —en particular, las grandes sociedades de Europa, que tiene poblaciones musulmanas mucho más grandes que Estados Unidos— que vean con recelo a sus propias poblaciones de musulmanes, más tensiones internas creará esta situación, y más alienada se vuelve su ya alienada juventud musulmana.

Esto es exactamente con lo que soñaba Osama bin Laden con los atentados del 11 de septiembre: crear un gran cisma entre el mundo musulmán y el globalizador Occidente.

Sin objetivo para represalia


Así que estamos en un momento crucial. Debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para limitar la destrucción de la civilización a raíz de estos atentados. Pero eso no será fácil. ¿Por qué? Porque, a diferencia del 11-9, no existe un objetivo obvio y fácil para aplicarle represalias por atentados con bombas como los de Londres. No hay claros cuarteles generales de terroristas y campamentos de entrenamiento en Afganistán que podamos atacar con misiles crucero.

El dolor llegó a uno de los símbolos del tráfico londinense, los autobuses de dos pisos. Hay más de 50 muertos. Foto EDH / AP - Reuters

La amenaza de la Al-Qaeda ya alcanzó la metástasis y se ha convertido en una serie de franquicias. Ya no es vertical, algo que podamos golpear directamente en el rostro. Ahora es horizontal y llana, distribuida ampliamente, y opera a través de Internet y diminutas células.

Debido a que no existe un objetivo claramente definido en contra del cual tomar represalias, y porque no existen suficientes agentes policiales para vigilar cada abertura en una sociedad abierta, sea que el mundo musulmán empieza a contenerse realmente, inhibirse y denunciar a sus propios extremistas —si resulta que ellos están detrás de los atentados de Londres— o entonces Occidente lo va a hacer por ellos. Y Occidente lo hará de una forma burda y cruda: sencillamente al proscribirlos, negarles visas y volviendo culpable a cada musulmán entre ellos hasta que se demuestre su inocencia.

Y porque yo creo que eso sería un desastre, resulta esencial que el mundo musulmán despierte al hecho que tiene un culto yihadí de muerte en su centro. Si no combate a ese culto de muerte, ese cáncer, dentro de su propio organismo político, va a infectar las relaciones entre musulmanes y occidentales por doquier.

Solamente el mundo musulmán puede acabar de raíz con ese culto de muerte. Hace falta una aldea.

¿A qué me refiero? Me refiero a que la mayor contención sobre la conducta humana nunca es un agente de policía o un guardia fronterizo. La mayor contención sobre la conducta humana es lo que una cultura y una religión consideran vergonzoso. Es lo que la aldea y sus ancianos religiosos y políticos dicen que está mal o no es permitido.

Muchas personas afirman que los atentados suicidas con bombas por parte de palestinos fueron la reacción espontánea de la frustrada juventud palestina. Pero cuando los palestinos decidieron que estaba en su interés tener un cese al fuego con Israel, esos bombazos se detuvieron por completo. La aldea dijo “¡Ya basta!”.

La aldea musulmana ha sido negligente para condenar la locura de ataques yihadíes. Cuando Salman Rushdie escribió una polémica novela que involucraba al Profeta Mahoma, fue condenado a muerte por el líder de Irán. Hasta la fecha —hasta hoy— ningún clérigo de importancia u organismo religioso ha emitido alguna vez una fatwa condenando a Osama bin Laden.

Algunos dirigentes musulmanes han asumido este desafío. Durante la semana pasada, en Jordania, el Rey Abdulá II fue el anfitrión de una impresionante conferencia en Amman para pensadores y clérigos musulmanes de la corriente moderada, quienes desean recuperar su fe de aquellos que han tratado de secuestrarla. Sin embargo, esto tiene que ir más lejos y abarcar más.

Los autobuses de dos pisos de Londres y los trenes subterráneos de París, así como los mercados cubiertos de Riad, Bali y El Cairo, nunca serán seguros mientras la aldea y los ancianos musulmanes no acometan, deslegitimen, condenen y aíslen a los extremistas entre ellos.


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