10 de julio de 2005


LA OPINIÓN
El respeto

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com


De niño escuché dos sentencias que se quedaron para siempre y han marcado pautas importantes en momentos determinados. La primera la aprendí en el salón de clases y es, a mi juicio, uno de los principios más importantes en la historia de la filosofía, la sociología, la sicología y el humanismo. La frase corresponde al benemérito maestro Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

La segunda la aprendí de mi padre a los 12 años y se trataba de un refrán chino que años después descubrí que tenía relación o conexión con el primero, pese a las distancias y las cronologías. Pero en definitiva se trataba de lo mismo: filosofía, sociología, sicología y humanidad: “Nunca despiertes a un tigre dormido”.

En la sociedad actual, el concepto del respeto —entiéndase como consideración, atención o cortesía— que merece toda persona por su naturaleza e individualidad, así como por su posición en un ámbito jurídico-sociológico como individuo o sujeto perteneciente a ese concepto que se llama Estado, tiene que ver con la identidad, y su existencia y validez se fundamentan en leyes y reglamentos abstractos que en la práctica, le otorgan así como protección, derechos y obligaciones.

Sin embargo, en la sociedad actual, en nuestra realidad, el concepto es contrario: el irrespeto se da en su multiplicidad de formas y atentan directamente contra todo individuo e instituciones. Así podemos ver distintas manifestaciones de irrespeto, desde el actuar de jefes y mandos medios quienes por una pequeña y ridícula cuota de poder son capaces de imponer por medio de la intimidación, sus gustos o caprichos pasando por encima del derecho constitucional de la otra persona (sucede mucho en las maquilas). O el irrespeto colectivo, como el actual caso de la gremial del transporte y el aumento irregular de los pasajes. Medidas que han golpeado a la población empleada y obrera del país.

El mismo irrespeto lo significaron las declaraciones del presidente de la misma institución hacia este periódico y sus representantes. Otro ejemplo, la postura de los conductores del transporte y su maltrato y negligencia.

Estos vicios, originados en la pérdida de valores, la educación deficiente y la ausencia de la espiritualidad no son más que el resultado de ciertos ejemplos que han dado y siguen dando “nuestros mayores” y que tienen su raíz en la pequeña cuota de poder, originada también por egos piratas o traumas de fábrica.

Así vemos ejemplos de irrespeto como las encerronas de los funcionarios para autoaumentarse el salario en momentos que la población necesita más ingresos o mejores beneficios. Todos manipulando sin arte y conciencia su pequeña cuota de poder en su pequeño reino de poder. “Qué más pecado que la estupidez” me dijo un amigo artista. El respeto, paisano, el respeto.


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