![]() 10 de abril de 2005 |
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¿Seguirá la tradición? Posibilidad italiana Algunos creen que el próximo pontífice podría salir de las filas europeas, aunque América Latina sea la zona donde más ha crecido el catolicismo en los últimos años.
La
elección de Juan Pablo II en 1978 fue toda una sensación.
Por primera vez en más de cuatro siglos y medio la Iglesia Católica
recibía un papa no italiano. Sin embargo, cuando faltan pocos días para el cónclave en el que se elegirá a su sucesor, muchos factores apuntan a que el próximo pontífice podría ser de nuevo un italiano. Los italianos continúan siendo el bloque más numeroso entre los cardenales menores de 80 años, habilitados para participar en la reunión electiva que se celebrará a puerta cerrada en la emblemática Capilla Sixtina del Vaticano. Además, entre ellos hay purpurados de gran prestigio humano, teológico y pastoral, a quienes a menudo se apunta como papables en las quinielas sobre la sucesión al frente del Vaticano. Nombres como Dionigi Tettamanzi, Giovanni Battista Re, Angelo Scola o Angelo Sodano están a la orden del día. En el más de un cuarto de siglo que el Papa Wojtyla ha tomado las riendas de la Iglesia, el centro del catolicismo se ha desplazado completamente. Los templos en países europeos como España, Francia e incluso Italia se vacían, al tiempo que aumenta el espíritu crítico entre los fieles frente a la línea oficial de la Santa Sede. Por el contrario, América Latina aglutina ya a cerca de la mitad de los católicos del mundo, al tiempo que Asia y África se perfilan como los últimos centros de crecimiento para la Iglesia. En una situación así, con una Iglesia global y después de un Papa que ha batido récords en lo referente a su presencia y aceptación internacionales, ¿no sería un paso atrás que se vuelva a viejas tradiciones y que el próximo líder de los más de mil millones de católicos sea de nuevo un italiano? En opinión de algunos purpurados, no necesariamente. Lo importante, dicen, es que el próximo religioso en la Sede de Pedro sepa estar a la altura de las circunstancias.
Influencia
Tanto Juan XXIII como Juan Pablo I eran patriarcas de Venecia, una de las principales sedes episcopales del mundo, ahora ocupada por Angelo Scola. El papable de 63 años, considerado de tendencia moderada, tiene un gran prestigio como teólogo. Desde 1995 dirige la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y también está al frente del Instituto Pontificio para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Es miembro del Colegio Cardenalicio desde 2003 y en marzo Juan Pablo II lo nombró relator general del Sínodo de los Obispos convocado para octubre. De todas maneras, podría ser demasiado joven para el cargo al frente de la Iglesia Católica. En el pasado siempre fue barajado entre los favoritos el jesuita italiano Carlo María Martini, quien con 78 años abandonó ya el arzobispado de Milán por motivos de edad. Durante dos décadas fue el principal papable progresista, quien presentó una postura contraria a los conservadores en prácticamente todos los grandes temas en discusión dentro del catolicismo, desde la descentralización del gobierno de la Iglesia, hasta el papel de los laicos o la mujer.
En la Curia Romana destacan dos figuras: Angelo Sodano y Giovanni Battista Re. Sodano, de 77 años y cardenal secretario de Estado de Juan Pablo II, es uno de los eternos candidatos en las apuestas para la sucesión. Es uno de los jerarcas de más alto perfil dentro de la Iglesia Católica y su más experimentado diplomático, como principal colaborador de Karol Wojtyla en cuestiones políticas. Fue nuncio apostólico en Chile durante la dictadura, a la que se le atribuía cierta cercanía, y es considerado el principal artífice del refuerzo recibido por América Latina en la curia pontificia. Su desventaja, sin embargo, es que se le nombra desde hace demasiado tiempo como papable. Esto no ocurre con Re, de 71 años y quien en 2001, tras su consagración como purpurado, se convirtió en una de las principales estrellas del Colegio Cardenalicio. Trabajó durante años en la Secretaría de Estado vaticana y a la muerte de Juan Pablo II era prefecto de la Congregación para los Obispos, un puesto de gran poder desde el que pudo influir sobre nombramientos a nivel mundial. Es considerado uno de los purpurados más experimentados de la curia y teológicamente es más bien moderado, pero se pronuncia a favor de una descentralización de poder en la Iglesia. Su desventaja, es que es demasiado hombre del sistema, con poca experiencia pastoral. Todos ellos, debido a su experiencia, formación y popularidad, serían excelentes candidatos para ocupar la Sede de Pedro. En cualquier caso, el sucesor de Juan Pablo II tendrá que esforzarse por llenar el vacío dejado por el pontífice polaco, a quien las reacciones tras su muerte lo colocan entre los grandes papas de la historia. Italiano o no, tendrá que hacer frente además a los muchos temas que Juan Pablo II dejó por resolver.
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