10 de abril de 2005



LA COLUMNA

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com

La deuda pendiente

La muerte de Juan Pablo II marca un antes y un después en la historia contemporánea, incluyendo la salvadoreña.

Mejor conocido como el Papa de la Paz, Karol Wojtyla fue un líder indiscutible de la Iglesia Católica y su vida es testimonio de eso.

Los salvadoreños vivimos ese carisma en cada una de las visitas que hizo al país, especialmente la primera, en 1983.
Eran momentos difíciles. El Salvador acababa de sumergirse en la guerra civil que generaba un ambiente de inseguridad y violencia.

Viajar a El Salvador era evidentemente peligroso, pero nada pudo evitar que el Papa viniera. El 6 de marzo aterrizó en el país pese a los riesgos que corría.

Una de las primeras cosas que hizo fue visitar la tumba de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Oró en silencio por Romero y después, frente a miles de feligreses, el Papa hizo eco de las palabras del pastor salvadoreño. Juan Pablo II pidió la paz y la reconciliación entre todos los cuscatlecos.

Era un mensaje enfático. Sin embargo, Karol Wojtyla abandonó el país y sus palabras quedaron congeladas durante varios años.

El Salvador se sumió en una larga guerra civil que le costó la vida a miles de personas. No fue sino hasta el 8 de febrero de 1996 que el Papa pudo regresar a El Salvador y constatar que la guerra civil había terminado.

Hoy, a pocos días de su muerte, creo que es momento para recordar las palabras que hiciera en 1983. La petición de paz y conciliación está más vigente que nunca y por eso la deuda con Juan Pablo II aún sigue vigente.

Si bien en 1992 terminó la guerra civil no es cierto que vivamos en paz. Al menos no la paz a la que se refería él.
El Salvador está sumergido en otro tipo de conflictos que, de la misma forma que la guerra civil, hace daño.

No podemos decir que vivimos en paz cuando a diario hay un promedio de siete homicidios, cuando la inseguridad determina la vida de los salvadoreños, cuando no podemos evitar tanta violencia.

De igual forma que hace 22 años, los salvadoreños tenemos que asumir el concepto de reconciliación y paz.
Es por eso que la petición que hiciera el Papa durante su primera visita al país sigue tan vigente como entonces.

Más allá de los rituales fúnebres, creo que hay que reflexionar sobre el legado que Juan Pablo II dejó en el mundo, especialmente el que heredó para los salvadoreños.


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