9 de octubre de 2005


INTERNACIONAL
Asia central: El nuevo juego geopolítico

Este es el escenario donde EE.UU., Rusia y China miden fuerzas a través de presencia militar y relaciones comerciales. El interés por congraciarse con estos países va más allá de sus reservas de petróleo

Kathy Gannon / AP
Redacción Vértice
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En el Rahat Bazaar, uno de los mercados más grandes de Almaty, principal ciudad de Kazajstán, crece la oferta de productos importados desde Rusia y China. Foto EDH / AP

Cuando Sergei Pashevich observa el mapa del Asia central, ve un tablero de ajedrez en el que se desarrolla la Gran Partida con los temas predominantes del petróleo, el comercio y la guerra antiterrorista.

La Gran Partida, un término inventado para definir las rivalidades y ambiciones imperiales de Rusia y Gran Bretaña en el siglo XIX, ahora se aplica, según cree Pashevich, a la nueva lucha por influencia posterior a los ataques terroristas del 2001 que enfrenta a Rusia y China con Estados Unidos. “En estos momentos toda el Asia central es el tablero de un juego geopolítico”, afirma.

El fornido kazajo fue condecorado por valentía en la guerra soviética contra los rebeldes musulmanes respaldados por Estados Unidos en Afganistán.

Ahora es uno de varios analistas en Almaty, la principal ciudad de Kazajstán en el corazón del Asia central, que observan este nuevo campo de batalla político y diplomático.

Otro de ellos es Venera Galyamova, una mujer con profundo conocimiento de la región. La investigadora del Instituto Kazajo de Estudios Estratégicos considera que el Asia central se está convirtiendo “en el escenario de la batalla entre Estados Unidos, por un lado, y China y Rusia en el otro. Para China, la influencia en la región también significa afirmarse como potencia mundial para rivalizar con Estados Unidos”.

La floreciente economía china está ávida de petróleo, y dentro de un par de décadas se anticipa que Kazajstán será un importante exportador petrolero. Rusia tiene mucho petróleo, pero su influencia en la región ha disminuido. Perdió control de Kazajstán y las otras repúblicas del Asia central cuando se desintegró la Unión Soviética, y ha sufrido más pérdidas de influencia últimamente en Georgia, Ucrania y Kirguistán, vecino de Kazajstán.

Estados Unidos, por su parte, tiene interés en el petróleo y en las bases que opera en Uzbekistán y Kirguistán para
respaldar sus operaciones en Afganistán al sur.

He aquí algunos de los indicios a los que prestan atención los analistas en Almaty:

En julio, la Organización de Cooperación de Shangai, integrada por China, Rusia y casi todos los países del Asia central, pidió a Estados Unidos que fije una fecha para retirarse de las bases.

Este mes, Rusia y China, ex enemigos militares e ideológicos, hicieron ejercicios militares conjuntos por primera vez en la península de Shandong, en el Mar Amarillo, a unos 440 kilómetros al sudeste de Pekín. El 25 de mayo, China ofreció una recepción calurosa al presidente de otro país del Asia central, Uzbekistán, días después que el gobierno uzbeco reprimió violentamente a manifestantes, mató a centenares de ellos y planteó serios interrogantes sobre la situación de los derechos humanos de un gobierno aliado a Washington.

Este país recibe 115 millones de dólares anuales como sede del programa espacial ruso. Foto EDH / AP

China felicitó al presidente Islam Karimov por el modo en que reprimió la manifestación.
El futuro de la base estadounidense en Uzbekistán es limitado mientras que en Kirguistán está en duda, debido a las declaraciones contradictorias de este último gobierno. Pero la resolución del grupo de Shangai, en una reunión en Astana, la capital kazaja, tomó a Estados Unidos por sorpresa.

La secretaria de estado estadounidense Condoleezza Rice dijo que las bases seguían siendo necesarias para la guerra antiterrorista en Afganistán, y conjeturó que las naciones centroasiáticas se plegaron a la resolución por influencia de sus vecinos más poderosos, Rusia y China.

Washington no dio una fecha para su retiro, de modo que a fines del mes pasado el presidente de Uzbekistán,
Karimov, fijó un plazo de seis meses. “Fue China el que quería el plazo”, dijo Galyamova, del Instituto de Estudios
Estratégicos de Kazajstán, organismo oficial.

“Pekín considera que las bases no solo son utilizadas para combatir el terrorismo sino también para el propósito de contener a China en sus propósitos expansionistas”, dijo.

RECELO HACIA EE.UU.

Dosym Satpayev, director del Grupo de Evaluación de Riesgo, una organización privada en Almaty, que ha escrito un libro sobre las relaciones kazajo-chinas, dice que la presencia de Washington ha sido una decepción para los gobernantes de mano dura de las repúblicas centroasiáticas en el período postsoviético.

Después de recibir calurosamente a los estadounidenses al principio, ahora ven la preocupación de Washington por los derechos humanos y la democracia como una amenaza para su supervivencia, y consideran atractiva la política china de no interferencia, observó.

“El gobierno de Kazajstán realmente se preocupa de que la influencia estadounidense introduzca cambios políticos en nuestro país”, dijo Galyamova, del Instituto de Estudios Estratégicos de Kazajstán, organismo oficial. Ha visto propagarse las revueltas populares desde Georgia hasta Ucrania y Kirguistán, cree que éstas “han coincidido con los intereses estadounidenses en la región, y que han sido producto de la ayuda estadounidense a políticos de oposición”.
Mientras tanto, China ofrece simpatía y un comercio activo. En Pekín, el presidente uzbeco firmó 15 acuerdos que abarcan numerosos rubros desde turismo hasta telecomunicaciones, coronados por otro para una operación petrolera conjunta por valor de 600 millones de dólares.

El nuevo presidente de Kirguistán, Kurmanbek Bakiyev, que subió al poder después de una revuelta callejera en marzo, también ha emitido manifestaciones contradictorias sobre la base estadounidense cerca de Bishkek, la capital de su país.

El 11 de julio dijo que la situación en Afganistán parecía estabilizada, “de modo que ahora tendríamos que empezar a discutir la necesidad de la presencia de las fuerzas militares estadounidenses”. Dos semanas después, sin embargo, funcionarios de Kirguistán aseguraron al secretario de defensa estadounidense Donald Rumsfeld que no había un plazo inmediato.

En Kazajstán, se cree que el presidente Nursultan Nazarbayev es capaz de ganar elecciones presidenciales limpias,
que se anticipan para diciembre, pero es un gobernante de mano dura. Recientemente aprobó leyes que castigan a los kazajos que participen en organizaciones políticas o religiosas no registradas.
También penalizan a las organizaciones extranjeras que les presten ayuda, una medida dirigida a grupos occidentales que trabajan para difundir la democracia.

El pasado mes de julio, Nazarbayev y el presidente chino Hu Jintao afirmaron formalmente su “sociedad estratégica”, firmaron varios acuerdos comerciales y accedieron a estudiar la construcción de una vía ferroviaria entre el sector de Kazajstán del Mar Caspio, rico en petróleo, y el oeste de China. Un oleoducto de 1,000 kilómetros que llevará petróleo kazajo a China debe completarse en diciembre. El comercio entre los dos países, que totalizó 4,500 millones de dólares el año pasado, está creciendo.

Kazajstán se ha convertido en una fuente de petróleo para China.

Pero el interés chino en el Asia central no es exclusivamente económico. China tiene su propia población musulmana inestable —los uigurs— en el lejano oeste, fronterizo con el Asia central. Pekín sostiene que los militantes uigur forman parte de una red terrorista islámica internacional.

De modo que como China encara una amenaza separatista, Estados Unidos opera bases en dos países centroasiáticos y Rusia mantiene fuerzas en otros dos, las superpotencias tienen “fuerzas militares cara a cara en una región sensible del mundo”, observa el capítulo dedicado a China en el informe 2005-06 del Economist Intelligence Unit.

Pashevich y Galyamova dijeron que China se ha embarcado en programas de entrenamiento antiterrorista con sus vecinos del Asia central. “Hay nuevos equipos de acción y cooperación que operan en los estados del Asia central para responder si hay problemas en las fronteras”, dijo Pashevich.

“Es evidente que China ha copiado el método de penetración estadounidense. Primero son las inversiones, después la influencia y finalmente los soldados”, dijo Satpayev.

Kazajstán y China han aumentado su cooperación militar este año, afirmó Galyamova. “Por suerte o por desgracia para nuestro país, China está ganando influencia”.

Rusia y China tienen un acuerdo estratégico para coordinar sus medidas a nivel internacional.
En los años 60 los dos países libraron escaramuzas fronterizas. Pero el año pasado firmaron un acuerdo en el que declaran que no tienen ninguna disputa fronteriza más.

Los rusos están construyendo un oleoducto que llevará petróleo a China, y China es un gran mercado para las armas y la tecnología espacial de Rusia.

“La Gran Partida, como la veo, no se disputará militarmente”, dijo Pashevich, el ex soldado. Esa batalla “se librará a nivel económico y es allí donde China puede ganar. Sabemos eso en Kazajstán, y estamos preocupados”, agregó Pashevich.

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