9 de octubre de 2005


INTERNACIONAL
En Alemania: Muros que persisten

El optimismo generado por la caída del muro se ha desvanecido. El alto índice de desempleo entre los ciudadanos del Este los lleva a afirmar que la reunificación no trajo lo que prometió.

The New York Times
Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com


Han pasado casi 16 años desde que cayó el Muro de Berlín, reuniendo al Este y el Oeste de Alemania, y el programador Gunter Steine aún está buscando empleo.

Al igual que muchas personas originarias del Este, él sigue frustrado con la respuesta gubernamental hacia la elevada tasa de desempleo en el Este.

Él aún se pregunta dónde están los “paisajes florecientes” que el entonces Canciller Helmut Kohl prometió que transformarían la dilapidada economía de la Alemania Oriental en una próspera fuerza de libre mercado.

“Yo realmente me sentía optimista cuando el muro se vino abajo. Pensé que habría muchísimas oportunidades para nosotros allá afuera”, dijo Steine, de 40 años de edad, mientras estaba sentado en la atestada sala de espera de la dependencia de colocación de empleos, en Leipzig.

Alemania marcó el lunes 3 de octubre el 15 aniversario de la reunificación, y la disparidad entre Este y Oeste se ha convertido una vez más en el centro de la inquietud nacional. La fusión del país dividido ha cobrado un precio económico.

El costo de la reconstrucción del agobiado Este ha alcanzado 1.5 billones de dólares desde 1991,
contribuyendo con la estancada economía de Alemania y una histórica tasa de desempleo que ronda el 11 por ciento.
Los temas económicos dominaron la campaña de las elecciones parlamentarias, tan candentes que el interrogante de quién asumirá el enorme desafío de conducir al país aún no se ha respondido.

DIVIDIDOS EN LAS URNAS

En busca de oportunidades. El centro de trabajo de la ciudad de Leipzig recibe a miles de ciudadanos del Este desempleados.

Tanto el actual Canciller Gerhard Schroeder como su desafiante, la conservadora Angela Merkel, quien creció en el Este, reclamaron la victoria para sus partidos. Si bien los democristianos de Merkel encabezaron la votación por un tenue 1 por ciento, ninguna de las partes obtuvo una mayoría de escaños en el parlamento y actualmente cada uno está tratando de negociar un gobierno de coalición.

No se anticipa que el atolladero político sea afectado por una votación en la ciudad de Dresden, donde la votación del 18 de septiembre fue demorada tras la muerte de uno de los candidatos.

Desde la caída del Muro de Berlín en 1989, aproximadamente 2.18 millones de alemanes han emigrado del Este al Oeste, dejando tras de sí desarrollos urbanos vacíos y una población ya entrada en años, cuyas pensiones están ejerciendo presión sobre el presupuesto federal.

Muchos en el este ahora dicen sentir más que nunca su privación respecto del Oeste. En protesta y como una señal de intranquilidad oriental, muchos en la región apoyaron al Partido de la Izquierda, el cual acaba de ser creado y está compuesto de ex comunistas del Este y disconformes social demócratas del partido de Schroeder.

EXTRAÑANDO EL PASADO

En la próspera ciudad occidental de Stuttgart, Holgar Will se sienta en el interior de su apartamento y contempla la suerte de la ex Alemania Oriental que él dejó atrás en 1994, para ir en busca de un empleo estable.

“Las diferencias entre el Este y el Oeste se han reducido con el paso del tiempo, pero aún existen, y eso lo dificulta para quienes no se pueden adaptar”, explicó Will. “Nos educaron para creer que se debería trabajar en equipo, y por el equipo. Pero en el Oeste hemos tenido que aprender a abrirnos paso a empellones hasta el éxito”.

En busca de oportunidades. El centro de trabajo de la ciudad de Leipzig recibe a miles de ciudadanos del Este desempleados.

Will, de 38 años de edad, creció en las inmediaciones de Berlín, donde el muro cortaba a través de los patios de juegos de su juventud. Él y su esposa Constance, de 39 años, se conocieron por primera vez cuando estudiaban en Leipzig, contrajeron matrimonio y tuvieron un hijo y se percataron de que necesitaban marcharse a Stuttgart para encontrar mejores oportunidades.

Él es el dueño de un negocio de reproducción de imágenes y fotografía, y su esposa es una psiquiatra que trabaja en su propio consultorio. Su hija mayor estudia en el extranjero, en un internado en Maine, en Estados Unidos, y la menor cursa el jardín de niños.

Will y Buchwald extrañan lo predecible y el sentimiento de calidez de la comunidad del Este que otrora era socialista, dijeron. En el Este, podías tocar el timbre de cualquier vecino, a cualquier hora, para visitarlo. En el Oeste, la gente está demasiado ocupada, y tienes que programar eventos sociales si deseas ver a tus amigos, contrastó.

De vuelta en Leipzig, para Steine ha sido más difícil salir adelante. El también podría haberse mudado al Oeste, dijo, cuando aún era joven y soltero, justo después de la caída del Muro de Berlín.

O pudo haberse desplazado a un empleo al otro extremo de lo que solía ser la frontera. Empero, él sabe que sería difícil para su esposa criar a su hija de dos años de edad, Annika, por sí sola.

Su esposa, Bárbara, trabaja como contadora y ha exhortado a Steine a que acepte cualquier empleo que pueda encontrar en la dependencia local de empleos. Si bien Leipzig ha registrado mayor inversión que otras ciudades en el Este, la tasa de desempleo aquí ronda el 18 por ciento, lo cual equivale a casi el doble del promedio en el Oeste.

Existen muy pocas probabilidades de que Steine, programador informático, encuentre pronto una posición en su campo.

Así que, cada tres meses, él revisa con los empleados de la oficina de colocación. A veces lo asignan a un puesto temporal patrocinado por el gobierno. Otras veces es un empleo de oficina. A veces es trabajo manual.

Pero nunca es satisfactorio, destacó, a pesar del magro salario. La presión emocional de estar desempleado permanentemente es la peor parte, notó.

“Esta situación es realmente difícil para mi familia. Estar desempleado fue algo por lo cual nunca tuvimos que preocuparnos en el pasado”, concluyó.

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