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Sin
identidad
Vivir
en el anonimato
En
el país hay unos 600 mil salvadoreños sin rostro legal,
de los cuales alrededor de 250 mil son menores. Están en todos
lados como pequeños indocumentados que no han entrado por puntos
ciegos a El Salvador; tampoco se esconden tras papeles falsos, simplemente
no los tienen. Nacieron en nuestro país, pero jamás han
existido, al menos en los registros que llevan las instituciones
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Ruth
Noemy Sosa garcía corre el riesgo de no asistir a la escuela
por falta de documentos de identidad legal. Foto
EDH / Omar Carbonero.
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Juega, ríe y salta como cualquier niña
de su edad, y hasta el año recién pasado cursó
el primer grado en la escuela más cercana a su casa.
Vive en el sector Gallo Sol, del caserío El Jute, en la jurisdicción
del Puerto de La Libertad, y ha caminado por esta vida nueve años
sin ninguna identidad legal, aunque todos la reconocen como Ruth Noemy.
Sus vecinos la han visto crecer junto a sus seis hermanos desde que
nació en septiembre de 1995; más de alguna vez la han
llamado por su nombre bíblico y a lo mejor la han admirado porque,
a pesar de contar con un año menos, le ha ganado en estatura
a su hermana Teodolinda, una niña que, según su madre,
ha logrado sobrevivir de milagro a la desnutrición.
Aunque al igual que sus hermanos llegó a un hogar carente de
abundancias, Ruth Noemy no comparte con ellos un privilegio, el de existir,
el de ser alguien a quien las leyes salvadoreñas reconozcan como
ciudadana con derechos, entre ellos, contar con un nombre y una nacionalidad.
Jorge Armando, Teodolinda, Ana Elizabeth, Jacqueline Dinora, Norma Esperanza
y Gilma Morena son sus hermanos, todos fruto de la unión de Francisca
Sosa López y Luis García.
Desde su nacimiento ha recibido la misma protección que sus hermanos.
Ella viste, calza, come y asiste a la escuela desde hace un año,
pero es la única indocumentada de esta familia que habita en
una casa de adobe ubicada entre frondosos árboles.
Ruth es curiosa. Durante un rato se la pasa mirando con suma atención
a su madre mientras ésta relata cómo es que junto a su
marido descuidaron este detalle tan fundamental en la vida de toda persona.
Guarda silencio cuando se le pregunta qué le impidió aprobar
su primer año en la escuela Bosque Verde. Una tímida sonrisa
es su respuesta y luego se retira a jugar.
Todos mis hijos están asentados, sólo a Ruth nunca
la fue a registrar a la alcaldía el papá, explica
Francisca, quien además asume responsabilidad de haber dejado
pasar el tiempo y que ahora no puedan pagar un proceso legal ante los
Tribunales de Familia para legitimar la identidad de su tercera hija.
Francisca encuentra en la falta de recursos económicos el principal
muro que obstaculiza que Ruth salga de esa especie de limbo.
El papá de la niña gana bien poquito picando piedra,
ni siquiera alcanza para la comida de tanto hijo, apunta.
Hace cuatro años pudieron haber resuelto este problema mediante
el pago de unos $12 en concepto de multas acumuladas en la alcaldía
del Puerto de La Libertad por el tardío registro del nacimiento
de la niña. ¿Cómo le va a hacer uno si no
tiene dinero para esas cosas?, se queja la madre.
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Sandra
Estefanie Guzmán (izq.) es la única de entre sus
hermanos, cuyo nombre no aparece en el Registro Nacional de las
Personas Naturales.Foto EDH / Omar Carbonero.
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Combo de ilegalidades
A la falta de dinero para resolver ese tipo de descuidos con los hijos,
la familia Sosa García ha pagado ya parte de la factura.
Si Ruth Noemy carece de identidad jurídica a sus nueve años,
sus hermanos, si bien asentados legalmente, enfrentan también
un problema: ante la ley no pertenecen a su madre.
Francisca Sosa López, a la que Ruth y sus hermanos llaman mamá,
ha transitado 42 años de vida bajo tres identidades. El origen
de todo se debe a que su padre, Candelario López, olvidó
el nombre con el cual la registró a ella y sus cinco hermanos
en la alcaldía de Tecoluca (San Vicente) y empezó a llamarlos
por otros nombres.
En el caso de Francisca, primero la bautizó como Santos, después
de algunos años pasó a llamarse Ana Paula, nombre con
el que aparece en su cédula política, como
dice ella.
Fue hasta hace un año que al tramitar el Documento Único
de Identidad (DUI) recibió la sorprendente noticia de que en
los registro de las personas naturales ya existía otra persona
con el nombre de Ana Paula Sosa.
Después de dos semanas de búsqueda angustiosa de su verdadera
identidad, luego de tanto picar y picar como el anzuelo,
logró encontrar en la iglesia de Tecoluca la fe de bautismo en
la que no aparece en ninguna parte ni Santos ni Ana Paula. Su verdadero
nombre era Francisca Sosa García.
Pero este hallazgo no es del todo positivo porque tampoco tiene dinero
para costear un proceso legal que al final haga constar que la Ana Paula
que aparece como la progenitora en las actas de registros de nacimientos
de sus hijos es la misma Francisca.
Salvo para el trámite del DUI, la vida de esta mujer no ha tenido
mayores complicaciones por sus problemas de identidad. Nunca ha hecho
otro trámite legal, nunca ha recibido herencia y no se ha casado.
A lo mejor logre corregir el problema en las partidas de sus cinco hijos
pero hay una deuda pendiente con Ruth, a quien le han negado su derecho
a tener un nombre y una nacionalidad.
La niña ha asistido un año a la escuela pero no es seguro
que vuelvan a matricularla sin que presente una partida de nacimiento
donde conste que existe legalmente. Pueda que la acepten en el centro
escolar una y otra vez bajo la promesa de que sus padres tramitarán
la partida pero jamás recibirá una certificación
académica.
Un caso similar
Esa misma incertidumbre de si podrá continuar en las aulas ante
la falta de documentos de identidad, cierne sobre la vida de otra niña.
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Los
Sosa García son una de varias familias que no tienen hijos
inscritos legalmente. Foto EDH / Omar Carbonero.
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La llaman Sandra Estefanie Guzmán Membreño,
una risueña y bonita morena de siete años de edad.
Su madre, Elizabeth Guzmán Renderos, ha intentado matricularla
en vano en otra escuela.
Sandra, Ruth Noemy y otros niños del caserío El Jute empiezan
a sufrir en su corta inexistencia legal las repercusiones
de no contar con un documento de identidad.
La madre de Sandra es franca: Mire, hay que ser correctos, ella
no está asentada porque el papá por andar bolo perdió
sus documentos personales y por eso no la inscribió. De allí
que fue pasando el tiempo y como yo trabajaba de lavar y planchar en
San Salvador no me quedaba tiempo para hacer el trámite... aunque
(reflexiona unos segundos) yo también pude haber hecho el esfuerzo.
Han pasado siete años ya desde el nacimiento de esta niña,
en quien la sonrisa perenne no aparenta preocupación de que su
nombre carezca de validez jurídica.
Elizabeth dice que legalizar la existencia de Sandra (por medio de un
juicio de identidad) tiene un costo de entre cinco y seis mil colones
($500 y $600) porque necesita contratar a un abogado, que eso le dijeron
en la alcaldía del Puerto de la Libertad.
¿Y de dónde voy a sacar ese dinero para pagar a
un abogado? Ni siquiera pude pagar los ¢200 ($23) que me pidieron
como pago de multas cuando quise asentar a la niña cuando tenía
4 años, pero era mucho dinero para uno de pobre que apenas va
reuniendo para las tortillas, pues es lo que uno procura que no les
falte a los hijos, se lamenta Elizabeth.
El año pasado, Sandra logró culminar la parvularia porque
así nomás (sin documentos) la agarraron los profesores.
Este año, aunque ya está lista para estudiar el primer
grado, no está seguro que las autoridades de la otra escuela,
la Alianza, la matriculen bajo la promesa de que más adelante
sus padres presentarán una copia de la partida de nacimiento.
Mientras tanto, Sandra no pierde su dulce sonrisa ni Ruth la serenidad
o actitud silenciosa. Ninguna dimensiona el hecho de que pueden perder
un año importante de estudio ni cuántos obstáculos
más tendrán que saltar en la vida, o de cuántas
oportunidades acaso perderán porque simplemente, ante la ley,
no existen.
Sin huellas
Desde
la Constitución de la República hasta la Ley del Nombre
de la Persona Natural, nuestro país recoge todo un marco legal
que regula el registro de la identidad de los nacidos en su territorio.
Nuestra Constitución estipula, en el artículo primero,
que El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y
el fin de la actividad del Estado, y en el Artículo 36,
inciso 3, que toda persona tiene derecho a tener un nombre que
la identifique....
El Código de Familia manda en el Artículo 188 que en el
Registro del Estado Familiar se inscribirán los nacimientos,
matrimonios, defunciones y demás hechos o actos jurídicos
de las personas naturales que determine la ley. Y establece un
período de quince días para que sean registrados.
En el Artículo 203, el Código de Familia también
se refiere al derecho de los hijos a saber quiénes son
sus padres, ser reconocidos por éstos y llevar sus apellidos.
Pero en el plano real, más de medio millón de salvadoreños
no existen legalmente según cifras oficiales. Algunos calculan
que de esta cantidad, unos 250 mil son menores.
Problema de muchos
El Salvador no está solo en esta problemática. En 1998,
la Unicef ya denunciaba que en el continente americano a más
de un millón de niños y niñas se les violaba ese
derecho elemental.
Es hasta 2000-2001 que el subregistro de nacimientos queda incluido
en la agenda de prioridades de los países como resultado de importantes
reuniones, entre ellas las sostenidas por ministros y altos responsables
de la infancia como la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Cumbre
de las Américas.
En 2001, el Instituto Interamericano de la Niñez, dependencia
de la Organización de Estados Americanos (OEA), y Plan Internacional
elaboraron un diagnóstico sobre la problemática en El
Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y República
Dominicana. Entre las conclusiones se establece que en nuestro país
un 9.8% de la población no tiene identidad y que, al igual que
el resto de naciones, esto obedecía a múltiples factores,
entre ellos problemas sociales, económicos y culturales.
En mayo de 2004, durante una reunión del Comité de Derechos
del Niñez y la Adolescencia de la ONU en Ginebra se recomendó
a nuestro país hacer mayores esfuerzos para superar la problemática.
Pero el próximo 13 de febrero, la ONU y Plan Internacional unirán
su voz desde New York para concienciar en esto
a todo el mundo.
Sin
identidad
Legalmente invisibles...
Ellos
existen, platican, trabajan, estudian... se relacionan con los demás.
Realizan las actividades de cualquier gente, pero si los llevamos al
plano legal se les podría definir como seres invisibles o inexistentes,
carentes de un nombre, de una nacionalidad y de todos los derechos que
eso conlleva. Esta falta de identidad legal les ocasiona la nula posibilidad
de acceder a trámites como préstamos, matrimonio o a la
escuela
Mirella
Cáceres
Los casos de Sandra Estefanie Guzmán Membreño
y Ruth Noemy Sosa García no son aislados. Ellas son dos de muchos
casos similares entre los 1,500 habitantes de la comunidad de El Jute,
La Libertad, los que, según líderes, alcanza el 20% de
las familias.
Pero este caserío no es el único que alberga a salvadoreños
indocumentados. A partir del último censo de población
de 1992 y las encuestas de hogares de propósitos múltiples,
ha quedado al descubierto que entre el 9.8% y el 10% de la población
salvadoreña no aparece en el Registro del Estado Familiar.
Esa estimación significaría que cerca de 600 mil nacidos
en nuestro territorio carecen de una identidad jurídica. Aunque
nadie sabe afirmar cuántos son niños o adolescentes, algunos
creen que la cifra supera los 200 mil.
Según la distribución oficial, este subregistro
se concentra más en cinco departamentos, pero ocurre en todo
el país. Los indocumentados están en todos lados, especialmente
en las zonas rurales y hogares de escasos recursos económicos.
Preguntar a autoridades educativas, por ejemplo, si conocen de escolares
que evaden el requisito de la partida de nacimiento, la respuesta inmediata
es sí.
La directora de la escuela de la Hacienda San Diego, La Libertad, Ana
Celia Mena de Huezo, dice que tiene cinco años de estar mintiendo
piadosamente ante el Ministerio de Educación, porque más
de un centenar de niños y niñas no existe legalmente y
no se les puede cerrar las puertas y que pierdan un año
lectivo.
En Panchimalco es igual. Cecilia Pleytez, directora del Centro Escolar
del Cantón San Isidro, dice que estos casos son recurrentes y
que este año se pondrán más estrictos a la hora
de no matricular sin partida de nacimiento. Yo les digo a los
papás que sus hijos pueden asistir a clases, pero no podrán
recibir su certificado, aclara Pleytez.
Pero el no acceso a la vida académica no es el único punto
en el que se les vulnera. Ismael Rodríguez, director del Instituto
Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y
la Adolescencia (Isna), resume el efecto negativo de esta manera: Cuando
lleguen a la adultez, no podrán retirar su pasaporte o DUI, no
podrán salir (legalmente) del país, no podrán comprar
un vehículo, no podrán casarse, no podrán recibir
herencia. Es complicado, porque les afecta en todas las áreas
de su vida, apunta.
Sin embargo, lo que es peor, según Rodríguez, es que se
conformarán con un trabajo informal, porque no pueden acceder
a un empleo formal y mejor remunerado. Eso significa que caen en el
riesgo de perpetuar su condición de pobreza.
Leyes ignoradas
Ada Milca de Ayala, de Plan Internacional El Salvador, afirma que los
terremotos de 2001 revelaron la magnitud del subregistro y sus consecuencias.
De las más 33 mil familias a las que canalizaron el financiamiento
de países cooperantes para la reconstrucción de viviendas
en Chalatenango, zona sur de San Salvador, La Libertad y Cabañas,
un 20% de esos afectados carecía de títulos de propiedad,
porque no tenía una identidad jurídica, y muchos se quedaron
sin casa nueva.
Así, tras un diagnóstico se encontraron con que un padre
de familia en Panchimalco no podía heredar a su hijo un terreno
para que construyera su casa, con una madre en San Salvador que no podía
exigir al padre de su hijo la cuota alimenticia. En Lourdes (Colón)
otra madre no puede casarse ni asentar a sus hijos; mientras que en
Ciudad Delgado un joven no puede encontrar un trabajo para poder costear
sus estudios.
¿Qué hace que tantas personas no consideren el registro
de la identidad como una prioridad? Se habla de diversas causas como
la falta de acceso a los centros de registro familiar, ignorancia, falta
de apoyo a la madre soltera, tradición familiar, evasión
de multas en las alcaldías y pobreza. Pero todo puede sintetizarse
en descuido.
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Los
hermanos Walter Enrique (13 años) y Jonathan Gilberto Chávez
(10 años) viven y estudian en la Hacienda San Diego con
toda normalidad, pese a no existir legalmente.
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ESTOS
NIÑOS LEGALMENTE NO EXISTEN, AUNQUE ESTÉN FÍSICAMENTE
y les negamos el derecho a su nombre, a su nacionalidad, a su
identificación y sobre todo a su educación... Sin
la partida, no podrán obtener un diploma.
Miriam Mixco/Presidenta del RNPN
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Una propuesta
Desde hace tres años, el Isna impulsa una campaña de concienciación
de los padres de familia sobre la importancia del tema. El ingeniero
Rodríguez se atreve a decir que se ha logrado un buen impacto,
pero que entre los menores que ingresan al Isna, principalmente abandonados
o recuperados de la calle, siguen llegando sin papeles de identidad.
Sólo en 2004 registraron 600 a los que se les tiene que legalizar
su identidad a través de la Procuraduría General de la
República, en cuyas estadísticas figuraron estos casos
entre los 3,842 solicitudes de reconocimiento de hijos, 2,712 resoluciones
y 773 demandas judiciales por declaratorias judiciales de paternidad.
El subregistro es considerado un problema grave y se evidencia más
al final de cada año cuando el número de nacimientos atendidos
en hospitales o por parteras no corresponde con los que incluye el Registro
Nacional de las Personas Naturales (RNPN).
Hasta noviembre de 2004, el Ministerio de Salud contabiliza de manera
preliminar 67 mil 338 nacimientos, pero el RNPN dice que el promedio
de inscritos cada año oscila entre 34 y 36 mil.
Ante esta problemática, la Secretaría Nacional de la Familia
(SNF) pedirá a la Asamblea Legislativa la aprobación de
un decreto transitorio que permita dos años de gracia para que
los menores de 18 años indocumentados puedan ser inscritos gratuitamente.
Mañana se presentaría formalmente el documento a la Comisión
de la Familia, la Mujer y la Niñez y, a juicio de la presidenta
del RNPN, Miriam Mixco, existen buenas perspectivas de que sea aprobado,
porque es algo positivo y en cumplimiento de un derecho del niño
que no se ha cumplido hasta ahora.
Donato Vaquerano, diputado por ARENA, también ve con buenos ojos
la finalidad de esta iniciativa que pretende librar de multas a los
infractores pero sin dañar la captación de fondos de las
alcaldías. No creo que la aprobación (del decreto)
tenga mayores objeciones, pues lo que se busca es un beneficio y no
conlleva aspectos ideológicos, apuntó.
Ileana Rogel, diputada del FMLN, dijo desconocer la existencia del documento,
aunque Vaquerano aclaró que no todos los diputados lo conocen.
De ser aprobado el decreto, RNPN, Isna, SNF y las ONG Visión
Mundial y Plan Internacional prometen echar a andar una intensa campaña
informativa y una movilización masiva para facilitar la inscripción.
Las ONG involucradas ya están levantando censos en las comunidades.
Según Mixco, sólo en Ahuachapán Visión Mundial
ha censado a unos 600.
Pero Mixco advierte que este decreto no implica institucionalizar una
ilegalidad y que la población no inscriba a sus hijos, porque
espera el período de gracia.
¿Responderá la población a este llamado si se aprueba
tal decreto? Eso se verá en las mesas de inscripción,
las que, a lo mejor, se conviertan en termómetro que arroje cifras
más reales del subregistro de nacimientos en el país.
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