8 de mayo de 2005


Las verdaderas CAUSAS
de la GUERRA

Los efectos de la Segunda guerra mundial fueron desastrosos. Millones de muertos y cuantiosos daños materiales jamás serán justificados, pero se explican los motivos que la originaron.

VERTICE
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El desastre financiero. En 1929 se produjo la caída de la bolsa de valores de Nueva York, sumiendo a los Estados Unidos en la peor crisis económica de su historia. El mundo entero fue afectado.. Foto EDH


Al estallido de la Segunda Guerra Mundial concurren varias y complejas circunstancias de orden económico y político.

Muchos historiadores coinciden en que el factor más decisivo fue el efecto de la crisis económica que sufrían desde 1929 los países industrializados, luego de la caída de la bolsa de valores de Wall Street, ese año, tomaron medidas unilaterales para proteger sus mercados internos, poniéndole barreras arancelarias y no arancelarias a las importaciones, lo cual desató una verdadera guerra tarifaria.

El fenómeno generó niveles de desempleo como nunca se habían conocido antes. Sólo en los Estados Unidos quedaron ociosos 11 millones de trabajadores; seis millones, en Alemania; dos millones y medio en Inglaterra y un número escasamente superior en Francia.

Como la economía ya estaba bastante internacionalizada la crisis del desempleo y la pobreza afectó a la mayor parte de países de los cinco continentes.

Latinoamérica tuvo que reducir sus importaciones en casi un 40% y sufrió un descenso del 17% de sus exportaciones. En el contexto de una nueva lucha de mercados y de fuentes de materias primas, Alemania, en Occidente y Japón en Oriente, se ven tentados a poner a prueba la debilidad de sus rivales.

En el plano político tampoco existe una sola razón para que se produjeran las condiciones, que desencadenaron la II Guerra.

El inicio se puede ubicar en la repartición de poderes y zonas de influencia que hicieron los aliados al final de la Primera Guerra Mundial al firmarse la rendición total de Alemania, mediante el llamado Tratado de Versalles en 1918.

Este último estableció, entre otras severas cláusulas, reducir el ejército alemán a 100,000 hombres y se le prohibió la posesión de armas modernas de combate (tanques, aviones y submarinos). Se redujo la flota alemana a buques menores de 10,000 toneladas. Se le obligó, asimismo, a pagar cuantiosas indemnizaciones a los aliados por las pérdidas que éstos tuvieron durante la Primera Guerra.

Factor predominante. Para algunos historiadores, la crisis que vivieron las naciones beligerantes en 1929 fue un factor decisivo que los llevó pelear. Foto EDH

Esto provocó el casi inmediato efecto inflacionario en Alemania.

La moneda alemana, el Marco, se devaluó con gran celeridad. De la paridad de cuatro Marcos por un dólar, pasó a valer 75 Marcos por dólar. En 1922 se hundió a 400 Marcos por dólar.

El Gobierno solicitó una moratoria para el pago de las indemnizaciones, pero los franceses se opusieron. Como respuesta los alemanes dejaron de pagar y en enero de 1923, Francia ocupó la región industrial alemana del Ruhr.

El Marco alemán continuó devaluándose, para julio de 1923 un dólar costaba 160 mil marcos; en agosto, un millón y en noviembre se necesitaban 4 mil millones para obtener un dólar.

Los alemanes perdieron sus ahorros. Los salarios se pagaban con moneda sin valor. Los artículos de primera necesidad costaban billones de marcos. Pronto el hambre se apoderó de los habitantes.

Al principio los alemanes respaldaban a su gobierno, sobre todo por que éste desafiaba a los franceses. Pero en septiembre el gobierno decidió reanudar el pago de las indemnizaciones.

Los alemanes respondieron con resentimiento lo cual fue aprovechado por grupos extremistas que pronto efectuaron manifestaciones y desórdenes callejeras.

Para noviembre de 1923, los nazis contaban con más de 50 mil afiliados. Adolfo Hitler fundador y líder del partido, organizó un ejército dentro de este, los “Sturmtruppen” (Tropas de Asalto) o “Braunhemden” (Camisas Pardas, por el color de sus uniformes).

Con el apoyo de estos grupos de choque Hitler urdió la idea de dar un golpe al gobierno de Berlín.

lLa “Luftwaffe”, fuerza aérea alemana, fue una de las armas decisivas para el desarrollo de la “guerra relámpago” emprendida por los nazis sobre Europa. Foto EDH

Se enteraron de que un grupo de hombres de negocios se reunirían con funcionarios del gobierno local en una cervecería de Munich.

El 8 de noviembre de 1923 tropas de la SA rodearon el local y Hitler personalmente expulsó del podio a la persona que tenía la palabra y conminó a todos al silencio.

“La revolución nacional socialista ha comenzado”, gritó. El pánico se apoderó de todos.

Hitler conminó a punta de pistola a los representantes del gobierno de Bavaria presentes a que le dieran su apoyo a cambio de hacerles partícipes del nuevo gobierno nazi. Los funcionarios se negaron, pero finalmente accedieron como una medida táctica.

Mientras tanto en algunos cuarteles de Munich, los grupos de choque nazi no habían tenido éxito ni en tomarse las instalaciones ni en convencer a los soldados a unirse a las revolución.

Esto y otros acontecimientos menos felices demostraron a Hitler que su revolución de la cervecería había fracasado. Por el fallido intento de golpe de estado, Hitler recibió una condena de cinco años. En la prisión escribió su famoso libro “Mein Kempf” (Mi Lucha), lo cual luego sería para los nazis lo que más tarde, el Libro Rojo de Mao para los comunistas chinos.

Unos meses después tras salir de la cárcel, sin cumplir la condena Hitler se dedicó a hacerse de una figura pública. Además de emplear una simbología que proyectaba la grandiosidad y el poder, emblemas como el águila, la swástica, grandes estandartes y marchas, usó sus extraordinarias habilidades de orador para halagar a las grandes masas que lo aclamaban y veían en él al líder, al “Führer” que devolvería a Alemania sus glorias pasadas.

En 1933 fue nombrado canciller. Una vez en el poder eliminó a sus opositores y el 30 de abril de 1934 ordenó a sus “camisas pardas” ejecutar la masacre de judíos conocida como “La Noche de los Cuchillos Largos”. A partir de entonces aplicó abiertamente su política antisemita, que usó como bandera en su campaña de guerra. En 1935 Hitler, en abierta violación al tratado de Versalles, remilitarizó el Rhin, lo cual marcó el resurgimiento de la que sería una poderosa Wehrmacht.

El uno de septiembre de 1939 Hitler invadió Polonia: la Segunda Guerra Mundial había comenzado.

 

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