8 de mayo de 2005



LA COLUMNA

Alicia Miranda Duk
vertice@elsalvador.com

La paja en el ojo

Hace un par de días, Mariana Levy, una actriz de telenovelas mexicana, falleció de un infarto. Ella y su esposo fueron amedrentados por unos sujetos que intentaron robarles a plena luz del día. Mariana se desplomó. Su corazón no resistió la impresión y cayó muerta. En México y en el resto del mundo hubo lamentos por su muerte. El Salvador no fue la excepción.

Ese mismo día, alguien me dijo que los niveles de delincuencia en México son escandalosos y que la situación es peor que El Salvador. “Imposible, imposible vivir en México... La gente casi no puede salir...”, me comentó.

Desde entonces no es la única a la que he escuchado decir lo mismo y tengo la impresión de que hablan con mucha distancia, tal y como si nuestra realidad fuera otra.

Pero, ¿qué tan diferente es nuestra realidad? ¿Esas cosas no pasan aquí o hay algo que no impide ver bien en dónde vivimos? ¿O es que todos tenemos una paja en el ojo que nos impide tener una visión clara?

En términos de violencia no somos diferentes a México. Las cifras de homicidios en El Salvador no han variado significativamente. Al menos que yo sepa.

El pasado 26 de abril, entre las 5:30 y las 7:30 de la noche, ocurrieron seis asesinatos en la capital.
Según la Policía Nacional Civil, cuatro de los seis homicidios están relacionadas con pandillas y los dos restantes con delincuencia común.

Únicamente dos horas y quedó confirmado que El Salvador es el tercer país más violento en latinoamérica.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando la tasa de homicidios es superior a 10 por cada 100 mil habitantes se trata de una epidemia.

El último informe sobre violencia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa Sociedad sin Violencia (presentado el martes de la semana pasada), en el país la tasa es 36 ultimados por cada 100 mil habitantes (datos proporcionados según los reconocimientos hechos por el Instituto de Medicina Legal). Una verdadera epidemia.

¿Qué más cruel y duro que esta realidad? ¿Qué más violento que esas seis muertes en un término de dos horas? Entonces, ¿qué nos diferencia de México?

Si ayer fue Mariana Levy en México, mañana podría ser José, Claudia, María o Mariana en El Salvador.


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