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LA
COLUMNA
La
paja en el ojo
Hace
un par de días, Mariana Levy, una actriz de telenovelas mexicana,
falleció de un infarto. Ella y su esposo fueron amedrentados
por unos sujetos que intentaron robarles a plena luz del día.
Mariana se desplomó. Su corazón no resistió la
impresión y cayó muerta. En México y en el resto
del mundo hubo lamentos por su muerte. El Salvador no fue la excepción.
Ese mismo día, alguien me dijo que los niveles de delincuencia
en México son escandalosos y que la situación es peor
que El Salvador. Imposible, imposible vivir en México...
La gente casi no puede salir..., me comentó.
Desde entonces no es la única a la que he escuchado decir lo
mismo y tengo la impresión de que hablan con mucha distancia,
tal y como si nuestra realidad fuera otra.
Pero, ¿qué tan diferente es nuestra realidad? ¿Esas
cosas no pasan aquí o hay algo que no impide ver bien en dónde
vivimos? ¿O es que todos tenemos una paja en el ojo que nos impide
tener una visión clara?
En términos de violencia no somos diferentes a México.
Las cifras de homicidios en El Salvador no han variado significativamente.
Al menos que yo sepa.
El pasado 26 de abril, entre las 5:30 y las 7:30 de la noche, ocurrieron
seis asesinatos en la capital.
Según la Policía Nacional Civil, cuatro de los seis homicidios
están relacionadas con pandillas y los dos restantes con delincuencia
común.
Únicamente dos horas y quedó confirmado que El Salvador
es el tercer país más violento en latinoamérica.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando
la tasa de homicidios es superior a 10 por cada 100 mil habitantes se
trata de una epidemia.
El último informe sobre violencia del Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa Sociedad sin Violencia
(presentado el martes de la semana pasada), en el país la tasa
es 36 ultimados por cada 100 mil habitantes (datos proporcionados según
los reconocimientos hechos por el Instituto de Medicina Legal). Una
verdadera epidemia.
¿Qué más cruel y duro que esta realidad? ¿Qué
más violento que esas seis muertes en un término de dos
horas? Entonces, ¿qué nos diferencia de México?
Si ayer fue Mariana Levy en México, mañana podría
ser José, Claudia, María o Mariana en El Salvador.
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