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LA
OPINIÓN
La
muerte y la velocidad
El
Departamento de Tránsito de la PNC ha registrado hasta el 27
de julio de este año 2 mil 122 accidentes automovilísticos,
con 70 personas fallecidas. Un dato elevado y alarmante que, por las
características de los hechos y por el aumento de los mismos,
da motivo a varias interpretaciones; por un lado la falta de campañas
de prevención como las que se realizaban en el pasado y las que
pretendían, mediante el uso de imágenes fuertes a través
de los medios de comunicación y los medios alternativos (vallas,
afiches, folletos), hacer conciencia en los conductores sobre los riesgos
que implican la velocidad y la carretera.
Recuerdo una estrategia que consistía en colocar carros chocados
sobre bases de cemento, a manera de esculturas. Aunque pareciera algo
chocante, que lógicamente despertaba el miedo y el asombro, algún
efecto causaba en quienes transitaban por la calle al Puerto o en las
cercanías de las oficinas de Tránsito ubicadas en la autopista
Universitaria Norte a finales de los ochenta.
De esa época surgió el conocido emblema: No corras
papito, te esperamos en casa. Sin embargo, hay otros factores
determinantes, quizás más peligrosos si se pueden llamar
así, y que tienen que ver tanto con la formación que se
ha recibido en casa, la concienciación a través de las
campañas impulsadas por los medios de comunicación e incluso
el buen uso del sentido común, (concepto que en la sociedad salvadoreña
pareciera no aplicarse por el ritmo acelerado de vida, el estrés
o lo que pudiera ser una conjunción de ambos; el hacer las cosas
a la carrera, es decir, mediocremente).
Pero esta desatención de los salvadoreños hacia el riesgo
y el peligro específicamente en lo que concierne al buen conducir,
tiene un factor al cual puede culparse con mayor grado de responsabilidad,
y es, el uso imprudente del alcohol.
Algo que ha venido a empeorar el fenómeno es el uso de peligrosos
químicos como la cocaína y el crack que, para variar,
son mezclados con las bebidas embriagantes.
Pese a las campañas de Medicina Legal y las pruebas del alcotest
o antidoping, el problema lejos de disminuir evidencia un oscuro aumento.
Y buena parte de la cuota lo representa la indiscriminada publicidad
hacia el consumo de una droga legal llamada alcohol, sobre todo, la
incitación a beber cerveza que, mezclado con el volante y las
carreteras solas de la madrugada o las autopistas rápidas de
la mañana, causan una mezcla fatal.
Un ejemplo triste ha sido el último accidente registrado en la
prolongación del Bulevar Constitución y el redondel Integración
Uno, del municipio de Apopa, que dejó como saldo cinco fallecidos,
15 heridos y la destrucción de casi una docena de vehículos.
Aunque en este caso se trató de una falla mecánica, el
ejemplo no puede librarse del señalamiento de una actitud imprudente,
es decir, el uso de excesiva velocidad, común en los salvadoreños.
Ahora falta esperar que el gobierno, a través de sus dependencias
idóneas, rediseñe campañas y estrategias dirigidas
al conductor que no sólo es responsable de su vida sino, de la
de los demás automovilistas y peatones. Manejar no sólo
significa aprender a hacer que se mueva una máquina.
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