7 de agosto de 2005


LA OPINIÓN
La muerte y la velocidad

Juan Carlos Rivas
vertice@elsalvador.com


El Departamento de Tránsito de la PNC ha registrado hasta el 27 de julio de este año 2 mil 122 accidentes automovilísticos, con 70 personas fallecidas. Un dato elevado y alarmante que, por las características de los hechos y por el aumento de los mismos, da motivo a varias interpretaciones; por un lado la falta de campañas de prevención como las que se realizaban en el pasado y las que pretendían, mediante el uso de imágenes fuertes a través de los medios de comunicación y los medios alternativos (vallas, afiches, folletos), hacer conciencia en los conductores sobre los riesgos que implican la velocidad y la carretera.

Recuerdo una estrategia que consistía en colocar carros chocados sobre bases de cemento, a manera de esculturas. Aunque pareciera algo chocante, que lógicamente despertaba el miedo y el asombro, algún efecto causaba en quienes transitaban por la calle al Puerto o en las cercanías de las oficinas de Tránsito ubicadas en la autopista Universitaria Norte a finales de los ochenta.

De esa época surgió el conocido emblema: “No corras papito, te esperamos en casa”. Sin embargo, hay otros factores determinantes, quizás más peligrosos si se pueden llamar así, y que tienen que ver tanto con la formación que se ha recibido en casa, la concienciación a través de las campañas impulsadas por los medios de comunicación e incluso el buen uso del sentido común, (concepto que en la sociedad salvadoreña pareciera no aplicarse por el ritmo acelerado de vida, el estrés o lo que pudiera ser una conjunción de ambos; el hacer las cosas a la carrera, es decir, mediocremente).

Pero esta desatención de los salvadoreños hacia el riesgo y el peligro específicamente en lo que concierne al buen conducir, tiene un factor al cual puede culparse con mayor grado de responsabilidad, y es, el uso imprudente del alcohol.

Algo que ha venido a empeorar el fenómeno es el uso de peligrosos químicos como la cocaína y el crack que, para variar, son mezclados con las bebidas embriagantes.

Pese a las campañas de Medicina Legal y las pruebas del alcotest o antidoping, el problema lejos de disminuir evidencia un oscuro aumento. Y buena parte de la cuota lo representa la indiscriminada publicidad hacia el consumo de una droga legal llamada alcohol, sobre todo, la incitación a beber cerveza que, mezclado con el volante y las carreteras solas de la madrugada o las autopistas rápidas de la mañana, causan una mezcla fatal.

Un ejemplo triste ha sido el último accidente registrado en la prolongación del Bulevar Constitución y el redondel Integración Uno, del municipio de Apopa, que dejó como saldo cinco fallecidos, 15 heridos y la destrucción de casi una docena de vehículos.

Aunque en este caso se trató de una falla mecánica, el ejemplo no puede librarse del señalamiento de una actitud imprudente, es decir, el uso de excesiva velocidad, común en los salvadoreños.

Ahora falta esperar que el gobierno, a través de sus dependencias idóneas, rediseñe campañas y estrategias dirigidas al conductor que no sólo es responsable de su vida sino, de la de los demás automovilistas y peatones. Manejar no sólo significa aprender a hacer que se mueva una máquina.



Copyright 2005 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.