6 de febrero 2005


Salvó a más de 30 mil
Pasaportes a la libertad

Solidaridad. Durante muchos años pasó inadvertido el gesto que hizo un salvadoreño para librar de la muerte a decenas de miles de judíos.

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La labor de José A. Castellanos fue reconocida por la liga antidifamatoria en 1995 al otorgarle el “premio a la Humanidad”. Su viuda, María Schurmann, recibió en su nombre.
Fue ilegal en un principio, pero humano. Al menos así define el historiador Carlos Cañas Dinarte la gestión salvadora que hiciera el consulado de nuestro país en Ginebra, en 1942, en favor de miles de judíos angustiados por huir de la amenaza nazi.

Ilegal porque George Mandel, un judío-rumano que trabajaba en el consulado nuestro, comenzó a extender de forma clandestina visados a ciudadanos judíos como una estrategia para salvarlos de los campos de concentración o de ir a los temidos centros de exterminio.

Según Cañas Dinarte, Mandel operaba a escondidas, y por eso hubo falsificación de pasaportes.

Él habría extendido algunos pasaportes a varios judíos polacos amigos suyos.

Pero Mandel rectifica y le comunica todo al coronel José A. Castellanos, el cónsul, salvadoreño, y éste le brinda su apoyo.

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En primer lugar, Castellanos acude al doctor José Gustavo Guerrero, quien era magistrado de la Corte Internacional de Justicia en La Haya, y obtiene de él un “aval moral”.

Luego recibe el respaldo del doctor Julio Enrique Ávila, el ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador. Tanto Guerrero como Ávila aprueban la iniciativa y se da el primer paso para “legalizarla”.

     
En Una carta enviada por George Mandel al entonces Presidente salvador castaneda, le dice que la emisión de pasaportes a
judíos fue tan masiva que perdió la cuenta.
A partir de entonces se empiezan a extender casi gratuitamente los pasaportes donde se hace constar que aquellos judíos son salvadoreños.

El Salvador solamente cobra cinco centavos de francos suizos en concepto de impuesto postal.

Pero, según Cañas Dinarte, el gobierno nazi se entera de la extensión masiva de pasaportes y reclama al Gobierno salvadoreño, encabezado por Salvador Castaneda Castro, quien lejos de abortar la salvación de judíos la respalda.

Cañas dice que muchos años después de finalizada la guerra, Mandel (que pasó a llamarse Mantello) contó que era tanta la demanda de pasaportes que perdió la cuenta hasta 30 mil, porque llegó un momento en que hasta los lanzaba a las personas dentro de los trenes.

La solidaridad de Mandel, quien antes de morir se nacionalizó salvadoreño, y de Castellanos trascendió en su momento en varios países de Europa, pero quedó en el anonimato para el mundo.

Cañas Dinarte sostiene que hay una deuda de gratitud y reconocimiento mundial para con el coronel Castellanos y el Estado salvadoreño por esta hazaña.

La Liga Antidifamatoria ha sido la única en reconocer ese favor cuando, hace 10 años, entregó, en California, el “Premio a la Humanidad” a este salvadoreño y al país, condecoración que recibió en su nombre María Schurmann viuda de Castellanos y el entonces presidente Armando Calderón Sol.

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