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Trampolín
a la muerte
Horror.
No es lo mismo contar en cifras el holocausto que describirlo por medio
de quienes presenciaron la liberación de prisioneros de los campos
de concentración y de exterminio. Un salvadoreño nos relata
su experiencia.
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| No
comprendía cómo podían tener a esa gente encerrada,
con cara de pena y resignada, y a quienes lo único que les
quedaba era la piel Roberto Machón |
Hasta aquel momento, su vida de soldado había girado
en torno a muertos, sangre, ataques, balas, peligro.
Jamás imaginó que, después de 60 años, la
incertidumbre en aquellos rostros prisioneros clamando por su liberación
le siguieran martillando sus recuerdos.
Gritaban: ¡Libertad! ¡Libertad!, detrás
de los cercos de alambre.
Yo quería liberarlos a todos, pero no me dejaron... Querían
salir... sentían una felicidad amarga, rememora hoy Roberto
Machón.
Él era uno de los soldados estadounidenses que habían entrado
a territorio germano, después de haber derrotado a tropas nazis
en la batalla en Bastogne, Bélgica, la que contribuiría
a la victoria general de los aliados.
Caminaban hacia Berlín y en ese avance encontraron el campo de
prisioneros, cuyo nombre no recuerda. Más de 18 soldados
alemanes nos vieron, tiraron los fusiles y salieron corriendo. El teniente
dijo: Olvídense de ellos, relata.
Durante cuatro días, los médicos bañaron a aquellos
sobrevivientes con DDT, les quitaron las liendres y el pelo, les dieron
ropa y comida poco a poco. Cuando estuvieron en mejores condiciones de
salud, fueron liberados.
cacería
Sin duda, esas mismas ansias de ser liberados se repitieron entre los
millares de reos de los más de 20 campos de concentración
que fueron descubiertos al régimen nazi.
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Estos sitios habían surgido en 1933, luego de
que el partido nazi asumiera el poder en Alemania.
La abolición de un decreto había permitido el arresto
arbitrario de disidentes religiosos, gitanos, comunistas, oponentes
al régimen y homosexuales, pero más que todo de judíos,
porque eran considerados una raza impura o inferior por
el régimen de Adolfo Hitler.
Mi abuelo y mis tíos fueron detenidos por tres semanas
junto a varios latinoamericanos en un campo ubicado en las afueras de
París; no llegaron a torturarlos, pero sí pasaron hambre
y vieron atrocidades como que unos tipos mataran a quemarropa a un par
de prisioneros, relata Federico Hernández, el presidente
de Concultura.
Cuando Federico Aguilar Meardi y sus hermanos, Mauricio y Roberto, fueron
liberados regresaron a El Salvador y no volvieron a contar qué
más vieron en aquel sitio en los albores de aquella guerra, porque,
en labios de su nieto, él prefería estar siempre
alegre.
Después de este conflicto, don Federico volvió a París,
donde había vivido toda su infancia, y decidió buscar
a sus amigos judíos. Nunca pudo encontrarlos, ni supo si fueron
liberados o asesinados.
Si bien estos salvadoreños, como otros extranjeros, fueron liberados,
otros no corrieron la misma suerte. Unos seis millones fueron enviados
a campos de exterminio donde fueron torturados, asfixiados, envenenados,
fusilados o sometidos a los efectos del hambre y enfermedades mortales
como el tifus.
Por eso, la expresión en el rostro de aquellos sobrevivientes
que vio Machón en 1945 no podían más que reflejar
lo que él mismo calificó de: felicidad amarga.
Aunque después de 60 años el mundo sigue conmoviéndose
ante las imágenes del holocausto, en los años posteriores
a la guerra, otro salvadoreño, soldado también, y quien
pidió el anonimato, testificaba cómo la justificación
del exterminio seguía viviendo en los corazones de soldados alemanes.
En mis cuatro años en Alemania sólo conocí
a un nazi. Lo encontré en un bar de Bergen, a 16 kilómetros
de Munich, dijo que había fundado el partido en 1932 y que había
decidido no meterse con ellos (judíos y demás) porque
eran una banda de criminales.
Aunque estaba borracho, la respuesta de si estaba arrepentido por lo
cometido fue espeluznante: Absolutamente no. Lo volvería
a hacer.
Campos de concentración, trabajo mortal
Lugar de trabajo forzado
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Los
Campos y sus cifras
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1.1 millones
Auschwitz-Birkenau
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800 mil
Treblinka
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600 mil
Belzec
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250 mil
Sobibor
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150 mil
Kulmhof
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50 mil
Lublin
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Nacieron luego de la asunción al poder por parte
del régimen nazi el 30 de enero de 1933.
Era la policía de seguridad la que podía detener a cualquier
persona y enviarla a uno de estos campos por un tiempo indefinido.
Los candidatos a estar en uno de estos campos eran todos aquellos oponentes
al régimen, es decir, comunistas, socialistas, judíos
y disidentes religiosos (Testigos de Jehová, protestantes y católicos).
Este primer grupo era custodiados por la Gestapo (la policía
política).
Por otro lado, la policía criminal (Kripo) hacía arrestos
preventivos a los denominados grupos antisociales, entre
ellos figuraban gitanos, homosexuales, discapacitados, prostitutas y
vagabundos.
Durante la administración de las SS (unidades de protección)
en 1942, los prisioneros eran obligados a realizar trabajos forzados
en la producción de industrias como la I.G. Farben y las fábricas
de cohetes V-2. Otros eran utilizados para experimentos médicos.
Para el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, existían
ya seis grandes campos que albergaban alrededor de 25,000 prisioneros:
Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald, Flossenburg, Mauthausen y Ravensbruk
destinado sólo a mujeres.
Auschwitz: la temible prisión de la muerte
Sitio de asesinatos
Los campos de concentración crecieron en número
durante la guerra, se cree que sumaron 20. Surgieron nuevos como Auschwitz-Birkenau,
Natzweiler, Neuengamme, Gross Rosen, Stutthof, Lublin-Majdanek, Hinzert,
Vught, Dora y Bergen Belsen.
Se calcula que a estos lugares fueron llevados millones de prisioneros
trasladados desde distintos países europeos ocupados (judíos,
partisanos, prisioneros soviéticos de guerra o trabajadores extranjeros).
Pero a la par de estos sitios de trabajo forzado, los nazis crearon
centros de exterminio donde expiraban poblaciones enteras.
Las SS los enviaban a las cámaras de gas. Las principales víctimas
fueron unos seis millones de judíos y millares de prisioneros
de guerra, gitanos y soviéticos.
Aunque fueron varios los centros de muerte (Lublin-Majdanek, Belzec,
Sobibor, Treblinka, Kulmhof y Semlin), fue Auschwitz-Birkenau donde
hubo un exterminio masivo de más de un millón de personas.
Se estima que más de cuatro millones de personas, en su mayoría
judíos, fueron asesinados en estos sitios; otros dos millones
murieron en guetos por inanición, enfermedad o fusilamiento por
grupos de asalto.
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