6 de febrero de 2005



LA COLUMNA

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com

La locura del sensato

“¡Momento, señores, paren este p... mundo porque me quiero bajar!”, nos decía un profesor de historia en la universidad para explicarnos cuán enajenados podemos llegar a ser.

¿Exagerada o loca la petición? Tal vez, pero es lo mínimo que un ser humano sensato sentiría de vivir en un país tan violento como El Salvador.

Hace más de una semana vi cómo colgaba el cuerpo de Manuel de Jesús, de 44 años, vigilante de la universidad Luterana.

Una persona descrita por los estudiantes y otros conocidos como alguien tranquilo, trabajador, que no se metía con nadie.

Dicho en las palabras de una vendedora de dulces que lo conocía: “Pobrecito, el chele no merecía morir así”. Sus manos y pies estaban atados y sus ojos vendados.

Como luego aseguró una colega, “la escena era dantesca”.

Según la Policía Nacional Civil, PNC, Manuel de Jesús fue estrangulado y sus victimarios después arrastraron su cuerpo hacia un árbol donde finalmente le colgaron.

Al ver aquello, lo primero que te preguntas es ¿cómo es posible que alguien pueda hacerlo? Enseguida pensé que los responsables estaban mal de la cabeza o ¿de qué otra forma se puede uno explicar algo así?

Cinco días después, otro crimen parecido. Una mujer y la empleada habrían sido estranguladas dentro de su casa. La PNC explicó que la señora de la casa, de 76 años, fue víctima de un robo que terminó en homicidio. Como otros salvadoreños más, ni la “seguridad” de una casa logró librarla de su propia muerte.

Ambos casos son sólo dos más de los que suceden a diario en El Salvador. En este país, en promedio, suceden diez homicidios todos los días. Es una cifra que intimida a cualquiera.

La frase “vivimos en uno de los países más violentos del mundo” es demasiada palpable como para digerirla con facilidad.

En El Salvador convive una sociedad que hizo de la violencia y la brutalidad una forma de vida desde hace muchos años.

El tejido social de este país está demasiado dañado como para pensar que es una cuestión alojada sólo en la epidermis.

Con todo el respeto que merecen las autoridades, ¿creen que será posible que los homicidas o los potenciales homicidas desistan de cometer un delito porque se les perseguirá más que antes?

Tal vez soy demasiado pesimista pero creo que lo único que veré en los próximos meses es más hacinamiento en las cárceles y otra persona más que le pide al mundo parar para bajarse.


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