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LA
COLUMNA
La
locura del sensato
¡Momento,
señores, paren este p... mundo porque me quiero bajar!,
nos decía un profesor de historia en la universidad para explicarnos
cuán enajenados podemos llegar a ser.
¿Exagerada o loca la petición? Tal vez, pero es lo mínimo
que un ser humano sensato sentiría de vivir en un país
tan violento como El Salvador.
Hace más de una semana vi cómo colgaba el cuerpo de Manuel
de Jesús, de 44 años, vigilante de la universidad Luterana.
Una persona descrita por los estudiantes y otros conocidos como alguien
tranquilo, trabajador, que no se metía con nadie.
Dicho en las palabras de una vendedora de dulces que lo conocía:
Pobrecito, el chele no merecía morir así.
Sus manos y pies estaban atados y sus ojos vendados.
Como luego aseguró una colega, la escena era dantesca.
Según la Policía Nacional Civil, PNC, Manuel de Jesús
fue estrangulado y sus victimarios después arrastraron su cuerpo
hacia un árbol donde finalmente le colgaron.
Al ver aquello, lo primero que te preguntas es ¿cómo es
posible que alguien pueda hacerlo? Enseguida pensé que los responsables
estaban mal de la cabeza o ¿de qué otra forma se puede
uno explicar algo así?
Cinco días después, otro crimen parecido. Una mujer y
la empleada habrían sido estranguladas dentro de su casa. La
PNC explicó que la señora de la casa, de 76 años,
fue víctima de un robo que terminó en homicidio. Como
otros salvadoreños más, ni la seguridad de
una casa logró librarla de su propia muerte.
Ambos casos son sólo dos más de los que suceden a diario
en El Salvador. En este país, en promedio, suceden diez homicidios
todos los días. Es una cifra que intimida a cualquiera.
La frase vivimos en uno de los países más violentos
del mundo es demasiada palpable como para digerirla con facilidad.
En El Salvador convive una sociedad que hizo de la violencia y la brutalidad
una forma de vida desde hace muchos años.
El tejido social de este país está demasiado dañado
como para pensar que es una cuestión alojada sólo en la
epidermis.
Con todo el respeto que merecen las autoridades, ¿creen que será
posible que los homicidas o los potenciales homicidas desistan de cometer
un delito porque se les perseguirá más que antes?
Tal vez soy demasiado pesimista pero creo que lo único que veré
en los próximos meses es más hacinamiento en las cárceles
y otra persona más que le pide al mundo parar para bajarse.
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