4 de diciembre de 2005


INTERNACIONAL
Plan de Bush encuentra divisiones


En un mini supermercado de la cadena 7-11 en Farmingville, Nueva York, donde guardias de seguridad persiguen a los jornaleros inmigrantes para que salgan del estacionamiento, una pareja de casados detuvo sus compras durante el tiempo suficiente este lunes para disentir con respecto al plan de dos enfoques del Presidente Bush para ese tipo de trabajadores: detenerlos en la frontera mexicana si cruzan de manera ilegal, u ofrecerles visas de trabajadores invitados temporalmente si siguen las normas.

The New York Times
Por Nina Bernstein
vertice@elsalvador.com


Motivo de discordia. El plan del presidente Bush para combatir la inmigración ilegal no termina de convencer. Foto EDH/ The New York Times

"No es una buena idea, ya que ellos sencillamente no van a regresar (a su país)”, dijo Robert Roach, operador de maquinaria pesada, quien tildó las propuestas del mandatario estadounidense, bosquejadas el lunes de esta semana en un discurso que pronunció en Tucson, Arizona, en términos de un desperdicio de los dólares del contribuyente.

Su esposa, Karen, enfermera, estaba lista para darle una oportunidad a dicho plan. “Yo no sé si el presente gobierno sabría cómo hacerlo valer. Sin embargo, no es un despilfarro de los recursos del contribuyente fiscal si nos lleva a reconocer el problema y encontrar una solución”, dijo Karen Roach.

El desacuerdo de la pareja se reflejó por todo Estados Unidos. Algunos de los detractores más vocales de la inmigración ilegal consideraron que las propuestas del Presidente Bush con respecto a las medidas para hacerlo valer equivalían a muy poco, y que llegaban demasiado tarde, al tiempo que defensores de la inmigración usaron casi las mismas palabras para desecharlas por considerar que era un vacuo gesto de relaciones públicas.

Sin embargo, en focos rojos de fricciones locales a causa del tema, otros dijeron que el país pudiera finalmente confrontar un complicado problema.

Carl Braun, uno de los reclutadores ejecutivos en San Diego y líder del Cuerpo de Minuteman de California, cuyos 800 voluntarios patrullan la frontera con México, dijo que el Presidente de Estados Unidos estaba respondiendo a exigencias provenientes del interior del Partido Republicano en estados como California.

Bush no hizo nada, dijo, hasta que grupos como el suyo “gritaron con tanta fuerza” que fueron oídos por los republicanos.
“El Presidente no tiene opción sino actuar ahora” aseguró. “Sin embargo, esto se debería hacer hecho desde el principio”.

Desde extremos opuestos del espectro, Frank Sharry, el director ejecutivo del Foro Nacional de Inmigración, el cual ha apoyado la amnistía para inmigrantes indocumentados, y Mark Krikorian, el director ejecutivo del Centro para Estudios de Inmigración, mismo que promueve restricciones sobre la inmigración, dijeron que el discurso de Bush fue más giro político que sustancia.

Krikorian, quien se opone a cualquier programa de trabajadores temporales invitados al país, dejó entrever que el discurso citado no haría nada por aplacar la repercusión de las bases populares dentro del partido al que pertenece Bush.

“La engañosa naturaleza de lo anterior es clara a partir del hecho que ellos están promoviendo el mes entrante como el mes de la seguridad fronteriza”, notó. “Con franqueza, eso es como la semana nacional del pepinillo”.

Una reacción más esperanzadora llegó de Tamar Jacoby, destacada integrante del Instituto Manhattan, donde el ala empresarial del Partido Republicano da la bienvenida al enfoque del trabajador invitado. Jacoby se refirió a planes con miras a una mayor seguridad fronteriza y medidas más severas en lo tocante a las deportaciones diciendo que eran “una larga, detallada e impresionante lista”.

“Asimismo, Jacoby expresó algunas dudas. En lo concerniente a la propuesta enfocada a requerirles a trabajadores temporales que vuelvan a casa antes de que se les permita renovar sus visas, ella dijo: “Tengo inquietudes con respecto a si eso será factible”.

En Miami, en una fila de tres cuadras de largo, misma que serpenteaba alrededor de las oficinas centrales de inmigración de la rama federal, una joven mujer de Argentina dijo que no estaba segura con respecto a si el plan del Presidente Bush albergaría alguna esperanza para ella.

“He estado luchando aquí durante casi ocho años para obtener asilo, pero aún soy ilegal aquí”, dijo la mujer, quien se identificó como V. Tapias, de 29 años de edad, la cual trabaja como recepcionista en un centro de ventas de un lujoso desarrollo de condominios.

Tapias dijo que ella había sido capturada por la Guardia Costera durante una salida a bucear con algunos amigos. Ahora, al igual que muchos de los que estaban en la fila, ella se estaba preparando para esperar toda la noche con el fin de estar entre las 60 personas que tendrían permiso para entrar al edificio y apelar en procedimientos de deportación.

“Si te ofrecen seis años, eso meramente equivale a comprar tiempo para encontrar un marido o permanecer en el país de otra manera”, dijo. “Yo prefiero quedarme aquí como una inmigrante indocumentada antes que regresar y morir pobre”.

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