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INTERNACIONAL
Plan de Bush encuentra divisiones
En un mini supermercado de la cadena 7-11 en Farmingville,
Nueva York, donde guardias de seguridad persiguen a los jornaleros inmigrantes
para que salgan del estacionamiento, una pareja de casados detuvo sus
compras durante el tiempo suficiente este lunes para disentir con respecto
al plan de dos enfoques del Presidente Bush para ese tipo de trabajadores:
detenerlos en la frontera mexicana si cruzan de manera ilegal, u ofrecerles
visas de trabajadores invitados temporalmente si siguen las normas.
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Motivo de discordia.
El plan del presidente Bush para combatir la inmigración
ilegal no termina de convencer.
Foto EDH/ The New York Times
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"No es una buena idea, ya
que ellos sencillamente no van a regresar (a su país),
dijo Robert Roach, operador de maquinaria pesada, quien tildó
las propuestas del mandatario estadounidense, bosquejadas el lunes de
esta semana en un discurso que pronunció en Tucson, Arizona,
en términos de un desperdicio de los dólares del contribuyente.
Su esposa, Karen, enfermera, estaba lista para darle una oportunidad
a dicho plan. Yo no sé si el presente gobierno sabría
cómo hacerlo valer. Sin embargo, no es un despilfarro de los
recursos del contribuyente fiscal si nos lleva a reconocer el problema
y encontrar una solución, dijo Karen Roach.
El desacuerdo de la pareja se reflejó por todo Estados Unidos.
Algunos de los detractores más vocales de la inmigración
ilegal consideraron que las propuestas del Presidente Bush con respecto
a las medidas para hacerlo valer equivalían a muy poco, y que
llegaban demasiado tarde, al tiempo que defensores de la inmigración
usaron casi las mismas palabras para desecharlas por considerar que
era un vacuo gesto de relaciones públicas.
Sin embargo, en focos rojos de fricciones locales a causa del tema,
otros dijeron que el país pudiera finalmente confrontar un complicado
problema.
Carl Braun, uno de los reclutadores ejecutivos en San Diego y líder
del Cuerpo de Minuteman de California, cuyos 800 voluntarios patrullan
la frontera con México, dijo que el Presidente de Estados Unidos
estaba respondiendo a exigencias provenientes del interior del Partido
Republicano en estados como California.
Bush no hizo nada, dijo, hasta que grupos como el suyo gritaron
con tanta fuerza que fueron oídos por los republicanos.
El Presidente no tiene opción sino actuar ahora aseguró.
Sin embargo, esto se debería hacer hecho desde el principio.
Desde extremos opuestos del espectro, Frank Sharry, el director ejecutivo
del Foro Nacional de Inmigración, el cual ha apoyado la amnistía
para inmigrantes indocumentados, y Mark Krikorian, el director ejecutivo
del Centro para Estudios de Inmigración, mismo que promueve restricciones
sobre la inmigración, dijeron que el discurso de Bush fue más
giro político que sustancia.
Krikorian, quien se opone a cualquier programa de trabajadores temporales
invitados al país, dejó entrever que el discurso citado
no haría nada por aplacar la repercusión de las bases
populares dentro del partido al que pertenece Bush.
La engañosa naturaleza de lo anterior es clara a partir
del hecho que ellos están promoviendo el mes entrante como el
mes de la seguridad fronteriza, notó. Con franqueza,
eso es como la semana nacional del pepinillo.
Una reacción más esperanzadora llegó de Tamar Jacoby,
destacada integrante del Instituto Manhattan, donde el ala empresarial
del Partido Republicano da la bienvenida al enfoque del trabajador invitado.
Jacoby se refirió a planes con miras a una mayor seguridad fronteriza
y medidas más severas en lo tocante a las deportaciones diciendo
que eran una larga, detallada e impresionante lista.
Asimismo, Jacoby expresó algunas dudas. En lo concerniente
a la propuesta enfocada a requerirles a trabajadores temporales que
vuelvan a casa antes de que se les permita renovar sus visas, ella dijo:
Tengo inquietudes con respecto a si eso será factible.
En Miami, en una fila de tres cuadras de largo, misma que serpenteaba
alrededor de las oficinas centrales de inmigración de la rama
federal, una joven mujer de Argentina dijo que no estaba segura con
respecto a si el plan del Presidente Bush albergaría alguna esperanza
para ella.
He estado luchando aquí durante casi ocho años para
obtener asilo, pero aún soy ilegal aquí, dijo la
mujer, quien se identificó como V. Tapias, de 29 años
de edad, la cual trabaja como recepcionista en un centro de ventas de
un lujoso desarrollo de condominios.
Tapias dijo que ella había sido capturada por la Guardia Costera
durante una salida a bucear con algunos amigos. Ahora, al igual que
muchos de los que estaban en la fila, ella se estaba preparando para
esperar toda la noche con el fin de estar entre las 60 personas que
tendrían permiso para entrar al edificio y apelar en procedimientos
de deportación.
Si te ofrecen seis años, eso meramente equivale a comprar
tiempo para encontrar un marido o permanecer en el país de otra
manera, dijo. Yo prefiero quedarme aquí como una
inmigrante indocumentada antes que regresar y morir pobre.
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