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LA
OPINIÓN
Regalos
de amor
Había
una vez.... Esta es la introducción al mundo de los cuentos
de hadas, una fuente inagotable de placer estético y como herramienta
en la educación de los niños. Caperucita roja, Cenicienta,
Blancanieves, La bella durmiente, Hansel y Gretel, y un largo etcétera
habitaron y habitan en miles de hogares alrededor del mundo, sin importar
el idioma.
¿Por qué? Según el psicoanalista estadounidense
de origen austríaco Bruno Bettelheim, en el prólogo de
su Psicoanálisis del cuento de hadas, porque estos realizan una
función liberadora y formativa para la mentalidad infantil y
dotan de apoyo moral y emocional.
Los infantes se identifican con los personajes de estos cuentos. Entonces,
comienzan a experimentar por ellos mismos sentimientos de justicia,
fidelidad, amor, valentía, pero no como lecciones impuestas,
sino como un gozoso descubrimiento, como parte organizada de la aventura
de vivir.
Pese a los beneficios planteados, los cuentos de hadas tienen su lado
controversial. Ya que sus temáticas son difíciles de explicar
a los más pequeños. En ellos hay crueldad y se encuentran
personajes estereotipados de una manera negativa. Por otra parte, se
los defiende por el aporte al desarrollo de la imaginación y
a la elaboración de los temores propios de las distintas etapas
del crecimiento del niño.
J. K. Rowling logró con su niño mago, además de
más de cientos de millones de dólares en concepto de derechos
de autor y regalías, recuperar un hábito la lectura-
que ya parecía en desuso y reinventar el género de la
literatura infantil. Tanto es así que algunos consideran a la
saga de Harry Potter como el cuento de hadas de la postmodernidad.
Pero dejando de lado los adultos que somos, y volviendo al niño
que alguna vez fuimos, es importante que esta generación y las
que le siguen ingresen al mundo mágico de las hadas, brujas y
duendes.
Es necesario defender estos cuentos, los del mago Harry y también
los otros clásicos, y transmitir a nuestros hijos historias que
les ayuden a comprender mejor a los otros y a relacionarse. Esto les
dará las herramientas idóneas para afrontar las adversidades
que inevitablemente encontrarán en la vida.
Además, no es mala idea incentivar a los niños para que
se los pidan a Santa Claus.
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