4 de diciembre de 2005


LA OPINIÓN
Regalos de amor

Florencia Couto
vertice@elsalvador.com

“Había una vez...”. Esta es la introducción al mundo de los cuentos de hadas, una fuente inagotable de placer estético y como herramienta en la educación de los niños. Caperucita roja, Cenicienta, Blancanieves, La bella durmiente, Hansel y Gretel, y un largo etcétera habitaron y habitan en miles de hogares alrededor del mundo, sin importar el idioma.

¿Por qué? Según el psicoanalista estadounidense de origen austríaco Bruno Bettelheim, en el prólogo de su Psicoanálisis del cuento de hadas, porque estos realizan “una función liberadora y formativa para la mentalidad infantil y dotan de apoyo moral y emocional”.

Los infantes se identifican con los personajes de estos cuentos. Entonces, comienzan a experimentar por ellos mismos sentimientos de justicia, fidelidad, amor, valentía, pero no como lecciones impuestas, sino como un gozoso descubrimiento, como parte organizada de la aventura de vivir.

Pese a los beneficios planteados, los cuentos de hadas tienen su lado controversial. Ya que sus temáticas son difíciles de explicar a los más pequeños. En ellos hay crueldad y se encuentran personajes estereotipados de una manera negativa. Por otra parte, se los defiende por el aporte al desarrollo de la imaginación y a la elaboración de los temores propios de las distintas etapas del crecimiento del niño.

J. K. Rowling logró con su niño mago, además de más de cientos de millones de dólares en concepto de derechos de autor y regalías, recuperar un hábito –la lectura- que ya parecía en desuso y reinventar el género de la literatura infantil. Tanto es así que algunos consideran a la saga de Harry Potter como el cuento de hadas de la postmodernidad.

Pero dejando de lado los adultos que somos, y volviendo al niño que alguna vez fuimos, es importante que esta generación y las que le siguen ingresen al mundo mágico de las hadas, brujas y duendes.

Es necesario defender estos cuentos, los del mago Harry y también los otros clásicos, y transmitir a nuestros hijos historias que les ayuden a comprender mejor a los otros y a relacionarse. Esto les dará las herramientas idóneas para afrontar las adversidades que inevitablemente encontrarán en la vida.
Además, no es mala idea incentivar a los niños para que se los pidan a Santa Claus.


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