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LA
ARISTA AFILADA
USA,
Chávez y la dependencia del petróleo
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Ilustracion/ EDH
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Hugo Chávez ha vuelto a amenazar a Estados Unidos
con cancelarle las ventas de petróleo. Lo hizo en medio de un
"tribunal antiimperialista" con que en estos días de
verano se entretienen los chavistas.
Es un circo antinorteamericano en el que en medio de gritos y consignas
llaman a Bush Mister Danger e insultan a todo su gabinete con los peores
epítetos. Según Chávez, si Venezuela le deja de
vender petróleo a Estados Unidos ya tiene un cliente sustituto.
No lo menciona, pero, obviamente, se refiere a China. El acto es como
un remake de parecidas idioteces que se organizaron en Cuba hace tres
décadas. En todo caso, es un misterio fisiológico cómo
gente sin cerebro puede conservar intacta una memoria tan precisa.
Diariamente surcan rumbo a Estados Unidos dos grandes barcos cargados
de combustible venezolano.
Al cabo del año eso significa aproximadamente el 16% del petróleo
que Estados Unidos importa.
No es imposible buscar otras fuentes parciales de suministro, pero en
este momento cualquier enfrentamiento entre Washington y Caracas hará
aumentar aún más el precio del petróleo.
Según los cálculos de los especialistas, cuando el barril
llegue a $94 -hoy se mueve en torno a los $64- es posible que ese aumento
provoque una recesión en la todavía hoy pujante economía
norteamericana, como sucediera en 1973, 1981 y 1990. Chávez,
pues, ha elegido acertadamente el momento de lanzar sus bravuconadas.
Si Estados Unidos entra en recesión se produce una reducción
de las importaciones norteamericanas, suele caer la Bolsa, los inversionistas
se inhiben, el dinero se esconde tras el oro o tras instrumentos financieros
seguros, y el resto del planeta sufre las consecuencias. Es casi inconcebible
que los afiebrados líderes de la izquierda bananera no hayan
descubierto que cuando al primer mundo le va bien, todos los países,
en alguna medida -la medida de su eficiencia económica-, progresan,
y cuando le va mal, todos se hunden.
Una recesión americana, por ejemplo, afectaría las exportaciones
Chinas y enfriaría el crecimiento impetuoso del país,
lo que significaría una menor necesidad de petróleo.
Pero tan asombrosa como la suicida ignorancia de la izquierda bananera,
que es capaz de quedarse ciega con tal de que Estados Unidos pierda
un ojo, es la pertinaz e imperdonable imprevisión de Estados
Unidos. Desde 1973, hace ya más de treinta años, los norteamericanos
descubrieron que no podían depender de las importaciones de petróleo,
especialmente porque una buena parte de las reservas de combustible
se encuentra en territorios políticamente inestables y potencialmente
hostiles a Estados Unidos.
Desde entonces, desde Richard Nixon hasta George W. Bush, todos los
presidentes norteamericanos han asegurado que van a poner fin a esa
fatal servidumbre y no lo han hecho. Irresponsablemente, todos han jugado
a corto plazo, amarrados por intereses económicos sectoriales,
limitándose a estimular medidas parciales que han dejado el problema
en el exacto punto de partida.
Es verdad que no hay fuente de energía más barata que
un barril de petróleo situado por debajo de los treinta dólares,
pero esa cuenta es demasiado sencilla para ser cierta. ¿Cuánto
cuesta el respaldo político y militar a Arabia Saudita y a los
Emiratos? Si en 1990 Estados Unidos hubiera cumplido su compromiso de
ser autosuficiente en materia de energía, y el petróleo,
por lo tanto, hubiera sido un mineral menos deseado, ¿hubiera
lanzado Sadam Hussein sus tropas sobre Kuwait? ¿Cuánto
han costado las recesiones provocadas por el alza del petróleo
en los setenta, ochenta y noventa?
¿Cuánto costará la próxima recesión
si el barril llega a $94? Billones, tal vez trillones de dólares
se evaporan incesantemente como resultado de contrastar de una manera
simplista el valor industrial promedio del barril de petróleo
frente a la energía fotovoltaica, eólica, atómica
o al resto de las opciones disponibles, sin introducir en la ecuación
el inmenso costo oculto de la dependencia petrolera y de las crisis
periódicas que ésta provoca.
¿Será la crisis con Venezuela el punto de partida de una
actitud más seria y madura por parte de Estados Unidos en materia
energética? Si así fuera, se habría producido el
milagro de que Hugo Chávez, finalmente, habría servido
para algo constructivo. Una consecuencia, por cierto, asombrosa.
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