4 de septiembre de 2005


Las armas para Iraq

Las fuerzas de ocupación prefieren que el ejército iraquí mantenga los pertrechos tradicionales. Las razones son variadas; unas se esgrimen en público, otras se ventilan en los corrillos de los estadounidenses

Craig S. Smith/ The New York Times
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Fusiles viejos. Los iraquíes se quejan de que los Kalashnikov soviéticos no bastan para detener la ola de ataques rebelde.

Estados Unidos no se apresura a dar armas pesadas a los militares iraquíes. Hay una explicación oficial para ello: esas cosas toman tiempo.

Pero también hay otra razón: Iraq sigue siendo demasiado frágil para que cualquier planificador sepa qué forma tomará el país en los próximos seis meses o un año, si se mantendrá unido o se desintegrará en una guerra civil.

Y eso representa un dilema para los planificadores militares estadounidenses.

Con esas dudas en el aire, tienen que temer que cualquier arma pesada distribuida ahora pudiera terminar apuntada a las fuerzas estadounidenses o avivando un creciente conflicto civil.

Y entre más tiempo tenga que esperar el ejército de Iraq por armas sofisticadas, es probable que más tiempo sean necesarias en ese país las fuerzas estadounidenses como una defensa contra el caos.

En público, los comandantes citan muchas razones para el ritmo lento en el equipamiento de los iraquíes: la cadena de suministro es larga, los soldados de Iraq están escasamente entrenados y en gran medida no han sido puestos a prueba, y a los rebeldes se les combate mejor con rifles que con tanques.

En privado, algunos oficiales reconocen otras preocupaciones. “Nos preocupa la guerra civil o un golpe de estado”, dijo un destacado oficial estadounidense en Bagdad encargado de aprovisionar al ejército de Iraq.

En realidad, los comandantes iraquíes se muestran cada vez más inquietos, diciendo que sus tropas están muriendo en una proporción tres veces mayor que las estadounidenses porque carecen de equipo básico.

“Soldados con Kalashnikovs y camionetas no forman un ejército” dijo el general Abdulqader Jassim, comandante de las fuerzas terrestres iraquíes.

“Para que el ejército iraquí se sostenga sin las fuerzas de coalición, necesitamos equipo de comando y de control, vehículos de transporte y adiestramiento”. Quiere helicópteros y artillería, armas más poderosas y tanques más grandes; armas que los estadounidenses dicen que él no necesita ahora.

Al mismo tiempo, los estadounidenses están construyendo al menos cuatro bases militares semipermanentes que pudieran contener a 18 mil tropas cada una.

“Estamos tratando de crear un ejército para combatir la lucha actual”, dijo un oficial estadounidense cuando se le preguntó sobre las quejas iraquíes. “Es demasiado pronto para hablar sobre tanques, y no necesitan helicópteros cuando tienen el apoyo militar estadounidense”.

En estos días, con la posibilidad de la guerra civil en el aire, los estadounidenses enfatizan la diversidad cuando organizan las unidades iraquíes. Sin embargo, los cuerpos de oficiales son extraídos de entre los sunitas, las tropas en el sur son en gran medida chiitas y las tropas en el norte son en gran parte curdas.

“Así como no existe un solo pueblo iraquí, no existe un ejército iraquí”, dijo Peter Galbraith, ex embajador estadounidense en Croacia que ahora está en Iraq y ha trabajado de cerca con los curdos. “No estaremos armando a un ejército nacional, sino a ejércitos que son leales a tres grupos diferentes. “Los Cuerpos Badr están muy fuertemente influenciados por Irán”, señaló Galbraith. “¿Vamos a dedicarnos a armarlos?

“Pudiera haber cierta lógica en postergar este equipamiento hasta que se resuelvan las cuestiones que pudieran desencadenar una guerra civil. El otro peligro —añadió— es que podríamos estar armando a personas que podrían ser en el mejor de los casos sólo nuestros amigos temporales”.

Oficiales estadounidenses dicen que tratan de equilibrar “velocidad y necesidad” al equipar a los iraquíes, y en algunos casos culpan a la logística por el suministro lento.

Por ejemplo, están tratando de conseguir transportes de personal blindados y Humvees blindados para la infantería iraquí. Pero los primero 100 de 2,073 Humvees ordenados no son esperados hasta noviembre, y los pedidos para el resto están compitiendo con demandas urgentes del Ejército y la Marina de EE.UU.

Mientras, ambas fuerzas armadas han estado recorriendo países del ex bloque soviético en busca de equipo que pueda llegar más rápidamente.

Jassem quiere más. Los rifles de asalto AK-47 que usan sus tropas, señala, no pueden adaptarse a dispositivos de puntería láser y visores de visión nocturna. Quiere los más modernos y poderosos M4 estadounidenses o AK-105 rusos.

También se quejó de que Estados Unidos quiere proveer a sus tropas de RPG-7, el lanzador de granadas impulsadas por cohetes de la era soviética. Le gustan los modernos RPG-29 de mayor calibre, que penetran mejor el blindaje.

Pero esas armas pueden plantear una amenaza contra Estados Unidos si caen en manos equivocadas, una preocupación que Jassem reconoce. “Están pensando en que sólo darán armas nuevas al ejército cuando todo se haya calmado”, dijo.

Oficiales estadounidenses insisten en que es más fácil dar mantenimiento al viejo equipo soviético, que las tropas iraquíes están más acostumbradas a él y que hay una enorme cantidad de municiones para el mismo almacenada en Iraq. “El RPG-7 es más versátil que otras armas antitanques; los insurgentes no tienen blindaje.

“No queremos que se vuelva exageradamente complicado”, dijo el oficial estadounidense, y añadió que llegará el día en que un Iraq estable y seguro necesite unas fuerzas armadas completamente armadas, pero ese día está a años de distancia.

Jassem no se apaciguó.

“Queremos helicópteros”, dijo. “Los necesitamos porque no sabemos qué apariencia tomará la guerra”.


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