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Sistema
penitenciario
La eterna crisis
La búsqueda de una solución para la crisis del sistema
carcelario en El Salvador pasa por mejorar una infraestructura obsoleta
y por transformar las prisiones en verdaderos centros donde el reo se
rehabilite. Vértice pidió propuestas de solución
a jueces, profesionales y autoridades penitenciarias.
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Infraestructura anticuada, hacinamiento,
ocio, sobrepoblación y violencia componen esta bomba de
tiempo. Foto EDH /Wilfredo
Díaz
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Una tubería de aguas lluvias debe de estar repleta
de bichos y olores extraños.
Quien se arrastre en su interior no debe de ver más que tinieblas.
Pero para los 14 reos que burlaron la seguridad del penal de Ciudad
Barrios el domingo 7 de agosto, la cloaca a la que entraron por la cancha
de básquetbol era el camino hacia la libertad.
Ese nuevo episodio de la crisis carcelaria dejó el saldo de un
preso muerto, seis recapturados y siete aún fugitivos.
La fuga dejó nuevamente en evidencia que la infraestructura carcelaria
es relativamente fácil de burlar y que el deseo por evadir la
prisión para seguir delinquiendo anida en la mente de ciertos
internos.
El sistema penitenciario, que según el Artículo 27 de
la Constitución debería rehabilitar a los reos para reincorporarlos
a la sociedad, parece no estar cumpliendo su objetivo.
El director general de Centros Penales, el abogado y ex fiscal Ástor
Escalante, es consciente de ello. Sin embargo, asegura que para enfocarse
en la rehabilitación, primero se debe poner orden en las cárceles.
El mismo orden que impera en las celdas donde viven los reos en fase
de confianza del penal de Mariona que parecen estar en una casa de retiros
espirituales y no en una prisión.
Ahí, cuatro reos son el máximo número que comparte
una habitación. Pero las celdas para los reos en fase ordinaria
son otro mundo, donde espacios diseñados para 15 personas, según
las autoridades, son ocupados por 20. Esto obliga a algunos a dormir
debajo de los camarotes, en un colchón viejo.
Durante un recorrido por Mariona, Vértice y el arquitecto mexicano
César González Azcárraga no ingresaron a los edificios
de la fase ordinaria, porque las autoridades de Centros Penales advirtieron
que ahí la seguridad de los visitantes no puede ser garantizada.
En ese territorio mandan los reos.
El director dice estar consciente de las debilidades
de un sistema que, para empezar, carece de infraestructura suficiente
y adecuada para albergar a los 12,392 que, hasta el 31 de julio, habitaban
las 19 cárceles de El Salvador. El diagnóstico de Ástor
Escalante es alarmante: El sistema carcelario no está a
la altura de nuestros tiempos.
Los datos no lo contradicen. El sistema actual tiene capacidad para
albergar a 7,372 reos en edificios que en su mayoría fueron construidos
entre 1903 y 1982. Solo seis de los 19 centros fueron edificados entre
1999 y 2004.
El sistema penitenciario es un edificio que se tambalea. Según
Escalante, las cárceles que históricamente han generado
más conflictos son las de Quezaltepeque, Chalatenango, Ciudad
Barrios, Cojutepeque y Mariona.
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Rafael Rodríguez Loucel,
César González y el director de Centros Penales
intentando diseñar una prisión más segura
para la población reclusa.
Foto EDH /Wilfredo Díaz
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Vértice y el arquitecto González Azcárraga
visitaron esta última el sábado 20 de agosto. El lunes
22, se uniría al grupo de visita el vicerrector de Investigación
y Proyección Social de la Universidad Tecnológica, Rafael
Rodríguez Loucel. El plan era visitar las cárceles de
Cojutepeque y Chalatenango.
Sin embargo, el asesinato de José Pablo García, hasta
ese día director del penal de Sonsonate, frustró los planes,
y, nuevamente por seguridad, el único centro adonde se nos permitió
entrar fue Apanteos.
Durante el recorrido por el presidio que un día funcionó
como beneficio de café en las afueras de la ciudad de Santa Ana,
Loucel y González reconocieron que las condiciones en que viven
los reos no son tan deplorables como lo imaginaron. Sin embargo, concluyeron
que los recintos visitados Apanteos y Mariona no reúnen
las condiciones mínimas de seguridad.
El arquitecto González fue más allá y se refirió
a la necesidad de construir nuevas cárceles que sean diseñadas
para separar de la sociedad a los delincuentes y rehabilitarlos.
Ástor Escalante se ve atado de manos ante esta propuesta, pues
el presupuesto anual de 18 millones de dólares con el que cuenta
se le esfuma en pago de salarios y en solventar necesidades como la
alimentación de los reos y la provisión de materia prima
para los talleres.
Sin embargo, si tuviera el dinero necesario para construir nuevas cárceles,
Ástor Escalante afirma que no construiría 19 nuevas prisiones,
sino tres o cinco que serían más fáciles de administrar
desde la Dirección General de Centros Penales.
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Sólo
los penales de Zacatecoluca y Berlín carecen de escuela.
Hasta el 11 de mayo pasado había 3,208 internos matriculados.
Otros 4,283 presos trabajan en los talleres. En las fotos, ambas
caras de la moneda cuando se habla de condiciones carcelarias.
Foto EDH /Wilfredo Díaz
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Estas nuevas cárceles, en opinión de Escalante,
deberían tener un diseño vertical. Esto, según
el arquitecto Hugo Barrientos, cuya compañía construyó
el penal de Máxima Seguridad de Zacatecoluca con asesoría
de expertos americanos, permite tener centralizado el control de la
cárcel.
Durante un intercambio de puntos de vista entre el director de Centros
Penales, el arquitecto González y el académico Rodríguez
Loucel, se llegó a afirmar que la prisión ideal debería
tener paredes, techos, pisos y camas de concreto.
Celdas para 20 prisioneros, y un 50% del área de la prisión
sin techar, para canchas y granjas al aire libre. Rodríguez Loucel
sugirió que las nuevas prisiones de llegar a ser realidad
sean edificadas en focos de desarrollo donde los reos aptos para
ello se incorporen a las actividades productivas de la zona.
Exceso de población
Pero edificar nuevas prisiones no resolvería todos los problemas.
La población carcelaria va en aumento.
La sobrepoblación en las prisiones es achacada, por las autoridades
de Centros Penales, a la falta de infraestructura y a lo que Ástor
Escalante llama mora judicial, ya que un 32% de la población
carcelaria está a la espera de ser declarada culpable o inocente.
Pero los jueces de sentencia y de vigilancia penitenciaria creen que
el origen de la sobrepoblación carcelaria radica en otro punto.
El juez Rogel Zepeda, del Tribunal 3º de Sentencia, cree que el problema
de fondo es que, en El Salvador, la detención provisional se
ha convertido en la regla y no en la excepción, como lo establece
la Convención Americana de Derechos Humanos y el Pacto de Derechos
Civiles y Políticos. Por su parte, la jueza de Vigilancia Penitenciaria
Josefa Noya Novais sostiene que el sistema penal se ha saturado, porque
las autoridades sólo se han preocupado por reprimir.
Por su parte, el abogado Jaime Martínez Ventura, director del
Centro de Estudios Penales de El Salvador, Cepes, afirma que entre los
factores que causan los problemas penitenciarios está la sobrepoblación
de las cárceles, el uso extendido de la prisión como pena
y como medida cautelar junto a la insuficiente aplicación de
penas sustitutivas y beneficios penitenciarios.
Martínez Ventura cree necesario eliminar los obstáculos
jurídicos para aplicar formas más amplias de beneficios
penitenciarios y un mayor uso de alternativas a la prisión como
pena y como medida cautelar. El abogado pone como ejemplo el trabajo
en función social.
Por su parte, Walter Aquino, del Departamento de Reos sin Sentencia
de la Corte Suprema de Justicia, indica que el problema de la sobrepoblación
tiene dos soluciones a corto plazo. La primera sería una mayor
coordinación bien estructurada entre el Órgano Judicial,
la Fiscalía y la Dirección General de Centros Penales.
En segundo lugar, Walter Aquino cree necesario una mejor capacitación
del personal de dichas instituciones.
Ocio violento
Desde la pasarela de Mariona, a una altura aproximada de cinco metros,
es posible ver a los reos que atienden la prédica de un pastor
evangélico.
El director de Centros Penales teme que mientras unos están en
el culto, y otros elaboran artesanías, hay quienes pasan el tiempo
haciendo nada. Las autoridades carcelarias saben que la combinación
de hacinamiento y ocio genera conflictos. Por eso, el ocio carcelario
es una gran preocupación.
En el diálogo entre Ástor Escalante, el arquitecto González
y el académico Rodríguez Loucel, se barajó la posibilidad
de que los reos tengan más posibilidades de participar en actividades
productivas. Ástor Escalante contempla la idea de que la empresa
privada instale pequeños centros de producción en las
cárceles, en los que puedan participar reos aptos para asumir
esas responsabilidades. Así, los reos tendrían ingresos
que les permitirían ayudar a sus familias y pagar un precio simbólico
por algunos de los servicios que reciben en la prisión, por ejemplo
el de alimentación.
En cuanto a este punto, el director ejecutivo de la ANEP, Raúl
Melara Morán, asegura que dicha gremial ha venido colaborando
con la Dirección General de Centros Penales para proporcionar
a los reos opciones de trabajo en el interior de los recintos que vayan
más allá de la elaboración de artesanías.
Pero en tal dirección se cree que la violencia no sólo
se evita con trabajo, sino también con recursos (personal, equipo
e instalaciones) que garanticen la seguridad en los recintos carcelarios.
Pero mientras no se cuente con suficiente financiamiento, Ástor
Escalante cree que la violencia se puede evitar separando a los reos
de mayor peligrosidad del resto.
Para hacerlo, el director vuelve a señalar la necesidad de construir
nuevos centros penales. Sin embargo, con el presupuesto que tiene desde
hace siete años, esto es imposible. Para construir centros penales
de concreto se hacen necesarios donativos de la empresa privada y la
autogeneración de ingresos. Pues, aunque Ástor Escalante
esté convencido de que hay voluntad política para resolver
la crisis carcelaria, siempre será más atractivo
construir una nueva escuela que un nuevo centro penal.
Sin embargo, jueces y abogados creen que no es con nuevas cárceles
que se resolverá este problema, sino dotando a la Dirección
General de Centros Penales de un mayor presupuesto que le permita tener
las condiciones materiales mínimas para cumplir la ley penitenciaria.
Mientras, los actores del sistema judicial y penal del país se
ponen de acuerdo en cómo resolver este problema la crisis. De
seguir así, seguirán fraguándose planes de fuga;
y las muertes violentas en los centros penales seguirán ocupando
titulares.
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Recursos limitados
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| Desde hace siete años el presupuesto
asignado a la dirección de centros penales es el mismo. aunque
las autoridades busquen mejorar el sistema, sin dinero suficiente
todo queda en el papel. |
18 Millones
Es el presupuesto anual asignado a los centros penales. |
7.5 Millones
Es el monto de la pro inversión pública asignada este
año. |
7.5 Millones
Es el monto de una nueva pro inversión solicitada a Hacienda. |
33 Millones
Podría ser el presupuesto total. Sin embargo, no es suficiente.
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