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Reportaje:
Seis meses de dolor
El día que Margarita N. esperaba a sus hijos en la estación
de buses de Brooklyn, recibió la noticia de su desaparecimiento.
Fueron seis meses de incertidumbre.
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El regreso.
Algunos menores llegan por vía aérea, pero la mayoría
lo hace a través de la frontera La Hachadura. EDH /
Archivo
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Según la licenciada Patricia Díaz, delegada
occidental del Isna, se reciben a diario entre 10 y 20 niños
deportados que entran por La Hachadura, quienes son colocados en dos
casas-albergue: el Hogar-morada, que atiende a niñas, y la Ciudad
de los niños, que atiende varones. Las edades oscilan entre 11
y 17 años.
En las últimas semanas se han dado dos casos especiales, el de
un niño de seis años que fue abandonado por un coyote,
y el de un bebé de seis meses a quien recuperaron.
Recibimos denuncias todos los días y de todos los departamentos.
Sólo en junio ingresaron 170, la mayoría en condiciones
higiénicas inadecuadas, sin haberse bañado en ocho días,
con la misma ropa, o desnutridos y desmejorados, dice.
El fenómeno es gravísimo. El año pasado recibimos
459 menores deportados; a estas alturas de 2005 llevamos casi 500. Imagínese
cuando lleguemos a diciembre, explica.
Sin embargo, el problema está siendo atendido con toda la delicadeza
del caso. A pesar de que el tráfico ilícito continúa,
se ha logrado evitar la salida de más de dos mil menores. Un
avance significativo en un mundo donde el comercio inescrupuloso ataca,
explota y esclaviza a los más indefensos. Por ejemplo, el caso
de Margarita N. es uno de cientos.
Burdeles e infiernos
Hace 11 meses, cuando Margarita N. recibió la amarga noticia
cayó en shock. Su amiga hondureña Marta R., compañera
de trabajo en el hotel de cinco estrellas, la socorrió y le prometió
ayudar a encontrarlos con un coyote conocido de San Pedro Sula. Comenzaron
las averiguaciones.
Mientras tanto, en Nogales, Sonora, México, los niños
José, de 9 años, y Vilma, de 14, nombres cambiados
por motivos de seguridad habían sido raptados en un descuido
del coyote salvadoreño Ramón F., quien los llevaba desde
Antiguo Cuscatlán.
Según relataron los menores, después del rapto fueron
trasladados a una casa pequeña donde se encontraban cuatro niños
más, dos guatemaltecos y dos hondureños.
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Convenios. El
trabajo con autoridades mexicanas ha dado resultado.. EDH
/ Archivo
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Los más grandes eran utilizados para explotación
sexual en dos burdeles de la zona, los cuales son visitados por hombres
mayores, la mayoría norteamericanos, quienes pagan altas sumas
por actos de pedofilia.
José fue obligado a trabajar recogiendo la basura en la cocina
mientras que Vilma y Maritza, la niña hondureña
fueron llevadas a un burdel y obligadas a ejercer la prostitución.
No recibieron ningún pago, aparte de la comida y el alojamiento.
Después de dos meses de prostituirse fueron vendidas a El
Güero, un conocido maleante de Tijuana dedicado a la trata
de personas.
Fue gracias a un señor que tiene una tienda cerca, que
se pudo rescatar a las niñas casi seis meses después.
Le llamó la atención que El Güero pasaba
muy seguido con diferentes niños del brazo y eso le dio mala
espina, comenta Margarita.
El señor le comentó a su yerno, un policía
recién incorporado, quien comenzó las averiguaciones por
su cuenta y pudo descubrir los movimientos de una mafia de tráfico
y trata de personas que opera en Tijuana, añade la denunciante.
La policía de Nogales comenzó las investigaciones formales
y capturó a cuatro adultos implicados en el tráfico, entre
ellos el dueño del burdel.
Las niñas eran obligadas a vender su cuerpo y las más
grandecitas (entre 16 y 18 años) a prostituirse con cinco o más
hombres en una noche. La experiencia resultó traumática.
Posterior a su liberación, los menores fueron atendidos por las
autoridades mexicanas las que de inmediato avisaron a las respectivas
cancillerías.
De esa forma pudieron ser repatriados para reunirse con sus familiares.
Actualmente reciben tratamiento sicológico y viven con su madre,
Margarita N., quien regresó a El Salvador hace cinco meses.
Tengo que agradecerle a muchas personas el haber recuperado a
mis niños expresa. Sólo espero que se terminen
de desarmar esas bandas para que los padres que sólo buscan un
mejor futuro no tengan que atravesar este infierno. Le hago un llamado
a la señora de Saca (Ligia) para que atrapen a estos monstruos
y ya no sigan golpeando a nuestra niñez.
LEA ADEMAS
*
La
triste historia de los niños migrantes
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