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Reportaje:
Diferentes rostros de la espiritualidad
El
salvadoreño no está exento de la exploración de
alternativas que le permitan entrar a nuevos mundos del conocimiento
o sanar el alma y el cuerpo. Se trata de movimientos filosóficos
o espirituales. Mientras que para unos son opciones religiosas, para
quienes las practican son otro estilo de vida.
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Los budistas,
como otros movimientos espirituales, rechazan calificativos de
secta, religión o anticristianos, pues dicen promover la
tolerancia y el respeto.s. Foto EDH / Archivo
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¿En qué creen los salvadoreños? Para nadie es desconocido
que en el país hay un universo religioso bastante amplio, que
va desde el tradicional cristianismo hasta movimientos o grupos que
promueven la filosofía o el misticismo oriental.
Conocer en detalle ese universo resulta complicado.
Por ejemplo, nadie sabe si la Cienciología y la Cábala
que promueven artistas como Tom Cruise y Madonna, ya llegaron hasta
nosotros.
Aquí hemos dado charlas sobre la Cábala, pero que
haya un grupo que lo practique no sabría decirlo, fue la
respuesta de Lissette Ventura, una maestra de yoga.
En los niveles oficiales, tampoco existen rastros en los registros de
organizaciones sin fines de lucro que manejan en el Ministerio de Gobernación.
Sin embargo, al revisar detenidamente esos registros, uno se encuentra
de pronto con nombres muy exóticos, en su mayoría de origen
oriental.
Desde las ya conocidas Asociación para la Conciencia de Krishna,
la Asociación Fraternidad Gnóstica Universal o Capítulo
de la Antigua y Mística Orden de la Rosacruz, la lista incluye
otras no tan conocidas como la Logia Co-Masónica Rakoczi, la
Suprema Orden de Acuarius, el Centro Teosófico Logia Blavatski,
la Federación Espírita de El Salvador y la Sociedad Teosófica
Logia Teotl de El Salvador, por citar algunos.
Esto hace deducir que la fe de muchos salvadoreños ya no se ciñe
únicamente al catolicismo o a las iglesias evangélicas,
que según Gobernación suman 964 desde 1934 a la fecha.
Para representantes de algunos de estos grupos, así como para
teólogos y antropólogos, la curiosidad o las necesidades
espirituales insatisfechas han llevado a muchos a adherirse a estas
corrientes de pensamiento, que en su conjunto persiguen la superación
interior del individuo, la sanidad física y la paz mundial a
través de la tolerancia.
Aunque cada uno tome su camino particular para lograrlo.
Estudiar, enseñar y hacer accesibles los distintos métodos
del budismo del Camino del Diamante, diseñados para comprender
la mente, que nos ayuden a construir nuestra propia paz interior y permitan
este mismo desarrollo en los demás, reza uno de los objetivos
de la Asociación de Budismo Karma Yonten Ling de El Salvador.
Pero eso no es todo, esta organización pretende proyectar
a la sociedad salvadoreña una alternativa para establecer una
escala de valores que den prioridad a la búsqueda de la realización
interior a través de conocer su mente, todo dentro de la tolerancia
y respeto mutuo, indica otro objetivo.
Así, en muchos rincones capitalinos o del interior del país,
hay hombres y mujeres que viven la vida bajo este tipo de lineamientos,
que resultan distintos a los que dicta el catolicismo o el cristianismo
evangélico, que agrupan a la mayoría de ciudadanos.
¿Un estilo de vida?
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Aunque la visita
del Dalai Lama atrajo a unos 800 personas, hay pocos budistas.Foto
EDH / Archivo
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Por eso, desde un pequeño y acogedor consultorio
en la Colonia Médica, un dermatólogo plantea la vida de
una manera diferente. Reconoce que después de bregar por distintos
mares ha encontrado su equilibrio en el budismo tibetano, específicamente
en el método Camino del Diamante.
Uno se da cuenta que merece vivir de manera integral, dice
el doctor Antonio Zúniga Velis, representante legal de Karma
Yonten Ling, al explicar que el budismo no es una religión sino
la búsqueda de un estilo de vida correcto.
En la voz suave y cordial de este galeno de 57 años, el budismo
suena atractivo si se consideran sus códigos de conducta que
implican no hacer daño a los demás ni a uno mismo. El
budismo es una forma de vivir basado en comprender cómo funciona
la mente, no controlarla, porque eso reprime, sino que hay conocimiento
de la mente y eso se logra a través de la meditación,
aclara.
Ellos no tienen templos con altas cúpulas, tampoco visten al
estilo del Dalai Lama, el líder tibetano; tampoco, dice, realizan
ritos de iniciación o de adoración a Buda, su máximo
exponente y fuente de inspiración desde hace 2,500 años.
Además no hay budismo en masa en el país. En los cálculos
del doctor Zúniga, existen aquí desde hace unos 15 años
y hay menos de un centenar de seguidores que se reúnen a través
de ocho grupos identificados por los métodos como Budismo Zen,
Budismo Tibetano y Reiyukal.
Yonteng Ling quizá sea uno de los últimos grupos que han
surgido, aunque no tiene una política de promoción.
¿Cómo entender el budismo? Resulta complicado. A juicio
del doctor Zúniga, lo es mucho más practicarlo porque
implica asumir la responsabilidad de nuestros propios actos, sus consecuencias,
debido a que estamos regidos por la ley del karma.
Cuerpo y alma
A varios kilómetros de la oficina que alberga a este budista,
otras personas buscan paz interior en otra práctica, el yoga.
Cuatro mujeres y un hombre de distintas edades han llegado temprano
al Instituto de Yoga de la Gran Fraternidad Universal Doctor Serge Reynaud
de la Ferriere, en busca de sanidad física y emocional.
Vamos a hacer las tres posturas que destruyen todas las enfermedades,
advierte Graciela Rodríguez, quien lleva unos 12 años
instruyendo en yoga y más de 30 de practicarlo. Ella asegura
que la base de la salud está en la adecuada respiración
y alimentación.
Al frente están las mujeres, que repiten con disciplina cada
uno de los ejercicios que a simple vista no indican que curen o prevengan
tantas enfermedades.
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Simular un rugido
de león le permite a los yoguistas expulsar toxinas y curar
o prevenir padecimientos en la garganta y la tráquea, aseveran.Foto
EDH / Archivo
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A juzgar por los testimonios de algunas alumnas, el
yoga cura las dolencias orgánicas y también el alma. Vine
aquí hace 25 años por un duro golpe emocional, mi esposo
quedó inválido, pero aquí me curé. Incluso,
no sufrí la menopausia; con la gimnasia ya no fui operada de
la vejiga y hasta me mantengo joven a mis 70 años, dice
Antonieta Menéndez.
Al igual que esta bonita septuagenaria, María Eugenia Martínez
testifica que también le ayudó a superar el divorcio y
que el yoga es un método que les ha permitido vivir mejor. Aquí
se supera la ansiedad y las depresiones, se logra un equilibrio,
apunta.
Tanto Graciela como Lissette Ventura coinciden en que este método
busca una salud integral y que tampoco es religión. Es
la ciencia del vivir, aquí se les enseña a comer, a dormir
y a respirar, dice una de ellas.
De allí que algunas alumnas como María Eugenia y Antonieta
aseguren que su catolicismo no riñe con el yoga, al contrario,
les fortalece virtudes como la prudencia, la templanza y la justicia.
Uno se hace más espiritual, añade Antonieta.
Por eso, a este instituto de yoga no dejan de llegar estudiantes, amas
de casa, jubilados y empleados a distintos horarios para aprender este
estilo de vida.
El movimiento respiratorio es el maestro de la mente, repite
Graciela, mientras prosigue su instrucción de gimnasia que comprende
distintas posturas de estiramiento y concentración, las cuales,
según ella, entre otras maravillas en el organismo elimina toxinas.
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Personas de distintas
capas sociales e intelectuales acuden a esta iglesia.Foto EDH
/ Archivo
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Sin embargo, esto resulta incomprensible para otros.
Tenemos una contra de católicos y evangélicos porque
dicen que esto es del diablo, asegura María Eugenia. Es
porque esto nos mantiene jóvenes, bromea Antonieta.
Pero no sólo estos seguidores de una práctica milenaria
están exentos de las críticas.
Otra dimensión
Representantes de varios miles de espiritistas también dicen
sentirse acusados de diabólicos porque se reúnen
a hablar con los espíritus y porque tienen una visión
diferente del mundo y del mismo Dios de los cristianos.
Ocho agrupaciones conforman la Federación Espírita de
El Salvador, cuyos orígenes se remontan a la Francia de finales
de 1800, con Allan Kardec. Su tesis de que nos rodean seres espirituales
que quieren comunicarse con nosotros y orientarnos sobre el correcto
vivir tiene seguidores en el país desde los años cuarenta.
Los principales representantes del movimiento espiritista salvadoreño,
René Urbina y José Ángel Velásquez, aseguran
que hablar de espiritismo no debería asustarnos ni creer que
esto es diabólico, sino tomarlo como algo natural, y que si bien
hay espíritus burladores de la gente, también los hay
emisarios de Dios que quieren ayudarnos y sanarnos.
A través de los médiums, que según ellos están
extinguiéndose en nuestro país, los espíritus nos
hablan y nos abren a todo un mundo de conocimiento.
Estudiamos la vida del espíritu encarnado. En lo espiritual
buscamos un cambio en nosotros, que no haya rencor, odio, venganza y
reconocer que el hombre ha venido (reencarnado) a mejorar... la reencarnación
representa una oportunidad de corregir, explica Velásquez.
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Un dios, varios
caminos
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En la opinión
de un antropólogo y dos teólogos, estos movimientos
responden a la necesidad espiritual inherente al ser humano.
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Para Gregorio Bello
Suazo, antropólogo y director del Museo David J. Guzmán,
en el país hay una cultura escondida del uso de estos recursos
para solucionar problemas del alma, de tipo económicos,
de amor o de salud.
Hay una tendencia como seres humanos a buscar esas explicaciones
y por eso se buscan alternativas... el humano es curioso por naturaleza,
sostiene Bello Suazo.
El teólogo evangélico Carlos H. Rivas tiene su propia
percepción frente a los nuevos movimientos espirituales.
Por naturaleza humana, el hombre es un ente religioso, bio-sico-social
y como tal busca llenar ese vacío espiritual, y en esa
búsqueda es fácil buscar un disparador de fe.
Para Rivas, las sectas o neomovimientos religiosos pueden ser
peligrosos cuando sus líderes manipulan a los fieles para
satisfacer sus propios intereses.
Reynaldo González, otro teólogo que profesa el catolicismo,
dice que el sectarismo es dañino en cuanto divide a la
sociedad y específicamente a la familia, pero defiende
organizaciones como Krishna porque tienden a ser más
tolerantes que las sectas cristianas que son más cerradas.
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Al igual que el budismo, los espiritistas creen en la
ley de la compensación, es decir que pagamos las consecuencias
de nuestros malos actos en esta vida o en la otra. Y es que para ellos,
cuando morimos nuestro espíritu pasa a otra dimensión.
Luego de un proceso de evolución en alguna esfera astral, reencarna
para seguir evolucionando.
Hay algo curioso para el budismo, el yoga y el espiritismo: Jesucristo
figura como un gran maestro del cual debemos tomar ejemplo para vivir
correctamente, mas no es un Dios. Esto resulta disonante para cristianos.
Por eso no es raro que estas organizaciones exhiban alguna pintura de
Jesucristo. Es más, uno de estos grupos espiritistas lleva por
nombre Sociedad Síquico-Filosófica Espiritual El Mesías.
Pero no sólo este tipo de seguidores de Jesucristo
difieren del mundo cristiano. Desde hace unos ocho años la iglesia
del Espíritu Santo, mejor conocida como Pare de sufrir,
tiene una manera muy particular de predicar el cristianismo.
Si bien los cultos no parecen muy distintos a los que realizan las iglesias
pentecostales (cantos alegres, oración por sanidad, promoción
de la salvación del hombre por medio de la conversión,
etc), es una especie de fetichismo que exhiben en televisión,
lo que marca la diferencia.
Un pastor de origen brasileño aparece de pronto en un espacio
televisivo que dura unos diez minutos. Preparen su vaso de agua
porque luego estaré orando por ustedes, invita. Luego presenta
personas que testifican acerca de sanidades y diversos milagros.
Al final, ofrece la rosa milagrosa, el aceite bendecido en la cruz o
la cruz de la victoria a las personas que acudan a cualesquiera de sus
templos.
El pastor ora a Dios por los necesitados, toma del vaso con agua y asegura:
Beba de esta agua con fe y será bendecido.
María Julia Marroquín de Ávalos, representante
legal de esta iglesia niega que hagan uso de amuletos, ella los define
como símbolos para que la gente haga un punto de fe y que todo
está sustentado en la Biblia.
No somos moneditas de oro y otras iglesias nos pueden criticar,
pero allá la fe de cualquiera. Aquí se pide a un Dios
vivo, se defiende De Ávalos.
Esta otra forma de vivir la fe cristiana atrae a muchos. De Ávalos
no puede asegurar cuántas personas acuden a las 13 iglesias que
tienen en todo el país, pero reconoce la respuesta que han tenido
a su oferta de oración por sanidad y prosperidad.
Milagros, sanidad del cuerpo y del alma, desarrollo personal, cambio
interior, paz y tolerancia, son sólo algunos conceptos en los
que se centran estas instituciones espirituales o filosóficas,
una pequeña muestra de un amplio universo.
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