03 de julio de 2005


De la Portada
Una cosecha dolorosa

Son víctimas ocultas en El Salvador. Sin embargo, registros institucionales dan fe de que mujeres y hombres que pasan los 60 año son blanco de distintos abusos en el seno de sus hogares. En muchas de las ocasiones, sus agresores son aquellos a quienes ellos cuidaron cuando niños.

Lilian Martínez / Foto EDH / Wilfredo díaz
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Mal global. El maltrato contra los mayores es un flagelo poco denunciado a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud quiere cambiar eso

En la radio suena una cumbia. Elsa Avilés mueve las caderas e invita al público a llevar el ritmo dando palmas. El porte de su metro setenta de estatura y la redondez que aún tienen sus carnes disimulan sus 65 años de edad. Pero sus risotadas para animar a los presentes disimulan más.

Elsa Avilés visita el Centro de Día de la Fundación Salvadoreña para la Tercera Edad (Fusate), en la colonia Costa Rica, para olvidarse de sus problemas.

Vive en un mesón sobre la 4ª Calle Oriente de San Salvador. Ahí, por algún tiempo, dice haber compartido una pieza con su nuera y sus hijos. Asegura que un día, al ver la indisciplina de los menores, los reprendió, convirtiéndose en objeto de los reclamos e insultos de todos.

La sexagenaria afirma que los maltratos no han cesado. Se le escapan las lágrimas cuando expresa que no entiende cómo la niña que ella crió como su hija, y que luego se acompañó con el mayor de sus hijos, le paga ahora con la moneda del maltrato.

Sin embargo, la nuera dice que los insultos y malos tratos los recibe ella de parte de Elsa. A pesar de las mutuas acusaciones, la nuera asegura estar agradecida con la mujer de canas porque la apoyó cuando más lo necesitaba. “¿Cómo voy a ponerme contra ella?”, dice.

Si la versión de Elsa es verdad, no sería la única mujer salvadoreña de la tercera edad que ha vivido un infierno en su casa.

Registros del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (Isdemu), apuntan a que 688 mujeres de 50 o más años de edad denunciaron ser víctimas de violencia intrafamiliar en su propia casa entre 2003 y lo que va de 2005.

Pero este problema no es exclusivo de El Salvador. La violencia contra este sector ha llamado la atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En noviembre de 2002, este organismo emitió la Declaración de Toronto para la Prevención Global del Maltrato de las Personas Mayores. En el documento instó a los gobiernos del mundo a “desarrollar estructuras que permitan la provisión de servicios (sanitarios, sociales, de protección legal y policiales, entre otros) para responder de forma adecuada y prevenir el problema”.

Estos malos tratos, según la OMS, pueden ser físicos, psicológicos, sexuales, financieros (patrimoniales) y por negligencia (intencional o por omisión).

Según los registros del Isdemu, en nuestro país la violencia contra este segmento de la población es una realidad que la cifras no reflejan en su totalidad.

LA LEY DEL MÁs fuerte

Teresa P. vivía en Ciudad Delgado junto a su hijo Alberto L. y a la esposa de este, María R. (todos son nombres ficticios). Un paro cardiaco truncó la vida de Alberto en octubre de 2004. Desde ese momento, según la denuncia, María R. enfiló baterías contra Teresa.

La nuera empezó a maltratarla física y psicológicamente para que la anciana abandonara la casa. Para intimidarla, Teresa la amenazó con pedirle a unos pandilleros que la echaran. En febrero de 2005, la nuera cambió de estrategia, intentó llevarse los muebles y aparatos eléctricos de la propiedad.

Teresa acudió a las autoridades. En el expediente de su caso, que se ventila en el Juzgado 2º de Familia, se lee: “La víctima está física y psicológicamente enferma”. Para cuando el juzgado decretó medidas de protección para la anciana, María ya había abandonado la casa por cuenta propia.

El caso de Teresa no es aislado. Según el Isdemu, yernos y nueras ocupan el tercer lugar entre los agresores de adultos mayores. Sin embargo, el primero lo ocupan los hijos, por encima del cónyuge, el compañero de vida, el ex compañero de vida, los nietos y los hermanos.

875 DENUNCIAS
Los casos de violencia intrafamiliar a mujeres mayores de 50 años que ha recibido el Isdemu desde enero de 2003 hasta junio de 2005
 
Mano amiga
De lunes a viernes, las 24 horas del día, las víctimas de maltrato pueden pedir ayuda al teléfono:
800-9999

¿Por qué la familia victimiza a la tercera edad? El doctor Wilfredo Martínez, jefe del Programa de Saneamiento de la Relación Familiar, del Isdemu, explica que estas personas tienen características que los vuelven vulnerables.

Primero, dejan de ser productivo económicamente, lo que lleva a catalogarlos como “inútiles”. Luego, sufren enfermedades que minan sus fuerzas y destrezas físicas. Y finalmente, en el caso de las mujeres, viven en un país donde culturalmente aún se ve al hombre como cabeza del hogar.

Además de los familiares, también son víctimas de extraños que tienen algún tipo de relación amistosa con un pariente. Es el caso de María Julia Zamora, de 79 años.

El hermano de la anciana, adulto como ella, llevó un amigo a la casa de María Julia y le dijo que era suya y que ahí podía hacer lo que quisiera. Acto seguido, el hermano se retiró y el visitante se quedó. Desde eso hace ya tres años. Ahora, María Julia tiene los nervios alterados. Dice que el usurpador le ha robado sus pertenencias y ha deteriorado el inmueble.

La señora Zamora es un manojo de nervios. Cree que el objetivo del desconocido es desesperarla para que se vaya de la casa. Ella no quiere perderla, pero teme que al denunciar al usurpador las consecuencias sean fatales para ella y para el hijo que la cuida y que es demasiado joven para echar al intruso.

Ella no es la única que ha decidido callar. Según la jueza 2ª de Familia, Marina Marenco de Torrente, la tercera edad se considera a sí mismo un estorbo y conservan sentimientos de afecto hacia sus familiares, aunque éstos los agredan física, emocional o financieramente. Por eso, los casos de violencia intrafamiliar contra los ancianos son los que menos llegan a los Tribunales de Familia.

Sin abusos. Estos dos hombres disfrutan su refrigerio en el Centro de Día de Fusate en Soyapango.

No sólo las mujeres

Aunque son minoría entre las personas adultas que denuncian ser víctimas de maltrato, los hombres también sufren este flagelo. Tanto el Juzgado 2º de Familia como empleados de Fusate conocen casos en los que hombres mayores han sido prácticamente echados de la casa por sus propios hijos. Algunos de ellos, según Violeta Portillo, coordinadora del Centro de Día de Fusate en Soyapango, han acabado viviendo en la calle.

No obstante, Portillo cree que en algunos de estos casos los progenitores no tienen derecho a reclamar, pues no cumplieron sus deberes como padres. Como consecuencia, ahora los hijos no abrigan ningún tipo de gratitud hacia ellos.
Aunque, entre tanta historia de víctimas y victimarios, hay sobrevivientes. Adán Solórzano es uno. Tiene 75 años y desde febrero trabaja como jardinero en el Polideportivo Carlos “El Famoso” Hernández, de Soyapango. Ahí, Adán ha hecho cercos y cultivado pequeñas palmeras.

“Me siento fortalecido”, dice al explicar que ahora, con lo que gana, puede comprarse leche, huevos y carne. Su nueva “vitalidad” se explica porque antes comía lo poco que podía comprar con la limosna que pedía en la calle.

Don Adán tiene dos hijos y una hija. El mayor vive en los Estados Unidos, pero se ha desentendido de él. La hija vende en un chalé y gana para ella misma. El menor trabaja y con eso se costea la universidad, no le alcanza para más. Don Adán vive con él y dice entender porqué su hijo le permitió salir a pedir a las calles. No guarda rencor, ni se siente víctima. Lo importante para él es que la vida como limosnero terminó.

Historias como las de Adán y Elsa indignan a la titular de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), Beatrice de Carrillo. La funcionaria cree que el Estado no asume su responsabilidad directa sobre este sector.
De Carrillo manifiesta que el Código de Familia descarga en los parientes una responsabilidad propia del Estado. Para contribuir a que esta población sea realmente atendida por las autoridades, la Procuraduría ha solicitado al Órgano Ejecutivo la creación de un Ministerio de Familia. La propuesta contempla la creación de un viceministerio para la tercera edad, otro para la mujer y otro para la niñez.

Mientras los políticos hacen sus análisis, el maltrato para la tercera edad será siempre un secreto escondido en buena parte del 25% de hogares salvadoreños que tienen a un anciano entre sus miembros.

A la espera de soluciones, Elsa Avilés se seca las lágrimas y devela lo que disimula frente a su público: “Yo río y canto por no llorar”.

 


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