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De
la Portada
Una
cosecha dolorosa
Son víctimas ocultas en El Salvador. Sin embargo, registros institucionales
dan fe de que mujeres y hombres que pasan los 60 año son blanco
de distintos abusos en el seno de sus hogares. En muchas de las ocasiones,
sus agresores son aquellos a quienes ellos cuidaron cuando niños.
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Mal
global. El maltrato contra los mayores es un flagelo poco
denunciado a nivel mundial. La Organización Mundial de
la Salud quiere cambiar eso
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En la radio suena una cumbia. Elsa Avilés
mueve las caderas e invita al público a llevar el ritmo dando
palmas. El porte de su metro setenta de estatura y la redondez que aún
tienen sus carnes disimulan sus 65 años de edad. Pero sus risotadas
para animar a los presentes disimulan más.
Elsa Avilés visita el Centro de Día de la Fundación
Salvadoreña para la Tercera Edad (Fusate), en la colonia Costa
Rica, para olvidarse de sus problemas.
Vive en un mesón sobre la 4ª Calle Oriente de San Salvador. Ahí,
por algún tiempo, dice haber compartido una pieza con su nuera
y sus hijos. Asegura que un día, al ver la indisciplina de los
menores, los reprendió, convirtiéndose en objeto de los
reclamos e insultos de todos.
La sexagenaria afirma que los maltratos no han cesado. Se le escapan
las lágrimas cuando expresa que no entiende cómo la niña
que ella crió como su hija, y que luego se acompañó
con el mayor de sus hijos, le paga ahora con la moneda del maltrato.
Sin embargo, la nuera dice que los insultos y malos tratos los recibe
ella de parte de Elsa. A pesar de las mutuas acusaciones, la nuera asegura
estar agradecida con la mujer de canas porque la apoyó cuando
más lo necesitaba. ¿Cómo voy a ponerme contra
ella?, dice.
Si la versión de Elsa es verdad, no sería la única
mujer salvadoreña de la tercera edad que ha vivido un infierno
en su casa.
Registros del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la
Mujer (Isdemu), apuntan a que 688 mujeres de 50 o más años
de edad denunciaron ser víctimas de violencia intrafamiliar en
su propia casa entre 2003 y lo que va de 2005.
Pero este problema no es exclusivo de El Salvador. La violencia contra
este sector ha llamado la atención de la Organización
Mundial de la Salud (OMS).
En noviembre de 2002, este organismo emitió la Declaración
de Toronto para la Prevención Global del Maltrato de las Personas
Mayores. En el documento instó a los gobiernos del mundo a desarrollar
estructuras que permitan la provisión de servicios (sanitarios,
sociales, de protección legal y policiales, entre otros) para
responder de forma adecuada y prevenir el problema.
Estos malos tratos, según la OMS, pueden ser físicos,
psicológicos, sexuales, financieros (patrimoniales) y por negligencia
(intencional o por omisión).
Según los registros del Isdemu, en nuestro país la violencia
contra este segmento de la población es una realidad que la cifras
no reflejan en su totalidad.
LA
LEY DEL MÁs fuerte
Teresa P. vivía en Ciudad Delgado junto a su hijo Alberto L.
y a la esposa de este, María R. (todos son nombres ficticios).
Un paro cardiaco truncó la vida de Alberto en octubre de 2004.
Desde ese momento, según la denuncia, María R. enfiló
baterías contra Teresa.
La nuera empezó a maltratarla física y psicológicamente
para que la anciana abandonara la casa. Para intimidarla, Teresa la
amenazó con pedirle a unos pandilleros que la echaran. En febrero
de 2005, la nuera cambió de estrategia, intentó llevarse
los muebles y aparatos eléctricos de la propiedad.
Teresa acudió a las autoridades. En el expediente de su caso,
que se ventila en el Juzgado 2º de Familia, se lee: La víctima
está física y psicológicamente enferma. Para
cuando el juzgado decretó medidas de protección para la
anciana, María ya había abandonado la casa por cuenta
propia.
El caso de Teresa no es aislado. Según el Isdemu, yernos y nueras
ocupan el tercer lugar entre los agresores de adultos mayores. Sin embargo,
el primero lo ocupan los hijos, por encima del cónyuge, el compañero
de vida, el ex compañero de vida, los nietos y los hermanos.
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DENUNCIAS
Los casos de violencia intrafamiliar a mujeres mayores de 50 años
que ha recibido el Isdemu desde enero de 2003 hasta junio de 2005
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Mano
amiga
De lunes a viernes, las 24 horas del día, las víctimas
de maltrato pueden pedir ayuda al teléfono:
800-9999
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¿Por qué la familia victimiza a la tercera
edad? El doctor Wilfredo Martínez, jefe del Programa de Saneamiento
de la Relación Familiar, del Isdemu, explica que estas personas
tienen características que los vuelven vulnerables.
Primero, dejan de ser productivo económicamente, lo que lleva
a catalogarlos como inútiles. Luego, sufren enfermedades
que minan sus fuerzas y destrezas físicas. Y finalmente, en el
caso de las mujeres, viven en un país donde culturalmente aún
se ve al hombre como cabeza del hogar.
Además de los familiares, también son víctimas
de extraños que tienen algún tipo de relación amistosa
con un pariente. Es el caso de María Julia Zamora, de 79 años.
El hermano de la anciana, adulto como ella, llevó un amigo a
la casa de María Julia y le dijo que era suya y que ahí
podía hacer lo que quisiera. Acto seguido, el hermano se retiró
y el visitante se quedó. Desde eso hace ya tres años.
Ahora, María Julia tiene los nervios alterados. Dice que el usurpador
le ha robado sus pertenencias y ha deteriorado el inmueble.
La señora Zamora es un manojo de nervios. Cree que el objetivo
del desconocido es desesperarla para que se vaya de la casa. Ella no
quiere perderla, pero teme que al denunciar al usurpador las consecuencias
sean fatales para ella y para el hijo que la cuida y que es demasiado
joven para echar al intruso.
Ella no es la única que ha decidido callar. Según la jueza
2ª de Familia, Marina Marenco de Torrente, la tercera edad se considera
a sí mismo un estorbo y conservan sentimientos de afecto hacia
sus familiares, aunque éstos los agredan física, emocional
o financieramente. Por eso, los casos de violencia intrafamiliar contra
los ancianos son los que menos llegan a los Tribunales de Familia.
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Sin
abusos. Estos dos hombres disfrutan su refrigerio en el Centro
de Día de Fusate en Soyapango.
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No sólo las mujeres
Aunque son minoría entre las personas adultas que denuncian ser
víctimas de maltrato, los hombres también sufren este
flagelo. Tanto el Juzgado 2º de Familia como empleados de Fusate conocen
casos en los que hombres mayores han sido prácticamente echados
de la casa por sus propios hijos. Algunos de ellos, según Violeta
Portillo, coordinadora del Centro de Día de Fusate en Soyapango,
han acabado viviendo en la calle.
No obstante, Portillo cree que en algunos de estos casos los progenitores
no tienen derecho a reclamar, pues no cumplieron sus deberes como padres.
Como consecuencia, ahora los hijos no abrigan ningún tipo de
gratitud hacia ellos.
Aunque, entre tanta historia de víctimas y victimarios, hay sobrevivientes.
Adán Solórzano es uno. Tiene 75 años y desde febrero
trabaja como jardinero en el Polideportivo Carlos El Famoso
Hernández, de Soyapango. Ahí, Adán ha hecho cercos
y cultivado pequeñas palmeras.
Me siento fortalecido, dice al explicar que ahora, con lo
que gana, puede comprarse leche, huevos y carne. Su nueva vitalidad
se explica porque antes comía lo poco que podía comprar
con la limosna que pedía en la calle.
Don Adán tiene dos hijos y una hija. El mayor vive en los Estados
Unidos, pero se ha desentendido de él. La hija vende en un chalé
y gana para ella misma. El menor trabaja y con eso se costea la universidad,
no le alcanza para más. Don Adán vive con él y
dice entender porqué su hijo le permitió salir a pedir
a las calles. No guarda rencor, ni se siente víctima. Lo importante
para él es que la vida como limosnero terminó.
Historias como las de Adán y Elsa indignan a la titular de la
Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH),
Beatrice de Carrillo. La funcionaria cree que el Estado no asume su
responsabilidad directa sobre este sector.
De Carrillo manifiesta que el Código de Familia descarga en los
parientes una responsabilidad propia del Estado. Para contribuir a que
esta población sea realmente atendida por las autoridades, la
Procuraduría ha solicitado al Órgano Ejecutivo la creación
de un Ministerio de Familia. La propuesta contempla la creación
de un viceministerio para la tercera edad, otro para la mujer y otro
para la niñez.
Mientras los políticos hacen sus análisis, el maltrato
para la tercera edad será siempre un secreto escondido en buena
parte del 25% de hogares salvadoreños que tienen a un anciano
entre sus miembros.
A la espera de soluciones, Elsa Avilés se seca las lágrimas
y devela lo que disimula frente a su público: Yo río
y canto por no llorar.
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