03 de julio de 2005


LA OPINIÓN
¿Desastres naturales?

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com


Bastaron unas horas de lluvias y la tragedia volvió a sentirse en el país. Entre el 26 y el 27 de junio 31 personas perdieron la vida a causa de inundaciones y deslizamientos de tierra debido a las tormentas. Las tragedias humanas sobraron. La nación entera se estremeció con los testimonios de los sobrevivientes y de los familiares.

Una de estas tragedias ocurrió en el municipio de Cuisnahuat, en Sonsonate, cuando un camión que transportaba a unas personas fue arrastrado por la corriente de un río.

En pocos segundos murieron más de 20 personas. También sucedió con la mujer que junto a su hija quedó soterrada por un deslizamiento de tierra en la colonia San Mateo, de Comasagua. En el resto de La Libertad y de Ahuachapán las historias son parecidas. Las caras de dolor eran las mismas.

Es paradójico cómo tan sólo dos días de lluvias lograron la magnitud de ese desastre. Imagino lo sucedido si el huracán Adrián hubiera entrado con la fuerza con la que se anunciaba. Afortunadamente no pasó nada aquella vez. Pero más allá es necesario reflexionar sobre las catástrofes naturales, o, mejor dicho, sobre los resultados de ser un país vulnerable a cualquier evento de esta índole.

Si bien la lluvia y otros fenómenos naturales no se pueden controlar y tampoco disponer sobre su curso, también es verdad que hay cosas que marcan la diferencia entre la vida y la muerte. Estoy segura de que los decesos que hubo en el camión se hubieran evitado de haber existido un puente. Tal vez si el agua no le hubiera entrado a la máquina y el motorista no hubiese detenido su marcha. Quizá la corriente ni siquiera hubiera alcanzado las llantas del camión.
Vivimos en un país totalmente vulnerable. Deforestado, pero sobre todo muy pobre. Disminuido en estructura, en condiciones de vida y en oportunidades. Con un importante porcentaje de personas que viven en la miseria a la orilla de las quebradas, en los barrancos o en las faldas de los cerros.

En El Salvador, mientras algunos miran la lluvia desde la ventana de su casa hay otros que se truenan los dedos esperando que no les suceda lo peor: morir ellos o sus familias.

No es de extrañar entonces que dos días de lluvia bastaran para dejar un saldo de 31 salvadoreños muertos. Por eso es que no creo que haya desastres naturales, son eventos, pero sobre todo creo que lo que hay es un país vulnerable.


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