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LA
OPINIÓN
¿Desastres
naturales?
Bastaron
unas horas de lluvias y la tragedia volvió a sentirse en el país.
Entre el 26 y el 27 de junio 31 personas perdieron la vida a causa de
inundaciones y deslizamientos de tierra debido a las tormentas. Las
tragedias humanas sobraron. La nación entera se estremeció
con los testimonios de los sobrevivientes y de los familiares.
Una de estas tragedias ocurrió en el municipio de Cuisnahuat,
en Sonsonate, cuando un camión que transportaba a unas personas
fue arrastrado por la corriente de un río.
En pocos segundos murieron más de 20 personas. También
sucedió con la mujer que junto a su hija quedó soterrada
por un deslizamiento de tierra en la colonia San Mateo, de Comasagua.
En el resto de La Libertad y de Ahuachapán las historias son
parecidas. Las caras de dolor eran las mismas.
Es paradójico cómo tan sólo dos días de
lluvias lograron la magnitud de ese desastre. Imagino lo sucedido si
el huracán Adrián hubiera entrado con la fuerza con la
que se anunciaba. Afortunadamente no pasó nada aquella vez. Pero
más allá es necesario reflexionar sobre las catástrofes
naturales, o, mejor dicho, sobre los resultados de ser un país
vulnerable a cualquier evento de esta índole.
Si bien la lluvia y otros fenómenos naturales no se pueden controlar
y tampoco disponer sobre su curso, también es verdad que hay
cosas que marcan la diferencia entre la vida y la muerte. Estoy segura
de que los decesos que hubo en el camión se hubieran evitado
de haber existido un puente. Tal vez si el agua no le hubiera entrado
a la máquina y el motorista no hubiese detenido su marcha. Quizá
la corriente ni siquiera hubiera alcanzado las llantas del camión.
Vivimos en un país totalmente vulnerable. Deforestado, pero sobre
todo muy pobre. Disminuido en estructura, en condiciones de vida y en
oportunidades. Con un importante porcentaje de personas que viven en
la miseria a la orilla de las quebradas, en los barrancos o en las faldas
de los cerros.
En El Salvador, mientras algunos miran la lluvia desde la ventana de
su casa hay otros que se truenan los dedos esperando que no les suceda
lo peor: morir ellos o sus familias.
No es de extrañar entonces que dos días de lluvia bastaran
para dejar un saldo de 31 salvadoreños muertos. Por eso es que
no creo que haya desastres naturales, son eventos, pero sobre todo creo
que lo que hay es un país vulnerable.
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