2 de octubre de 2005


Más que un genio, un humanista

En honor al talentoso que revolucionó la física, el 2005 es el “año Einstein”, por el siglo de la Teoría de la Relatividad. Luchó por la libertad de pensamiento y el progreso de la humanidad. La música era su refugio.

Florencia Couto
Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com


La fórmula de la física más conocida a nivel popular es la ecuación matemática de la equivalencia masa - energía, E=mc2

Las fotos indican que no es el estereotipo de las estrellas de Hollywood. Su aspecto desalineado, con su cabello canoso y despeinado, puede parecer incoherente con su genialidad.

Detrás de esta fachada está Albert Einstein, el científico más importante del siglo XX y del cual se desconoce su vida, los aspectos que no tienen que ver con el científico.

Esta imagen que proyectó Einstein es la de los últimos años de su vida, cuando se radicó en Estados Unidos por sus dificultades con el régimen nazi. Lejos había quedado el recuerdo de su infancia. Un período difícil, que logró sobrellevar gracias a las clases de violín que le impartió su madre.

Este amor por la música no lo abandonaría jamás. Su madre, Pauline, era una brillante pianista, y le inculcó la apreciación por las melodías a sus hijos.

En su temprana adolescencia, Einstein descubrió a Mozart y a sus sonatas, su belleza y estructura lógica le recordaban la matemática.

También le gustaban Schubert y Bach, pero el favorito de su madre era Beethoven. “La música fue una de las cosas más importantes de mi vida”, le dijo años más tarde Einstein a su hijo Hans.

Niño especial

Su dificultad en el habla no le impidió ser la personalidad del siglo XX, según publicó la revista Time. Su padres se preocuparon porque había empezado a hablar con cierto retraso, a los 3 años.

Más tarde supo que era disléxico, una incapacidad parcial en el aprendizaje de la lectura y la escritura, que a veces cruza las consonantes mientras escribe. Pero esto fue superado con prontitud, ya que Albert era siempre el primero de la clase o estaba cerca de serlo.

“Ponga su mano en un horno caliente un minuto, le parecerá una hora. Siéntese con una muchacha bonita una hora y será como un minuto. ¡Eso es relatividad!”

Sus tíos formaron parte esencial en su formación. Aún pequeño, Jacob le introdujo al álgebra; y en su adolescencia, otro de sus tíos le incentivó sus intereses científicos.

De la lectura de estos libros de divulgación científica nacería un constante cuestionamiento de las afirmaciones de la religión (con el consiguiente rechazo al Estado y la autoridad), según relata en su autobiografía.

Su obra trasciende los límites de la ciencia y constituye el estereotipo del luchador, el de la libertad de pensamiento y el progreso general de la humanidad.

Mostró un gran compromiso con el mundo cultural de su época; una estrecha relación con la música y la lectura; y gracias a su cercanía con otros intelectuales sus ideas políticas aún siguen dando de que hablar.

Otros pesos pesados

Romain Rolland, Premio Nobel de Literatura en 1915 (autor de “Juan Cristóbal”), fue cercano a Einstein. Este pacifista militante se dedicó a luchar contra el fascismo y Einstein fue seducido por estas ideas.

Entre 1931 y 1932, Albert Einstein y Sigmund Freud intercambiaron epistolar por iniciativa de la Comisión Permanente para la Literatura y las Artes, de la Liga de las Naciones.

De estas cartas entre los dos intelectuales surgen propuestas a la pregunta de Einstein: “¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra?”.

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En mayo de 1949, Monthly Review publicó un artículo que se título “¿Por qué el socialismo?”. Allí medita sobre la historia, las conquistas y las consecuencias de la “anarquía económica de la sociedad capitalista”, que sigue vigente en nuestra época.

“Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales”, escribió, entre otras cosas, el físico.

Sobre el tablero y religión

Como otros genios, Einstein vió en el ajedrez una representación simbólica de la vida y lo calificó como “un juego que posee contenido de verdad”. También fue uno de sus escapes, es por ello que define a este juego como un “maestro que fortalece el espíritu y alivia los sufrimientos de la vida”.

En su autobiografía (escrita por Gerhard Roth), que él insistía en llamar su obituario, sostiene que las relaciones entre los conceptos y las proposiciones son de naturaleza lógica. También resalta que “jamás creeré que Dios juega a los dados con el mundo”.

En algún momento resumió sus creencias religiosas de la manera siguiente: “El admitir que existe ‘algo’ en lo cual no podemos penetrar; el pensar que las razones más profundas, que la belleza más radiante que nuestra mente pueda alcanzar, son sólo sus formas más elementales de expresión; ese reconocimiento, esa emoción, constituye la actitud verdaderamente religiosa. En ese sentido yo soy profundamente religioso”.

En una carta fechada en marzo de 1954, Einstein dice que por supuesto era una mentira lo que se ha leído acerca de mis convicciones religiosas; “una mentira que es repetida sistemáticamente. No creo en un Dios personal y no lo he negado nunca sino que lo he expresado claramente.

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Si hay algo en mí que pueda ser llamado religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia puede revelarla.

No creo en la inmortalidad del individuo, y considero que la ética es de interés exclusivamente humano, sin ninguna autoridad sobrehumana sobre él”.

Esta cita fue incluida en el libro Albert Einstein: su lado humano. Pese a esto, también se le reconoce haber dicho: “La vida de un hombre sin religión no tiene sentido; y no sólo lo convierte en un desdichado, sino en un ser incapaz de vivir”.

Su actividad política

Einstein fue cofundador del Partido Liberal Democrático Alemán. Dejó su país y se nacionalizó estadounidense. Apoyó una iniciativa de Robert Oppenheime, el padre de la bomba atómica, para iniciar el programa de desarrollo de armas nucleares conocido como Proyecto Manhattan.

En 1952, cuando Chain Weizmann (el primer presidente de Israel) murió, se le ofreció la Presidencia de Israel, que rechazó con una emotiva nota. “Estoy profundamente conmovido por el ofrecimiento del Estado de Israel y a la vez tan entristecido que me es imposible aceptarlo”, dijo.

Se involucró en actividades para beneficio de la humanidad. Apoyó con todas sus fuerzas el pacifismo y el Sionismo. También abogó por la causa del desarme internacional y se dedicó al establecimiento de un Gobierno Mundial que permitiría a las naciones trabajar juntas y abolir la necesidad de la guerra.

Su genialidad no fue aislada; su infancia, su educación y el extraordinario toque de su personalidad construyeron al que ahora es el estereotipo de los científicos. Sin embargo, muy modesto aseguró “no tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso”.

Sus antecesores

Para que Einstein dedujera que el espacio y el tiempo no tienen el carácter constante, sino valores variables, fue necesario el trabajo de otros científicos reconocidos.

 

 

 

Galileo Galilei

Matemático italiano. Puede contarse entre los más grandes científicos de todos los tiempos, y como la figura más romántica de la ciencia. Nacido en Pisa el 15 de febrero de 1564 y fallecido el 8 de enero de 1642.

 

Isaac Newton

Matemático, físico y astrónomo británico nacido el 25 de diciembre de 1642 y fallecido el 20 de marzo de 1727 en Londres. Formuló de la ley de la gravedad, la invención del cálculo diferencial y el telescopio de reflexión.

     
Henri Poincaré

Matemático francés. Nació en 1854 y falleció en 1912. En el campo de la mecánica elaboró diversos trabajos sobre las teorías de la luz y las ondas electromagnéticas, y desarrolló, con Einstein y Lorentz, la relatividad restringida.

 

Michelson

El experimento de Michelson-Morley fue uno de los más importantes. Se realizó en 1887. El resultado negativo del experimento constituiría la base experimental de la teoría de la relatividad especial de Einstein.

     

Su mejor año

Breve reseña sobre cada uno de los 4 artículos publicados por el físico Alemán durante 1905.

Movimiento browniano
Explicaba el fenómeno haciendo uso de las estadísticas del movimiento térmico de los átomos individuales que forman un fluido.
El artículo de Einstein sobre el movimiento atómico entregaba a los experimentalistas un método sencillo para contar átomos mirando a través de un microscopio ordinario.

Efecto fotoeléctrico
Se proponía la idea de “quanto” de luz (ahora llamados fotones) y mostraba cómo se podía utilizar este concepto para explicar el efecto fotoeléctrico.
La teoría de los cuantos de luz fue un fuerte indicio de la dualidad onda-corpúsculo y de que los sistemas físicos pueden mostrar propiedades ondulatorias y corpusculares simultáneamente.
Por este trabajo Einstein recibió el Premio Nobel de Física de 1921.

Relatividad especial
Se introducía la teoría de la relatividad especial estudiando el movimiento de los cuerpos y el electromagnetismo en ausencia de la fuerza de gravedad.
Esta famosa publicación está cuestionada como trabajo original de Einstein, debido a que en ella omitió citar toda referencia a las ideas o conceptos desarrolladas por estos autores así como los trabajos de Poincaré.

Equivalencia
Masa-energía
El cuarto artículo de aquel año se titulaba: “¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido de energía?” y mostraba una deducción de la ecuación de la relatividad que relaciona masa y energía.
En este artículo se decía que “la variación de masa de un objeto que emite una energía L es L/V2”, donde V era la notación para la velocidad de la luz usada por Einstein en 1905.
Esta ecuación implica que la energía de un cuerpo en reposo (E) es igual a su masa (m) multiplicada por la velocidad de la luz (c) al cuadrado: E = mc2

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