1 de mayo 2005


Relato
Diagnóstico errado
(falso positivo)

Eva y Jorge vivieron un largo calvario que comenzó cuando les informaron que ella era VIH positivo. En ese momento sintieron estar muertos en vida, una sensación que terminó cinco horas después, cuando ambos recibieron los resultados de una segunda prueba que descartaba la presencia del virus

Alicia Miranda Duke
vertice@elsalvador.com


“La prueba salió reactiva. Usted es VIH positivo”.

¿Qué sentiría si un día le dieran esta noticia? ¿Qué pensaría en ese momento? ¿Qué haría?...

“Me voy a morir” fue lo único que se le ocurrió a Eva cuando escuchó al médico comunicarle el resultado de una prueba de sangre. Sintió que el mundo se derrumbaba.

Meses más tarde, al momento de contar su historia, Eva está sentada en la sala de su casa y abraza un cojín mientras recuerda ese día, cuando sintió estar muerta en vida.

Su esposo está al lado, abrazándola. Aunque, Jorge es más que su apoyo moral; es también víctima de la experiencia más terrible que hayan pasado. También él sintió cómo la vida se le escapaba y lo orillaba a pensar en el suicidio.

Eva y su esposo pasaron de la vida a la muerte y de la muerte a la vida.

Su calvario duró cinco horas. Inició en el momento en el que recibieron la amarga noticia en la clínica del Seguro Social de Zacamil y terminó en el instante en que recibieron la respuesta de una segunda prueba, que ese mismo día se practicaron.

“No lo podía creer. Yo me pellizcaba el brazo y pensaba que todo debía de ser un sueño. ¿Qué había hecho para merecer algo así?”, asegura Eva poco después de haber comenzado el relato de las cinco horas más largas y angustiosas de su vida.

“Tenía casi dos meses de embarazo, me había hecho la ultra y el médico me dijo que no había salido bien. Al bebé no se le registraba frecuencia cardiaca y por eso tenía el 50 por ciento de posibilidades de sobrevivir. Me angustié mucho pero después vino lo peor. Me dijo que el examen de sangre tenía un problema, que había salido VIH reactivo (positivo).

“No lo podía creer, en ese momento sólo pensé en mi muerte e imaginé que tal vez me quedaban 4 ó 5 años de vida nada más. Yo me pellizcaba el brazo para despertar del sueño. ¿Qué había hecho para merecer esto? Quería salir corriendo, la cabeza me daba vueltas y hasta pensé en suicidarme.

“No recuerdo cómo fue que abrí la puerta y le dije a mi esposo que entrara porque tenía que decirle algo”, recuerda Eva.

PRUEBA QUE CONFIRMA VIH POSITIVO
La primera vez que se realizaron el estudio en la clínica del seguro social de ZACAMIL resultó “reactivo”. Es decir, VIH positivo. Ese mismo día se practicaron una segunda prueba en un hospital privado cuyo resultado fue “negativo”.

Ese aciago día, Jorge estaba sentado en la sala de espera y cuando vio a su mujer supo que algo pasaba. “Algo muy malo”, dice.

Recuerda perfectamente cuando el médico le comenzó a decir las palabras que le adormecieron el cuerpo de inmediato. Ni los brazos ni los pies le respondieron a partir de ese momento.

Jorge estaba paralizado por la noticia. “Yo no podía creer lo que escuchaba y miraba que Eva lloraba sin parar. Estaba a punto de entrar a un shock nervioso. El médico nos mencionó algo de un falso positivo pero no entendía bien a qué se refería.

“Pero me aferré a la idea de una equivocación. No había otra explicación porque mi esposa y yo tenemos una relación fuerte. Ella no había tenido relaciones antes del matrimonio y yo me había hecho un examen de VIH poco antes de casarnos. De eso apenas habían pasado pocos meses”, relata.

Inicia calvario

La pareja salió del consultorio y, por recomendación del médico, pasaron consulta con la trabajadora social de la clínica.

EXAMEN QUE NIEGA VIH POSITIVO
Tercer análisis que se realizaron en un hospital privado. Una vez más, El resultado fue negativo.
El seguro social le realizó una segunda prueba a Eva, la cuarta para ella. Diez días después de la primera: el resultado era negativo.

Eran las 8:45 de la mañana cuando por fin llegaron frente ella. No recuerdan cómo caminaron hasta allí con el cuerpo completamente paralizado por el miedo.

La palabra “positivo” los había llevado a una especie de sonambulismo.

“Pasábamos entre la gente pero sin verlos, en ese momento sólo nosotros sabíamos qué estaba pasándonos”, recuerda Jorge mientras aprieta la mano de Eva.

“La trabajadora social nos recitó un manual de las formas que existen de transmisión del VIH. Se comportó de la misma forma que el médico.

No me sentí apoyado, ni orientado, ni ayudado y menos apoyo sentí para mi esposa, que ya estaba en un shock nervioso. Lo único que nos dijeron era que nos repitiéramos la prueba”, añade el esposo.
Sentían impotencia, soledad y mucho miedo al rechazo.

“Al principio, yo también pensé en suicidarme”, recuerda Jorge. Sin embargo, la idea de que fuera un error les hizo aferrarse a la vida.

“Entonces me dio un poco de cólera pensar que se hubieran equivocado”, comenta Jorge.

Eso mismo sintieron, cuatro años, Karla y Jaime, una pareja de recién casados que resultaron con el diagnóstico de VIH positivo en la misma clínica del Seguro Social, en Zacamil.

Otro caso

Karla tenía dos meses de embarazo cuando le notificaron que una prueba de sangre le había salido VIH positiva. Ese mismo día la pareja se realizó una segunda prueba que resultó ser negativa.

Se realizaron varias pruebas más y los resultados fueron siempre los mismos: no tenían el virus. El episodio les hizo desconfiar en el Seguro Social hasta el día de hoy.

Han pasado cuatro años y la pareja no quiere recordar detalles del episodio.

“Todavía no puedo superar lo que me pasó. Me duele mucho”, se justifica Karla a través de su esposo. N obstante, no le resta mérito a los que como Eva y Jorge pasaron por lo mismo y quieran hablar del tema.

Para Eva es necesario denunciar lo que les sucedió “sobre todo cuando lo que está en juego es la vida de una persona.

Es muy angustiante que te den una noticia así y como si se tratara de una gripe y que al final no sea cierta.... Todavía no sé cómo después de la noticia no nos matamos de regreso a la casa”.

Eva recuerda que su esposo apenas podía mirar los semáforos. Jorge todavía no sabe como manejó hasta su vivienda.

“No supe cómo agarré el carro y manejé porque no veía nada. De repente miraba que los semáforos se ponían rojos pero yo parecía un zombi. Hablamos sólo para acordar que no le íbamos a decir nada a mi suegra... No podía decir nada más que eso. Me estaba muriendo, me ahogaba, pero no quería asustar a mi suegra hasta estar seguros”.

Mientras la pareja habla, Olga los mira con ternura desde el sillón que está en la entrada de la casa. Desde que comenzó la entrevista, la suegra asiente con la cabeza todo lo que dicen ellos. Pero de repente interrumpe a su yerno para aclarar que, pese al silencio que pactaron, el instinto materno le indicó que algo más pasaba.

“Me extrañó que se habían tardado mucho. Ella (Eva) me dijo que le habían dado 10 días de incapacidad por un problema con el embarazo, pero yo sabía que algo me ocultaban. Me estaban mintiendo.

Les pregunté qué pasaba con mucha insistencia. Mi hija se hincó frente a mí y comenzó a llorar. Me dijo: ‘Por Dios, mamá, yo no he hecho nada malo’.

“Yo nunca dudé de ellos. Los dos se conocieron en la iglesia y son muy sanos. Por eso pensé que había un error. Enseguida les dije que si teníamos que vender mi casita para hacerse los mejores exámenes lo haríamos. Nos armamos de valor para salir por una segunda prueba”, recuerda Olga.

Jorge volvió a manejar como zombi, pero esta vez hacia el laboratorio del Centro Ginecológico —en la colonia Médica—. “¿Dónde está el error? ¿Qué pasará con nosotros ahora? Seguro que me contagié curando a los alumnos que se cortan. ¿Pero quién, cómo?”, pensaba mientras conducía.

La angustia que vivían se aminoró en la parroquia Don Rúa, a donde fueron poco después de haberles tomado la muestra de sangre. Los tres se hincaron y pidieron porque todo fuera un error.

Eva y Olga regresaron a su casa mientras Jorge iba por los exámenes.

Era la una de la tarde cuando abrió el sobre que decía “no reactivo”. Jorge sintió como que una cascada tibia le recorriera el cuerpo. Volvía a la vida. Temblando llamó a su casa para dar la buena noticia.

“Ella se había ido a descansar, pero no quería que se quedara con la angustia. Busqué un teléfono público y le dije que no se preocupara porque ambas pruebas habían salido negativas... Pensé que la pesadilla había pasado”.

Jorge y Eva se repitieron la prueba dos veces más. Todas las respuestas fueron tajantes. La pareja no tenía el virus.
Todavía se preguntan qué fue lo que pasó y aunque no buscan culpables aseguran que nadie merece algo así.

“El trauma fue grande”, sostiene Jorge. De hecho, poco después de la experiencia entró en una fuerte depresión. “Como dicen nuestros amigos, en ese momento nos sentenciaron a muerte. Yo también creo en eso y puedo decir que la noticia me dolió más que cuando me dijeron que mi padre había muerto”.

Falso positivo

Después de haber pasado por la misma experiencia, en la misma clínica, tanto Eva y Jorge como Karla y Jaime miran con recelo todo lo que venga del Seguro Social.

Poco después del segundo “negativo”, Eva tuvo que realizarse un legrado de emergencia. La familia decidió pagar la intervención en un hospital privado. “Como pudimos, reunimos el dinero y lo pagamos”, dice Olga.

Jaime es más drástico. “Que me disculpen, pero yo he visto cómo pierden muestras de sangre o las dejan tiradas. Ya no confiamos. Siempre que le toca la vacuna a la bebé le compramos las jeringas o lo que se necesite. A veces no tenemos dinero, pero prefiero prestar a arriesgarme”.

La desconfianza en ambas parejas no está bien sustentada para Sonia Vargas, jefa del Banco de Sangre del Hospital Médico Quirúrgico (MQ), quien descarta cualquier descuido del Seguro Social.

“Todas las muestras a nivel nacional (entre 15 a 16 mil mensuales) son enviadas al MQ porque la experiencia que tenemos nos permite trabajar esa cantidad y que el margen de error sea casi nulo”.

Tanto Vargas como José Joaquín, infectólogo del MQ, dicen que lo que sucedió con Eva fue un falso positivo”. Un resultado que sale positivo pero que no lo es. “La prueba del VIH no detecta el virus si la persona tiene defensas contra el virus; es decir, detecta que los niveles de anticuerpos son muy altos.

Eso es un indicador de que existe el virus. Sin embargo, hay casos en el que su sistema inmunológico comienza a tener alteraciones fuertes. La posibilidad de salir reactivo es mayor”, explica José Joaquín.

Aunque los casos de falsos positivos no son tan frecuentes —uno por cada mil— tanto las mujeres embarazadas como los pacientes con un sistema inmunológico débil pueden ser más propensos a ser falsos positivos.

¿Sentencia de muerte?

Eva y Jorge nunca escucharon el término de “falso positivo”. El día en que se practicaron una segunda prueba en el Seguro Social (dos semanas después de la primera) el médico se los explicó.

La pareja agradece la aclaración, aunque sostienen que una mejor orientación profesional (en el momento de dar los resultados) les hubiera ayudado a sobrellevar una noticia como esa. Para ellos, el daño está hecho.

“Nadie que haya pasado por algo así puede saber lo que se siente. Esas cinco horas me hicieron pensar por todo lo que pasan las personas que sí son VIH positivos... Yo pensé en mi trabajo, que iba a comenzar a bajar de peso y la gente me iba a rechazar”, dice Eva llorando.

Es la primera vez que se quiebra por completo desde que inició la entrevista. Jorge la sostiene con sus dos manos mientras intenta ocultar las lágrimas que no han parado de caer desde hace rato.

Ley de prevención y control de la infección provocada por el virus de inmunodeficiencia humana.
Art. 15.- La ejecución de toda prueba con el fin de diagnosticar la infección del VIH, así como sus resultados, deberán analizarse respetando confidencialidad y acompañarse de asesoría y orientación antes y después de la prueba, salvo las excepciones previstas en la presente ley.

“lO único que se me venía a la cabeza era que nos íbamos a morir. Mis amigos nos dijeron que nos habían sentenciado a muerte”, Jorge.

“Es evidente que hayan pensado que era una sentencia de muerte. es imprescindible dar orientación”, MIGUEL CELMA Villalobos, SICólogo


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