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INTERNACIONAL
En
Vietnam hubo vencedores y vencidos
Cientos
de miles de vietnamitas del bando perdedor que no pudieron escapar del
país tuvieron que asistir a centros de reeducación donde
recibieron adoctrinamiento político.
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Los vencedores celebraron ayer a lo grande el
trigésimo aniversario de la toma de Saigón, pero ¿qué
pasa con los vietnamitas derrotados?
Nguyen Van Tuan ha cumplido los 53 años y sobrevive con un motorcycle
(moto con sidecar), con el que saca como taxista unos 14 dólares
en un buen día y dos dólares en uno malo.
Nguyen Van Tuan participó en aquella cruenta contienda como soldado
raso entre las tropas respaldadas por Estados Unidos, que se involucró
en esa guerra civil en el año 1964, y combatió y mató
a sus compatriotas del Vietcong.
La derrota militar pudo significar su muerte segura, pero su bajo rango
le salvó la vida y los vencedores se conformaron con enviarle
a un centro de reeducación.
Tuve que asistir a clase todas las mañanas, prestar atención
a lecciones políticas y después jurar lealtad a Vietnam.
Nos trataban como animales, pero ninguno nos atrevíamos a protestar,
recordó Nguyen Van Tuan.
Cientos de miles de vietnamitas del bando perdedor que no pudieron escapar
del país a tiempo tras la caída de Saigón pasaron
por centros de reeducación, donde el adoctrinamiento político
y el trabajo duro suponían la lección diaria.
Semanas, meses y hasta 12 años se pasaron algunos de los vencidos
en estos campamentos.
Una vez reeducados, el Gobierno nos envió a remotas zonas
montañosas para cultivar la tierra. Yo pude regresar en 1978
a Saigón (entonces ya rebautizada Ho Chi Minh, en honor del dirigente
vietnamita), indicó Nguyen Van Tuan.
Añadió que primero trabajó en una plantación
de piñas, pero la vida era muy dura, por lo que se decidió
a tentar su suerte dentro del casco urbano y se convirtió en
cyclo, como se conoce en Vietnam a los conductores de bicicletas
con sidecar que ejercen de taxistas.
Nguyen Van Tuan no ha podido en todos estos años obtener papeles
oficiales, lo que significa que no tiene derecho a la asistencia social
del Estado y que debe vivir en la ilegalidad como otros cientos de miles
de personas en la antigua Saigón.
El que no tenga papeles de residencia obliga a mis hijos a ir
a colegios de otras zonas que son más caros. Cuando enferman,
debemos pagar más por el hospital, comentó.
La sociedad nos trata ahora de manera igual (a vencedores y perdedores),
pero yo ya soy viejo y no tengo realmente oportunidad alguna de mejorar
mi vida, añadió.
En contraste, el estadounidense Don Williams, quien sirvió como
sargento en Vietnam del Sur entre 1966 y 1968, sólo tiene buenas
palabras en su regreso a Saigón con otro compañero como
turistas.
Nos reunimos con un veterano en una aldea a la que viajamos en
motorcycle y tenía de nuestra misma edad, 59 años.
Nos enseñó sus cicatrices y recuerdos.
Su comentario fundamental es que fueron vuestro gobierno y el
nuestro, y no tú y yo, dijo Williams, quien no sale
de su asombro de lo bien que le han recibido.
Su compañero de moto, Darryl Suttlefield, funcionó de
médico en un helicóptero durante la contienda en 1967
y cree ahora que la lección de aquella contienda no debería
desvanecerse.
Yo espero que seamos capaces de aprender de nuestras experiencias,
pero algunas veces no estoy seguro de que lo hagamos, añadió
Suttelfield.
En el lado de los vencedores, el Día de la Liberación
sólo puede suponer grandes celebraciones, marchas, discursos
patrióticos, bodas y un sinfín de actos públicos
para conmemorar tres décadas de paz y unidad.
El veterano vietnamita Hoang Ngoc Doai, uno de los que entró
victoriosos en la entonces Saigón, ciudad a la que vuelve para
este aniversario, comentó que ahora el pueblo vive en paz
y en felicidad, pero no viven para los demás, sino para el dinero.
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