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LA
COLUMNA
Florecillas
de mayo
Aunque
la lluvia no se decida a ser chaparrón, a este mes no le falta
vegetación. Desde que inicia, el paisaje se llena de especímenes
exóticos, masculinos y femeninos.
Los primeros en aparecer son los lirios trabajadores, vegetación
que celebra precisamente su día, dando la espalda a sus labores.
O al menos intentándolo, porque al día siguiente, cuando
la jornada esté en la cresta, y el jefe haga mala cara, probablemente
estarán preguntándose si realmente el trabajo es una bendición.
Bastará que le pregunten al vecino que lleva 11 meses desempleado
para que sepan la respuesta.
Tras estos lirios, celebrarán su día los claveles verdes.
Ese día, con marcial paso, estos especímenes acostumbran
dar una pequeña muestra de lo que son capaces de hacer defendiéndose
y defendiéndonos.
Casi desapercibidas y sin hacer demasiado alboroto, las monjas
blancas, festejarán que aún no se arrepienten de
la tarea que eligieron, aunque a veces implique atender a los enfermos
cuando son menos pacientes y rara vez escuchar un gracias.
Finalmente, los últimos en florecer son los vástagos de
rosa, una especie sumamente extraña que espera, precisamente
este mes, para premiar a la tierra que los parió con detalles
por demás extraños.
Sin duda, la máxima expresión de cariño que podemos
esperar de esta especie es un rastrillo o una pala ultramodernos. También
hay quienes obsequian herramientas de trabajo más pequeñas.
Lo que importa es la novedad, y la pretensión de que con ese
utensilio la tierra que se desangró al parirlos dedique menos
tiempo a sus labores y perciba el afecto y gratitud que durante todo
un año no ha logrado percibir.
La tierra no hace mala cara. Espera lo mejor de sus hijos. Y si eso
es lo mejor que pueden dar... No, no es capaz de protestar. Si se atreviera
tendría razones de sobra. Los vástagos de rosa, como su
nombre lo indica, tienen espinas.
Y cuando las cosas no se hacen como a ellos se les antoja, esas espinas
están listas para actuar. Entonces sus palabras de afecto se
transforman en indiferencia. Su generosidad en reclamo. Su gratitud
en desprecio.
Por fortuna, esta especie, la más prolífica durante los
próximos 30 días, es de corta vida. Al multiplicarse las
lluvias, sus raíces se marchitan y la tierra descansa en paz.
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