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PERFIL
Lisandro
Alfredo Suárez
La voz que hacía llorar
En1940,
un poeta migueleño llevó su arte a los más reconocidos
escenarios de América Latina. Este carismático escritor
y periodista tuvo un historial de éxito sorprendente, una hazaña
que ha permanecido en el olvido durante más de medio siglo
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Después de la tercera llamada, los escenarios quedaban en penumbra,
una débil luz se proyectaba en el centro y -en medio del silencio-
aparecía el poeta con su sombrero negro... y con una pausa larga,
signo característico de sus actuaciones .
Con un ademán teatral extendía los dedos como queriendo
alcanzar o acariciar algo.
En ese instante y con clarísimo acento comenzaba su interpretación:
un canto escrito a la sensualidad de la condesa de Saint-Exupery, Consuelo
Suncín, su compatriota salvadoreña.
Mientras, la audiencia, en total silencio, imaginaba la escena y el
éxtasis invadía el escenario.
Y él empezaba: Permitidme, condesa, que os anude la liga.
El público seguía callado mientras Lisandro aumentaba
la pasión: Con sus dedos de nácar levantóse
la falda/el lazo era rosado con broches de esmeralda/y ante la linda
pierna de modelado fino/atreviose lo humilde de mi rendido empeño/me
olvidé de la liga/y en el muslo sedeño/ se posaron mis
labios con un beso felino.
El artista concluía. La audiencia empezaba con los frenéticos
aplausos, los mismos que llegaban cuando se presentaba en el Teatro
Clamer de Tegucigalpa, el Teatro Principal de El Salvador, el Teatro
León de Nicaragua, el Casino Salvadoreño o los Teatros
Nacionales de Suramérica.
Porque Lisandro logró, a través de una estrecha relación
entre el verso creado y el verso dicho, llevar la declamación
a niveles espectaculares tal como lo demuestran los periódicos
de la época.
A sus 25 años gozaba del prestigio y éxito en todas las
esferas sociales, declamando como invitado de honor de presidentes y
diplomáticos.
Desde la adolescencia, este poeta cosechó el aplauso porque era
sencillo, aunque su oratoria era soberbia.
Con el trabajo venían los reconocimientos, como el Premio Juegos
Florales Agostinos de 1945, con el poema Jubilosa canción a una
tierra triste.
Con su poesía, reflejo de su personalidad fina, elegante,
buscó transmitir su esencia creativa a una sociedad que ya maduraba
en sus luchas sociales, reza un comentario que recibió
del jurado en ocasión del premio.
En 1940 y años posteriores, figuras como Miguel Ángel
Espino solían comentar su obra en los periódicos: La
expresión admirable que da al verso, sólo en pocos e ilustres
recitadores la he encontrado tan alta y pura como en Lisandro Alfredo
Suárez, dijo en cierta ocasión.
Y es que no sólo la capacidad y calidad del poeta creaban un
ambiente elevado, los programas que elaboraba comprendían notables
obras de Salarrué, Rubén Darío, Manuel Machado
o Clemetina Suárez.
Procuro que estén todas las escuelas poéticas representadas
por sus abanderados más ilustres, comentaba, según
refiere una de sus parientes lejanas, Mercedes Suárez.
Lisandro fue uno de los salvadoreños que más éxito
ha logrado frente a tan diversos auditorios en los países donde
se presentó.
Fue miembro de la Asociación de Periodistas de El Salvador y
de la Sociedad de Escritores y Artistas Americanos.
Fungió como Agregado Cultural de El Salvador en España,
en 1950, y murió trágicamente a los 36 años en
Madrid, en 1951. Sus restos descansan en el Cementerio Los Ilustres.
Su obra no ha sido reeditada.
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