Del 31 al 7 de noviembre de 2004


INTERNACIONAL

El regreso de Ortega

Daniel Ortega nunca ha abandonado la palestra política nicaragüense desde su aparición a finales de los 70, vestido con traje de fatiga y gruesos anteojos. Ahora pretende volver al poder en 2006 y puede ser por la vía electoral, mientras sus adversarios se enfrentan entre ellos. El controvertido comandante domina su partido como un caudillo y ni una acusación de abuso sexual contra su hijastra, ha logrado minar su liderazgo.

Álvaro Cruz Rojas
Vértice
El comandante sandinista en un acto de su campaña electoral de 2001, que perdió frente a Bolaños.

Un desafiante Daniel Ortega levanta el brazo y promete la victoria electoral de su partido en el municipio de Tipitapa, un poblado vecino de Managua. Sus simpatizantes aplauden efusivamente y el ex comandante guerrillero, hoy con indicios de calvicie y un rostro marchito, sigue arengando a la multitud.

Al bajar de la tarima, una simpatizante lo besa en la boca, otros lo abrazan y le piden favores al oído. Tras un breve encuentro con periodistas, Ortega se sube a su camioneta plateada: una Mercedes Benz G-Class con unos accesorios envidiables, y abandona la escena en medio de banderas rojo y negras, las de su partido.

La camioneta no vale menos de $75 mil.
Ese es el Daniel Ortega de hoy. Hace años que dejó sus gafas gruesas y su uniforme militar para usar lentes de contacto y camisas coloridas. Sigue viviendo en la misma casa de siempre: una vivienda lujosísima que obtuvo a través de la llamada “piñata sandinista”, cuando los comandantes se apoderaron de las viviendas a través de una ley, a precios risibles.

Pero ese Daniel Ortega que fue derrotado en las urnas por Violeta Chamorro en 1990, por Arnoldo Alemán en 1996 y por Enrique Bolaños en 2001, quiere volver a postularse para los comicios de 2006.
Para algunos, la oportunidad es bastante alta y no dejan de advertir que de concretarse esa posibilidad, el ex comandante podría “rompernos el pescuezo”.

Nicaragua ha cambiado notablemente desde que Ortega fue obligado a dejar el poder en 1990, tras gobernar un estado totalitario durante once años. La pobreza endémica sigue igual o peor, pero terminó la guerra y en cada visita a Managua, uno puede ver progresos impensables en aquellos años de sandinismo.

El propio presidente, Enrique Bolaños advierte que la posibilidad de triunfo de Ortega podría depender de Arnoldo Alemán, el también ex gobernante condenado a 20 años de cárcel por corrupción.

“Después de Arnoldo Alemán, Daniel Ortega tiene la imagen más negativa de este país. Si la competencia es entre ellos dos, claro que ganaría Ortega, pero cualquier otra persona presente en una elección, les ganaría”, dice Bolaños.
Las consecuencias de un triunfo de Ortega son impredecibles. Bolaños sostiene que sería un cruel retorno al pasado.
“Desde antes de los 80, en las proclamas que hacían los sandinistas, nos dijeron: el día que te agarre, te retuerzo el pescuezo y yo lo aseguraba, y por eso llegué a la oposición y me decían: estás exagerando.

Yo insistía, son comunistas y nos van a retorcer el pescuezo, no me querían creer, llegó y nos retorció el pescuezo. Hoy día lo sigue diciendo: si te vuelvo a agarrar, te vuelvo a retorcer el pescuezo y yo le creo”, agrega Bolaños en su usual lenguaje folclórico.

Ortega derrocha optimismo porque, según las encuestas, es muy probable que su partido obtenga un triunfo arrollador en los comicios municipales del 7 de noviembre. Pero para el politólogo nicaragüense, Arturo Cruz Sequeira, un triunfo en esas elecciones no es garantía de nada.

“Las elecciones municipales reflejan que la división del voto no sandinista, le dará el triunfo al Frente Sandinista, eso no quiere decir que le da ventaja a Daniel Ortega, hay que recordar lo que pasó en El Salvador”, afirma Cruz.
“En la elección presidencial, Ortega puede sufrir una derrota aplastante siempre que el voto no sandinista no se divida”, agrega el analista.

Arnoldo Alemán, el expresidente condenado por corrupción, dividió el voto de la derecha local y favoreció al sandinismo

El voto no sandinista se ha dividido en torno a la figura de Arnoldo Alemán, el controvertido ex presidente que desde la cárcel controla el poderoso Partido Liberal Constitucionalista.

Ese partido aún goza de un amplio respaldo popular, pero Bolaños y otros liberales disidentes se han unido para fundar una pequeña agrupación denominada Alianza por la República.

¿El viejo líder?

Ortega no ha obtenido más del 41% de los votos desde que perdió en 1990 ante Violeta Chamorro, tras gobernar 11 años con mano de hierro en medio de una guerra civil, una hiperinflación récord y una tarjeta de racionamiento para sus ciudadanos.

Para Cruz, sólo Ortega podría responder si ha cambiado su pensamiento ideológico, pero recuerda que éste pertenece a “una fracción pragmática del sandinismo, la tercerista”.

“Ortega ha demostrado ser muy pragmático, pero en su identidad ideológica, podría ser el viejo Daniel Ortega. Él puede ser flexible y reconocer la realidad, pero es una flexibilidad táctica, la gran pregunta es cuan intransigente es en lo estratégico”, afirmó el politólogo.

En una encuesta publicada por el diario La Prensa de Managua, en abril pasado, Ortega no era el favorito dentro de su propio partido, para ser el candidato presidencial. El alcalde saliente de Managua, el empresario de origen judío, Herty Lewites, le superaba por casi 4%.

La advertencia/Enrique Bolaños
“Hoy día (Ortega) sigue diciendo: si te vuelvo a agarrar, te vuelvo a retorcer
el pescuezo y yo le creo”.
La estrategia/Arturo Cruz S.
“Él puede ser flexible, pero es una
flexibilidad táctica, la pregunta es cuan intransigente es en lo estratégico”

Desde entonces, la política nicaragüense ha visto eclipsar la figura de Lewites, marginado por el propio Ortega.

El propio hermano del dirigente sandinista, el general retirado, Humberto Ortega, ha mantenido una crítica permanente a éste por su interés en volver a ser candidato.

El ex militar habría propuesto a Bolaños, en un encuentro en agosto pasado, unir sus esfuerzos para buscar una fórmula presidencial que marginara a los dos caudillos: Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.

La fórmula propuesta, según las versiones de los medios nicaragüenses, fue la del empresario Eduardo Montealegre, un liberal ligado a Bolaños pero que nunca abandonó el partido de Alemán, con Lewites como candidato a vicepresidente.

Montealegre es el favorito de todas las encuestas en Nicaragua, pero Alemán le ha marginado de su partido debido a su cercanía con Bolaños.

Pero el empecinamiento de Ortega en volver al poder persiste. Un colaborador suyo, Hugo Torres, dijo en marzo pasado, tras las elecciones de El Salvador, que “Daniel debe aprender de la lección salvadoreña”.

“Pretender mantener la candidatura del comandante Ortega para el próximo proceso electoral nacional puede ser un gran error, porque si en el caso de Schafik Handal, que no carga ni con el recuerdo ni con el costo político de haber sido Gobierno en condiciones desfavorables para su partido, ha sufrido una derrota de esta magnitud, en el caso del comandante Ortega, ya no le favorecería el voto del electorado suficiente como para alcanzar el poder”, razonó Torres.

Una vida marcada por la polémica
En los 80: Daniel Ortega (der.) junto al dictador cubano, Fidel Castro, en una de las visitas de éste a Nicaragua.
El escándalo: A finales de los 90, Ortega fue acusado por su hijastra, Zoilamérica Narváez, de abuso sexual.
Su última derrota: Ortega y su compañero de fórmula, Agustín Jarquín, felicitan a Bolaños, tras perder en 2001.
Envejecido: Al comandante ya se le notan los años. Está perdiendo el pelo y su rostro se nota marchito.
El político ha sido derrotado tres veces en las urnas: en 1990, en 1996 y en 2001. Quiere volver a postularse en 2006



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