Del 31 al 7 de noviembre de 2004


ENTREVISTA

Óscar Bonilla
“No estamos negociando con los pandilleros”

Los salvadoreños han pedido mano fuerte contra las pandillas y el gobierno se ha hecho eco de tal deseo. Pero también existe “La Mano Amiga”, un mecanismo para ayudar a los mareros a que se reinserten en la vida productiva. El presidente del Consejo Nacional de Seguridad Pública, es uno de sus abanderados

Ciro Granados
vertice@elsalvador.com

Fotos EDH/ Gustavo Rico


Cuando habla acerca de las pandillas, a Óscar Bonilla se le acelera el ritmo. Conoce con detalles muchos entresijos de estas organizaciones y no le da miedo cuando, dentro de los penales, debe afrontarles para ir a ofrecerles la mano rehabilitadora.

Es consciente de que el de las maras es un problema que debe atenderse sin más dilaciones. Pero tampoco dramatiza. Dice con severidad que hay otros fenómenos que no deberían ser opacados por la percepción que la sociedad tiene de las pandillas.

La semana anterior se volvió popular el tema de la petición de tregua a los pandilleros. Cuando se le menciona, Bonilla responde tajante que no se trata de una tregua.

¿A quién se le ocurrió pedirle tregua a los pandilleros?
No se les ha pedido tregua; no tenemos por qué hacerlo. Lo que se les ha dicho es que, en el gesto del gobierno de brindarle la mano amiga a los que quieren rehabilitarse, ellos deberían hacer un gesto en esta época de Navidad para mandar un mensaje positivo a toda la nación: que ellos sí quieren dejar la violencia. Les dijimos que trataran de generar un espacio de credibilidad en la sociedad. Que hagan un gesto unilateral, porque nosotros no estamos negociando con ellos.

Perdone, pero pedir que cesen la violencia es pedir una tregua.
Sí, pero es diferente, porque si ellos están diciendo que quieren rehabilitarse, entonces usted les tiene que decir: “Demuestren que sí quieren hacerlo”. No les estoy pidiendo que me hagan una tregua. Porque sólo podemos trabajar con aquellos que quieren rehabilitarse; sabemos que varios de ellos no lo harán.

¿Pedir este gesto no es opuesto al espíritu del Súper Mano Dura?
No, porque estamos totalmente de acuerdo con que aquellos que han violentado, cometido homicidios y llevado luto a este país tienen que pasar por lo más duro de nuestras leyes. Pero precisamente porque hay otros que no han entrado en ese espiral de violencia y que sí quieren salirse de ese tipo de asociaciones es donde les brindamos las facilidades.

¿No es que le estén torciendo el brazo al Gobierno?
No entiendo por qué se lo pueden torcer si ellos están pidiendo que se quieren rehabilitar, que se les brinde un apoyo. Diferente sería que nosotros tengamos que estarles rogando. No le estamos rogando nada a nadie. Les estamos pidiendo un gesto para medir la calidad de su palabra. Si no quieren, va a quedar demostrado que simplemente sólo hay una vía...

¿Usted confía en los mareros, don Óscar?
Mire, yo sólo confío en Dios. No puedo confiar en una gente que tiene una forma de percibir el mundo diferente a la mía. Confío en lo que estoy haciendo y es para rescatar a estos jóvenes que tienen un desvío y que han errado el camino. Si tengo la posibilidad y rescato a un joven que no va a volver a cometer delito y una madre va a estar más contenta porque no le van a matar a su hijo, mire, yo duermo tranquilo. En eso confío yo.

“Lo que hacen los mareros está al margen de la ley, por lo tanto no hay nada qué negociar”

“No tengo el sentimiento de detestar a los pandilleros. ¿Por qué debería hacerlo?”

¿Detesta a los mareros?
¿Por qué? Ese sentimiento no lo tengo yo, de detestarles.

¿Le parecen confiables como para que puedan cumplir eso de la famosa tregua?
No estoy diciendo eso. Ellos son los que tienen que demostrar que lo pueden cumplir. Son ellos los que están en el compromiso, no soy yo.

¿Se le está sensibilizando el corazón frente a los mareros?
No, yo... a mí el tema de los mareros no me sensibiliza el corazón. Lo que me sensibiliza es la situación difícil en la que se encuentran los jóvenes en abandono, los que sufren la violencia intrafamiliar y que después entran a las pandillas. El tema de las pandillas lo veo como un fenómeno social que hay que abordarlo. Y lo hago con toda la fortaleza humana que tengo.

Si nos basamos en eso, aquí gran parte de la población sería marera. El hecho que un padre no haya sido responsable o que se hayan criado en lugares divididos no les da ningún derecho para meterse a una mara y mucho menos para generar violencia.

Sí, pero ellos están ahí y el problema tiene que abordarse. Porque igual podría ignorarlo, como mucha gente lo hace con los problemas que están a la orilla de su casa. Lo que tengo que hacer es reaccionar con toda la ética y la fortaleza humana. Porque un gobierno con sentido humano es eso: actuar como humanos ante los problemas que tienen otros humanos... así hayan equivocado el camino.

Tiro al plato
Mahatma Gandhi: paz
Clica: organización mínima de la pandilla
Decapitados: pandillas, barbarie
FMLN: partido de oposición
Pandilleros: desviados
Reconciliación: necesaria
Plan Súper Mano Dura:
necesario
Grafitos: expresión de la pandilla
Viejo Lin: artificial
Barrio: jurisdicción
Mao Mao: pandilla
Salvatrucho: listo
PNC: institución del Estado
Tatuaje: expresión juvenil
Tregua: (piensa varios segundos) necesaria

Se le pegó el eslogan.

No es el eslogan. Creo que todo el contenido del plan de gobierno es la persona, la que está en el centro de los propósitos del Presidente de la República.

¿Qué es peor para un gobierno: tener mareros o guerrilleros?
También le podría mencionar a narcotraficantes o secuestradores. No creo que se limite a eso. Creo que lo peor para un gobierno es tener este tipo de problemas y no tener los medios ni la decisión de combatirlos.

¿Qué es peor: enfrentarse a guerrilleros o a mareros?
Son dos cosas diferentes.

¿Cuál, en su opinión, resulta más difícil de derrotar?
En esto me limita a dos fenómenos. Sólo se puede comparar lo comparable. No es lo mismo, porque son causas, problemáticas y técnicas diferentes. En el caso de la guerrilla hubo un proceso de negociación y hubo Acuerdos de Paz. En el caso de las pandillas hay un procedimiento que va hacia la rehabilitación; no puedo decir qué es lo más fácil.

La familia. Para el funcionario, hay que fortalecer el núcleo social.

¿Por qué no se acaban las maras en El Salvador?
Primero, porque es un fenómeno reciente, no es de toda la vida. Lo que hay es una transformación de las violencias juveniles y la familia tiene mucho que ver en esto, porque está muy desintegrada, no se ocupa de sus niños.

Creo que en la medida que la familia se logre integrar y encuentre los valores, y se dé cuenta de que a los niños hay que tratarles como tales y hay que educarles y entenderles, así se va a terminar este problema. El origen es la familia.

¿Podemos aspirar los salvadoreños a que alguna vez no existan maras aquí?
La aspiración es legítima. Esto es como las estrellas, que a usted le guían, pero parece que no las alcanza, pero sí le sirven.

La aspiración es que un día El Salvador no tenga ni maras ni narcotraficantes ni gente traficando con niños ni con órganos. Las maras no es el único problema del país.

Pero sí uno de los que más molestan.


¡Claro! porque es más inmediato y porque está en los barrios y hay que resolverlo. En esto estamos, tanto por la vía de la aplicación de las leyes como también de tenderle la mano para el joven que quiere salirse.

Claro, ¿cuánto tiempo ha pasado sin que se haya atendido este fenómeno? Y pedirle al presidente Saca que en cuatro meses tenga resuelto esto cuando estamos arrancando tampoco es justo.

¿Qué es lo que más le disgusta de las maras?
Que son jóvenes que con esa inteligencia que tienen se dejen manipular o llevar a unas prácticas que lo único que hacen es generarles dolor y cuando necesitan retroceder ya les cuesta bastante.

Cuénteme tres mitos sobre las maras.
Que son el primer y único mal que existe en la violencia. Que son jóvenes con los cuales no se puede hablar. Y tres, que es imposible que tengan un punto de retorno.


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