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ENTREVISTA
Óscar
Bonilla
No estamos negociando con los pandilleros
Los
salvadoreños han pedido mano fuerte contra las pandillas y el
gobierno se ha hecho eco de tal deseo. Pero también existe La
Mano Amiga, un mecanismo para ayudar a los mareros a que se reinserten
en la vida productiva. El presidente del Consejo Nacional de Seguridad
Pública, es uno de sus abanderados
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Fotos EDH/
Gustavo Rico
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Cuando habla acerca de las pandillas, a Óscar Bonilla se le acelera
el ritmo. Conoce con detalles muchos entresijos de estas organizaciones
y no le da miedo cuando, dentro de los penales, debe afrontarles para
ir a ofrecerles la mano rehabilitadora.
Es consciente de que el de las maras es un problema que debe atenderse
sin más dilaciones. Pero tampoco dramatiza. Dice con severidad
que hay otros fenómenos que no deberían ser opacados por
la percepción que la sociedad tiene de las pandillas.
La semana anterior se volvió popular el tema de la petición
de tregua a los pandilleros. Cuando se le menciona, Bonilla responde
tajante que no se trata de una tregua.
¿A quién se le ocurrió pedirle tregua a los pandilleros?
No se les ha pedido tregua; no tenemos por qué hacerlo. Lo que
se les ha dicho es que, en el gesto del gobierno de brindarle la mano
amiga a los que quieren rehabilitarse, ellos deberían hacer un
gesto en esta época de Navidad para mandar un mensaje positivo
a toda la nación: que ellos sí quieren dejar la violencia.
Les dijimos que trataran de generar un espacio de credibilidad en la
sociedad. Que hagan un gesto unilateral, porque nosotros no estamos
negociando con ellos.
Perdone, pero pedir que cesen la violencia es pedir una tregua.
Sí, pero es diferente, porque si ellos están diciendo
que quieren rehabilitarse, entonces usted les tiene que decir: Demuestren
que sí quieren hacerlo. No les estoy pidiendo que me hagan
una tregua. Porque sólo podemos trabajar con aquellos que quieren
rehabilitarse; sabemos que varios de ellos no lo harán.
¿Pedir este gesto no es opuesto al espíritu del Súper
Mano Dura?
No, porque estamos totalmente de acuerdo con que aquellos que han violentado,
cometido homicidios y llevado luto a este país tienen que pasar
por lo más duro de nuestras leyes. Pero precisamente porque hay
otros que no han entrado en ese espiral de violencia y que sí
quieren salirse de ese tipo de asociaciones es donde les brindamos las
facilidades.
¿No es que le estén torciendo el brazo al Gobierno?
No entiendo por qué se lo pueden torcer si ellos están
pidiendo que se quieren rehabilitar, que se les brinde un apoyo. Diferente
sería que nosotros tengamos que estarles rogando. No le estamos
rogando nada a nadie. Les estamos pidiendo un gesto para medir la calidad
de su palabra. Si no quieren, va a quedar demostrado que simplemente
sólo hay una vía...
¿Usted confía en los mareros, don Óscar?
Mire, yo sólo confío en Dios. No puedo confiar en una
gente que tiene una forma de percibir el mundo diferente a la mía.
Confío en lo que estoy haciendo y es para rescatar a estos jóvenes
que tienen un desvío y que han errado el camino. Si tengo la
posibilidad y rescato a un joven que no va a volver a cometer delito
y una madre va a estar más contenta porque no le van a matar
a su hijo, mire, yo duermo tranquilo. En eso confío yo.
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Lo que hacen
los mareros está al margen de la ley, por lo tanto no hay
nada qué negociar
No tengo el sentimiento de detestar a los pandilleros. ¿Por
qué debería hacerlo?
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¿Detesta a los mareros?
¿Por qué? Ese sentimiento no lo tengo yo, de detestarles.
¿Le parecen confiables como para que puedan cumplir eso de la
famosa tregua?
No estoy diciendo eso. Ellos son los que tienen que demostrar que lo
pueden cumplir. Son ellos los que están en el compromiso, no
soy yo.
¿Se le está sensibilizando el corazón frente a
los mareros?
No, yo... a mí el tema de los mareros no me sensibiliza el corazón.
Lo que me sensibiliza es la situación difícil en la que
se encuentran los jóvenes en abandono, los que sufren la violencia
intrafamiliar y que después entran a las pandillas. El tema de
las pandillas lo veo como un fenómeno social que hay que abordarlo.
Y lo hago con toda la fortaleza humana que tengo.
Si nos basamos en eso, aquí gran parte de la población
sería marera. El hecho que un padre no haya sido responsable
o que se hayan criado en lugares divididos no les da ningún derecho
para meterse a una mara y mucho menos para generar violencia.
Sí, pero ellos están ahí y el problema tiene que
abordarse. Porque igual podría ignorarlo, como mucha gente lo
hace con los problemas que están a la orilla de su casa. Lo que
tengo que hacer es reaccionar con toda la ética y la fortaleza
humana. Porque un gobierno con sentido humano es eso: actuar como humanos
ante los problemas que tienen otros humanos... así hayan equivocado
el camino.
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Tiro al plato
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Mahatma Gandhi: paz
Clica: organización mínima de la pandilla
Decapitados: pandillas, barbarie
FMLN: partido de oposición
Pandilleros: desviados
Reconciliación: necesaria
Plan Súper Mano Dura:
necesario
Grafitos: expresión de la pandilla
Viejo Lin: artificial
Barrio: jurisdicción
Mao Mao: pandilla
Salvatrucho: listo
PNC: institución del Estado
Tatuaje: expresión juvenil
Tregua: (piensa varios segundos) necesaria |
Se le pegó el eslogan.
No es el eslogan. Creo que todo el contenido del plan de gobierno es
la persona, la que está en el centro de los propósitos
del Presidente de la República.
¿Qué es peor para un gobierno: tener mareros o guerrilleros?
También le podría mencionar a narcotraficantes o secuestradores.
No creo que se limite a eso. Creo que lo peor para un gobierno es tener
este tipo de problemas y no tener los medios ni la decisión de
combatirlos.
¿Qué es peor: enfrentarse a guerrilleros
o a mareros?
Son dos cosas diferentes.
¿Cuál, en su opinión, resulta más difícil
de derrotar?
En esto me limita a dos fenómenos. Sólo se puede comparar
lo comparable. No es lo mismo, porque son causas, problemáticas
y técnicas diferentes. En el caso de la guerrilla hubo un proceso
de negociación y hubo Acuerdos de Paz. En el caso de las pandillas
hay un procedimiento que va hacia la rehabilitación; no puedo
decir qué es lo más fácil.
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La familia. Para
el funcionario, hay que fortalecer el núcleo social.
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¿Por qué no se acaban las maras en El
Salvador?
Primero, porque es un fenómeno reciente, no es de toda la vida.
Lo que hay es una transformación de las violencias juveniles
y la familia tiene mucho que ver en esto, porque está muy desintegrada,
no se ocupa de sus niños.
Creo que en la medida que la familia se logre integrar
y encuentre los valores, y se dé cuenta de que a los niños
hay que tratarles como tales y hay que educarles y entenderles, así
se va a terminar este problema. El origen es la familia.
¿Podemos aspirar los salvadoreños a que alguna vez no
existan maras aquí?
La aspiración es legítima. Esto es como las estrellas,
que a usted le guían, pero parece que no las alcanza, pero sí
le sirven.
La aspiración es que un día El Salvador no tenga ni maras
ni narcotraficantes ni gente traficando con niños ni con órganos.
Las maras no es el único problema del país.
Pero sí uno de los que más molestan.
¡Claro! porque es más inmediato y porque está en
los barrios y hay que resolverlo. En esto estamos, tanto por la vía
de la aplicación de las leyes como también de tenderle
la mano para el joven que quiere salirse.
Claro, ¿cuánto tiempo ha pasado sin que se haya atendido
este fenómeno? Y pedirle al presidente Saca que en cuatro meses
tenga resuelto esto cuando estamos arrancando tampoco es justo.
¿Qué es lo que más le disgusta de las maras?
Que son jóvenes que con esa inteligencia que tienen se dejen
manipular o llevar a unas prácticas que lo único que hacen
es generarles dolor y cuando necesitan retroceder ya les cuesta bastante.
Cuénteme tres mitos sobre las maras.
Que son el primer y único mal que existe en la violencia. Que
son jóvenes con los cuales no se puede hablar. Y tres, que es
imposible que tengan un punto de retorno.
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