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Deportaciones
gratis
Al
filo de la frontera
Un
país de tránsito para los que quieren llegar a Estados
Unidos, un lugar para hacer cargamentos humanos o una oportunidad laboral
para quienes huyen de la pobreza de su país. Así se pinta
El Salvador para
decenas de extranjeros que llegan.
La siguiente historia, contada por el nicaragüense Facundo Mendoza,
retrata el dilema de trabajar
indocumentado y ser expulsados en cualquier momento
¡Agarren para su país o se
regresan, hijos de p...!, nos dijeron unos policías hondureños
en la frontera El Amatillo, a un grupo de nicaragüenses que deportaron
hace unos ocho años.
Esa noche me fui a dormir a un lugar que le dicen El Sauce, donde
una señora que conozco; allí me dieron de cenar y de desayunar,
y hasta el pasaje para venirme de vuelta a Pasaquina, donde había
dejado a mis hijos y a mi mujer.
Éramos varios esa vez, así es siempre, juntan diez
o 15 en un camión y los dejan al otro lado, en manos de los hondureños.
Allí cada quien decide si se regresa a Nicaragua o a El Salvador.
A mí, si me logran agarrar (otra vez), aunque le llore
a la policía lágrimas de sangre y por mis hijos, no me
vale, me vuelan para afuera. ¡Ahí si soy tonto me voy para
Nicaragua!
Yo no tengo miedo de que me manden de regreso, conozco todas estas
tierras y aunque me saquen me regreso, porque aquí tengo a mi
mujer y a mis hijos.
Mi nombre es Facundo Mendoza y el pueblo de donde vengo se llama
Villa Salvadorita, está en el departamento de Chinandega. Pero
yo soy leonés... ¡Cabal!, de la tierra de Rubén
Darío, allí tengo mi ombligo y mis papeles, todo.
¿De cómo es que estoy por aquí? La historia
de los pobres es dura: mi mujer estaba embarazada de la última
niña, las haciendas bananeras fracasaron, allí trabajé
de regador, no quedaba nadita de trabajo, anduve pepenando maní,
uno por uno. ¡Puta, la vida es dura! En ese entonces le dije a
mi mujer: aguantate, que yo me voy, vendí una cama para poder
venirme con 50 córdobas.
Eso fue a finales de 1996, me gustó el ambiente acá...
La segunda vez me tiré por Barrancona a salir por El Tablón,
y allí me dijeron que en (la hacienda de) los Romano, por El
Zope, había trabajo; allí me encontré a unos amigos
y empecé a trabajar con el machete, me hizo grandes llagas en
las manos.
A los Romano les cuidaba sus bienes, les miraba a 12 trabajadores
que tenían en arrendo.
Después de un mes de trabajar aquí me fui a dejarles
billete a la gente; mi mujer, alegre por eso. Me iba y me venía
cada mes o cada dos. Después anduve de corralero y de allí
al azar hasta saqué sal en la playa Los Jiotes, allí ya
mi mujer me ayudaba porque se había venido también.
El dinero no nos alcanzaba y decidí traerme a los hijos
ilegalmente. Una salvadoreña me los pasó por El Amatillo
en un bus... venían descalzos.
En Nicaragua he sufrido más que aquí.
Desde que vine a Pasaquina pago $20 al mes, no me sacan de las posadas
como allá. No es porque hable de mi país, pero se dice
que está quebrado.
Cuando agarró el gobierno la Violeta (Chamorro) se normalizaron
los servicios y ya había pasada para los países vecinos,
así es como yo vine a dar acá, fui de los primeros que
vine a El Salvador.
¿Que si es difícil vivir de ilegal aquí?
Pues ya me acostumbré, aunque la falta de papeles (cédula)
me tienen abatido, no los he podido recuperar desde la vez que se me
mojaron cuando regresaba de trabajar de Santa Rosa de Lima.
Tendría que ir hasta Chinandega, y ahora que están
cerca las votaciones de alcaldes, es imposible sacarlos, así
que me volví a venir ilegal...
Sin temores
Yo sé que en cualquier momento nos pueden detectar. Nosotros
tenemos una palabra, que es chochada, y es allí donde
nos guachan.
Cuando veo a la policía trato de fingir, pero ¿cómo?
¡Jamás! A ellos no los engaña nadie. La vez que
me bajaron del bus, cuando venía de Santa Rosa de Lima, dije
que era de Pasaquina y que no andaba el DUI porque andaba trabajando.
El policía me reconoció, le dije la verdad y me apartó
donde había un vergo de nicaragüenses y nos montaron en
un bus; estuve en la policía y de allí me tiraron al otro
lado, pero me les metí otra vez porque ya me puedo toda esta
frontera.
Sé mi oficio de estructuras metálicas, pero no tengo
trabajo fijo, a donde me dicen, voy... A veces gano $80 ó $115
a la semana. Ahorita estoy haciendo estas galladas (pintando tumbas)
porque no puedo salir muy largo; sin papeles, la policía me puede
agarrar, aunque ande trabajando, ellos no reflexionan que no ando haciendo
nada malo, que estoy aquí por trabajar, por ver un beneficio
de mis hijos.
Yo no le doy problemas a la autoridad, sólo que no tengo
papeles. Aunque de nada me sirve si sólo nos dan 30 días
para andar aquí. Si al vencer ese tiempo no he terminado una
puerta o un techo no puedo irme.
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A El Salvador. Unos 200 nicaragüenses
entran cada día.
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Hay patrones que son buena
onda y
le ayudan a uno. Así la vamos pasando los nicaragüenses
de este lado
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¡Ah, mire!, aquél es nicaragüense,
el que lleva ese saco lleno de basura, está jovencito, antier
entró. Aquel otro enguantado también es de allá,
los ha contratado la alcaldía (de Pasaquina).
Ellos vienen de mi pueblo, que también se conoce como Villa
15 de Julio, porque allá no hallan trabajo en las siembras de
sorgo, ajonjolí y maní. Y si encuentran ganan $3 en el
día, mientras que aquí se hacen el doble o más.
¿Que si aquí nos tratan bien? Sí. Yo no me
siento que me vean de menos, ni cuando me dicen chocho. Mi esposa se
enoja, pero yo le digo que en verdad somos chochos, comeyuca somos.
Pero la gente se acostumbra a vernos y la policía también.
La última vez me sentenciaron en el paso de Las Flores, cuando
venía de trabajar de El Mozote, me dijeron: si te volvemos
a agarrar sin papeles, vas a estar un año preso.
Santa Rosa de Lima está lleno. Aquí estuvo lleno
un tiempo, pero ahora se han ido para allá porque hay mucha construcción;
allá estuviera yo, pero no ando papeles y tengo que viajar, montarme
en los buses; imagínese el montón de retenes: San Carlos,
El Picacho, La Fabulosa... Yo le he gustado a la vida porque me he portado
bien con mis hijos. ¿Qué? ¿Cuándo voy a
regresar a Nicaragua? Humm... Quizá nunca.
No tiene papeles; tampoco miedo
Yo me llamo Gerónima Montalbán Pazo,
soy de Chinandega y tengo 27 años. Vine a El Salvador hace siete
años, ilegal, pero traía mi cédula que ahora se
me ha perdido. Nunca me han bajado de los buses, nunca me han pedido
los papeles ni me han deportado como a mi marido, Facundo, pero sé
que me pueden pedir los papeles en algún momento.
Pero es que en Nicaragua, sacar los papeles cuesta tiempo y dinero.
Sólo un pasaporte vale más de $100 y lo dan después
de un mes.
Yo he visto cómo detienen a la gente de mi país
y la mandan de regreso, pero yo he tenido suerte. Aquí la policía
nos conoce y no nos hace nada porque sabe que no damos problemas, sólo
queremos trabajar.
A mí no me gusta trabajar de doméstica como otras
de mi país aunque ganen $60 y hasta $80 cada mes. Ahorita estoy
de ayudante en un chalet de la escuela donde me pagan $3 diarios. Ya
es algo que ayuda, no me gusta dejarle el gasto de la casa sólo
a Facundo.
Me hace falta estar en mi país, pero a qué voy a
regresar, del trabajo aquí hemos podido comprar un solarcito
y después vamos a levantar una casita para los hijos; además,
ellos no quieren irse, aquí estudian y eso es bueno.
¿Que si tengo miedo de que me deporten? No, ¡qué
voy a tener miedo yo!
Deportaciones
gratis
Destino
de migrantes
Viaje
sin costo. Entre 2003 y lo que va de 2004, El Salvador ha deportado
a más de cuatro mil extranjeros.
El trámite es un tanto engorroso, pero ¿cuánto
cuesta el viaje de retorno de los indocumentados? Nada
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La subcomisionada
Alicia Méndez, de la División de Fronteras, dice
que el país debería contar con un resguardo especial
para indocumentados.
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Muchos extranjeros tienen un fin que va más allá
del turismo cuando atraviesan nuestras fronteras.
Como Facundo y Gerónima, entraron con miras laborales. Hay muchos
dispersos en el país, especialmente en la zona oriental. En Pasaquina,
La Unión, dicen que es Santa Rosa de Lima donde más trabajadores
nicaragüenses indocumentados hay porque por hoy allí
abunda el trabajo en la construcción.
Pero Pasaquina no se queda atrás. En la unidad de salud, su director
dice que cada mes atiende a unos 50 chochos por cefaleas,
lumbago, espasmos musculares o afectados de las vías respiratorias,
quizá porque, como dice el concejal Eleuterio Turcios, desarrollan
por su misma necesidad faenas duras como cortar el guate
del maicillo que expele un fino polvillo que provoca escozor.
Son faenas que, a su juicio y el de otros, ya no quieren realizar los
naturales del pueblo porque un 60% de esas familias reciben remesas
desde Estados Unidos. Ganar $7 a la semana en las haciendas es una oportunidad
que aprovechan chochos, y, a veces, hondureños.
En la misma frontera de El Amatillo, oficiales de migración señalan
que a diario pasan unos 200 nicaragüenses. El sargento Ricardo
Pérez sostiene que basta verlos con sus matatas para darse cuenta
que ingresan con fines laborales. Es por eso que les extienden un permiso
de 30 días, un plazo que la mayoría cumple, pero vuelven
a entrar. Pérez reconoce que hay muchos puntos ciegos, a lo largo
de la frontera con Honduras, que son utilizados para evadir controles
migratorios.
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Judy Lissete
Mendoza es una niña nicaragüense que aquí ha
logrado permanecer en la escuela.
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Si la embajada norteamericana no ayudara con esos pasajes
el Estado tendría que asumir los costos.
Alicia Méndez, PNC
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CLICK SOBRE INFOGRAFICO
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Evitar esos controles o quedarse al margen de la ley
en El Salvador no sólo tiene razones de trabajo ni son sólo
nicaragüenses los acusados. Por las 12 fronteras y los puntos ciegos
que tiene el país, ingresan incontables extranjeros con variados
fines.
La jefa de la División de Fronteras de la PNC, Alicia Méndez,
dice que quizá somos un destino de migrantes, pero
que también muchos indocumentados especialmente suramericanos
ocupan nuestro pequeño territorio como paso fugaz rumbo a EE.UU.;
otros, entre ellos un alto porcentaje de mexicanos, anda en la
jugada... tenemos casos que son tratantes y traficantes de personas,
vienen a traer niñas de aquí y de Honduras, vienen a hacer
carga humana.
Méndez se apoya en los registros de personas localizadas y deportadas
entre el 1 de enero y el 24 de octubre de este año, que suman
2,057, una cifra que ya superó los 2,018 de 2003.
De ese total, la mayoría (el 85%) son guatemaltecos,
hondureños y nicaragüenses, quienes, a juicio de Méndez,
se les expulsó por trabajar de manera ilegal, no así en
el caso de 91 suramericanos cuya presencia estuvo directamente relacionada
con un viaje a Estados Unidos, o de muchos de los 163 mexicanos sorprendidos
como coyotes.
Otro detalle en las estadísticas que apoya la tesis de Méndez
es que un 97% de los detenidos son hombres adultos en edad productiva.
Pero esta vida en la ilegalidad o el hacer operaciones ilícitas
no está del todo encubierta. Aunque no con la frecuencia que
requiere, de un momento a otro la policía realiza operativos
en busca de personas que no tienen permisos de residencia. El cabo Reynaldo
Flores dice que desde Pasaquina deportan a la semana al menos a dos
nicaragüenses u hondureños.
Retorno fácil
Ante esta realidad migratoria ¿qué se hace para controlarla?
y ¿quién costea tantos viajes de regreso?
Fuentes de Migración aseguran que no tienen una partida especial
para financiar las deportaciones. Son los consulados de los gobiernos
de los ciudadanos los que asumen esos costos, pero en la mayoría
de las veces son ellos mismos los que piden que los contacten con sus
familiares para que les envíen el boleto, manifestaron.
La subcomisionada Méndez dice que ellos tampoco tienen un presupuesto
para atender a estos ilegales, pero que, igual, les brindan una asistencia
básica mientras esperan regresar a sus países.
Agrega que muchos suramericanos detenidos son beneficiados por un programa
de financiamiento del gobierno de los EE.UU. para asegurarse que no
ingresen hacia su territorio.
Una fuente de la embajada norteamericana en nuestro país confirmó
la existencia de este programa pero dijo no estar autorizado para dar
nombres, fechas o cifras sobre el mismo.
¿Cuánto gasta El Salvador en materia de deportaciones?
Pues el Estado no incurre en gasto alguno, nada más que
en el trabajo operativo que es parte de la administración,
respondió la fuente migratoria.
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