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LA
COLUMNA
Una
eterna espera
Señorita, ya no me pase más
pacientes porque tengo que irme ya, le dijo a su secretaria una
doctora contratada para atender a derechohabientes y beneficiarios,
en una de las unidades médicas del Seguro Social en esta capital.
Cinco citados para sus respectivos controles médicos o para consultar
por sus dolencias habían quedado burlados y, por más que
alegaron, no encontraron una clara explicación más allá
de las razones de fuerza mayor que impedían a la
mencionada doctora atenderlos ese día.
No era la primera vez que esto ocurría. En otras ocasiones había
dejado plantados a sus pacientes. Pero no era la única; otros
médicos que un día juraron cuidar de los enfermos a toda
costa, pasaron un compromiso personal a primer plano.
Escabullirse en horas de trabajo para realizar labores ajenas es absolutamente
irresponsable. ¿Pero quién los controla? Al parecer, nadie.
¿Quién vela por los derechos de los pacientes? Al parecer,
nadie.
¿Quién vela por la calidad de atención médica?
Es una buena pregunta. Al interior de los consultorios también
se irrespeta el derecho del paciente, no sólo al brindarle un
escaso tiempo, sino que además, muchos médicos ni siquiera
han aprendido a escucharle.
En una de esas consultas, una embarazada pregunta a su ginecólogo
si haber permitido que le pusieran una vacuna antitetánica después
de haber sido mordida por un perro podría repercutirle durante
la gestación.
El doctor sin mirar a la paciente preocupada respondió:
A mí no me venga con ese tipo de consultas, yo no tengo
nada que ver con eso, o ¿fui yo quien le recomendó eso?
¿No, verdad?.
Doctor, sólo estoy preguntándole porque es usted
quien lleva el control de mi embarazo, replicó ella. Volvió
a recibir la misma respuesta, y no hubo más preguntas ni chequeos
sobre el estado de preñez de la paciente. Allí terminó
la consulta.
La pésima calidad de la atención en muchos casos, y especialmente
de quienes la ejercen, es un problema que debe despertar preocupación
en nuestro país.
Por eso no me sorprende que un anciano tenga dos años de estar
en una lista de espera para que le practiquen una cirugía de
vesícula. Dos médicos razonan que aún no encuentran
el tipo de operación adecuada para su edad. ¿Se necesitan
acaso dos años para deliberar eso?
¿Cuánto tardará para mejorar la calidad y eficiencia
de nuestro sistema de salud? ¿Cuándo primará el
respeto a los derechos del paciente?
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