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INTERNACIONAL
Itinerario
cultural en Valencia
En
abril visité la ciudad de Valencia invitado por los editores
de
la antología de cuentos El mundo es Ancho pero no Ajeno, escritos
sobre temas globales y en la que participé con un trabajo de
ficción
literaria sobre emigración.

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La obra fue editada por la entidad española
Bancaja y está dirigida especialmente a jóvenes para que
sirva como eje de estudio de realidades humanas.
Esta institución apoya a estudiantes universitarios de limitados
recursos económicos en El Salvador y América Central,
e igual les ofrece becas en Valencia.
Esta ciudad hace rememorar a Octavio Paz, García Lorca, Neruda
y César Vallejo, Ernest Hemingway, André Malraux y muchos
más involucrados en la Guerra Civil de España, (1936-1939).
Con más de un millón de habitantes, es la tercera ciudad
de España. Menos emblemática que Madrid o Barcelona, por
supuesto. Menos que Sevilla y Toledo.
En América Latina conocemos a Valencia por sus referencias a
sus productos agrícolas o gastronómicos, naranjas o arroz,
o por algún bolero de Agustín Lara. Hay algo más,
una visita a ciudades españolas significa siempre percibir la
hospitalidad como producto de afinidades de una cultura ancestral común.
Fue una sorpresa desde el primer día apreciar una muestra de
más de cien grabados en tinta china y azúcar de Picasso
colección que pertenece a Bancaja; y otra de pintura clásica
de los siglos XVI y XVII conocida como “El Esplendor de Nápoles”,
ambas montadas en las salas del edificio principal de la institución
anfitriona.
Se reconfirma también el poder literario de España que
pasó a ser con sus 41 mil títulos anuales, después
del 2001, un centro mundial de ediciones, hecho que debe relacionarse
con iniciativas hacia un nuevo mundo de lecturas en las comunidades
de habla hispana, no sólo de América Latina, sino de los
Estados Unidos donde los hablantes en español superan inclusive
a los de la misma España.
Fundada esta ciudad por los romanos en el año 138 a. de C., ya
no es tan famosa por sus huertas. Pese a estar en la costa del Mediterráneo,
la ciudad le da las espaldas al mar; por paradoja la Comunidad Valenciana
está absorbida por un tema acuciante, el del agua; más
comentado aun que tópicos populares como el fútbol.
Así es, la pesadilla y sueño valenciano es la ausencia
del recurso cristalino y vital, problema político y de identidad,
reto para la nueva administración de José Luis Rodríguez
Zapatero ya que involucra otras Comunidades españolas.
Hasta 1964-73, la ciudad era cruzada por dos ríos: el mayor,
especie de nuestro urbano Acelhuate. El Turia, fluyó dentro de
la ciudad bajo puentes de tres arcos, pero debido a inundaciones anuales
durante épocas, la Comunidad decidió desviarlo y convertir
su antiguo cauce en zona de esparcimiento, especie de pulmón
verde y parque de diversiones que serpentea por casi 10 kilómetros
el casco urbano. Del amenazante río sólo queda una escultura
estrambótica en la Plaza de la Virgen, en el centro histórico
de Valencia.
Y, a pocos metros, en una de las tres entradas de la catedral, mezcla
de arte románico, gótico y barroco, se da cita una vez
a la semana el Tribunal de las Aguas, con más de diez siglos
de existencia e integrado por personalidades que una vez por semana
se convierten en vigilantes del valor cultural agrario, pero más
como inspiración histórica; sin embargo, pretende ofrecer
normas actuales de justicia y armonía ciudadana.
De esa manera, Valencia mantiene sus valores originales, a los que se
agregan monasterios y palacios y arquitectura antigua de las cuales
destacan sus dos puertas o torres, especies de castillo construidos
hace más de seiscientos años que cerraban la ciudad para
resguardarla de invasiones. Y desde el antiguo cauce del río
Turia emerge el lúdico y modernista complejo arquitectónico
de la Ciudad de las Ciencias y las Artes, ejemplo de imaginación
para adelantarse a recibir el siglo XXII.
Serenidad y violencia
Para llegar a Valencia ingreso por el aeropuerto Barajas, Madrid. La
lección de seguridad ciudadana es grande: no se expresa con fuerza
sino con la madurez de quien recibe a un anfitrión anónimo
que no debe pagar lo que no debe. Eso confirma porqué “seguridad”
está ligada a “inteligencia”.
El trámite aduanero para la revisión del pasaporte y sello
apenas me retrasó diez segundos, nada de exageraciones pese a
la gravedad de los hechos trágicos ocurridos en la estación
central de Atocha de Madrid. Esto demuestra que la paranoia no va con
las potencialidades para superar al enemigo invisible que viste traje
de terror.
Conocer Valencia y departir con escritores el sector cultural valenciano
y luego llegar a Atocha, significó una presencia y acercamiento
emocional hacia sus mártires, con esos signos percibí
a la España actual, eterna, musulmana y latinoamericana.
En viaje de retorno voy hacia Madrid en un tren Laris de alta velocidad
que va a Atocha, centro de tránsito neurálgico de la capital,
a menos de tres semanas de los atentados del 11 de marzo. Ahí
pude rendir expresiones silenciosas de pesar, entre otras decenas de
víctimas, a tres empleados de la Biblioteca Nacional de España,
que esa mañana iban a sus trabajos desde Guadalajara y Alcalá
de Henares.
Atocha es una estación moderna, diferente a las sencillas “gares”
de París, especie de grandes hangares o bodegones de techo transparente.
La estación central de trenes en Madrid, por el contrario, tiene
varias plantas y arquitectura modernista, cristales esmerilados y resistencias
tubulares a la vez decorativas.
Miles de gente empalman con el subterráneo y trenes hacia
localidades del interior. Con una seguridad más focalizada, tampoco
hubo control ninguno para subir dos plantas con mis tres maletas a rastras
buscando una ruta hasta entonces desconocida que me llevaría
hacia el aeropuerto de Barajas, y luego a Inglaterra y El Salvador.
* El autor es escritor y director de la Biblioteca Nacional.
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