30 de mayo de 2004


LA COLUMNA

Erick Lombardo Lemus
vertice@elsalvador.com

El viejo brujo del Amazonas

Calixto Ardila es un anciano que bordea los 70 años de edad a primera vista. Pero, una vez superada la primera impresión, él es un respetable payé que merodea la Amazonia colombiana desde los años mozos cuando inició su carrera como sacerdote entre los tatuyo, la comunidad a la que pertenece.

No es un nigromante o un ilusionista que sorprenda a sus adeptos frente a las pantallas de la TV, como David Copperfield. Pero, entre los tatuyo que conviven en Mitú, la capital del departamento amazónico de Vaupés, en Colombia, el nombre de Calixto simboliza la práctica mística de la medicina, de esa que recurre a conjuros y oraciones con las que preserva la salud de toda su comunidad, predice el futuro y le permite contactar a sus antepasados para escucharlos.

Pero la vida del viejo Calixto ha cambiado desde hace unos meses cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) lo convirtieron en un objetivo militar. Sí, los mismos guerrilleros marxistas adictos a la transa revolucionaria con coca y que ahora pelean territorios “liberados” contra los “paras” del desaparecido Carlos Castaño. Pues este cuento colombiano empezó en noviembre de 1998 cuando las FARC asaltaron Mitú, ciudad limítrofe con Brasil, y doblegaron a la policía.

Durante los siguientes tres años la relación entre los habitantes de Mitú y las FARC estuvo marcada por una borrachera de violencia, que incluyó asaltos a comercios, reclutamiento forzoso de niños de la escuela primaria y presiones a la comunidad indígena para que cultivara coca y así abastecer la necesidad de la pasta base que necesita la guerrilla en la producción de cocaína. Muy revolucionarios, los muchachos.

En Yapú, una aldea con 279 habitantes, el payé suplente Cándido Muñoz escupió al suelo y dijo “las FARC ya no respetan soldado, ni policía y matan indígenas”. Esa fue la gota que rebalsó el vaso y los tambores amazónicos de la guerra empezaron a sonar entre los arroyos cristalinos y el canturreo extraño de la aves.

Era la hora de Calixto, quien, armado con sus conjuros y oraciones, maldijo a los guerrilleros con el temible “yopó”, una sustancia hecha a base de polvo de tabaco y caracol pulverizado y el auxilio de uno de sus dioses preferidos, Kamá. Al menos así lo interpreta la jefatura guerrillera que ocupa Vaupés desde el 98 cuando trata de explicar la muerte de al menos 400 elementos de su fuerza militar.

Ellos no habían conocido derrota hasta que el anciano Calixto Ardila los puso a temblar. Según el hechizo, el dios Kamá llevó al ejército nacional a una victoria sobre la narcoguerrilla. Por eso el viejo de 70 años tuvo que huir selva adentro porque quieren su cabeza; pero, el conjuro sigue funcionando...


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