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LA
COLUMNA

El
viejo brujo del Amazonas
Calixto Ardila es un anciano que bordea
los 70 años de edad a primera vista. Pero, una vez superada la
primera impresión, él es un respetable payé que
merodea la Amazonia colombiana desde los años mozos cuando inició
su carrera como sacerdote entre los tatuyo, la comunidad a la que pertenece.
No es un nigromante o un ilusionista que sorprenda a sus adeptos frente
a las pantallas de la TV, como David Copperfield. Pero, entre los tatuyo
que conviven en Mitú, la capital del departamento amazónico
de Vaupés, en Colombia, el nombre de Calixto simboliza la práctica
mística de la medicina, de esa que recurre a conjuros y oraciones
con las que preserva la salud de toda su comunidad, predice el futuro
y le permite contactar a sus antepasados para escucharlos.
Pero la vida del viejo Calixto ha cambiado desde hace unos meses cuando
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) lo convirtieron
en un objetivo militar. Sí, los mismos guerrilleros marxistas
adictos a la transa revolucionaria con coca y que ahora pelean territorios
“liberados” contra los “paras” del desaparecido
Carlos Castaño. Pues este cuento colombiano empezó en
noviembre de 1998 cuando las FARC asaltaron Mitú, ciudad limítrofe
con Brasil, y doblegaron a la policía.
Durante los siguientes tres años la relación entre los
habitantes de Mitú y las FARC estuvo marcada por una borrachera
de violencia, que incluyó asaltos a comercios, reclutamiento
forzoso de niños de la escuela primaria y presiones a la comunidad
indígena para que cultivara coca y así abastecer la necesidad
de la pasta base que necesita la guerrilla en la producción de
cocaína. Muy revolucionarios, los muchachos.
En Yapú, una aldea con 279 habitantes, el payé suplente
Cándido Muñoz escupió al suelo y dijo “las
FARC ya no respetan soldado, ni policía y matan indígenas”.
Esa fue la gota que rebalsó el vaso y los tambores amazónicos
de la guerra empezaron a sonar entre los arroyos cristalinos y el canturreo
extraño de la aves.
Era la hora de Calixto, quien, armado con sus
conjuros y oraciones, maldijo a los guerrilleros con el temible “yopó”,
una sustancia hecha a base de polvo de tabaco y caracol pulverizado
y el auxilio de uno de sus dioses preferidos, Kamá. Al menos
así lo interpreta la jefatura guerrillera que ocupa Vaupés
desde el 98 cuando trata de explicar la muerte de al menos 400 elementos
de su fuerza militar.
Ellos no habían conocido derrota hasta que el anciano Calixto
Ardila los puso a temblar. Según el hechizo, el dios Kamá
llevó al ejército nacional a una victoria sobre la narcoguerrilla.
Por eso el viejo de 70 años tuvo que huir selva adentro porque
quieren su cabeza; pero, el conjuro sigue funcionando...
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