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SUEÑO
ROTO
¿Golpe
del destino?
Los
buenos recuerdos se mezclan con el dolor de la separación entre
los familiares de los fallecidos y lesionados de Guatajiagua.
El pueblo resiente la ausencia de vidas valiosas que no imaginó
perder.
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Cecilio
Díaz y María Berta Portillo viajaron desde Virginia
hasta Guatajiagua, para sepultar a 17 familiares fallecidos hace
15 días en Carolina, San Miguel. |
La cálida brisa balancea los listones que cuelgan
de los dinteles de los escasos edificios públicos de Guatajiagua.
Los hay rosados, blancos y negros, y aunque desteñidos, talvez
por la lluvia o el sol, continúan reviviendo, ante propios y
extraños, la más grande tragedia vivida en toda la historia
de esta localidad de origen lenca en el norte de Morazán.
Entre algunos de sus habitantes surgen comparaciones que tratan de explicar
la trascendencia de lo que pasó en la mañana del sábado
14 de agosto de 2004 con algunas frases como... “ese accidente
sólo se compara al de un avión en el que casi nadie sobrevive”.
Cuarenta y un fallecidos es el frío saldo que hace pensar que
tal comparación no es exagerada.
Haber visto partir un bus con alegres pasajeros que profesaban la fe
evangélica y verlos regresar, en su mayoría, envueltos
en bolsas negras, lívidos, destrozados, es, a juicio de algunos
lugareños, la noticia más impactante que este poblado
haya recibido en toda su existencia.
La imagen del trágico sábado de los excursionistas de
Guatajiagua en la peligrosa curva del cantón Santa Rosa Nacaspilo,
ha quedado grabada en la memoria local; pero más en la de los
familiares porque, según su convicción religiosa, “hay
que aceptar la voluntad de Dios“; pero, en su condición
humana, no soportan que la muerte se los haya arrebatado tan bruscamente.
En algunos hay resignación, serenidad aparente, mientras que
otros no pueden ocultar el dolor; pero igual se niegan a olvidar a sus
muertos. Se resisten a abandonar los recuerdos que ahora los vinculan
más que nunca, cosas cotidianas como haber platicado mientras
se mecían en las hamacas, las tantas veces que comieron y rieron
ante la mesa, en la sala, en el corredor.
Los sueños que compartieron, que unos no terminaron
de realizar y que otros no alcanzaron a iniciar. La pregunta repetida
que viene es ¿quién asumirá la responsabilidad
de la tragedia?
Los más de cuarenta muertos y casi una veintena de lesionados,
no es el único saldo que heredó Guatajiagua de aquel sábado
negro. Familias completas han desaparecido; otras se resquebrajaron.
Hijos sin padre, madre o abuela. Madres sin hijos.
En Guatajiagua impera lo inexplicable ante estos giros de la vida.
Paradojas
¿Cómo explicar que la pequeña Jacqueline
de 5 años ya no reprenderá a sus compañeritos de
parvularia para que la dejen escuchar cuentos?
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| En
Guatajiagua no quedó barrio en el que no se haya velado a
uno de sus hijos. |
¿Cómo podrá una madre como Gilma
Pérez reiniciar el trabajo en Estados Unidos para ofrecerle algo
mejor a Selma, quien era su única hija? Las preguntas son muchas.
También los ángulos desde donde se mire el impacto del
más grave accidente de tránsito en la historia del país
y que ha llegado al interior de las familias.
Martín Pérez, el hijo alegre y comunicativo
de 44 años que visitaba a su madre que vive en una sencilla vivienda
de adobe en las afueras de Guatajiagua, en el caserío Santa Rita,
ya no volverá. Pero, doña María, quien ha perdido
la vista y un poco la audición, no lo sabe.
“Mi mamá no sabe que murió Martín en el accidente
porque como ya está anciana y enferma, pueda ser que no resista
la noticia”, es la explicación que ofrece Juana Pérez
sobre la decisión de ocultar a doña María la muerte
de su hijo.
A sus 86 años y con un largo pasado de artesana de la loza, sigue
sonriendo sentada, conforme y a la espera de que -de repente- llegue
Martín, uno de sus diez hijos y de oficio jornalero, a platicar
de la vida, de su deteriorada salud que le deja la artritis nunca tratada
por un médico.
Acostada en una hamaca, y a ratos en una silla junto a la puerta que
da a un amplio patio de la casa de su hija, pareciera esperarlo pacientemente.
Quizá morirá sin saber que Martín ya se le adelantó.
Vivir cuarenta, cincuenta o más años, talvez sea una ganancia
de la vida; pero cuando se trata de dos niñas que empezaban a
vivir resulta una escasez. En el archivo de Fredesvinda Pérez
de González, la maestra del nivel cinco y directora de la Escuela
de Educación Parvularia local, quedó guardada la libreta
de trabajo de Jacqueline Patricia Manzanares Rodríguez, la más
cariñosa de sus alumnos; además de inteligente y con “una
forma de hablar de una adulta”.
La pequeña estudiante, a la que en el pueblo recuerdan como una
“niña bonita, de pelo largo y castaño”, ya
no es parte de la bulliciosa aula de la maestra “Fredes”
como llaman a la profesora. Walter, un niño moreno y delgado
comenta que Jacqueline se ha ido a Estados
Unidos, Michel ha notado su ausencia en clases; mientras que Clara y
Kimberly, sus mejores amigas, la extrañan en sus juegos.
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| En
busca de consuelo, María Berta Portillo pide consuelo en
la Iglesia de las Asambleas de Dios. |
Pero quizá sea Fredesvinda la que más
la añora. Sus ojos quedan anegados al recordar el “terrible
momento” en que recibió la noticia de que su alumna más
afectuosa había muerto en el accidente. “Yo vivo en San
Francisco Gotera y al enterarme de su muerte me vine de prisa y fue
duro verla entre el montón de cadáveres en la casa comunal,
mirarle la mitad de su carita destrozada”, recuerda.
Quiere guardar de recuerdo los cuadernos de la niña,
no le basta la inconclusa libreta de coloreo ni la foto que guarda en
su computadora.
Fredesvinda no es la única maestra que ha perdido alumnos, en
el Liceo Cristiano Reverendo Juan Bueno y el Instituto Nacional hay
pupitres vacíos y gente que los siente.
Laura Manzanares, la hermana mayor de Jacqueline, se destacaba por tener
una de las letras
más bonitas del cuarto grado del Liceo Cristiano. “Era
bien inteligente... más que yo”, dice sin falsa modestia
Levis Ananías Ramos.
Mientras unos recuerdan a las hermanas Manzanares Rodríguez,
otros recuerdan a otras fallecidas como el caso de Selma Aída
Pérez . “Selma era una niña bien contenta con todo
mundo”, comentan.
La madre, Gilma, intenta conformarse con el buen recuerdo dejado por
su hija, con aparente serenidad, saca fotos de Selma cuando cumplió
sus quince años y las cartas de cariño y agradecimiento
por su sacrificio que ella le enviaba desde Guatajiagua hasta Virginia.
Ya no podrá llevarla a Estados Unidos en diciembre como había
planeado para “tenerla cerca y que estudie allá”.
Pero Gilma no está sola en su pesar, su hermano Orlando Pérez,
extrañará a su sobrina Selma quien se le llevaba la contabilidad
de su pequeña ferretería; además, la ausencia de
su esposa Daysi y sus hijos Diana y Julio Josué, que también
murieron en el accidente. Con ellos se fueron planes, anhelos.
Un soñador
¿Cuándo te vas a casar?, le pregun-taba Judith a su tío
Geofredo Martínez. “Es que utualito no voy a alcanzar a
mantener a alguien”, obtenía por respuesta.
Era hijo de María de Jesús Martínez y Luis Gómez.
Estaba soltero y a sus 31 años era el director del Liceo Cristiano
de Guatajiagua y el sostén de la familia. Su padre le enseñó
solfa y con ese conocimiento formó una banda musical con la que
logró ahorrar dinero. Geofredo no quería ser el único
con título universitario en la familia. Hasta hace dos semanas,
costeaba los estudios de su hermano menor, José Mauricio. “Cuando
él termine la universidad, te voy a ayudar a vos”, le dijo
a Judith varias veces.
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| A
su corta edad, los párvulos han enfrentado la muerte de Jacqueline
Patricia Manzanares, quien sólo tenía cinco años. |
Sus sueños no paraban ahí. “Que-ría
tener alumnos capaces en matemáticas y lenguaje”, dice
la actual directora del Liceo Cristiano, Sonia Emperatriz López.
Siempre estaba ocupado. De lunes a viernes dirigía el colegio
y los fines de semana daba clases en la escuela a distancia en el Instituto
Nacional de Guatajiagua. Pero, cuando los hermanos de la Primera Iglesia
de Dios lo invitaron al paseo de hace 15 días, no lo pensó
dos veces.
Además de su director, el Liceo Cristiano perdió a cuatro
alumnos y seis están heridos. “Son diez las familias afectadas,
todos sentimos a los que faltan”, agrega con tristeza.
Los Portillo pasarán a la historia como la familia que más
miembros perdió de una sola vez. Las raíces del clan fueron
María Cristina Portillo, de 66 años, y Teódulo
Aguirre, de 78. Ambos criaron a su única hija con el fruto de
la tierra. Contrario a su madre, María Berta, casada con Cecilio
Díaz, dio a luz siete veces. “Mi hijo menor tenía
cinco años cuando me fui a Estados Unidos con la esperanza de
que allá era mejor que acá”, explica Cecilio.Luego
emigró María Berta y los hijos quedaron a cargo de los
abuelos. “Mi suegra fue una madre para mis hijos”, agrega.
Una vez establecidos en Winchester, Virginia, el matrimonio Díaz
Portillo pensó en llevarse a la familia. Su hijo José
Ángel emigró en 1990. Allá conoció a Mayra,
una joven nicaragüense con la que tuvo a Jason (10 años),
Elizabeth (8 años) y Rebeca (8 meses). Durante la semana trabajó
destazando pollos y los domingos los dedicó a formar la iglesia
“Puerta del Cielo”.
En Guatajiagua, su hermana María de la Cruz, dirigía la
escuela dominical, lideraba al concilio de mujeres y era propietaria
del único chalet del Liceo Cristiano. En palabras de su padre,
“era una mujer servicial”, que colaboraba en toda actividad
del pueblo y de la iglesia. En palabra de sus hermanos en la fe y la
comunidad, era junto a su esposo Gilberto Flores, tesorero en la iglesia,
un ejemplo del “buen cristiano”.
A Gilberto Flores, originario de Chapeltique, y de oficio albañil,
se le recuerda como el constructor de algunas de las casas más
modernas del pueblo.
De la familia que formaron sólo quedan dos hijas, Ana Cristina
(15 años) y Celia Marisol (10 años). Con ellos murió
no sólo su hija Daysi Marisela (13 años), sino también
Teódulo, María Cristina, José Ángel y otros
doce miembros de esta extensa familia.
“Fue duro velar tantos familiares juntos en esta casa”,
recuerda entre sollozos Marta Portillo, hermana de María Cristina.
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| La
experiencia de haber perdido compañeros, vecinos y familiares
ha dejado huella en todos. Los adolescentes descargaron tensiones
con esta actividad. |
Gilberto y María de la Cruz contemplaron la posibilidad
de emigrar a Estados Unidos como otros de sus parientes; pero les fue
negada la visa. Ahora las dos hijas que sobrevivieron entre los familiares
accidentados, están a la espera de que la Embajada Americana
autoricesu viaje junto a su tío paterno, Ateo, al país
que su padre no pudo conocer.
Otros sobrevivientes tienen otro tipo de espera, la de la convalecencia.
Ramón Canales, Nicolás Manzanares y Orlando Pérez,
perdieron hijos y esposas, mas viven entre sus casas y el hospital,
con la esperanza de recuperar a los hijos que les quedan.
Rosa Erminia Pérez, una septuagenaria, también sufre por
partida doble. Divide el dolor entre la pérdida de una hija y
otros dos parientes, y la diligencia por cuidar con un escasísimo
presupuesto a cuatro nietas que han salido del hospital y una que aún
está ingresada en el Rosales.
La última en llegar a casa de doña Erminia es Etelvina
Sorto Pérez, quien a sus once años sólo sabe reír,
nerviosa, en su intento por recordar la más grande tragedia vehicular
que robó la tranquilidad a 16 familias de Guatajiagua. No puede
afrontar de otra manera el impacto. ¿Qué pasará
con las historias que sobreviven? ¿Sólo inspirarán
nostalgia?
SUEÑOS
ROTOS
Guatajiagua,
donde la psiquis está frágil
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| El
dibujo ha servido para detectar a los niños afectados. |
“Bienvenidos al Carrusel de la Diversión”,
decía el rótulo pegado en el muro de la cancha frente
al cual Levis Ramos, de 10 años, y sus compañeros de colegio
jugaban con aros que no lograban sostener alrededor de su cintura.
La actividad era parte de la dinámica del carrusel que se aplicó
a los alumnos de tres centros escolares: la Parvularia Nacional de Guatajiagua,
el Centro Escolar General Gerardo Barrios y el Liceo Cristiano.
Durante cuatro días, con la colaboración de la alcaldía,
World Vision y UNICEF, personal de la Unidad de Salud de dicho municipio
y el grupo de intervención en crisis del SIBASI de San Vicente
aplicó a la población estudiantil, entre 3 y 16 años
de Guatajiagua, la “técnica de carrusel”, con el
objetivo de dar a los menores la oportunidad de descargar tensiones
y detectar a los más afectados por la tragedia de hace 15 días.
La Directora de la Unidad de Salud de la localidad,
doctora Friné Portillo, explicó que la atención
psicológica a los menores que presentaron secuelas sicológicas
durará seis meses.
La Unidad de Salud también ha elaborado un plan de intervención
que incluye visitas domiciliares a los familiares de las víctimas
y a los heridos, ya que según Portillo “es difícil
que la gente de acá venga a pedir ayuda psicológica”.
| El
caso en la Fiscalía Fase de investigación |
| Debido
a que el accidente dejó un saldo fatal, la Fiscalía
ha actuado de oficio e iniciado las pesquisas. |
“Estamos
en la etapa de investigación y aún no hemos entrevistado
a todos los familiares de las víctimas”, explica René
Piche, fiscal de la Unidad de Vida de la FGR en San Miguel, cuando
se le pide información sobre el seguimiento que hace de la
tragedia en la que murieron 41 ciudadanos del municipio de Guatajiagua.
Debido a que hubo pérdida de vidas, la Fiscalía actúa
de oficio, sin necesidad que los familiares de las víctimas
interpongan una denuncia.
“Como humanos sentimos la separación. Por lo demás,
creo que esto estaba en el plan de Dios”, afirma Cecilio Díaz
quien ha optado por dejar la justicia en manos divinas a pesar de
que perdió un hijo, una hija, una cuñada, un yerno,
varios nietos y a sus suegros.
Sin embargo, no todos piensan igual. El fiscal que lleva el caso
asegura que varios de los familiares de las víctimas, a los
que ya entrevistó, se declararon ofendidos.
“Los únicos con los que no he podido hablar es con
los que tienen heridos en los hospitales”, detalló
Piche.
Ya que el motorista, responsable directo de las muertes falleció
“se pedirá que sea sobreseído” y luego
se procederá a pedir acción civil contra el propietario
del automotor quien... es primo de Cecilio Díaz. |
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