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LA
COLUMNA

Los
muertos en Mariona
CNo sé qué piensan las autoridades,
pero, para mí, la reciente matanza en la penitenciaria La Esperanza,
mejor conocida como Mariona, no es más que el reflejo de las
preocupantes “irregularidades” que permean en el sistema
carcelario salvadoreño, por no decir otra cosa.
Porque cómo explicar entonces la orgía narcótica
que precedió la matancinga de reos de hace dos semanas. O la
que sucedió hace algún par de años en otras del
interior del país. Está claro que las cárceles
salvadoreñas no son verdaderos centros de rehabilitación
de antisociales, sino que escuelas especializadas para delincuentes,
ante la mirada disimulada de las autoridades.
No logro asimilar cómo es posible que un funcionario que ha enfrentado
sangrientos motines en las penitenciarias aún siga en el puesto,
sin que se le pida la más mínima explicación.
Fácil es depositar las sospechas en las visitas. Claro, son los
más vulnerables. Pero, por favor, explíquenme, cómo
ingresaron las armas, las granadas, los machetes. No me vengan a decir
que fueron las visitas. Porque si fuera así, ironía aparte,
como dice el director de Medicina Legal “hay que hacer sospechosos
a los tragasables de circos”, ¿no le parece señor
director de Mariona? Y entonces dónde quedan los controles.
Resulta intolerable las explicaciones de las autoridades sobre este
caso. Porque la ingesta de drogas en este caso no se refiere a unos
cuantos gramos. Los niveles de intoxicación que presentaban los
reclusos eran alarmantes, y no lo digo yo, lo menciona el Instituto
de Medicina Legal.
El problema es que aquí se actúa tardíamente. No
hay una política preventiva porque no creo que las autoridades
desconozcan los problemas más apremiantes de las cárceles
salvadoreñas. Por eso aplaudo la inciativa de la Asociación
de Ex reos de El Salvador y la del Ministro de Gobernación de
convertir antiguos cuarteles en reclusorios.
Ojalá la iniciativa no sea del diente al labio y corra la suerte
de otras muchas pretenciones, que aún duermen el sueño
de los justos. Porque el problema no es sólo en Mariona, es nacional,
y eso quien tenga dos dedos de frente lo sabe.
El problema es cómo despejar el asfixiante ambiente carcelario
del país. Los ex reclusos podrían tener una posible solución.
Combatir el hacinamiento con medidas como la libertad condicional, pero
con cuidado y un exhaustivo estudio de los casos
Supongo que las mesas de trabajo valoraron este tema. Pero la última
palabra la tienen las autoridades. Ojalá esta vez se actúe
con rapidez para evitar estos hechos. Si no, dentro de algunos años,
primero Dios que no, volveremos a ver matancinga de reos.
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