Del 29 al 5 de septiembre de 2004



LA COLUMNA

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

Los muertos en Mariona

CNo sé qué piensan las autoridades, pero, para mí, la reciente matanza en la penitenciaria La Esperanza, mejor conocida como Mariona, no es más que el reflejo de las preocupantes “irregularidades” que permean en el sistema carcelario salvadoreño, por no decir otra cosa.

Porque cómo explicar entonces la orgía narcótica que precedió la matancinga de reos de hace dos semanas. O la que sucedió hace algún par de años en otras del interior del país. Está claro que las cárceles salvadoreñas no son verdaderos centros de rehabilitación de antisociales, sino que escuelas especializadas para delincuentes, ante la mirada disimulada de las autoridades.
No logro asimilar cómo es posible que un funcionario que ha enfrentado sangrientos motines en las penitenciarias aún siga en el puesto, sin que se le pida la más mínima explicación.

Fácil es depositar las sospechas en las visitas. Claro, son los más vulnerables. Pero, por favor, explíquenme, cómo ingresaron las armas, las granadas, los machetes. No me vengan a decir que fueron las visitas. Porque si fuera así, ironía aparte, como dice el director de Medicina Legal “hay que hacer sospechosos a los tragasables de circos”, ¿no le parece señor director de Mariona? Y entonces dónde quedan los controles.

Resulta intolerable las explicaciones de las autoridades sobre este caso. Porque la ingesta de drogas en este caso no se refiere a unos cuantos gramos. Los niveles de intoxicación que presentaban los reclusos eran alarmantes, y no lo digo yo, lo menciona el Instituto de Medicina Legal.

El problema es que aquí se actúa tardíamente. No hay una política preventiva porque no creo que las autoridades desconozcan los problemas más apremiantes de las cárceles salvadoreñas. Por eso aplaudo la inciativa de la Asociación de Ex reos de El Salvador y la del Ministro de Gobernación de convertir antiguos cuarteles en reclusorios.

Ojalá la iniciativa no sea del diente al labio y corra la suerte de otras muchas pretenciones, que aún duermen el sueño de los justos. Porque el problema no es sólo en Mariona, es nacional, y eso quien tenga dos dedos de frente lo sabe.

El problema es cómo despejar el asfixiante ambiente carcelario del país. Los ex reclusos podrían tener una posible solución. Combatir el hacinamiento con medidas como la libertad condicional, pero con cuidado y un exhaustivo estudio de los casos

Supongo que las mesas de trabajo valoraron este tema. Pero la última palabra la tienen las autoridades. Ojalá esta vez se actúe con rapidez para evitar estos hechos. Si no, dentro de algunos años, primero Dios que no, volveremos a ver matancinga de reos.


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