29 de febrero de 2004


POLÍTICA

El asesinato de un periodista
El dardo que lo silenció

Carlos Guadamuz era un hombre apasionado. Desde su programa Dardos al Centro,
que transmitía en la radio y en la televisión nicaragüense, había defendido y atacado
con fuerza todo lo que amaba y todo lo que odiaba. La polémica le rodeaba a cada paso
y últimamente no tenía empacho en denunciar a sus antiguos amigos, convertidos en
enemigos a muerte: los sandinistas.

Álvaro Cruz Rojas
vertice@elsalvador.com
Shelim Guadamuz, el hijo de 16 años del periodista,
asiste a su padre tras recibir los disparos del asesino.

Nicaragua se estremeció el pasado 10 de febrero cuando el periodista Carlos José Guadamuz Portillo fue asesinado por un pistolero frente al canal televisivo donde trabajaba.

El asesino, William Hurtado García, un ex agente de la Seguridad del Estado —policía política sandinista— y miembro de los comandos de campaña del Frente Sandinista, lo esperaba en el estacionamiento del Canal 23. A su arribo el criminal le asestó cinco balazos e intentó huir.

La rápida reacción de Shelim Guadamuz, el hijo de Carlos, y del personal de la estación impidió la huida y logró la captura de Hurtado.

El veterano hombre de radio y televisión murió en el camino a un hospital cercano, junto a su hijo que lo intentaba mantener con vida.

Fue una tragedia en vivo. Las cámaras del Canal 23 captaron la escena, segundos después del crimen, y fotógrafos del periódico Bolsa de Noticias tomaron la imagen de un Shelim desesperado, intentando hablarle a su padre moribundo y ensangrentado.

La familia de Guadamuz inmediatamente acusó al Frente Sandinista y a Daniel Ortega de estar detrás del asesinato.

El presidente Enrique Bolaños, impresionado por el crimen, lo calificó como “un golpe bajo a la libertad de expresión en Nicaragua” y ordenó una inmediata investigación del homicidio cometido a pleno mediodía en una zona de clase media de la capital nicaragüense.

Desde entonces, una cadena de hechos y revelaciones han ligado a Hurtado a ex agentes de la Seguridad del Estado, que dirigía Lenín Cerna, hoy convertido en jefe de campaña del Frente Sandinista.

Guadamuz, un controvertido personaje que defendía apasionadamente lo que amaba y atacaba con fuerza lo que odiaba, había sido blanco de amenazas de muerte desde hacía meses.

El periodista había sido miembro del Frente Sandinista por 36 años y compartió la cárcel durante siete con Daniel Ortega, a quien por mucho tiempo llamó su “hermano”.

Carlos Guadamuz era la polémica personificada
y decía sin empacho lo que pensaba.

Pero diferencias entre él y Ortega convirtieron la amistad en una profunda enemistad.

Guadamuz, de 59 años y padre de cinco hijos, se convirtió en un férreo crítico del sandinismo y sus dirigentes.

Además, empezó a revelar el supuesto involucramiento de los líderes de ese partido en crímenes y actos de corrupción.

Su última revelación, en su programa de comentarios, Dardos al Centro, era que el candidato sandinista a alcalde de Managua, Dionisio Marenco, había participado en el asesinato de un reconocido vendedor de autos.

Desde el homicidio del director de La Prensa, el principal diario de Managua, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en 1978, ningún periodista había sido asesinado en Nicaragua. El homicidio de Chamorro, nunca esclarecido totalmente, provocó la ira popular y el derrocamiento de Anastasio Somoza.

En la década de los 80, cuando el régimen sandinista gobernaba el país, hubo encarcelamientos y palizas a periodistas, así como la censura y el cierre de medios de comunicación opositores.

El diario La Prensa era censurado diariamente, y la mitad de sus periodistas sufrió cárcel, exilio y golpizas de parte de los simpatizantes de Ortega. De ahí que el crimen reavivó temores ya enterrados en Nicaragua.

Daniel Ortega Saavedra, el todo poderoso líder sandinista, a quien Guadamuz atacaba a diario en su programa.



La familia de Guadamuz acusa al ex gobernante de ser el autor intelectual del asesinato.

“La muerte de Carlos Guadamuz revive temores que creíamos superados por más de una década. No podemos negar que Guadamuz era un hombre controversial, que no escatimaba detalles cuando se trataba de atacar a sus adversarios, pero eso está lejos de justificar un asesinato”, advierte Eduardo Henríquez, el jefe de redacción de La Prensa.

Por el crimen también ha sido arrestado Luis Alfredo García González, otro ex agente de la Seguridad del Estado, que era dueño de la pistola calibre 38, con la que se hicieron los disparos.

Ambos hombres y la esposa de Hurtado se habrían reunido semanas antes del crimen para planificarlo en un restaurante local, según testigos citados por el diario.

Un tercer hombre mencionado, un taxista, apareció muerto en su oficina, en un crimen sin explicación lógica hasta
ahora.
La Prensa ha ligado a Hurtado con Néstor Moncada Lau, un oscuro personaje cercano al ex gobernante sandinista Daniel Ortega.

¿Complot político u obra de un fanático?

Estas son las dos hipótesis que estudia la policía nicaragüense sobre el crimen del periodista, el primero desde 1978, cuando mataron a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

WILLIAM HURTADO GARCÍA, el autor material del asesinato de Carlos Guadamuz. Dice haber actuado solo, pero la policía teme un complot.

Néstor Moncada Lau, antiguo jefe de seguridad de Daniel Ortega. Un testigo asegura que Moncada había contratado a Hurtado para ser guardaespaldas del candidato sandinista a alcalde.

LenÍn Cerna, un tenebroso personaje que dirigió la Seguridad del Estado, la policía política del régimen sandinista, en la década de los 80 en Nicaragua.

Dionisio Marenco, candidato a alcalde por el Frente Sandinista. La familia de Guadamuz lo ha señalado como autor intelectual del crimen del periodista.

 

El periódico reveló que Moncada Lau había contratado a Hurtado como guardaespaldas de Dionisio Marenco.

El candidato edilicio ha dicho que todo es un complot contra su candidatura.

“Si el asesinato queda en la impunidad, si no se llega más allá del autor material, entonces pasará de ser un bochornoso crimen y una tragedia humana a ser un golpe mortal a la libertad de expresión en el país”, afirma Henríquez.

Los sandinistas han negado tener participación alguna en el crimen, aunque no han lamentado el asesinato que involucra a sus militantes.

Lenín Cerna negó esta semana todo nexo con el asesinato del periodista .

En su primera aparición pública después del sonado crimen, Cerna calificó a Guadamuz como “un traidor” al Frente Sandinista, donde militó hasta 1999.

“Guadamuz fue un traidor todo el tiempo, y si hubo un error de parte nuestra, y particularmente del comandante Ortega, fue haber tolerado tanto tiempo su presencia”, afirmó a periodistas.

Cerna admitió que Hurtado y García trabajaron en una “oficina secreta” de ese organismo de inteligencia policial.

De Hurtado dijo que fue “un excelente compañero” y que García “era un muchacho abnegado y de origen humilde”.
Un nuevo elemento se unió a la polémica esta semana.

Un denunciante hasta hoy anónimo dijo ante la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Nacional, María Auxiliadora Alemán, que Moncada Lau y otros “políticos conocidos” planificaron el asesinato.

Independientemente de la controversia política y judicial sobre si hubo un complot sandinista o el crimen fue obra de un pistolero fanatizado, el temor se ha apoderado de los periodistas nicaragüenses, y hasta de los radioescuchas y televidentes que suelen participar en los programas con llamadas en las que expresan sus puntos de vista.

“A partir del asesinato de Carlos, todo mundo se pregunta: ¿podré decir lo que pienso o tendré que callarme? Mañana alguien puede venir con una pistola y darme cinco balazos porque está en desacuerdo con lo que pienso”, afirma Plinio Suárez, el director de Canal 23, la estación televisiva donde Guadamuz transmitía sus Dardos al Centro.

Para Suárez, el asesinato “fue un balde de agua fría sobre la libertad de expresión, algo en que se ha avanzado notablemente en los últimos 14 años en el país”.

Hace 14 años, Violeta Chamorro derrotó en las urnas a Daniel Ortega y acabó con una dictadura totalitaria, copia del régimen castrista cubano. Desde entonces, en Nicaragua existe una libertad de expresión y de prensa plena, sin censuras ni regulaciones.

El crimen también generó reflexiones y la unidad de un gremio periodístico ante el asesinato.

“El acontecimiento consterna al país por la forma en que se presentan a las puertas de un medio y le impiden ejercer a un periodista su libre expresión, asesinándolo”, agrega Suárez.



Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.