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POLÍTICA
El
asesinato de un periodista
El dardo que lo silenció
Carlos
Guadamuz era un hombre apasionado. Desde su programa Dardos al Centro,
que transmitía en la radio y en la televisión nicaragüense,
había defendido y atacado
con fuerza todo lo que amaba y todo lo que odiaba. La polémica
le rodeaba a cada paso
y últimamente no tenía empacho en denunciar a sus antiguos
amigos, convertidos en
enemigos a muerte: los sandinistas.
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Shelim
Guadamuz, el hijo de 16 años del periodista,
asiste a su padre tras recibir los disparos del asesino.
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Nicaragua se estremeció el pasado 10 de febrero
cuando el periodista Carlos José Guadamuz Portillo fue asesinado
por un pistolero frente al canal televisivo donde trabajaba.
El asesino, William Hurtado García, un ex agente de la Seguridad
del Estado policía política sandinista y miembro
de los comandos de campaña del Frente Sandinista, lo esperaba
en el estacionamiento del Canal 23. A su arribo el criminal le asestó
cinco balazos e intentó huir.
La rápida reacción de Shelim Guadamuz, el hijo de Carlos,
y del personal de la estación impidió la huida y logró
la captura de Hurtado.
El veterano hombre de radio y televisión murió en el camino
a un hospital cercano, junto a su hijo que lo intentaba mantener con
vida.
Fue una tragedia en vivo. Las cámaras del Canal 23 captaron la
escena, segundos después del crimen, y fotógrafos del
periódico Bolsa de Noticias tomaron la imagen de un Shelim desesperado,
intentando hablarle a su padre moribundo y ensangrentado.
La familia de Guadamuz inmediatamente acusó al Frente Sandinista
y a Daniel Ortega de estar detrás del asesinato.
El presidente Enrique Bolaños, impresionado por el crimen, lo
calificó como un golpe bajo a la libertad de expresión
en Nicaragua y ordenó una inmediata investigación
del homicidio cometido a pleno mediodía en una zona de clase
media de la capital nicaragüense.
Desde entonces, una cadena de hechos y revelaciones han ligado a Hurtado
a ex agentes de la Seguridad del Estado, que dirigía Lenín
Cerna, hoy convertido en jefe de campaña del Frente Sandinista.
Guadamuz, un controvertido personaje que defendía apasionadamente
lo que amaba y atacaba con fuerza lo que odiaba, había sido blanco
de amenazas de muerte desde hacía meses.
El periodista había sido miembro del Frente Sandinista por 36
años y compartió la cárcel durante siete con Daniel
Ortega, a quien por mucho tiempo llamó su hermano.
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Carlos
Guadamuz era la polémica personificada
y decía sin empacho lo que pensaba.
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Pero diferencias entre él y Ortega convirtieron
la amistad en una profunda enemistad.
Guadamuz, de 59 años y padre de cinco hijos, se convirtió
en un férreo crítico del sandinismo y sus dirigentes.
Además, empezó a revelar el supuesto involucramiento de
los líderes de ese partido en crímenes y actos de corrupción.
Su última revelación, en su programa de comentarios, Dardos
al Centro, era que el candidato sandinista a alcalde de Managua, Dionisio
Marenco, había participado en el asesinato de un reconocido vendedor
de autos.
Desde el homicidio del director de La Prensa, el principal diario de
Managua, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en 1978, ningún
periodista había sido asesinado en Nicaragua. El homicidio de
Chamorro, nunca esclarecido totalmente, provocó la ira popular
y el derrocamiento de Anastasio Somoza.
En la década de los 80, cuando el régimen sandinista gobernaba
el país, hubo encarcelamientos y palizas a periodistas, así
como la censura y el cierre de medios de comunicación opositores.
El diario La Prensa era censurado diariamente, y la mitad de sus periodistas
sufrió cárcel, exilio y golpizas de parte de los simpatizantes
de Ortega. De ahí que el crimen reavivó temores ya enterrados
en Nicaragua.
Daniel
Ortega Saavedra, el todo poderoso líder sandinista, a quien
Guadamuz atacaba a diario en su programa.
La familia de Guadamuz acusa al ex gobernante de ser el autor intelectual
del asesinato. |
La muerte de Carlos Guadamuz revive temores que
creíamos superados por más de una década. No podemos
negar que Guadamuz era un hombre controversial, que no escatimaba detalles
cuando se trataba de atacar a sus adversarios, pero eso está
lejos de justificar un asesinato, advierte Eduardo Henríquez,
el jefe de redacción de La Prensa.
Por el crimen también ha sido arrestado Luis Alfredo García
González, otro ex agente de la Seguridad del Estado, que era
dueño de la pistola calibre 38, con la que se hicieron los disparos.
Ambos hombres y la esposa de Hurtado se habrían reunido semanas
antes del crimen para planificarlo en un restaurante local, según
testigos citados por el diario.
Un tercer hombre mencionado, un taxista, apareció
muerto en su oficina, en un crimen sin explicación lógica
hasta
ahora.
La Prensa ha ligado a Hurtado con Néstor Moncada Lau, un oscuro
personaje cercano al ex gobernante sandinista Daniel Ortega.
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¿Complot
político u obra de un fanático?
Estas son
las dos hipótesis que estudia la policía nicaragüense
sobre el crimen del periodista, el primero desde 1978, cuando
mataron a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

WILLIAM
HURTADO GARCÍA, el autor material del asesinato de Carlos
Guadamuz. Dice haber actuado solo, pero la policía teme
un complot.
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Néstor
Moncada Lau, antiguo jefe de seguridad de Daniel Ortega. Un testigo
asegura que Moncada había contratado a Hurtado para ser
guardaespaldas del candidato sandinista a alcalde.
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LenÍn
Cerna, un tenebroso personaje que dirigió la Seguridad
del Estado, la policía política del régimen
sandinista, en la década de los 80 en Nicaragua.
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Dionisio
Marenco, candidato a alcalde por el Frente Sandinista. La familia
de Guadamuz lo ha señalado como autor intelectual del crimen
del periodista.
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El periódico reveló que Moncada Lau había
contratado a Hurtado como guardaespaldas de Dionisio Marenco.
El candidato edilicio ha dicho que todo es un complot contra su candidatura.
Si el asesinato queda en la impunidad, si no se llega más
allá del autor material, entonces pasará de ser un bochornoso
crimen y una tragedia humana a ser un golpe mortal a la libertad de
expresión en el país, afirma Henríquez.
Los sandinistas han negado tener participación alguna en el crimen,
aunque no han lamentado el asesinato que involucra a sus militantes.
Lenín Cerna negó esta semana todo nexo con el asesinato
del periodista .
En su primera aparición pública después del sonado
crimen, Cerna calificó a Guadamuz como un traidor
al Frente Sandinista, donde militó hasta 1999.
Guadamuz fue un traidor todo el tiempo, y si hubo
un error de parte nuestra, y particularmente del comandante Ortega,
fue haber tolerado tanto tiempo su presencia, afirmó a
periodistas.
Cerna admitió que Hurtado y García trabajaron en una oficina
secreta de ese organismo de inteligencia policial.
De Hurtado dijo que fue un excelente compañero y
que García era un muchacho abnegado y de origen humilde.
Un nuevo elemento se unió a la polémica esta semana.
Un denunciante hasta hoy anónimo dijo ante la presidenta de la
Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Nacional, María
Auxiliadora Alemán, que Moncada Lau y otros políticos
conocidos planificaron el asesinato.
Independientemente de la controversia política y judicial sobre
si hubo un complot sandinista o el crimen fue obra de un pistolero fanatizado,
el temor se ha apoderado de los periodistas nicaragüenses, y hasta
de los radioescuchas y televidentes que suelen participar en los programas
con llamadas en las que expresan sus puntos de vista.
A partir del asesinato de Carlos, todo mundo se pregunta: ¿podré
decir lo que pienso o tendré que callarme? Mañana alguien
puede venir con una pistola y darme cinco balazos porque está
en desacuerdo con lo que pienso, afirma Plinio Suárez,
el director de Canal 23, la estación televisiva donde Guadamuz
transmitía sus Dardos al Centro.
Para Suárez, el asesinato fue un balde de agua fría
sobre la libertad de expresión, algo en que se ha avanzado notablemente
en los últimos 14 años en el país.
Hace 14 años, Violeta Chamorro derrotó en las urnas a
Daniel Ortega y acabó con una dictadura totalitaria, copia del
régimen castrista cubano. Desde entonces, en Nicaragua existe
una libertad de expresión y de prensa plena, sin censuras ni
regulaciones.
El crimen también generó reflexiones y la unidad de un
gremio periodístico ante el asesinato.
El acontecimiento consterna al país por la forma en que
se presentan a las puertas de un medio y le impiden ejercer a un periodista
su libre expresión, asesinándolo, agrega Suárez.
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