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LA
COLUMNA

Transparentes
o sinceros
En los últimos días, la dichosa
palabrita ha tomado mucho protagonismo. Todos hablan de ella y de la
necesidad de llevarla a la práctica. Todos la exigen y la urgen,
pero, parece ser, nadie la entiende o no quieren hacerlo. Sin embargo,
más que transparentes, creo, tenemos que ser sinceros.
Comencemos en lo político. ¿Por qué no ser sinceros
y mostrar, con claridad, la procedencia de los fondos para financiar
la campaña publicitaria de los partidos de izquierda, centro
y derecha? Porque entre más claros sean, menos el riesgo de que
sus acciones como funcionarios sean mal interpretadas o se caiga en
la bendita sospecha de la compra de voluntades. ¿No creen?
A continuación, nosotros los periodistas ¿por qué
no ser sinceros y aclarar todos los inconvenientes que limitan a nuestra
profesión?
De esa manera nos libraremos de que cualquier hijo de vecina nos quiera
agarrar como trapo de cocina y quiera limpiar todas las suciedades y
los exabruptos que cometa, ya sea diciéndonos mentirosos, difamadores,
calumniadores, etc.
Si bien es cierto, como escribe el colega boliviano Óscar Domínguez,
que como nosotros los periodistas escogimos este destino como modus
comiendi tenemos responsabilidades sociales que no cobijan a los
demás; aunque, eso no quiere decir que todos quieran limpiarse
en nosotros.
Por esas mismas responsabilidades especiales es que es necesaria
una vigilancia permanente como fiscalizadora de nuestro desempeño.
¿Pero quién va a vigilar a quienes vigilamos?
¿La Asociación de Periodistas de El Salvador? Me río
de Janeiro; además, no la dejan. ¿La Fiscalía General
de la República o la Procuraduría para la Defensa de los
Derechos Humanos? Estoy convencido de que ellos actúan más
por intereses políticos que por otra cosa. ¿Y entonces?
Creo que somos nosotros mismos los que debemos potenciar un ejercicio
ética y moralmente correcto. Porque no hay que negar que los
periodistas somos muy dados a la crítica, pero somos especialmente
sensibles cuando esas críticas van contra nosotros. Talvez por
eso un estudio hecho por Time condena la arrogancia de la prensa. Para
los que abrigamos esta profesión como un apostolado, al margen
de que por esto vengan las risas egoístas, creemos que el periodismo
no es para mejorar la hoja de vida y tutearnos de pronto con el poderoso
de turno.
El periodismo es un compromiso social que va más allá
de los colores políticos. Pero, quizá y lastimosamente
cada vez somos menos los que pensamos así. Seamos transparentes;
pero, sobre todo, sinceros, si lo que queremos es un país mejor.
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