29 de febrero de 2004


LA COLUMNA

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

Transparentes o sinceros

En los últimos días, la dichosa palabrita ha tomado mucho protagonismo. Todos hablan de ella y de la necesidad de llevarla a la práctica. Todos la exigen y la urgen, pero, parece ser, nadie la entiende o no quieren hacerlo. Sin embargo, más que transparentes, creo, tenemos que ser sinceros.

Comencemos en lo político. ¿Por qué no ser sinceros y mostrar, con claridad, la procedencia de los fondos para financiar la campaña publicitaria de los partidos de izquierda, centro y derecha? Porque entre más claros sean, menos el riesgo de que sus acciones como funcionarios sean mal interpretadas o se caiga en la bendita sospecha de la compra de voluntades. ¿No creen?

A continuación, nosotros los periodistas ¿por qué no ser sinceros y aclarar todos los inconvenientes que limitan a nuestra profesión?

De esa manera nos libraremos de que cualquier hijo de vecina nos quiera agarrar como trapo de cocina y quiera limpiar todas las suciedades y los exabruptos que cometa, ya sea diciéndonos mentirosos, difamadores, calumniadores, etc.
Si bien es cierto, como escribe el colega boliviano Óscar Domínguez, que como nosotros los periodistas escogimos este destino como “modus comiendi” tenemos responsabilidades sociales que no cobijan a los demás; aunque, eso no quiere decir que todos quieran limpiarse en nosotros.

Por esas mismas responsabilidades “especiales” es que es necesaria una vigilancia permanente como fiscalizadora de nuestro desempeño. ¿Pero quién va a vigilar a quienes vigilamos?

¿La Asociación de Periodistas de El Salvador? Me río de Janeiro; además, no la dejan. ¿La Fiscalía General de la República o la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos? Estoy convencido de que ellos actúan más por intereses políticos que por otra cosa. ¿Y entonces?

Creo que somos nosotros mismos los que debemos potenciar un ejercicio ética y moralmente correcto. Porque no hay que negar que los periodistas somos muy dados a la crítica, pero somos especialmente sensibles cuando esas críticas van contra nosotros. Talvez por eso un estudio hecho por Time condena la arrogancia de la prensa. Para los que abrigamos esta profesión como un apostolado, al margen de que por esto vengan las risas egoístas, creemos que el periodismo no es para mejorar la hoja de vida y tutearnos de pronto con el poderoso de turno.

El periodismo es un compromiso social que va más allá de los colores políticos. Pero, quizá y lastimosamente cada vez somos menos los que pensamos así. Seamos transparentes; pero, sobre todo, sinceros, si lo que queremos es un país mejor.


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