Del 28 al 5 de diciembre de 2004


REPORTAJE
Ángeles Suicidas

De los 855 suicidios registrados por el Instituto de Medicina Legal durante 2003, el 10% correspondió a menores de 18 años. El 16% de ellos se quitó la vida con una soga al cuello. ¿Qué puede llevar a una niña de ocho años y a un adolescente de 14 a cortar el hilo de su existencia? Vértice sigue la pista de los dos casos más recientes

Lilian Martínez
Juan Carlos Rivas
Con cuerda
Intoxicados
Féminas
Adolescentes
16%
81%
69%
49%
De los menores que se suicidaron en 2003 murieraon ahorcados.
De los suicidios infantiles de 2003 fueron por envenenamiento.
De los menores que se suicidaron en 2003 eran niñas.
Los suicidas registrados en 2003 tenían entre
15 y 17 años de edad.

No son seres alados pero sí hijos de madres solteras, buenos estudiantes que viven en barrios populares al norte de la “sucursal del cielo”. ¿Serán ángeles?

Él era hijo único; ella, la menor de dos hermanos. Hasta el 19 de noviembre no tenían más en común que ser niños en un país donde la violencia aún es usada como método seudoeducativo.

Eso es lo que se cree en el Instituto Salvadoreño de la Niñez y la Adolescencia (Isna) donde, entre enero y septiembre de este año, se ha albergado a 2,433 menores de edad víctimas de diferentes tipos de maltrato.

El domingo 21 de noviembre, Carlos Roberto Landaverde recibió una reprimenda de su madre “porque no era posible que mientras ella trabajaba como burro para darle todo y convertirlo en un hombre de bien, él fuera un haragán incapaz de pasar de grado”.

Según un investigador policial que conoce su caso, esa llamada de atención pudo llevar a Carlos a tomar una decisión inimaginable en un adolescente de 14 años.

La misma determinación que pudo haber tomado Rocío Gabriela Pacheco el 12 de septiembre pasado, cuando se preparaba para desfilar en honor a la independencia patria.

Él estaba en la soledad de su cuarto: piso de tierra y paredes de lámina oxidada. Ella pidió a su hermano que la dejara sola dentro de la casa.

El día, la hora y el lugar donde decidieron colgarse eran diferentes. Pero ambos tuvieron la triste fortuna que la mujer que los trajo al mundo estuviera ahí cuando sus cuerpos descendieron.

Él todavía respiraba. Ella estaba fría. Carlos utilizó una soga; Rocío una cuerda de plástico. Él pendía de una viga; ella, de un pilar.

En ambos casos, la Unidad de Delitos Contra la Mujer y el Niño, de la Fiscalía, con sede en Santa Ana, mantiene el suicidio como la hipótesis más fuerte de la muerte.

Pues según las entrevistas iniciales realizadas a los familiares de Rocío y de Carlos, no hay evidencia de que otra persona estuviera a su lado cuando sucedió la muerte.

Con las alas rotas

Los presuntos suicidios de Rocío y de Carlos siguen siendo una hipótesis. Pero, interrogada al respecto, la psicóloga del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia, Isna, Margarita de Barrios cree que una situación de maltrato físico y psicológico, combinada con escenas vistas en los medios de comunicación pueden llevar a un menor a recurrir al suicidio como salida al círculo del maltrato.

Rocío Gabriela Pacheco en un paseo escolar junto a su maestra de 2º grado.

La profesional indicó que la personalidad del niño se forma desde los 0 hasta los 7 años de edad.

“El maltrato en esa época genera baja autoestima, alejamiento de los padres y resentimiento de los niños hacia las personas adultas”, afirma.

El director del programa de Salud Mental del Ministerio de Salud, Dr. Moisés Guardado, coincide con ella: “El maltrato genera una propensión al gesto y a la acción suicida”.

Según la autopsia, el cuerpo de Rocío presentaba moretes en su pómulo y su pierna derechos. Un vecino y una maestra que temen revelar su identidad sospechaban que la niña era maltratada físicamente. Sin embargo, no hubo denuncias.

Por otro lado, el informe policial sobre el caso de Carlos indica que éste recibió una reprimenda por no aprobar el año escolar.

Para la corporación esa podría ser la razón por la que se suicidó. La Fiscalía, empero, no está convencida, y, hasta el jueves 25, aún estaba a la espera del informe de Medicina Legal.

Carlos Roberto Landaverde dormía en el interior de este cuarto de láminas, donde lo encontraron colgado.

Lo cierto es que de comprobarse la hipótesis del suicidio en ambos casos, los expedientes pasarán al archivo de la Fiscalía, y sus nombres se sumarán a los 31 suicidios de menores de 18 años contabilizados por el Instituto de Medicina Legal hasta agosto pasado sólo en los departamentos de Cuscatlán, Usulután, Santa Ana, Ahuachapán, San Salvador, San Miguel y La Libertad.

Nadie sabe si este año, los niños y adolescentes suicidas superarán los 80 casos consumados en 2003.

Lo cierto es que los Carlos y las Rocíos que aún son víctimas de maltrato físico, sexual, psicológico o por negligencia podrían unirse a los 309 salvadoreños, de 5 a 19 años, que intentaron suicidarse en 2003, según los registros de la Unidad de Epidemiología del Ministerio de Salud.

Marta Alicia Landaverde, la madre de Carlos, se confiesa católica y se consuela con la esperanza de la resurrección. Gloria Elizabeth Pacheco, progenitora de Rocío, asiste a una clínica en busca de ayuda psicológica.

Los compañeros de Rocío piden a Dios que cuide su alma y a más de alguno se le escucha decir: “Quisiera morirme para estar donde Rocío”.

Frases como esa en boca de un niño parecen fruto de la fantasía... Sin embargo, podrían ser señales de que la vida de un pequeño ángel es tan dolorosa que la tumba parece un lugar mucho más seguro que el hogar.

En las páginas del único cuaderno de Rocío se encontró este dibujo.




Las mujeres acumulan el mayor número de intentos de suicidio.
los hombres suelen tener éxito
a la hora de ejecutar su decisión
Faltan recursos para prevenirlo
El programa de Salud Mental del Ministerio de Salud necesita aún más personal para prevenir los suicidios.
Casi 140 psicólogos deben atender la salud mental de los salvadoreños y dividir su tiempo entre la atención clínica a los pacientes y las actividades de promoción de la salud psicológica.

El personal especializado es uno de los recursos a duplicar para que el Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud atienda las necesidades de la población a este respecto. Así lo reconoció el director de dicho programa, Dr. Moisés Guardado.

El galeno explicó que a fin de solventar la falta de recursos humanos se está capacitando a todo el personal médico para reconocer a los pacientes que deben ser referidos a un especialista.

El departamento que dirige Guardado atiende a los pacientes con diagnósticos de intento de suicidio, psicosis, drogo-dependencia, depresión, trastornos de ansiedad y alcoholismo. El director del programa de Salud Mental explicó que todos los trastornos que se atienden pueden estar relacionados con la propensión al suicidio.

Señales de alerta

Frases delatoras Cuando un adolescente dice ser “me quiero matar”, “no vale la pena vivir” o “no seguiré siendo un problema”, los padres y maestros deben tomarlo en serio, afirma la psiquiatra Margarita Mendoza Burgos.
cambios de conducta Si el niño o adolescente cambia sus hábitos de dormir y comer, si descuida su arreglo personal y sus estudios o si ingiere alcohol u otras drogas, póngale atención.

Acciones sospechosas

El niño o adolescente que planea suicidarse podría regalar sus pertenencias, limpiar su cuarto y tirar papeles y cosas valiosas para él.
Hable de la muerte Preguntarle al niño si está deprimido o si piensa en el suicidio le demostrará que alguien se interesa por él, afirma Mendoza Burgos.

 


Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.