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Relato
El
General recibe pocas visitas en la tumba
No
tiene una lápida que diga: Aquí yace Maximiliano
Hernández Martínez. Tampoco hay número; pero
sí una dirección: Cuadro Araujo, línea B, sección
Los Ilustres, Cementerio General de San Salvador. Desde su
entierro, el 19 de mayo de 1966, la tumba ha existido en el anonimato
y con cierto halo de misterio, al menos
es lo que se percibe en el relato de Marco Antonio Rojas, un antiguo
trabajador del camposanto
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Juan Rojas guardó
por 30 años el secreto de la ubicación del mausoleo.Fotos
EDH / Lissette Lemus
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Fue el difunto Salvador Trujillo el que me encarriló en
este teje y maneje del cementerio cuando era jefe de los supervisores.
Fue el que me heredó un croquis donde se ubican los mausoleos
de los personajes más ilustres que están aquí enterrados.
Yo, como he sido muy curioso, me fijé que había
una tumba de la cual no me hablaba... hasta que un día se vio
obligado a decirme que era la del general Maximiliano Hernández
Martínez.
Lo hizo porque unos usuarios necesitaban identificar los linderos de
la tumba de un familiar que estaba a la par de la del general.
Te voy a decir quién es porque esto se ha manejado con
mucho cuidado, la familia lo consintió así, me dijo Trujillo.
Yo guardé el secreto por un montón de años y lo
entendía porque en vida el General fue muy cauteloso. Imagínese
que el motorista de él, quien lo mató en una hacienda
de Honduras, tuvo que ganarse la confianza primero.
Desde que trajeron los restos, la familia ha sido muy reservada,
como ve, no tiene placa, no tiene ninguna identificación, por
eso es que casi nadie sabe ni se imagina dónde está enterrado.
En cambio, las de otros ex presidentes del país sí se
sabe dónde están y hasta les hacen homenajes, les colocan
placas y las adornan con flores en fechas especiales como el día
de finados o algún aniversario de ellos.
Son bien escasas las personas que preguntan dónde está
enterrado. Vienen atraídos por la tumba de Manuel Enrique Araujo,
mas no saben que atrás tienen la del General, que, según
dicen, no era del todo malo, porque aunque tenía espías
por todos lados también hizo cosas buenas por la economía
del país. Además, no fue corrupto.
Sin visitantes
Es normal que la gente tenga su temorcito porque en vida él
hizo muchos enemigos, pero yo creo que después de la firma de
la paz ese tipo de sentimientos no tiene cabida. Pero así ha
estado su sepulcro, como en el anonimato... pienso yo.
Me imagino que cuando murió ha de haber pasado igualito
que cuando murió el mayor Roberto dAubuisson, que pasaron
como dos semanas cuidando su tumba por eso de los enemigos que quisieran
atentar contra él porque fueron políticos relevantes y
pueden decir: que no se nos escape ni muerto.
Aquí nunca han profanado alguna tumba, pero a la del General
le pudieron haber puesto una bomba o entrar a la tumba, al sótano,
y fácilmente encuentran su depósito que sí tiene
una placa en la que solamente está escrito su nombre y la fecha
en que murió.
A la familia no se le ve por acá, y si vienen entran sin
hacerse notar. Hace unos diez años, vino tres veces una señora
salvadoreña, un poco alta y delgada, de aspecto relevante y preguntó:
¿Dónde está la tumba del General Martínez?
Los compañeros de trabajo, como saben que yo tenía conocimiento
de eso, me llamaron y se la enseñé. Pero, como siempre
de curioso, le pregunté cuál era su interés. Me
contestó que solamente era admiradora de él y que venía
desde San Miguel.
Después de algunas visitas, le agarré confianza
y un día me dijo: Le voy a ser clara, yo soy pariente de la esposa
de él.
A esa señora no la volví a ver por aquí,
los únicos que vienen a visitarlo son algunos historiadores y
estudiantes que quizá se acuerdan y sienten la curiosidad de
preguntar. Algunas personas anónimas le dejan flores, como estas
rosas que están aquí, yo creo que se trata de militares
que le guardan admiración.
En general, la gente no sabe cuál es la tumba del General
Martínez... son pocos los que hacen remembranza de lo que él
fue, otros ni siquiera han conocido esta historia.
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